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De política y gerencia cultural En el marco de este foro subregional latinoamericano, consagrado nada menos que al tema de la construcción participativa de políticas culturales, me corresponde presentar en sus rasgos más resaltantes el Sistema Nacional de Cultura que está a punto de comenzar a implantarse en mi país. Es para mí muy importante, así como, estoy seguro, para toda la delegación venezolana, que desde el primer momento me haya sentido obligado por deber de honestidad, a la vez que complacido por propia convicción, a comenzar esta intervención resaltando algunos rasgos de la concepción misma del foro que ya se desprendían de la agenda y los demás papeles programáticos a través de los cuales se tuvo la buena idea de girar su convocatoria. Empezando por el enunciado mismo del tema: La-Construcción-Participativa-de-Políticas Culturales. Para la delegación venezolana, insisto, es sumamente alentador que se nos halla convocado a exponer, y a lo mejor perfeccionar y compartir, diferentes experiencias nacionales emparentadas entre sí por haberse gestado en el ámbito conceptual y político de una relación, como es la de cultura y construcción participativa de políticas, que como nos consta por vía de la experiencia o el conocimiento histórico ha sido siempre tan valorada por unos cuantos adelantados como inexistente para las grandes mayorías de nuestros países. Lo que estoy tratando de expresar, es que me complace felicitar a los organizadores de este foro por el mérito de que su iniciativa haya implicado una valoración firme de esa conciencia de responsabilidad que debe guiar las decisiones y acciones tomadas y por tomar en el seno ineludible de la sociedad, sobre todo las que se toman en nombre de los poderes constituidos y máxime cuando, digna o espuriamente, se las justifica por la democracia como principio de la organización social y norma de la convivencia humana. Desde luego, admitir la cultura como problema de Estado, ya es algo. Es algo más, asumir la responsabilidad de que también la cultura, si no sobre todo la cultura, sea materia digna de tratarse al máximo nivel de la responsabilidad pública, mediante un conjunto de compromisos explícitos y debidamente organizados en una trama flexible de comportamientos institucionales, e implantados como tales en todos los campos del quehacer cultural y todos los sectores del espacio social. Es todavía más, considerablemente más, concebir el proceso de construcción de una política o un conjunto de políticas destinadas a alcanzar la más fecunda interpenetración posible entre país y cultura, en sintonía efectiva con el principio de la participación; es decir, en consonancia práctica con la concepción y enunciación de las correspondientes responsabilidades abiertamente compartidas, así como en la simultánea implantación de los canales de acción y decisión más adecuados a su cumplimiento. Quiero agregar, con el sólo fin de acentuarla, que esta felicitación no es un gesto puramente personal, pues igualmente es para nosotros expresar en este foro la coincidencia evidente entre el contenido conceptual del tema escogido para este foro y el sentido que en nuestro país se le ha impartido a la concepción y la puesta en marcha de la gestión cultural pública en cuyo nombre hablamos. En efecto, a pesar de que es imposible resumir en esta ocasión las características del estadio actual del proceso cultural de la nación venezolana, no podemos dejar de expresar que es precisamente la estimación de sus implicaciones y consecuencias lo que aporta el sustento y define la razón de ser de la nueva responsabilidad que el Estado venezolano ha empezado a cumplir. Y por esto mismo, también me parece pertinente que por lo menos les llame la atención acerca de la significativa relación que hay entre la voluntad política e intelectual que en la nueva gestión cultural del Estado toma cuerpo y una todavía reciente manifestación pública de los intelectuales y artistas venezolanos, que no vacilo en considerar como un antecedente directo y elocuente. Se trata de lo siguiente. MarcoEn noviembre de 1999, a poco menos de un año de la toma de posesión del Presidente Hugo Chávez, sesenta y un representantes de la cultura venezolana firmamos una carta pública dirigida al Presidente de la República, al Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, al Ministro de Educación, Cultura y Deportes, y a los Presidentes de la Comisión y de la Subcomisión de Cultura de dicha Asamblea en cuyo texto se argumentaba acerca del deber contraído con la cultura por un gobierno que había recibido la más alta votación de la historia nacional en respuesta a su decisión de impulsar los cambios necesarios para reconstituir la institucionalidad del país; de la significación de la cultura no sólo como sector de la administración pública sino dimensión abarcante de la conciencia ciudadana y humana en todos sus alcances; de la situación de inoperancia a que habían llegado las instituciones culturales encargadas de efectuar las