En octubre de este año, me encontré con un titular que me llamó la atención “América Latina le falló a la Globalización”. Cuando revisé la noticia pude comprobar que eran palabras de Guillermo Calvo, Jefe del Banco Interamericano, expresadas en la VI Reunión Internacional de la Asociación Económica de América Latina y el Caribe. Considera Calvo que “la falta de integración de la región con el mundo y la carencia de apertura en el sentido real, impidió a Latinoamérica obtener los beneficios de las economías de escala”. También dijo que “…se tenían grandes expectativas, pero la tecnología ya no viene a estos países, ahora se buscan cerebros y se los llevan al norte, porque todo se puede hacer desde allá”.
Mi pregunta es ¿por qué a nosotros y nuestros cerebros? Instantáneamente obtuve una respuesta al relacionarlo, con el tema “la Cultura para la Paz”, y lo declarado en la Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Me pregunté entonces
¿Será que nos han descubierto? Porque para conseguir mentes donde se puedan erigir los baluartes de la paz, se necesitan seres especiales.
Fui relacionando todo lo antes expuesto también con el tema que actualmente estoy trabajando, “La Inteligencia Emocional y la Cultura” y recordé a Daniel Goleman, quien procura hacer conocer a la humanidad la necesidad, de que seamos conscientes de nosotros mismos, de la importancia de la intuición y de la empatía como componentes claves de la inteligencia práctica. Revoluciona Goleman el concepto de inteligencia al cambiar la manera en cómo se percibe la excelencia personal.
Seguí uniendo ideas y consideré que para que no se siga diciendo que no fue la globalización la que fracasó en América Latina, sino que fue América Latina la que le fracasó a la globalización, se debe analizar la causa por la cual quienes vivimos en estas latitudes no tuvimos competencia para incorporarnos debidamente al proceso de globalización, tal como expresan los expertos.
También considero es importante revisar si es esto una fortaleza o una debilidad, porque lo primero que habría que analizar es si es bueno haberle fracasado a la globalización o no, cualquiera sea la realidad.
Pero mi otra pregunta es, si esa falta de integración de la región con el mundo y la no apertura en sentido real es lo que ha hecho que Latinoamérica no haya obtenido los beneficios de las economías de escala, de ¿Cuáles beneficios se habla? ¿Cuáles son esas economías de escala y a dónde nos tenemos que abrir a partir de este momento para evitar un nuevo fracaso?
Esto por supuesto me lleva de nuevo a otra pregunta que me inquieta plantearla quizás también por lo elemental ¿Habrá sido una fortaleza llegarle tarde a la globalización para así poder incorporarnos, pero con el conocimiento de ya haber descubierto quiénes somos y conscientes de cuáles han sido los errores cometidos por otros, para entonces nosotros evitarlos?
Pienso que si esto es así, son más las fortalezas que se tienen que las debilidades. Pero me viene a la mente otra pregunta y me conecto casi con la emoción de la tristeza al pensar que de nuevo tengo una pregunta elemental ¿no es este el mismo discurso que desde hace años estamos escuchando? o será que al fin nos hemos dado cuenta que es un solo bloque con una visión transparente que pueda adaptarse a todos, la única salida a tanta incertidumbre.
Al no ser especialista en los procesos económicos y sus causas, la intuición me dice que ya son muchos los años que el ser humano y en especial el latinoamericano y mas aun el venezolano, ha estado dependiendo de los bajos y altos de la economía y la prioridades siempre han estado enfocadas hacia este sector.
Al preguntarme de nuevo quien dirige la economía del mundo, llego a la conclusión, que así como se considera que es en la mente del hombre donde deben erigirse los baluartes de la paz, hasta ahora ha sido en la mente del hombre donde se han erigido los baluartes de la economía. Por eso ahora se necesitan gerentes creativos, emergentes y actualizados con visión de futuro, que puedan descubrir las estrellas por muy opacadas que estén, pero que son capaces de brillar una vez se despeje el cielo nublado de los tiempos tormentosos.
