Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Portafolio

La promoción del diseño industrial en Venezuela – Parte VIII
Elina Pérez Urbaneja

 
Viernes, 26 de octubre de 2001

Ver también:

  • La promoción del Diseño Industrial en Venezuela (Parte I): Cultura, objetos y diseño
  • La promoción del diseño industrial en Venezuela (Parte II): El objeto como tema del diseño industrial
  • La promoción del diseño industrial en Venezuela (Parte III): Cultura material y Cultura del diseño
  • El ayer y hoy del diseño industrial en el mundo
  • El contexto del diseño industrial en los países “subdesarrollados”
  • Historia del diseño industrial en Latinoamérica
  • Breve historia del diseño industrial en Venezuela

    La promoción del diseño industrial se ha hecho efectivo en los países desarrollados a través de la acción conjunta del Estado, la empresa privada, las instituciones educativas y culturales, las cuales se rigen por los elementos innovación tecnológica, estímulo industrial, desarrollo y cultura, los cuales serán revisados conceptualmente, antes de pasar a las instancias que pudieran encargarse o se han dirigido hacia la promoción del diseño industrial en Venezuela.

    La tecnología como motor de la industrialización

    La UNESCO considera que la ciencia y la tecnología son la fuerza motriz del cambio para todos los sectores de la economía de una nación cuando ésta comienza a pasar de una base agrícola a una industrial. A la ciencia le incumbe la comprensión de los fenómenos naturales y la construcción de sistemas conceptuales para su explicación, mientras que a la tecnología le toca la aplicación de estos entramados teóricos al logro de fines concretos.

    La tecnología es el estudio sistemático de las técnicas empleadas por el hombre para conseguir y fabricar objetos. Etimológicamente la palabra proviene del griego techne=industria y logos=tratado y se empleaba con el sentido de “discurso de las artes”. La readopción del vocablo en el siglo XVII lo relacionó con las artes aplicadas, ligándose ya en el S. XX a la obtención de herramientas y máquinas. En la segunda mitad de dicha centuria se definió como medios y actividades mediante los que el hombre altera y manipula su entorno, es decir, es un medio que se dirige al fomento de la cultura material.

    El nacimiento de la tecnología es un hecho cultural asociado con la fabricación de útiles, es decir, objetos, por parte del homo sapiens convertido en homo faber.

    A nivel general, el concepto de tecnología formulado por el Diccionario Enciclopédico Salvat señala que es el “conjunto de los conocimientos propios de un oficio mecánico o arte industrial”.

    Una orientación más puntual es la del inglés Pery H. Hill, quien la define así:

      “Es una forma, específica y susceptible de repetición, de combinar insumos para la producción de unos bienes”. (1)

    Otra definición sobre lo que es tecnología es la que formulan Eduardo Martínez y Mario Albornoz:

      “(...) La tecnología es el conjunto de conocimientos y métodos para el diseño, producción y distribución de bienes y servicios, incluidos aquellos incorporados en los medios de trabajo, la mano de obra, los procesos, los productos y la organización. La tecnología es impulsada por la necesidad (need-driven), por la satisfacciones de necesidades de la sociedad, la economía y los negocios (...) La tecnología es un sistema de conocimientos técnicos, conocimiento sistemático de las artes prácticas o industriales; consiste de una serie de técnicas (...) incluye técnicas empíricas, conocimiento tradicional, artesanía, habilidades, destrezas, procedimientos y experiencias que no están basados en la ciencia (...) refleja y es determinada tanto por las relaciones técnicas de producción como por las relaciones sociales de producción, dentro de una formación social determinada. Constituye una respuesta concreta a condiciones económico-sociales específicas”. (2)

    Hay diversos criterios para clasificarla; la technoware es la tecnología incorporada en objetos que necesitan operadores, la humanware se concibe como aquella dedicada a personas y que exige motivación, la inforware es la que se aplica en documentos que necesitan constante actualización, mientras que la orware es la que se introduce en las instituciones y sistemas organizativos. Además en los años recientes se ha discutido sobre la división de las tecnologías en tradicionales y modernas, endógenas y exógenas, blandas y duras, medulares y periféricas, libres y cautivas, obsoletas y de punta, incorporadas y desincorporadas, de bajo costo, intermedias, alternativas o apropiadas, intensivas, ahorradoras de energía, ambientales, eco-tecnologías, etc..

