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Portafolio ![]() Nacido bajo el estigma de la contradicción, el impresionismo vendría a ser el nombre acuñado por la crítica de manera peyorativa a este movimiento cuando, a partir de la exposición del Salón Oficial el 15 de abril de 1874, estos pintores "irreverentes" vendrían a irrumpir el espacio del Realismo y abrir una nueva posibilidad de expresión, de expansión, de creación… ¿Qué podía revelar la pintura frente a la fotografía? ¿Qué podría, pregunto, devolverle a la vida justamente la vida que el realismo había restringido? Vino entonces el impresionismo, heredero del realismo, pero vino cargado de nuevas propuestas que habrían de darle un vuelco al arte y anunciar un nuevo tiempo en la creación. Más que nunca el arte volvió a la vida, es decir, lo cotidiano, lo común, vendría esta vez a ser observado por el hombre desde su misma percepción, con los sentidos abiertos a descubrir un mundo único para cada mirada, el mundo que los sentidos del hombre permite atisbar. Era más que nunca la realidad, pero era la realidad "vivida" por el pintor y por el observador. El retratismo se agotó. Ahora la pintura alcanzaría sensorialmente un espacio en la estética del siglo XIX. ![]() Edgar Degas no pudo eludir la fascinación de lo "sensible", la fascinación de las impresiones que la luz habría de crear en la mirada. Ya no es el tema el que habla, ahora hablan la luz, los colores, los trazos, dispersos o no, pero tan sólo los trazos… Como las palabras, los elementos pictóricos alcanzaron en el impresionismo, y por tanto en Degas, el carácter vivo del signo, evocación de un profundo sentido, apelación a la mirada cómplice de un hedonista, de un curioso, de un hombre complejo y profundo que tiene su propia percepción de la imagen, de la realidad… Tiene de realista que se inspira en la vida misma. Tiene de ruptura con esta escuela que lo cotidiano es rescatado de la visión crítica entendida como realidad social, para valorar la supremacía de la experiencia sensorial, tan obvia como ignorada por la mirada superflua de la rutina. Quizás por esto parezca que pintores como Degas abordaban temas fríos, afirmación ésta que sería también desdedir la vida con todos los elementos que la impregnan. ![]() Degas recurre continuamente a la reiteración temática: bailarinas, carreras de caballos, algunas veces actividades laborales de su época. Pero especialmente Degas ha capturado la atención del mundo con el tema de las bailarinas. Es posible que haya existido en la percepción de Degas una fascinación por apresar el movimiento, por "esculpir" en la pintura aquellos movimientos inexplorados del cuerpo humano a través de la luz, sus contrastes, insinuaciones y alegorías, a través de las texturas, de colores que construyen la forma. Poco a poco la línea desaparecería… Los efectos provocados por los colores cobrarían, entonces, el rol protagónico. Captar el momento tal cual se presenta: premisa fotográfica de finales de siglo; capturar el sentido y la sensación del momento: premisa impresionista inscrita en los subterfugios "degasianos"; captar lo que se nos escapa no para documentarlo sino para sentirlo; captar desde ángulos nunca vistos, o tal vez valorados, ángulos oblicuos de escenarios, de tablas, de danzas, de mundos… Ver lo "superfluo" desde una distinta perspectiva, la de la profundidad sentida y significante. Darle a lo fútil la categoría de signo, contextualizado en la estética de la luz y el color que construyen en la mente la noción de belleza, indescifrable máscara del universo cultural. En Degas la narratividad del tema es anulada por la fuerza pujante de los elementos plásticos, que parecen protestar contra el "pathos", contra lo social como doctrina, y construyen con juegos de claroscuros el mundo interior sólo aprehensible en la mente del observador. Impresionismo psicológico, dicen algunos. Y ¿dónde puede residir la impresión sino en la mente? ![]() Los impresionistas comprendieron que el color era una inflexión de la luz y que la mente humana es capaz de construir imágenes no necesariamente delimitadas por contornos claros. Y de ser así, era imprescindible liberar el sentido del mensaje, de la moraleja, de la narración, para que aquél cómplice, amante de la belleza, pudiera crear su propio sentido, conferido más por una intención estilística, y por tanto humana, que por una arte "comprometido", un arte "político", un arte esclavo de la realidad-razón. Como dijimos anteriormente, ya no es lo social como doctrina, ahora es la vida como signo. Instantáneas impresiones captó Edgar Degas, luces repentinas, fortuitas, visión encantada por la luminosidad; "flash" incandescente del lente humano, memoria fijada sobre el reino de la luz... Las pinceladas independientes crean los colores, jamás mezclados desde la paleta; la forma, el contexto, siempre incompletos hasta el momento de la observación, hasta el momento en que la óptica del "lector" recodifica los signos plásticos… Sumida en el sentido más profundo del instante, tal como en el amor, la estética impresionista, y la estética de Degas, es una estética de dos. ![]() |
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