precarias, desarticuladas y en gran parte inexpresadas políticas culturales; y de as cinco líneas de acción inmediata a partir de las cuales esta penosa situación podía comenzar a revertirse. Créanme que lamento no poder completarles la historia, pero el resultado fue que, en buena parte, la gestión cultural actualmente adelantada por el Estado venezolano puede considerarse la respuesta más satisfactoria a este planteamiento que se pudiera imaginar, siendo uno de sus más serios indicadores el hecho de que el artista y líder cultural Manuel Espinoza, habiendo sido uno de los principales impulsores y redactores del documento que les acabo de resumir, resultara ser el designado por el Presidente de la República para disponer el diseño de las políticas, constituir el nuevo sujeto institucional encargado de realizarlas y dirigir el cumplimiento de la nueva responsabilidad cultural pública, desde la posición de Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y Viceministro de Cultura. El Sistema Nacional de Cultura que la delegación venezolana a este foro tiene el gusto de presentarles a través de la presente intervención, es sólo una parte, aunque como tal reviste la significación de instancia o dimensión, del amplio, complejo y difícil proceso de diseño e implantación de la nueva gestión que a partir de entonces se ha venido adelantando bajo la responsabilidad de los mencionados Consejo Nacional de la Cultura y Viceministerio de Cultura. Lamentamos todavía más la imposibilidad práctica en que nos encontramos de indicar a ustedes todos los ámbitos que hasta ahora ha cubierto este trabajo de diseño; pero por lo menos debo decirles que el mismo cubre las definiciones de su fundamentación conceptual, los lineamientos de acción concebidos en consonancia con tales fundamentos, las políticas o líneas de acción institucional propiamente dichas, y la reestructuración, sobre la base legal de un decreto ministerial, del sujeto institucional que finalmente, y sobre la base de la reestructuración actualmente en marcha del Consejo Nacional de la Cultura, tendrá a su cargo la dirección de esta nueva gestión cultural. Y precisamente, como contextualizadores jurídicos y empíricos de las decisiones y emprendimientos a través de los cuales todo esto ha de ser interiorizado en toda la vida institucional e informal de una nación en pleno proceso de cambio, simultáneamente se ha venido trabajando en el proyecto de la Ley Orgánica de la Cultura a la que entre otras cosas le corresponderá definir el nuevo sujeto institucional de la gestión cultural pública que sustituirá al Consejo Nacional y el Viceministerio mencionados, así como la caracterización del Sistema Nacional de Cultura mediante el cual esta gestión entrará realmente a ser parte activa, en todo el territorio venezolano, de una institucionalidad cultural orgánicamente vinculada al resto de las instituciones del Estado que operan en los ámbitos nacional, regional y municipal y a las propias de los propósitos e iniciativas del sector privado. El quéTal como aparece definido en los papeles fundamentales del correspondiente proyecto, el Sistema Nacional de Cultura de Venezuela es la estructura mancomunada y asociativa en autonomías de acción estratégica y operativa de la nueva autonomía cultural pública, mediante la articulación de cultura, educación, desarrollo socioeconómico, ambiental, político y territorial, y orientada al logro de un cambio cualitativo de vida individual y colectiva, y al desarrollo integral del pueblo venezolano, que es multiétnico y pluricultural, sin discriminaciones, y en libertad de acuerdo a los más altos valores nacionales y universales. En consonancia con esta definición de su entidad y su razón de ser, el Sistema Nacional de Cultura que estamos describiendo persigue los siguientes objetivos:
El cómoEn tal sentido, la entidad organizativa y funcional del SNC se orienta a dirigir la mancomunidad estructural y asociativa de las autonomías de la acción cultural gubernamental, en la concertación de los niveles nacionales, estadales, municipales y parroquiales, con el propósito de convertirla en factor sustantivo e integral de los procesos venezolanos de formación ciudadana mediante la organización plural, participativa, solidaria y en libertad, orientada a fomentar la democratización de los bienes y servicios culturales basados en la creatividad y productividad en virtud de los logros comunitarios, cualitativos, individuales y colectivos que el Sistema Nacional de Cultura persigue. A los efectos del proceso de su propia integración, el Sistema Nacional de Cultura comprenderá al nuevo sujeto institucional rector de la autonomía cultural que resulte creado en Ley Orgánica de la Cultura, así como las gobernaciones, alcaldías y juntas parroquiales; los consejos de acción sociocultural estratégica; los creadores, hacedores y trabajadores culturales; las universidades y las comunidades. En cuando a su inserción en el sistema educacional, siendo el Viceministerio de Cultura una estructura del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, se