Caracas, Viernes, 18 de abril de 2014

Sección: Cultura

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Entrevista a José Saramago

María Ramírez Ribes

Martes, 12 de diciembre de 2000

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En el marco insustituible del Palacio de la Magdalena, en Santander, España, sede de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, José Saramago, Premio Nóbel de literatura, dictó un taller literario. Durante una semana los estudiantes literalmente comulgaron con una visión del mundo que se mueve a contracorriente y que llama a la reflexión. En el Paraninfo de dicha Universidad tuvimos oportunidad de conversar unos minutos con este humanista solidario, ateo pero profundamente enamorado de la utopía de Jesús, a quien cada vez le interesa menos hablar de literatura pero que sigue escribiendo y lo seguirá haciendo mientras sienta que tiene algo que decir, porque escribir, para él, es algo más que vencer el olvido.

¿Qué ha pasado con el amor y la solidaridad tan presentes en obras como Manual de Pintura y Caligrafía o Memorial del Convento? ¿Por qué esa ruptura a partir de Ensayo sobre la Ceguera?

-Hay una ruptura pero no hay los dolores, por decirlo así, que se estaban y se podían encontrar en todos los libros anteriores. Todo esto se mantiene, lo que pasa es que estas últimas dos novelas y la última que todavía no esta publicada, son quizá una mirada más de cerca a la realidad. Tienen una intención distinta. Estas novelas poseen una mirada más filosófica. En las otras, sin que se tome de manera literal, lo que cuenta es la historia, el conflicto, lo que esta ocurriendo. Hay una especie de complacencia en la narración. Estas últimas obras pretender trascender la apariencia y tocar lo esencial, el ser. Y no sólo el ser sino la relación entre los seres humanos en esta sociedad en que vivimos, en donde los valores humanos están si no ausentes cada día más obnubilados. No hay ahí un abandono de esos valores sino que se expresan de otra forma.

¿Cuál será la metáfora del Ensayo sobre La Ceguera?

-La metáfora es muy sencilla. La razón de la ceguera en esa novela es una ceguera metafórica, las personas no son realmente ciegas en el sentido de que no están dotadas de la vista, la ceguera actúa como metáfora de la pérdida de la razón, no en el sentido de la locura, eso otra cosa, pero en el sentido en que no nos estamos comportando de una manera racional. Claro que todo lo que hacemos lo hacemos con la razón, es decir con eso a lo que llamamos razón, pero estamos usando la razón más para destruir que para construir, más para atentar contra la vida que para defenderla. En este sentido, la pérdida de la visión es de alguna forma la pérdida de la razón que construye. Si toda una sociedad si vuelve ciega en ese sentido, si olvida la solidaridad, el deber, el respeto, se convierte en una especie de nido de serpientes. De ocurrir esto, la ceguera metafórica impera. Yo creo que la gente se está volviendo ciega porque no se da cuenta de que nuestra forma de vivir es totalmente errónea y nos lleva al desastre. Lo que intenta expresar Ensayo sobre la ceguera es eso, el desastre que se podría producir si continuamos por el camino en que nos encontramos. Yo no creo que soy catastrofista pero no doy nada por el mundo dentro de cincuenta años.

Recordando a T.S. Eliot ¿Qué puede hacer el poeta hoy en favor de la sabiduría que se ha perdido en el conocimiento?

-Yo no sé. A mí no me preocupa nada si tú eres un poeta o si eres un funcionario público. Es lo mismo que preguntar: ¿qué es lo que puede hacer el médico o el campesino? ¿Qué podemos hacer todos para que la vida sea una vida digna, para que el conocimiento sea algo que nos acerque más a la bondad, al respeto, a todo eso? Eso no es algo que haya que preguntar al poeta, el poeta hace, el escritor hace, el pintor pinta, todos hacemos lo que tenemos que hacer y, mientras en el marco de lo que estamos haciendo podemos ser más o menos útiles a la sociedad, en el marco de lo que podríamos hacer en el sentido, repito, del respeto, de la consideración por el otro, todos podemos hacer algo. Estar esperando que el poeta, el escritor tengan algo que decir como si fuera una especie de faro que va adelante y todo el mundo le sigue, eso no se debe pensar. Nos hemos equivocado, no hay que pedirle al poeta, al escritor, al artista, al músico, al pintor cosas como esas, él hace su trabajo. Lo que interesa es preguntarle a él, además de su trabajo, ¿qué es lo que hace?. Una cosa es el libro que yo escribo y otra, quizá contraria, es cómo se comporta una persona determinada, cómo me comporto yo en la vida. Puede llegar a haber una contradicción entre una cosa y otra. Yo puedo escribir cosas maravillosas y ser un canalla.

