Christian Boltanski o el inventario de la muerte y la memoria Carlos Yusti
Miércoles, 28 de agosto de 2002
Antes de comenzar esta nota un corto preámbulo personal. Luego que mi madre
murió registré entre sus objetos personales y encontré una foto, tipo
carné, algo deteriorada. En la foto Carmen Elina, que era su nombre,
aparece con una belleza fuerte y sofisticada (peluca y maquillaje) No sé
cuál fue el motivo que me indujo a conservar la fotografía y a tenerla en
mi cartera. No obstante cuando veo la foto también puedo verme de unos
siete años admirando como mamá se viste y se pinta frente al espejo de la
peinadora, como luego viene y me da un beso dejándome sus labios dibujados
en la mejilla.
El arte en la actualidad parece sucumbir al boato efímero de lo banal y
para conectar con el espectador, con preocupaciones cosméticas más que
éticas, recurre a las nuevas tecnologías y convierte la sala del museo en
un centro de operaciones más digno de la NASA que del arte propiamente
dicho. No obstante, a pesar de estos cachondeos con lo tecnológico el arte
sigue quedándose sin interlocutores, sin en esa caja de resonancia que en
definitiva es el espectador, lego o especializado, que busca en el arte
respuestas estéticas en un mundo abocado a desterrar la sensibilidad. En
este trance regresa Christian Boltanski. Sus exposiciones retrospectivas(
realizadas en 1999) en distintas galerías y museos en el mundo(incluso en
Caracas) colocan otra vez en el tapete lo estético en función de las
preocupaciones morales metafísicas del ser humano. "No contienen nada
nuevo", según sus propias palabras, sin embargo es un trabajo que aporta
elementos nuevos y logra una comunicación muy peculiar con el público que
asistió a este recuento artístico.
Christian Boltanski nació en París en 1944. Su madre cristiana y su padre
judío marcará un poco el derrotero espiritual de su obra. Por esa razón la
muerte está presente en su obra, la huella del holocausto está fija en su
memoria íntima. No es casual entonces que su obra sea una puesta escena de
esa observación rigurosa de la vida cargada de recuerdos profundos, de
heridas hondas que logran salir a través de una expresión plástica ceñida a
esas luces y sombras de la memoria. El trabajo artístico de Boltanski, y
que uno no puede desligar del trabajo estético de Beuys, ha ganado sentido
trascendente con el devenir de los años consolidándose como un discurso por
encima del mercado tradicional del arte y de ese marasmo de vacietud que
parece corroer el mundo del arte.
Las instalaciones y objetos de Boltanski no se dan la mano con las
tecnologías informáticas de nuevo cuño, ni recurren a la estridencia de la
violencia para captar la atención; más bien él recurre a materiales
frágiles al tiempo (fotografías, fotos encontradas, ropa abandonada, velas,
bombillos eléctricos, viejas latas de galletas, recortes de periódicos,
anuncios de revistas, dentaduras postizas, etc.), pero que forman parte de
las pertenencias de personas que ya han muerto, son intrascendentes
testimonios de nuestra breve estada en la vida. No busca el ruido agrupando
objetos y fotografías, sino que intenta encontrar una penumbra limpia y
tratar ese tema de la muerte que le obsesiona profundamente.
La estética en Boltanski tiene un ritmo inusual y emplea todos los recursos
(Fotografía, postales, cartas y los libros del artista) que de alguna
manera indagan sobre la vida, la memoria, el recuerdo y la muerte. Un buen
ejemplo de esto es su libro de artista de 1969, "Reconstrucción de un
accidente que todavía no me ha sucedido y en el que encontré la muerte".
Con esta obra presagia su muerte de manera directa. En obras posteriores
esta obsesión con respecto a la muerte se amplifica y adquiere más
carnadura metafórica.
Esta meditación estética sobre la muerte ha conducido a Boltanski por
derroteros inesperados. Sus instalaciones y su relectura de objetos
cotidianos poseen una rigurosidad en el manejo de la luz y de la sombra.
Cuando el espectador pasea por entre sus trabajos se inserta en la obra
convirtiéndose a su vez en una silueta, en una figura borrosa que parece
buscar su esencia entre desgarrones de luz y sombra.
Boltanski trata de acercarse a la muerte desde su costado menos trillado.
