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Régulo Pérez: crítica y color
Carlos Yusti

 
Jueves, 6 de julio de 2000

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Magia, violencia expresiva, crítica, humor y amplio tratamiento del color, o el dibujo, son algunas características de la obra plástica de Régulo Pérez. Ha metido el color del trópico en sus lienzos. Ha intentado exorcizar la fealdad de este mundo a través de una pintura donde el color adquiere posibilidades de lección viva del entorno, natural o urbano, que trata de aprehender la metáfora oculta de la belleza. La actividad creadora en Régulo Pérez tiene múltiple facetas: escritor, caricaturista, pintor y profesor.

Nació en Caicara del Orinoco en 1929. En referencia a sus padres en la dedicatoria de uno de sus libros de caricatura escribió lo siguiente: “Esto va dedicado a la memoria de mi padre por quien soy pintor, Enrique Pérez Itriago y a mi madre Ananás Faramalla por quien soy faramallero”. Su región natal le proporcionó el material necesario para convertirse en pintor o como él mismo lo ha expresado en su libro Orinoco, irónico y onírico: “Soy pintor, porque las imágenes del silente ciclo cinematográfico: el anillo de Sigfrido y la venganza de Krimilda, me abrieron los ojos a la leyenda, y la lotería de animalitos me hizo ver la realidad(...) Soy pintor, porque en ese pueblo pasaban cosas fantásticas: como una burra incendiada que corre enloquecida, a pleno sol, por las calles, tratando de buscar el río para lanzarse...”

Todo ese mundo extraño y mágico lo empujó poco a poco a dibujar los personajes singulares del pueblo. El periódico FATOCHES, que leyó con esa avidez infantil de la sorpresa, lo inició en el mundo de la caricatura y el humor. Luego fueron los letreros por encargo para los negocios de víveres y bares. Después fue dibujar los cartones de la lotería de animalitos. La selva fue una poética de impresiones prodigiosas que jamás lo han abandonado en su incansable trabajo artístico. Con esa capacidad de captar el mundo por imágenes decide estudiar pintura.

La Escuela de Artes Plásticas en 1945 se vio sacudida por un estruendo que exigía cambios radicales. Los alumnos en pie de lucha reclamaban trasformaciones sustanciales. Por supuesto dichas peticiones fueron rechazadas y 45 rebeldes fueron expulsados.

Estos expulsados, sin desalentarse ni un momento, se organizan. A este respecto Francisco Da Antonio escribe: “En 1945, luego de concluir la gran guerra, Otero se instaló en París. Entre tanto, en Caracas un grupo de jóvenes, entre ellos el propio Erminy, Pedro León Zapata, Luis Guevara Moreno, Enrique Sardá, Raúl Infante y otros expulsados de la Escuela, a raíz de la protesta realizadas por una buena parte del alumnado se congregaban en la Barraca de Maripérez—un viejo galpón convertido azarosamente en un taller de cerámica— de más o menos efímera existencia”. Régulo Pérez formó parte de la Barraca. Luego, en 1948 integra el Taller Libre de Arte que marcó la pauta decisiva en el desarrollo de la actividad plástica de nuestro país. Promovió foros, exposiciones, charlas y discusiones. Para el año 1950 apareció la revista Taller. La diagramación estaba a cargo de Carlos Cruz Diez e ilustrada por Régulo.

En la pintura de Régulo se perciben predilecciones temáticas: la figura, un límpido colorido, una flora y una fauna más metafórica que copia fidedigna, un sentido crítico con respecto a los vaivenes socio-políticos, humor y un dibujo endurecido y simplificado con el oficio.

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Su cuadro más conocido es “Coto de caza”, con el que obtuvo en 1967 el Premio Nacional en el salón oficial. Dicho cuadro resume una etapa importante en la trayectoria pictórica de Régulo. El cuadro posee una figurativismo agresivo. La crítica y el mal gusto se contraponen en un ejercicio de cálido colorido. Con respecto a dicha pintura Juan Calzadilla ha escrito: “El mismo ha definido la búsqueda que ella representa como el logro de una unidad que estaba dispersa y fragmentada en su obra anterior, como una síntesis. Los grandes personajes enfocados en primeros planos son las imágenes de una sátira de la que nos hace solidarios el pintor sin necesidad de valerse de una anécdota ni recurrir a un tono discursivo, sentimental o declamatorio. Impregna el orden reflejándolo de la manera más cruel: el humor segregado a golpes de color con una técnica tan impulsiva como la violencia contenida que la dirige”.

En la pintura de Régulo no es producto del azar. Estudia cada elemento compositivo. El dibujo se hace sobre la tela a lápiz, creyón o carbón y luego se rellena de manera firme y definitiva. En muchas ocasiones para confeccionar sus cuadros se vale de hechos sociales, políticos, culturales, cotidianos e históricos. A veces emplea la fotografía y en ningún momento teme convertirse en narrador, en contar situaciones y peripecias del entorno las cuales Régulo descodificada empleando un colorido extremo, ruidoso sin descuidar la armonía compositiva. La pintura de Régulo no cae sin embargo en el panfleto ni en la retórica contestataria vacua. No sin razón ha escrito Roberto Guevara: “No puede considerarse empresa fácil reconstituir un humanismo crítico a través de la plástica. Para Régulo Pérez, esta ha sido, no obstante, la meta preestablecida para sus investigaciones pictóricas, en los últimos años”.