¿Cómo condiciona el éxito en la vida?

El éxito es una cosa que viene y va.

¿No impulsa la sociedad actual a la búsqueda de algún tipo de éxito?

-Yo no siento eso, es decir, yo no he sentido jamás la necesidad de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido éstas, podrían haber sido otras. Lo que sí no se puede hacer es mirar la vida como una carrera de obstáculos en donde, si es necesario, yo haga caer al que está corriendo al lado mío para que yo gane. Eso para mí es absolutamente inadmisible, no lo admito. En mi caso esto me ha resultado bien porque no he querido nunca triunfar, no he querido nunca ser un hombre famoso. No sé si lo que tengo es un triunfo, no sé si lo que tengo es la fama, pero tengo lo que tengo y se acabó y quien me conocía desde antes, sabe que yo soy ahora exactamente la persona que era hace diez o quince años, soy igual.

Ahora, no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve. Napoleón debió de ser un hombre muy solitario.

¿Cómo compaginar una cierta negatividad hacia los hechos y asumir posiciones sin llegar al fundamentalismo o al fanatismo?

-Yo no digo que todo es negativo, lo que yo digo es que hay demasiadas cosas negativas en el mundo para que no nos preocupemos de ellas. Deberíamos preocuparnos todos los días. Yo no digo que todo es negativo pero me parece que es un error intentar justificar las cosas negativas por el hecho de que hay unas cuantas cosas positivas.

La Caverna, su último libro, saldrá próximamente ¿Cuál es el eje central de esa obra?

-No me gusta adelantar nada sobre un libro que todavía no ha salido. Lo único que ya he dicho y podría volver a decir ahora, es que de alguna forma La Caverna retoma el mito de la caverna de Platón. No se centra exactamente en la caverna de Platón, pero es el resultado de una convicción mía de que nunca hemos estado tan cerca de la caverna de Platón como lo estamos ahora. Platón escribió eso hace unos dos mil cuatrocientos, o dos mil trescientos años y durante todo este tiempo es como si Platón hubiera anunciado como ese profeta, que sin saberlo ha sido, algo que finalmente está ocurriendo ahora. Vivimos en la caverna de Platón. Vivimos observando sombras que se mueven y creemos que eso es la realidad. Hoy la llamamos realidad virtual. Espero demostrarlo con ese libro.

* * *

Unos minutos más tarde, en el encuentro sostenido en el auditorio del Palacio de la Magdalena con el público en general, Saramago volvió sobre un tema que está en el eje de su obra y de su vida, la angustia por vivir en una sociedad que crece en un desierto de ideas, que no se compromete en ningún sentido y que por tanto tampoco puede crear escritores comprometidos porque las ideas se han convertido en un peligro. Ni siquiera, dijo, el respeto a los derechos humanos suscrito por las Naciones Unidas ha llegado a ser una realidad. Para José Saramago, globalización económica y respeto a los derechos humanos son elementos incompatibles a los que es necesario estar atento porque de lo contrario el gato de la globalización devorará al ratón de los derechos humanos. El mando está en las manos de los que defienden la globalización, no en las manos de los que defienden los derechos humanos. Estos últimos han quedado relegados como una utopía, como un documento más en la historia de las ideas no cumplidas.

Saramago esa tarde reivindicó el amor y la transformación que el amor ejerce en todos los seres. "El ser enamorado, mientras dure -aclara- es otro ser. Si pudiéramos enamorarnos todos los unos de los otros y mantenernos enamorados hasta el fin de los tiempos, entonces, sí tendríamos un planeta feliz". Y para que no hubiera malas interpretaciones prefirió insistir en la palabra "respeto".


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