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Desquite y poesía Carlos Yusti Viernes, 7 de marzo de 2008
1
La poesía es un contrapoder, un desquite contra la canibalización de lo terrenal. Abraham Saloum Bitar siempre lo supo. Quizá por esa razón su poesía estuvo en esa orilla donde el sueño echa andar sus molinos, en ese margen donde las palabras tienen música inconfundible de la belleza y la sabiduría; pero no de esa sabiduría libresca, sino de esa que se obtiene a contrapelo en la existencia. Su actitud de poeta tuvo un toque contracultural. Casi todo pasaba por el tamiz de su desplante irónico, se burlaba de todo y todos con un seriedad pasmosa. A veces era otro, se acuerdan de Borges que decía: “Al otro, a Borges, es a quien le suceden las cosas”. Y esto, en lo personal, era lo que me gustaba de Abraham; ese otro desencuadernado que se sentaba en algún café y le iba arrojando dardos a la vida que veía pasar. Para él la vida (y sobre todo la cultura) tenía sus hilachas paródicas de las cuales el escritor debía halar. 2 Editor a ratos, matemático y poeta. Su porte pulcro y comedido no le impidió moverse a sus anchas en ese mundo cultural acribillado de locos y buscavidas que pintan o escriben, y con quienes en el fondo se identificaba de alguna manera. La matemática, me confesó en alguna ocasión, es sólo una manera de locura sistemática y la poesía es una matemática del lenguaje. 3 Como buen lector de Sergio Pitol, Italo Calvino y Sabines me prestó algunos libros de esos autores. De lecturas, tiempo y encuentros casuales con otros solitarios está hecha la vida de muchos escritores y Abraham no fue la excepción. Luego estaba el río. Ese río dibujado en Ciudad Bolívar. La ciudad para él era como una postal en sepia, envuelta en esa luminosidad quieta, disecada y él como poeta estaba allí para metaforizar no la luz, sino esa oscuridad de una ciudad espejismo. Cantó (y escribió) su amor-odio por la ciudad, quiso darle carnadura poética y sublimizarla para poder vivirla. 4 Escribió el poeta: “Por la aldea andaba un antiguo astrólogo cuyo nombre, Abu Tasi, "El Padre de la Taza", quería dar fe de su otra inconmovible profesión: lector de agua. Mi padre, que fue intérprete de sueños, recurrió al doble lector, de estrellas y de agua, para conocer el destino de su hijo. Maktub dicen los árabes para referirse al destino como un alfabeto que ya ha sido escrito y a un libro que guarda una hoja para cada uno de los seres humanos, donde está anotado el día de su nacimiento y el día de su muerte, cuando la hoja, cansada, se desprende.” 5 Paul Auster en una entrevista aseguró que llevaba a docenas de escritores con él, sin embargo aclaraba que su trabajo en nada se parecía a las obras de esos autores y remataba diciendo: “No estoy escribiendo sus libros, sino los míos". Así le debe pasar al poeta. Lleva muchos poetas con él, pero en realidad está escribiendo sus poemas. La poesía de Abraham es un desquite humanista, un saldar de cuentas con el arte poética del lugar común, de la dejadez mental, de la gazmoñería literaria disfrazada con la metáfora escrita hace tiempo. Fue una manera de atesorar tiempo y sabiduría mientras la hoja, en la cual está escrito nuestro destino, se desprende y es arrastrada por la brisa matinal realizando su último vuelo. |
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