    La tecnología alude a un doble aspecto: por un lado el desarrollo y el uso de máquinas; por otra parte se refiere a sistemas y procesos no físicos en los que confluye la ciencia, la artesanía y la experiencia tradicional.

    Cuando se menciona el aspecto desarrollo, es preciso plantear la diferencia con la palabra progreso, entendiendo al primero como un:

      “Proceso de crecimiento de una economía, a lo largo del cual se aplican nuevas tecnologías y se producen transformaciones sociales, con la consecuencia de una mejor distribución de la riqueza y de la renta” (3).

    El nivel de desarrollo se mide convencionalmente por el PIB per cápita.

    En cambio la idea de progreso se asocia con el aumento gradual del bienestar o felicidad y con el mejoramiento de un individuo o de la humanidad. Se concibe en un sentido relativo, en donde se incluye todas la áreas, incluyendo lo económico. En el Tercer Plan de Ciencia y Tecnología formulado por el Conicit se entiende como:

      “El conjunto de elementos que determinan incremento en el bienestar social, la dignidad humana y la equidad en el disfrute de bienes y servicios y desarrollo de la economía en beneficio del hombre” (4).

    Con esto se quiere decir que mientras el desarrollo tiene una connotación material, el progreso incluso absorbe la noción idealista de perfectibilidad, de evolución global hacia estadios superiores.

    El empleo y el mejoramiento de la tecnología son las manifestaciones que se ligan directamente con el desarrollo. A partir de la Revolución Industrial se ha convertido en la base del cambio de la cultura material y en el principal determinante de la estructura de la sociedad, pudiéndose así hablar de la era atómica o de la era de la información, por mencionar dos ejemplos, como períodos históricos definidos por la tecnología predominante.

    Afín a esta idea es la siguiente afirmación de Robert Nisbet:

      “Para la tecnología lo fundamental es la aplicación de principios racionales en el control o reordenación del espacio, la materia y los seres humanos. Somos propensos a pensar únicamente en las manifestaciones físicas de la tecnología –rascacielos, cortadoras de césped, bombas atómicas-. Sin embargo la tecnología también representa cosas sociales, organizaciones y procesos que están relacionados con fines humanos” (5).

    En esencia es un componente básico de la sociedad industrial, generadora de innovaciones que derivan en cambios de los valores culturales. Otros criterios, más bien perciben a la tecnología como expresión de la cultura.

    Lo cierto es que la dinámica de la cultura es alimentada por la innovación en tanto fruto de la creatividad, aptitud específicamente humana vista como la facultad de introducir en el mundo un objeto, producto o idea nueva en forma de descubrimientos científicos, inventos tecnológicos o como arte. Evidentemente, se trata de la misma facultad aplicada en diferentes terrenos, que en el caso de mentes brillantes como la del genio renacentista Leonardo Da Vinci, pueden manifestarse simultáneamente.

    Gracias a la empresa, la creatividad ha crecido como fuerza de innovación, convirtiéndose en uno de los elementos característicos de nuestra cultura. Esta afirmación es respaldada por Joan Costa de la siguiente forma:

      “Hoy, la innovación está fuertemente ligada al diseño y a la tecnología, porque el rol de ambos es hacer realizable todo aquello que es imaginable” (6).

    De esta idea se desprende la tecnología como una manifestación cultural ligada a los procesos económicos-productivos, cuyo fertilizante es la creatividad. La misma se ha convertido en un parámetro que permite evaluar y clasificar los grupos sociales en niveles de desarrollo. Aquellos que llevan a cabo investigación y aplican los resultados en innovación se consideran industrializados o desarrollados, mientras que los que están rezagados en estos campos se consideran subdesarrollados, y en una clara posición de desventaja con respecto a los primeros.

    Estos criterios son desplegados por los países que detentan el poder económico y político en el mapamundi, a saber Estados Unidos y Europa Occidental, y en el continente asiático, Japón. Ellos han llevado la batuta del desarrollo de las tecnologías de punta y se mantienen en franca competencia para superar los adelantos que hoy día existen, en la cada día más feroz lucha por la captación de mercados. Esta carrera ha arrojado como consecuencia la acentuación de la polaridad entre el primer mundo y el resto, sumido en la dependencia tecnológica y la pobreza.