Viene entonces la pregunta de rigor, ¿Quiénes somos? Basta de la posición de muchos pensadores latinoamericanos que han renegado de las raíces e historia de nuestros pueblos. Basta de buscar una identidad que nos diferencie de las propias raíces. Basta de tratar de estar bien con nuestra conciencia planteando que a los latinoamericanos se nos negó la posibilidad de alcanzar una identidad propia que nos permitiera una independencia para afrontar la modernidad. Basta de pensar que nos equivocamos sin saber ni siquiera por qué. Basta de pensar que la autoestima del latinoamericano no existe Basta de permitir que los latinoamericanos sientan vergüenza o se sientan inferiores.
¿Será que le fallamos a la globalización porque se pasó mucho tiempo revisando quiénes éramos, buscando nuestra identidad, nuestras raíces y se perdió el tren para llegar hasta ella? ¿Será que de una vez por toda se tendrá que aprender a agradecer el haber nacido en el continente americano? ¿Será que habrá que contentarse con haberle fallado a la globalización y que la globalización no haya podido con Latinoamérica? No sé, suena aterrador, porque quisiera tener las respuestas pero… no quisiera pecar de ingenua y plantear lo que pienso, por considerarlo quizás demasiado elemental como dije anteriormente, o demasiado sencillo pero muy difícil de entender.
Pienso que lo primero es que cada uno se analice internamente como ser humano, no como latinoamericano, europeo, oriental, ni como representante de un partido, ideología o institución, sino como seres pensantes que sienten, padecen y se alegran, respondiendo la pregunta de rigor ¿Quién soy?
Me remito a dos artículos publicados en analítica.com, que con motivo de los hechos acontecidos el 11 de septiembre de 2001, expuse varias ideas que tienen mucha relación con lo que hoy planteo. Creo que todos sin excepción debemos tomar conciencia que posiblemente es la inteligencia emocional la herramienta estratégica del futuro y que todos somos responsables de ese futuro al estar involucrados y ser participes de lo que a partir de ahora suceda, no solo en nuestro entorno cercano sino en el mundo en general, en ese mundo al cual no hemos querido incorporarnos por no sentirnos parte de él, pero que a partir de ahora pasa a ser un nuevo mundo con características distintas en las cuales estamos obligados a construir y a involucrarnos por cuanto bastante conocimientos y experiencias tenemos que aportar porque han sido muchos años analizando y evaluando procesos, para bajarnos del tren o perdón montarnos en otro tren, o en “el tren”.
¿Será que el tema de la globalización pasó ya de moda? ¿Para sentirnos mejor aunque sea lo mismo, habrá que pensar en función de la mundialización o será que ya también la mundialización quedó atrás y hay que buscar otras alternativas o conceptos mas actualizados? Todo es válido y son muchas las interrogantes, pero hay que hacer un alto en el camino y poner en orden las ideas y actuar en función de, por y para todos.
Hace 26 años puse en la mesa de discusión el tema de la “Animación Socio Cultural” bastantes análisis, proyectos y debates surgieron de muchos estos planteamientos. Por eso hoy me atrevo a plantear el tema del virus que he identificado como “Socpsic Cultural” relacionado con los estados emocionales, cargas emocionales o estados de ánimos, aspectos que han tratado desde distintos enfoques muchos autores y que quizás son bueno ventilarlos.
Pienso que este virus posiblemente se aloja en la glándula identificada por los especialista como la “amígdala” (en singular).
Este virus “Socpsic Cultural” lo defino como un virus que puede ser negativo o positivo de acuerdo como se enfoque, al cual todos los seres humanos estamos expuestos a contraerlo. Se aloja en la mente y no es fácil detectarlo pero si transmitirlo y una vez contagiado difícil eliminarlo. Se encuentra en cualquier lugar y sobrevive igual en el calor, el frío y la sequía, es inmune a las 4 estaciones.
Si no se conocen las herramientas para combatirlo o transmitirlo es recomendable conocerlas. Influye directamente en los estados emocionales del ser humano sin distinción de clase, ni de sexo, ni de religión y afecta o beneficia a cualquier órgano del cuerpo humano, es el causante del aumento o disminución de muchas enfermedades graves que pueden curarse o ser evitadas, con estrategias claves que mejoran la calidad de vida del ser humano.
En oportunidades la persona puede ser atacado por los dos tipos de virus el negativo y el positivo, combinación peligrosa porque desconcierta a los demás y no permite ser transparente con el prójimo. Cuando es sólo el virus negativo igualmente los resultados son aterradores, pero cuando es el virus positivo el que se contrae o se transmite los resultados son exitosos.
