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Sección: Arte y Cultura

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Retroceso cultural: Ballet en declive

Víctor Manuel Álvarez Riccio

Jueves, 18 de marzo de 2010





El ballet requiere, en principio, afán. Para su ejecución plena se deben construir elevadas aptitudes físicas y mentales. Es un fenómeno cultural de muchísimo valor pues, como acto creativo, implica la participación de numerosas personas sincronizadas y armonizadas en una sola tarea, por lo que el ballet, más que cualquier otro arte, representa la formación de vínculos humanos. El ballet simboliza, en cualquier término, un mensaje: “antes de hablar o escribir, el hombre se movía”, señaló el profesor de ballet clásico Roumen Rachev.

Rachev vino de Bulgaria, donde tuvo su formación profesional como bailarín de ballet clásico en la escuela Vaganova, en San Petesburgo. Es profesor en la academia El Ballet de las Américas aquí en Caracas. Opina que su profesión no es bien vista en Venezuela. “A pesar de que el aporte cultural es enorme, en este país el ballet está por los suelos. El Gobierno tiene miedo de que la gente conozca otra formación artística que no sea la que usan ellos para identificarse y homogeneizar a sus adeptos. El régimen es definitivamente, bruto. Yo recuerdo que en mí país, Bulgaria, que era comunista, el Estado promocionaba el ballet para elevar el nivel cultural del pueblo”, comentó el bailarín. Él cree que el ballet, partiendo del entendimiento de que todas las expresiones de la danza son importantes, es quizá la forma más refinada: “requiere un nivel de destreza que no es natural, sino que se forma a lo largo de los años, y es, en verdad, una ensoñación artística”.

Los hechos parecen confirmar la percepción del profesor Rachev: hace unos días el Ballet Contemporáneo de Caracas anunció el cese de sus actividades porque ya no recibirán apoyo del Gobierno para el desarrollo de sus actividades. En la comunicación emitida por la agrupación cultural se explicó que el Gobierno, a través de la Mesa Técnica del Gabinete Cultural de Caracas concluyó que las propuestas de la organización “no están dentro de los lineamientos de las políticas culturales y además no presenta un real impacto social y comunitario". Lo cierto es que la pérdida no la institución dancística no deja de ser, a consideración de Rachev, un enorme daño patrimonial que inflinge un Ejecutivo más interesado en poner la cultura a sus pies que en el desarrollo social.

Edelki Cruz, cubano, es bailarín de la compañía Ballet Nuevo Mundo de Caracas. Tiene 30 años haciendo ballet y se formó en la escuela estadal de danzas en La Habana. Percibe que la sociedad venezolana rechaza, en muchos casos, el ballet, por considerarlo un arte oligárquico. Para él, todos los bailes son valiosos y, sin embargo, su valor pasa necesariamente por la academia: “la normalización de los ritmos para su posterior especialización es lo que permite que la gente se organice y los presente, que participe, y el ballet es la academia más depurada, la que demanda los más exigentes criterios y persigue la perfección a través del movimiento, a través de la unión y la concertación”.

Stella Quintana es la directora general de El Ballet de las Américas y sentenció que lo más complicado de la carrera del ballet clásico es la formación de los bailarines. “En primer lugar, el ballet es una puerta para que las jóvenes ingresen al mundo de las artes plásticas, pero en la mayoría de los casos no termina siendo el camino que escogen para su desarrollo profesional. Tiene la particularidad, a diferencia de otras manifestaciones, de ser difícil de preparar: muchos años de entrenamiento permiten hacer más bien poco, es una carrera que debe desarrollarse a lo largo de la vida, para que suceda un salto se necesita, primero, tener un sistema de adiestramiento, alimentación y descanso bastante rígido, y es por eso que muchas personas renuncian en algún punto”.

Bailarina en formación

Beatriz Naranjo tiene 16 años y 11 de ellos ha practicado ballet clásico. Aún no se considera una bailarina profesional pues, según sus criterios, esa es una carrera que necesita de una muy larga trayectoria de ejercicio más allá de la preparación académica para el desarrollo de todas las aptitudes que requieren las piezas más ambiciosas, sin embargo, considera el bailar como un goce al que le dedica mucho esfuerzo y afán.

—¿Cómo convive el ballet con tu vida cotidiana?

—No he terminado el bachillerato, así que tengo que balancear los estudios y la danza. También hago vida normal como cualquier otra persona y salgo de rumba y voy al cine. Claro, tengo que comedirme en muchas cosas: hay ciertas comidas prohibidas, por ejemplo.

—¿Qué conforma tu preparación como bailarina?

—Dedicación en tiempo y energía. El ballet clásico tiene una técnica muy precisa, y amerita de un gran desarrollo físico para el control del cuerpo, pues si no es imposible realizar algunos movimientos. Es una actividad que tiene una disciplina muy férrea, pero creo que forma el carácter, te hace crecer como persona.

—¿Qué gana una persona al practicar ballet?

—Soltura y control de su cuerpo y, siempre nos lo repiten en la escuela, se obtiene mucha sensibilidad artística y se generan vínculos muy fuertes con las personas con las que bailas, somos un grupo, mis compañeras son más que eso, son amigas.

—¿Cuáles son las dificultades para acceder al ballet como profesión? —Primero, la falta de voluntad. Mi escuela, El Ballet de las Américas, tiene 15 años y sólo se han graduado cuatro promociones, y si en las primeras etapas comienzan 20 niñas, sólo llegan a graduarse 4. Para graduarse hace falta la aprobación de la directora, y eso significa que hasta que no se cumplan todos los criterios para realizar bailes complejos no se obtiene el título de bailarina profesional. El ballet no es una disciplina para todo el mundo, sólo para aquellos que quieren bailar: si no existe un deseo fuerte de bailar sencillamente no funciona.

Beatriz opina que, lastimosamente, en Venezuela no se puede vivir del ballet pues hay carencia de oportunidades para las graduadas, y es por eso que muchas salen a trabajar en compañías en el exterior. También cree que muchas personas que quieren aprender ballet no pueden porque la formación es costosa, pero también asegura que aquellas jóvenes que realmente deseen emprender el baile como vocación deben hacer la inversión u optar a becas, pues el bailar es, según Beatriz, un esfuerzo que rinde sus frutos en lo profesional y personal.

v.alvarez760@gmail.com

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