    El interés por cuantificar y medir los esfuerzos nacionales en ciencia y tecnología se materializa en Estados Unidos al culminar la Segunda Guerra Mundial en la fórmula de los indicadores, cuyo concepto enunciado por Albornoz y Martínez dice que:

      “Representan una medición agregada y compleja que permite evaluar o descubrir un fenómeno, su estado y evolución, articulando o correlacionando variables (...)”(7).

    Los mismos pueden ser de insumo (toman en cuenta los gastos de recursos y personal), de producto (frutos de la investigación como las categorías bibliométrica y de patente), de innovación (considera la competitividad y el crecimiento económico) y de impacto social (aborda la incorporación de conocimiento a la capacidad productiva).

    Los indicadores de ciencia y tecnología son productos propios de los países desarrollados que han sido adoptados en América Latina por recomendaciones de la CEPAL sin tener éxito, debido en principio, a los débiles lazos extendidos entre la investigación y el desarrollo (I+D) con el sistema de educación superior y el sector productivo, así como por la limitada receptividad que le prestan sus políticos.

    A propósito de la mención del Centro de Estudios para América Latina –Cepal-, organismo dependiente de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que fue creado en 1948, se abre un paréntesis para explicar la tendencia llamada “desarrollismo o cepalismo”, la cual:

      “Hace referencia a la actitud o tendencia favorable al crecimiento a ultranza y que generalmente usa la vía de la sustitución de importaciones, olvidándose del principio de los costes comparativos” (8).

    Pese a las recomendaciones de este organismo, actualmente existe la necesidad de formular políticas de ciencia y tecnología vinculadas con el resto de las políticas públicas y cónsonas con tendencias mundiales como la globalización, la aparición de nuevos actores y formas organizativas, la integración y la regionalización.

    Los indicadores deberían servir como insumo para la planificación y la toma de decisiones políticas, pero ni en los países más avanzados han tenido una influencia decisiva en este campo. Sin embargo es pertinente el análisis de las situaciones concretas en Latinoamérica para definir unos indicadores de ciencia y tecnología cónsonos con la realidad.

    Tecnología, innovación, creatividad, industrialización y diseño industrial son los términos que han salido a flote hasta los momentos, todos ellos ingredientes intangibles del proceso productivo, que han de trabajar conjuntamente desde las primeras fases de desarrollo de cualquier proyecto industrial.

    El diseño industrial complementa al diseño de ingeniería al asegurar una relación satisfactoria con las personas, porque es condicionado por los factores técnicos, ergonómicos y estético-perceptivos, teniendo estos últimos un valor semiótico que viene definido por la teoría de la forma, el color y la textura. La importancia de aplicar el diseño industrial es la apertura de la posibilidad de formar una cultura material propia.

    El diseñador de origen alemán Gui Bonsiepe, ex profesor de la Escuela de Ulm, quien vivió durante años entre Chile, Argentina y Brasil, ha teorizado sobre los problemas que enfrenta el diseño industrial en América Latina como región subdesarrollada. Ensayos y conferencias que exploran este tema han sido recopilados y publicados en el libro El diseño de la periferia, donde se apunta:

      “La industria en los países periféricos no necesita al diseñador, pues los problemas de la industria en ellos no son propios del diseño sino de producción. Claro está: yo no quiero cancelar la existencia de la profesión, al contrario. La industria en la periferia necesita al diseñador, lo necesita desesperadamente, pero en primer lugar en la medida en que él está capacitado para resolver problemas de producción, o mejor dicho, elaborar diseños que ayuden a resolver problemas de producción” (9).

    El mismo autor señala que cuando se hace referencia a diseño industrial inevitablemente se siente el peso histórico del denominado centro en la Teoría de la Dependencia, aunque piensa que para los países subdesarrollados puede ser una solución que les permita competir en mercados internacionales (design for export) siempre que se apliquen “tecnologías apropiadas”.

    Se considera tecnología apropiada aquella creada localmente atendiendo a necesidades locales, hecha con medios y equipos locales y poco impacto ambiental. El concepto formal dice que son:

      “Procesos, productos y servicios, cuya naturaleza corresponde al medio ambiente, al entorno sociocultural y a las necesidades de amplios sectores de la población” (10).

    Siguiendo el mismo sentido se esgrime como ejemplo de una acción inadecuada, el proyecto aplicado en Marruecos, Mozambique y la India por el diseñador industrial holandés Peik Suyling.

