Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

Sección: Cultura

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Luis Pastori, cultor de la poesía y la amistad

Eduardo Casanova

Jueves, 25 de diciembre de 2008

Apenas a una hora de Caracas está hoy La Victoria, una pequeña y bella ciudad que por su falta de espacio no es capital del Estado Aragua, aunque tiene todos los merecimientos imaginables para serlo. Fue fundada el 18 de noviembre de 1620, cuando por mandato real el gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela, Francisco de la Hoz Berrío, y el obispo fray Gonzalo de Angulo, el teniente general Pedro Gutiérrez de Lugo y el cura Gabriel de Mendoza reunieron allí a los indios de las encomiendas de los valles de Aragua. El sitio fue llamado Nuestra señora de La Victoria, en recuerdo del triunfo español en Lepanto, en el que participó Miguel de Cervantes. Después se llamaría Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria, y se le daría el título de ciudad en 1814. Fue allí en donde el 12 de febrero de 1814 un ejército reforzado por estudiantes de la Universidad y el Seminario de Caracas, al mando de José Félix Ribas, derrotó a las fuerzas de Boves, comandadas por su segundo, Francisco Tomás Morales. Y fue allí también en donde, el 25 de agosto de 1921, nació Luis Pastori, uno de los padres de la moderna poesía venezolana y un auténtico cultor de la amistad. Hijo –como Vicente Gerbasi, otro gran poeta– de un inmigrante italiano, su madre fue –a diferencia de Vicente Gerbasi, cuya madre era también italiana– una auténtica e ilustre victoriana de apellido Aponte.

Rodeado por los cerros y colinas de La Victoria, y con los bellísimos valles aragüeños a la vista, Luis Pastori desarrolló pronto sus inquietudes intelectuales. Hizo su primaria en la Escuela San Luis Gonzaga, en la Escuela Federal José Félix Rivas y en el Instituto Mariano Montilla (los tres en La Victoria), y el bachillerato en el Colegio Federal de Maracay. En los días de la muerte del general Juan Vicente Gómez –1935–, cuando apenas tenía 14 años, Pastori ya publicaba poesía en un pequeño periódico con el sugestivo nombre de Brotes, y no mucho después, cuando estudiaba en Maracay, se convirtió en director de El Preparado, publicación humorística, precursora de El Morrocoy Azul, el semanario fundado por Miguel Otero Silva, en el que Pastori, con los seudónimos de “Concho Kolate” y “Jacinto Ven a Treinta”, colaboró entre 1945 y 1948, desarrollando así otra de sus vetas: el humorismo, o, mejor aún, el buen humor, el humor inteligente. En Caracas se graduó de Economista y siguió desarrollando sus actividades intelectuales, que se plasmaron en una importante bibliografía formada por los siguientes títulos: Quince poemas para una mujer que tiene quince nombres (Caracas, 1942), Poemas del olvido (Caracas, 1945), Las canciones de Beatriz (Caracas, 1947), País del humo (Caracas, 1948), Tallo sin muerte (Caracas, 1950), Toros santos y flores, (Caracas, 1950), Herreros de mi sangre (Caracas, 1950), Poetas venezolanos (Buenos Aires, 1953), Caracas y la poesía (Caracas, 1966- Antología), Palabras de otros años (Caracas, 1954), Elegía sin fin (Caracas, 1962), Aire de soledad (Montevideo, 1959), Primera selección lírica (Caracas, 1962), Hasta la fecha (Caracas, 1964), Trompos y testimonios (Caracas, 1964), Definitivamente enamorado (Cumaná, 1965), Poemas (Traducción de Paul Verna, París, 1966), Caracas y la poesía (Caracas, 1966), Tiempo de glosa (Madrid, 1967), Trofeos de caza (Caracas, 1969), Poemas en italiano (Traducción de Marisa Vanini, Caracas, 1971), Renesansa samoce (Traducción de Dubravica Brili, Belgrado, 1973), Tempo di poesía (Traducción de Marisa Vanini, Siena, 1974), Poetas (Caracas, 1976), Hasta aquí me trajo el río (Caracas, 1977), Andrés Eloy Blanco: parlamentario (Compilación, Caracas, 1981). A esa bibliografía hay que agregar numerosas publicaciones en diarios y revistas de varios países y en varios idiomas, además de una vastísima bibliografía indirecta. Al alimón, con Tomás Alfaro Calatrava, Pastori escribió la letra del Himno de la Universidad Central de Venezuela, cuya música es de Evencio Castellanos y ha emocionado ya por décadas a los ucevistas.

Ese trabajo intenso, esa poesía vigorosa, armónica y valiente, lo hicieron recibir, entre otros premios, el Municipal de Poesía en 1950, el Nacional de Literatura en 1962 y el Hispanoamericano de Poesía León de Greiff en 1984.

Para completar su imagen, hay que recordar que se casó con la también poeta, además de educadora, Beatriz Mendoza Sagarzazu.

Quien revise algo parecido a su biografía oficial se enterará de que trabajó casi cuatro décadas en el Banco Central de Venezuela, estuvo en la Directiva del Conac, fue Ministro de Cultura, presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela y Presidente de la Fundación Celarg (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos). Dirigió, también con especial brillo, la Academia Venezolana de la Lengua.

Pero ninguna biografía, ninguna enumeración de cargos y de méritos, podrá reflejar jamás dos de los aspectos más importantes de Luis Pastori, el ser humano: su pasión por la amistad y su inmensa capacidad de seducción a través de la palaba bien dicha, de la conversación. La combinación de esos dos caminos con el de la poesía lo convierte en uno de los venezolanos más gratos y talentosos de todos los tiempos.


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