entiende que los organismos e instancias culturales han de actuar en estrecha relación con las del citado ministerio, y que las zonas educativas correspondientes a todos los niveles e instancias de la educación superior participarán en la acción cultural a través de los respectivos Consejos directivos de las universidades y los institutos universitarios. Al mismo tiempo, en los ámbitos de las entidades federales, y de acuerdo con su localización estadal, metropolitana, municipal, parroquial o rural, existirán los consejos de asociación cultural estratégica con carácter asesor o consultivo, siendo ellos una garantía de la participación democrática de los actores sociales e institucionales, públicos y privados, y muy especialmente de las comunidades y de los creadores, hacedores y trabajadores culturales, en el desenvolvimiento y la evaluación de la nueva gestión cultural pública. Finalmente, hay que agregar que el diseño del Sistema Nacional de Cultura cuya síntesis estamos presentando, comprende además de las delimitaciones más abarcantes hasta ahora consideradas, el trazado de varios subsistemas que a su vez estarán integrados por redes, circuitos y corredores cuya conveniente articulación también se propone en los niveles nacional, estadal, municipal, parroquial y de la participación comunitaria así como de las asociaciones específicas de los creadores. Por otra parte, la estructura orgánica del Sistema Nacional de Cultura estará formada por un Consejo Directivo integrado por los directores generales del Viceministerio de Cultura y los directores generales sectoriales del Consejo Nacional de la Cultura, además de los siguientes dos niveles de organización, decisión y actuación: en primer lugar, el nivel de dirección y coordinación integrado por las unidades de dirección general, de programación y proyectos, técnica y operativa, de control y servicios administrativos articulada a su vez con la unidad de administración y finanzas del CONAC y de informática y monitores articulada con la unidad de planificación estratégica del CONAC; y en segundo lugar el nivel de operaciones, integrado por los mencionados subsistemas, redes, circuitos y corredores. Ya para concluir, deseamos llamar la atención sobre el estado en que actualmente se encuentra tanto el diseño propiamente dicho como la implantación del Sistema Nacional de Cultura concebido como una estructura alterna dentro de la nueva gestión cultural del estado venezolano. En primer lugar, esperamos que la entrada en funcionamiento pleno de este sistema tomará un tiempo considerable que no estará determinado, por supuesto, sólo por lo delicado de los nuevos requerimientos culturales, políticos y técnicos del caso, sino también, como es de suponer, por los problemas esperables durante el reajuste entre las viejas o inexistentes estructuras todavía ampliamente condicionantes y los nuevos dispositivos propuestos. Comprender esto es especialmente importante, puesto que se trata de una situación muy exigente del mejor tino cultural y político en lo que hace a la implantación del sistema en todo el alcance del país venezolano, sino que también afecta a las estructuras directivas existentes (el Consejo Nacional de la Cultura y el Viceministerio de Cultura) en un sentido y con una radicalidad muy peculiar, pues es el caso que ellas deben servir de apoyo al surgimiento de las nuevas estructuras por las cuales van a ser sustituidas, como por ejemplo la del ministerio de la cultura que probablemente sea creado por la futura Ley Orgánica de la Cultura. Finalmente, queremos insistir en que es precisamente por las dificultades que encierra esta peculiar e ineludible situación de transitoriedad, por lo que se ha recurrido al modelo del Sistema Nacional de Cultura como una estructura alterna a las hasta ahora habidas y actualmente en proceso de reestructuración. Aún en el caso de que sea creado, como la mayoría parece desear, el ministerio en cuestión, la estructura adicional aportada por el Sistema Nacional de Cultura ofrece la ventaja de que descarga de tareas secundarias al Viceministerio, el Consejo Nacional de la Cultura y el futuro ministerio de cultura, permitiéndoles concentrarse en las cuestiones sustantivas y de mayor permanencia en el tiempo, tales como el seguimiento, monitoreo y evaluación de los programas en curso, favoreciendo al mismo tiempo la descentralización y la eficacia, así como sirviéndole de contrarresta a la tendencia a las respuestas compulsivas que es tan propia de la improvisación programática. En última instancia, y permite racionalizar mejor la demandas provenientes de una actividad cultural creciente. Ojalá que esta apretada información resulte suficiente para darles una idea de las esperanzas que en Venezuela tenemos cifradas en este Sistema Nacional de Cultura, y estamos dispuestos, todos los miembros de nuestra delegación, a intentar responder las preguntas y observaciones que ustedes tengan a bien plantearnos. Muchas gracias. |
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