    Suyling trabajó junto a los artesanos tradicionales de estos países con la idea de enseñarles en qué consiste el diseño industrial y mostrarles los beneficios de incorporar los procesos de esta disciplina en su oficio. El resultado, expuesto por medio de diapositivas en una conferencia de la Primavera del Diseño de Barcelona, España, celebrada en abril de 1999, no denotaba transformaciones formales en las piezas, pero según el ponente, el trabajo fue variado por medio de la aplicación de técnicas propias del diseño, como la elaboración de proyectos, la creación de moldes y el empleo de herramientas más sofisticadas. Dicha conferencia dejó entre los asistentes el sinsabor de la manipulación eurocéntrica, aquella que acostumbra “imponer” a culturas que considera primitivas o menos desarrolladas, métodos de trabajo que les son ajenos, en la creencia de que así los ayudarán a evolucionar. Si se traslada este ejemplo al de las tecnologías apropiadas, se puede concluir que esta búsqueda debe surgir de las necesidades autóctonas y no ser extrapolada artificialmente, sin que esto signifique el mantenimiento de las tecnologías pobres, o sea, las utilizadas por las sociedades preindustriales para abordar sus problemas técnicos.

    Otra propuesta es la de “nuevas tecnologías intermedias”, formulada por Tomás Maldonado como aquellas...”que tienen en cuenta la abigarrada realidad del subdesarrollo y trata de elaborar ‘respuestas flexibles’ a cada situación particular. Esta concepción está basada en la idea de ‘ruptura selectiva’, es decir, en la posibilidad de romper con el círculo vicioso de la dependencia mediante una ‘tecnología autocentrada’, capaz de individualizar sectores prioritarios en los que la transferencia de tecnología pueda ser emprendida sin conmocionar el equilibrio general del sistema” (11).

    Dicho con otras palabras, una oportunidad para el diseño industrial se haría realidad en los países del tercer mundo cuando la industria local abandone la importación acrítica de tecnologías foráneas y se oriente a la producción de maquinarias y diseño propios según la medida de sus características, necesidades y posibilidades locales. Un caso lo constituyen los denominados tigres asiáticos: Singapur, Malasia y Corea del Sur, los cuales a través de la estrategia de la ruptura selectiva están logrando despegar con éxito por medio del equilibrio logrado entre sus tecnologías tradicionales y la apertura a la transferencia de tecnología avanzada por políticas de “joint venture” con multinacionales. Algunas industrias de aquellos países han logrado una autonomía que sorprende, hasta el grado de poder competir en focalizados segmentos del mercado internacional con nuevos productos ¿Será una utopía aspirar lo mismo para América Latina?

    NOTAS

    1 Centro para el desarrollo tecnológico industrial. Op. Cit, p. 23
    2 ALBORNOZ, Mario y Eduardo MARTINEZ. Indicadores de ciencia y tecnología: estado del arte y perspectivas, p. 287
    3 TAMAMES, Ramón y Santiago GALLEGO. Diccionario de economía y finanzas.
    4 COPRE. Ciencia y tecnología en Venezuela. Un reto, una esperanza, P. 17
    5 ELLIOT, David y Ruth ELLIOT. El control popular de la tecnología, p.19
    6 COSTA, Joan. Diseño, comunicación y cultura, P.120
    7 ALBORNOZ, Mario y Eduardo MARTÍNEZ. Op. Cit., P. 11
    8 TAMAMES, Ramón y Santiago GALLEGO. Op. Cit.
    9 BONSIEPE, Gui. Op. Cit.,p. 32
    10 ALBORNOZ, Mario y Eduardo MARTINES. Op. Cit., p. 288
    11 MALDONADO, Tomás. Op. Cit.,p. 87


    Texto basado en la tesis de grado: “La Promoción del Diseño Industrial en Venezuela a través de una institución cultural: Centro de Arte La Estancia”, mención honorífica y mención publicación.

    Elina Pérez Urbaneja: Lic. en Comunicación Social, UCAB. Lic. en Artes, mención Promoción Cultural, UCV. Fue Jefe de Redacción de la revista Laser-faire. Trabajó entre 1997 y el año 2000 en el Departamento de Prensa del Centro de Arte La Estancia, acción cultural PDVSA. Actualmente desarrolla para la Fundación Educación Industria (FUNDEI), organismo adscrito a Conindustria, el proyecto “Diseño Industrial: Una Herramienta para la Competitividad”. Coordina la sección de Diseño Industrial en la revista Logotipos.

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.