Sucede que muchos de nosotros con nuestros seres queridos que han muerto
ejecutamos una serie de rituales muy personales en cada caso, pero con
puntos de referencias fáciles de identificar: visitar la tumba y dejar allí
flores frescas, conservar sus ropas, sus objetos personales, alguna
fotografía y muchos otros maneras que pasan como desapercibidas por esa
forma casi mecánica como se ejecutan. Todo esto no ha escapado al ojo
acucioso del artista y a este respecto Estrella de Diego ha escrito: "pues
lo terrible de la muerte no es la manera en que nos priva de la presencia
de las personas amadas, de su voz. No es tampoco la soledad ni la pérdida
de cuerpo en la cual nos sumerge. No. Lo aterrador de la muerte son los
objetos tangibles que deja desperdigados tras su paso devastador, ropas
familiares, cartas recibidas, fotografías en desorden, libros subrayados,
frascos de perfumes a medio consumir... lo que perturba de la muerte es el
modo incierto en que impone el recuerdo, primero como una obsesión, para
diluirlo luego, de forma imperceptible, hasta que un día nos desposee por
completo de la efigie de los que se han ido".
Algunas de sus obras consistentes en una serie de postales fijan el
recuerdo desde lo trivial. Así tenemos el conjunto de postales "Fotografía
de la hermana del artista cavando en la playa", 1969, "Christian Boltanski
a cinco años y tres meses de distancia" y "Christian Boltanski y sus
hermanos", ambas de 1979. El recuerdo personal e íntimo como puente se
lleva a cabo a través de algo muy común ya que el espectador sin duda
guardará en su casa fotos muy similares.
Estas obras iniciales llevaron al artista a tener en la fotografía un apoyo
importante para sus trabajos posteriores. En su obra "monumento" (1985)
emplea fotos en solitario. Luego las agrupa de manera desproporcionada
hasta encerrar al espectador en muros. Su obra "Los Suizos muertos"(1993)
es un buen ejemplo de ello. Con obras como "Cortinas blancas"(1996),
fotografías impresas en tela y cruzadas por un haz de luz hace palpable
como la imagen se diluye, se evapora en la memoria. Con las ropas usadas
colgadas primero en ganchos y luego colocadas en estantes enfrenta al
espectador con ese olor de ropa guardada. Su obra "Muertos"(1993)
consistente en la exhibición de ropa usada en estantes a manera de almacén
o deposito.
El trabajo con objetos personales se modificó en obras posteriores. Los
objetos recolectados en otros lugares ya no necesitaban exhibirse en un
museo para destacar su características estética y su noción poética sobre
sus dueños que ya no estaban. Su obra titulada Lost property (propiedad
perdida), consistente en objetos
Perdidos por espacio de seis meses, fueron expuestos en la estación de Tren
Tramway. De igual manera su obra "Cloaca máxima"(1994) mostraba en una gran
vitrina de vidrio objetos rescatados de una alcantarilla.
Paula Martínez ha escrito: "Su obra esta muy lejos de los cánones del arte
narrativo. La imagen y el objeto que recibe el espectador parecen extraídos
del olvido por lo que es una obra abierta que invita al público a
reconstruir y crear su historia personal. Este espacio ambivalente es
característico de las producciones artísticas contemporáneas. Una vez
fracasadas las grandes utopías de la modernidad el artista rechaza los
discursos inamovibles y se resguarda tras la ironía de lo uno o lo otro.
Bajo esta suerte de juego intenta encontrar una respuesta sobre la
transición del ser de la vida a la muerte".
Boltanski realiza una escenografía de inventario, una escenografía para
mostrar los frágiles parámetros de la memoria, los filosos contornos de la
muerte y sus huellas tenues, pero imborrables en nuestras vidas. Recuerdos
subrayados por fotos, ropas usadas y objetos cotidianos que conforman los
minutos detenidos de nuestra existencia y donde hechos (y personas)
intrascendentes brindan una indiscutible belleza y que muchas veces no
percibimos. Boltanski ha escrito un texto que encierra, a mi modo ver, toda
la esencia de su obra, todo la sensibilidad de su inventario visual y
estético: "Investigación y presentación de todo lo que sigue siendo mi
niñez (1944-1950) La mujer vieja terminó de barrer. Ella coloca el trapo en
el armario, toma el cepillo de nuevo y rema el polvo que permanece en un
pequeño montón a sus pies. Entonces ella recoge el polvo con una pequeña
pala y la arroja al cubo de la basura. Con esto ha logrado parte de su
tarea, luego ella toma un cepillo, diluye un poco de ajax con agua tibia en
una toalla azul oscuro y empieza a limpiar el polvo de la cocina. Ella
empuja una silla que le perturba, la vuelve a colocar. Una vez terminado el
trabajo guarda todo los objetos de limpieza en el armario y va a
derrumbarse en un sofá del comedor para mirar la televisión. El programa
que trasmiten no es interesante, ella toma una revista que hojea mientras
la televisión sigue encendida. Ligeramente, ella se duerme".