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“La Esgrima” de Edmundo Font Incruentos golpes de suerte Edmundo Font Jueves, 14 de mayo de 2009 Un lance de dados/ jamás abolirá el azar…del célebre poema de Stéphane Mallarmé.
Si, ya se que es una verdad de Perogrullo y hasta el colmo del lugar común, pero me sorprende pensar cómo la vida puede cambiarle a uno, de un instante al otro, para bien y para mal. Es el caso de una joven señora de 25 años que radica en una de las islas más bellas del mundo, Mallorca, y que acaba de ganar 126 millones de euros en una lotería a la que jugó a través de Internet, confesando a un periódico:“…no sabía ni cómo funcionaba el juego de euromillones.Me llegó una promoción de una de las peñas de Serviapuestas y lo probé, sin más. Puse una combinación aleatoria y todo resultó muy cómodo…”. Tan cómodo, que la dichosa persona que aún mantiene en secreto su identidad, solo aplicó una supuesta fórmula que su abuelo habría jugado durante más de treinta años, sin ganar nada nunca. Y en el cúmulo de las cosas extrañas, la susodicha afortunada no le habría dicho nada a nadie, ni siquiera a su señora madre, porque aduce que anda en busca del tono en que le anunciará que su existencia (y la de todos los suyos) ha cambiado radicalmente y para siempre.
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María de Palma, para ponerle nombre a una cara que imaginamos con una sonrisa de oreja a oreja, debe encontrarse sumamente asustada. Hacer su propia voluntad es la primera cosa que modificará su existencia, de raíz. A partir del momento en que las oficinas de impuestos le rebanen los montos de ley, María de Palma se confrontará con la libertad de albedrío que encaminará sus días en sentidos insospechados, apenas ayer. Lo primero que afrontará son los árboles genealógicos. Le nacerán parientes hasta debajo de las piedras. Luego se verá revestida de una autoridad que hasta anoche nadie le reconocía. En unos cuantos minutos pasará de la feliz concepción de un aprecio (y antipatías) del común de los mortales, a convertirse en la voz más fina y autorizada de su comunidad. A estas horas el avispero ya no ha de poder con su furor de vuelo mediático. Además de que descubrirá que tiene familia hasta por lo menos las diez generaciones anteriores y una legión de amigos y vecinos que siempre la consideraron la simpatía en persona, también se habrá puesto en marcha el mecanismo de los amantes de lo ajeno, legales o ilegales. La industria del secuestro y de la estafa ha de estar afinando los cuchillos. De inmediato se le viene a uno a la mente cómo reaccionaría en la improbable situación de que un golpe de suerte nos modificara de la misma manera nuestro paisaje vital. El ejercicio es ocioso, pero confieso que me costaría mucho trabajo establecer las prioridades. No voy a presumir de altruismo o de filantropía, pero también me pondría a considerar cuestiones de salud ajenas en las que pudiera compartir mi buena fortuna. A doña María de la Palma ya se le ocurrió pensar en una madrina suya que padece una enfermedad grave muy extraña, y anteponiendo planes personales ya ha decidido que parte del dinero, que no se acabaría ella ni varias generaciones más, sería empleado para la investigación de la rara dolencia. Yo que soy hombre de viajes en la sangre, por historia familiar, oficio y afición, diría que emprendería “el viaje ideal” que me espera por cuatro o cinco lugares emblemáticos para mi curiosidad intelectual, como por ejemplo Machupichu, Samarcanda, Petra, Gao en Mali y las ruinas de Angkor. Eso, por lo que representa la emoción de poner el pie por primera vez donde nunca he estado y que intuyo me revelaría experiencias insospechadas en su riqueza de misteriosa arquitectura y simbolismo. Todos ellos son lugares de profunda huella dejada por las civilizaciones más disímbolas. Ya por lo que respecta a los sitios que aprendí a querer por su discurso incesante de seres de interés, belleza, gastronomía, arte y literatura, me iría en primer lugar a Roma y desde allí, en el sentido inverso, recorrería todos los caminos que me llevaran a Nueva York, Río de Janeiro, Barcelona y Cartagena de Indias, lugares que preservo como tesoros promisorios todavía. Al nivel de excentricidades, estaría ya buscando comprarme tres o cuatro coches viejos que admiro desde la adolescencia, todos ellos marcados por el diseño clásico y bello, si es que podemos nombrar así a máquinas hechas de fierro. Me refiero al Fiat Cinquecento original; al Mercedes Benz modelo 1953 (El año en que nací); a un Ford 56 que manejó mi padre cuando yo era niño; al Citroen Deux Chevaux que aparece en una célebre foto de Julio Cortázar en París, y finalmente, el Hispano Suiza de las locas correrías de Picasso por el sur de Francia. En cuestiones de apoyo a los cercanos, no tendría que hablar de los inmediatos, porque se dan por descontado; sé que a mis hijas les cumpliría sueños de por vida aplazados por la realidad económica limitante, valga la redundancia y que pasarían básicamente por cumplir anhelos profesionales y metas de formación. Es decir, más aprendizaje de lenguas, maestrías y doctorados. Pero fuera de mamá o hermanos, pienso que trataría de hacer más fácil la vida de mi mentor intelectual, un hombre sabio de sotana, abandonado por su iglesia, autor de numerosos y lúcidos estudios, algunos de los cuales yacen en el polvo despreciativo de las editoriales. Parte del dinero caído del cielo, serviría para sacarle de una injusta postración de salud y sobre todo, para revaluar el trabajo de toda una vida; corre el riesgo de irse al olvido cuando don Carlos muera. Es decir, piensa uno en contribuir a reparar injusticias. Por lo que toca a otros lujos, los míos son escasos. El primero, sigue siendo incrementar una biblioteca que inicié a los 17 años y que se ha ido comiendo espacios en tres casas distintas; después la buena mesa, la que incluye los mejores caldos (de preferencia los del Duero sobre los Riojas, sin son españoles) y agunos quesos excelsos del mundo, desde los de Yak de Nepal hasta los Cabrales, pasando por el feta griego, y algunos de los clásicos franceses, italianos y el Chihuahua de México, único queso que figura en el Larousse, tal vez porque nunca probaron el de bola de Tempoal, Veracruz. Y ya paro de contar este delirio de deseos que trataría de realizar si la suerte un día me sonriera en contante y sonante, como a esa mallorquina a la que he bautizado como María de la Palma. Ah, una cosa si tengo bien clara, tanto dinero me serviría, intrínsecamente, para intensificar el trabajo en las disciplinas paralelas a la profesión (literatura y pintura) con que pago el pan de cada día. Si fuera millonario haría todo, menos descansar, para eso el lugar común de la eternidad sigue siendo útil. blog comments powered by Disqus |
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