Sección: Arte y Cultura
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Venezuela durante la Guerra de Independencia
El Paraiso en llamas:Coda
Eduardo CasanovaDomingo, 13 de septiembre de 2009
Durante su dolorosa agonía, que más que agonía fue una entrega final, Simón Bolívar se dejó dominar por una tristeza mayor que toda la Cordillera de los Andes. Una tristeza que lo mató el 17 de diciembre de 1830, poco después del nacimiento de lo que hoy conocemos como Venezuela. Se dio cuenta de que había fracasado. Había obtenido, a sangre y fuego literalmente, la libertad política de los habitantes de buena parte del Continente y había influido grandemente en que la consiguieran también habitantes de otras partes de la antigua América espa?ola. Pero sabía que todo se había quedado a medio camino, y que la inmensa mayoría de los habitantes de esas regiones estaba condenada a vivir mal, a vivir en medio de una horrible pobreza, que los haría tristes. En Angostura había dicho “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, y con su fracaso seguirían siendo las primeras necesidades de todos los habitantes de esta parte del mundo y de sus descendientes. La libertad política que para ellos obtuvo de muy poco vale sin la libertad económica, sin la libertad total, y a medio camino, como supo que dejaba a los pueblos, ni la una ni la otra era posible. Sólo serían posibles, ambas, si todos los pueblos de la antigua América espa?ola se convirtieran en un solo país, grande y fuerte, bien gobernado, capaz de enfrentar y vencer al gran país que en la América inglesa si supo nacer como una sola gran nación, y que, inevitablemente, trataría de aplastar a los pueblos desunidos del Sur.
Lo que no sabía, porque no contaba con las armas intelectuales para entenderlo, es que su trabajo se había quedado a medio camino en otro campo esencial: la Venezuela que emergió de las llamas, la que se separó de Colombia después de que por el esfuerzo de Bolívar y de la inmensa mayoría de los integrantes de la clase dominante, la de los mantuanos, se logró la Independencia, no era diferente de la Venezuela perteneciente a la corona espa?ola. No era una república proveniente de la voluntad de un pueblo, sino de las armas de un ejército, y eso la condenaba a ser lo que desde entonces ha sido. Como lo observó Carlos Irazábal, el más importante de los analistas marxistas que se han ocupado del tema, “(el proceso colonial) desembocó en la guerra de emancipación cuya victoria entra?ó para Espa?a la pérdida del poder político pero sin que la dilatada contienda transformase las relaciones de producción social vigentes durante la época de la sujeción hispánica” (Venezuela esclava y feudal, Reedición de El Ateneo de Caracas, Caracas, 1980, p. 21). Es decir, lo que se hizo fue cambiar la estructura política de manos y ponerla, posiblemente, en manos menos expertas aunque más cercanas al medio, pero sin cambiar la otra gran causa de los problemas del país: la estructura económica.
En buena parte, por eso dijo que había arado en el mar. Por eso se comparó a Cristo y a Don Quijote como majadero. Supo desde el primer instante que el Paraíso que ayudó a quemar no podría convertirse en un verdadero Paraíso, y terminaría, como hasta ahora ha sido, convertido en un Paraíso desperdiciado.
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