La globalización pareciera ser definitivamente el paradigma que se impone actualmente, quien quiera mantenerse en la superficie, generar satisfacción a los demás, competir, ser eficiente, capaz de crear e imaginar y crear valores que garanticen calidad de vida, tiene que ser consecuente con la visión que tiene del mundo y para esto hay que reflexionar en primer lugar sobre las acciones propias, que son el producto de las realidades traducidas en fortalezas y debilidades del entorno diario.
Hay que conocer el escenario donde cada uno se mueve para poder estar atentos ante las estrategias que la nueva competencia exige. Supuestamente los expertos señalan que no solo la tecnología es la panacea de nuestra realidad latinoamericana y caribeña, sino, en la inteligencia de prepararnos para lograr valores agregados que nos aporten herramientas que garanticen transformar en conocimiento toda la información que hemos obtenido en todos estos años y la inteligencia para saberla transmitir y poner en práctica.
Tomar conciencia de la existencia de este fenómeno, puede permitir aclarar muchas situaciones que a veces nadie entiende. ¿Será la hora de dejar de buscar la culpa de nuestros errores en los otros, de liberarnos de la rutina y la resignación, de aprovechar los recursos que tenemos en las manos para poder descubrirnos, de darnos cuenta quiénes somos y qué queremos para poder pensar y querer a Venezuela?
¿Será la hora de transmitir emociones positivas y olvidar las energías negativas que impiden crecer y descubrir los éxitos que están a la vista?
Si queremos seguir con la historia ¿no será el momento de revisar la literatura de aquellos autores que defienden la postura positiva de la identidad, los rasgos de la unidad hispanoamericana y la identificación de las fortalezas, que sirvan de fuentes de motivación para trazar nuevos caminos?
Partimos de la base que ya deberíamos saber conjugar los verbos en las personas del nosotros, ellos o los otros y que para poder actuar tenemos que estar claros en el “yo”, porque si no nos conocemos nosotros mismos, ni nos respetamos y sentimos amor por nuestra persona, es imposible transmitir a los demás el proyecto que se tiene en las manos y mucho menos reconocer el país que se tiene por delante.
¿No será el momento de recordar aquella parábola sabia de liderazgo, “El Sonido del Bosque” de W.Chan Kim y Renée Mauborgne (1992), cuando el maestro Pan Kun le enseñaba al principe T´ai las bases para ser un buen gobernante y el príncipe, luego de haber pasado días escuchando todos los sonidos del bosque y haber sido devuelto por su maestro a seguir escuchando pues aún le faltaban conocer otros sonidos para pasar la prueba. Le respondió a su maestro: “Maestro, cuando escuché mas de cerca, escuché lo no escuchado, el sonido de las flores cuando abren, el sonido del sol calentando la tierra y el sonido del pasto cuando prueba el rocío de la mañana”.
Y el Maestro aprobando con la cabeza le respondió: “Escuchar lo no escuchado es una disciplina necesaria para ser un buen gobernante. Sólo cuando un gobernante ha aprendido a escuchar con atención el corazón de las personas, a escuchar sus sentimientos no comunicado , el dolor no expresado y demandas no habladas, puede él esperar inspirar confianza en su gente . Entender cuando algo está mal y encontrar las verdaderas necesidades de sus ciudadanos. La caída de los gobiernos sobreviene cuando los líderes solo escuchan palabras superficiales y no penetran profundamente en el alma de las personas para escuchar sus verdaderas opiniones, sentimientos y deseos”.
He aquí una nueva inquietud que dejo en la mente de los gerentes, animadores socio culturales y de tantos hombres, mujeres y niños que tienen un futuro por delante, y que se sientan involucrados y con responsabilidad de hacer algo por un país que tiene tanto que darnos y necesita solo de esa energía positiva que todos los seres pensantes tenemos por dentro.
Vamos a convencernos que la emoción dispara la amígdala, y si se insulta y se ataca personalmente, no será posible negociar y mucho menos querer conformar equipo para lograr un proyecto único que verdaderamente integre a toda la comunidad por la que se trabaja.