Sección: Arte y Cultura
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Billo para siempre
Carolina Jaimes BrangierMartes, 27 de octubre de 2009
"Quizás Billo nos ayude a descubrir qué perdimos en la relaciones con nuestro prójimo"
Hace un par de meses, quienes asistimos al Aula Magna a ver el espectáculo "Billo, una revista musical" producido por Federico Pacanins, dimos un salto al pasado, a la época en que todos bailábamos al son de la orquesta más popular de Venezuela, sin mayores diferencias de credos, colores o nivel económico: como siempre habíamos sido, y como siempre deberíamos ser. Y es que Billo tuvo la virtud de expresar nuestra manera de ser a través de sus canciones. Lo que nos motivaba, lo que nos gustaba, lo que nos movía, lo que nos alegraba, lo que nos entristecía, lo que nos enamoraba. Todo eso lo cantó el maestro quisqueyano que escogió ser venezolano. Mejor dicho, el maestro quisqueyano que dentro del ser venezolano, escogió ser caraqueño. Todos, absolutamente todos, tenemos un recuerdo inefable ligado a alguna -o a muchas- melodías de Billo. Billo Frómeta, sus cantantes y sus músicos, eran como parte de esa familia extendida que poseemos todos. Y a medida que se alejan en el recuerdo, parte también de los recuerdos más entrañables de nuestras vidas. No en balde el espectáculo de Pacanins, que convirtió en intérprete de esa música que nos mueve hasta los tuétanos a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas dirigida por el Maestro Rodolfo Saglimbeni, acompañada por una troupe de artistas maravillosos, llevó al público al paroxismo cuando se presentaron en escena nada más y nada menos que Rafa Galindo y Memo Morales. Con los sentimientos a flor de piel, y por encima de todo, con la impostergable necesidad de recuperar la bonhomía que nos caracterizaba, reconocimos que, en efecto, son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. Y Billo es quizás el mejor espejo para mirarnos y escudriñar qué fue lo que se nos perdió, en dónde perdimos el rumbo que llevábamos en materia de relaciones con nuestro prójimo. Ése, definitivamente, no era uno de los males que padecíamos. Por eso, si usted quiere pasar un momento diferente, si usted quiere reencontrarse con lo que una vez fuimos y debemos volver a ser, si usted quiere recargar sus exhaustas esperanzas, no deje de ir al Teresa Carreño el sábado 31 o el domingo 1. Permita que Federico Pacanins lo haga redescubrir a ese maravilloso ser que fue Billo. Y de paso, redescubra también lo mejor de la esencia del venezolano.