El trabajo artístico de Régulo ha sido distinguido con algunos en muchas oportunidades. En 1992 recibió el Premio Alejandro Otero. De ese año es su exposición en el Museo de Arte contemporáneo Sofía Imber, "Nuestro Señor Don Quijote", conjuntamente con Pedro León Zapata y Guevara Moreno. En dicha exposición Régulo presentó cinco obras en tinta china, cinco acuarelas y grupo de pinturas. Don Quijote y Sancho sirven de pretexto a Régulo para hacer presente algunas constantes de su trabajo plástico: un dibujo de tersa calidad lineal, colores planos combinados con sensibilidad y oficio. Por supuesto la flora y la fauna orinoquense se hacen presentes para alterar las pautas del relato de Cervantes y acceder así la metáfora sin ataduras.

En Régulo la pintura busca desnudar los valores jerárquicos de una sociedad que pisotea los valores espirituales del hombre a cada paso. La pintura de Régulo, donde la violencia y el lirismo del color van a la par, busca evidenciar la violencia nada lírica del poder es todas sus manifestaciones de oprobio y dominio.

Al igual que Zapata también ha encontrado en la caricatura un medio para expresarse. Leoncio Martínez (Leo) elevó la caricatura al status riguroso de arte, a expresión de inigualables posibilidades éticas, estéticas y políticas. Caricaturistas como Zapata, Régulo, Eneko y algunos otros han seguido los derroteros trazados por Leo. Para Régulo la caricatura es una posibilidad de crítica alternativa, y urgente. Sus caricaturas son como una especie de crónica periodística donde dibujo y texto se complementan para señalar esa realidad de todos los días, que políticos, curas, militares o los corleones de la cultura, trasmutan en una caricatura deforme con toda pastosa seriedad mediática que los caracteriza.

Régulo ha definido así el humorismo gráfico: “Es una capacidad de atacar con inteligencia. Es claro que el ataque no es indiscriminado y yo diría que va dirigido contra todo el que posee privilegios. El humorismo es un acto creador esencialmente vindicador”. El humorismo de Régulo vindica la poesía, el humanismo, la solidaridad, el amor a la naturaleza y la crítica. En sus caricaturas pone en solfa el poder y sus agresivas atribuciones, retrata burlonamente la historia, la memoria colectiva, para desacralizarla de tanta oficialidad o como lo ha escrito acertadamente Jesús Sanoja Hernández: “El humor de Régulo nos es fisiológico. Está limitado por flujos de ironías históricas, por rachas críticas frente al despotismo ilustrado de la democracia representativa, por fatigas populares ante el caos convertido en eternidad...”.

Las caricaturas de Régulo han llenado páginas en periódicos y revistas como “La pava macha”, “El infarto”, “Deslinde”, “Reventón”, “Punto”, “Cambio”, “El Sádico Ilustrado”, “La Saparapanda”. En la actualidad sus caricaturas se publican en el diario “Últimas noticias”.

El humorismo es una de esas singulares formas que adquiere eso que llamamos “amor por la vida”. Régulo ha asumido este amor por la vida con desenfreno, sin amarguras porque la caricatura es medio eficaz para reírse de lo bueno y de lo odioso que tiene la vida. El humorismo es en esencia una responsabilidad irresponsable que comporta muchos riesgos, y que se asume no en momentos de ocio, sino como actividad plena y de todos los días. Régulo ha hecho humor sin descanso, con toda la entereza y el fervor que semejante responsabilidad representa.

Otra faceta en Régulo es la de escritor. Escritura sin pose ni altanería intelectual.. Escribe con cierta regularidad en el diario “Últimas Noticias” e ilustra el Suplemento Cultural. La Academia Nacional de la Historia en su colección "El Libro Menor", publicó su libro “Orinoco, Irónico y Onírico”, donde recopila breves relatos sobre su pueblo de la infancia, Caicara del Orinoco. Con un estilo fresco va relatando ese mundo mágico que sido significativo en su vida como artista. En el libro explica algunos aspectos de su nombre: “Régulo no es nombre común ni tampoco raro. El pequeño Larousse Ilustrado dice en su parte lexicográfica Régulo (del latín Regulus). Reyezuelo: un régulo despótico. Basilisco, animal fabuloso. Reyezuelo, ave. Quím. La parte más pura que nos queda de los minerales. El régulo es la regla máxima, Régulo es pequeño rey tribal, ave basilisco y lo más químicamente puro, sólo me faltó la parte del vegetal, que no tengo afortunadamente”.

Régulo con su trabajo estético e intelectual ha tratado de explicarnos que es necesario poner en duda lo pomposo e importante, sonreír ante ese discurso que pretende convertir la vida en una cifra, en un hecho opaco sin magia ni color. Nos enseña que la pintura, la caricatura o la escritura son la posibilidad de lo inesperado, de lo placentero, del color como forma de expresión y vida.

carlosyusti@cantv.net

 

 

 
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