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Breve historia del net.art
Los principios del net.art
  Martes, 26 de junio de 2001

Primera parte

Las primeras experiencias de lo que luego se llamaría net.art se remontan al año 1994. Es bueno aclarar que cuando los discursos historiográficos establecen una datación de un fenómeno ésta siempre peca de imprecisa. Como las capas de pintura de una vieja puerta cuando uno levanta la superficial siempre se encuentra con una anterior. De todas formas se puede establecer, con cierta severidad, que las primeras experiencia donde la tecnología informática puesta al servicio de la comunicación funcionó como soporte estético transcurren por aquellos años.

En 1994 el director de cine independiente David Blair realizó el primer experimento de cine interactivo en 3D en Internet, la obra se llamó Waxweb. Al mismo tiempo el profesor de ingeniería y artista, Ken Goldberg aunó robótica y arqueología en The Mercury Project, la idea consistía en permitir al espectador alterar un entorno remoto.

Con estas propuestas y otras contemporáneas se empieza a definir esta nueva práctica artística. Así una de las características fundamentales de este tipo de expresión artística será la interactividad como proceso comunicacional. La vieja relación público-obra era remplazada por una nueva visión de usuario-obra. Las obras eran alteradas, y de esta forma producidas, desde la participación del público. Poco quedaba para el artistas tradicional que con su labor instauraba unívocamente una obra en el mundo. En los extremos se buscaba desdibujar el límite entre el artista productor y su público consumidor.

Así entendido era en el e-mail donde más se avanzaba en la conquista por un espacio horizontal, sin divisiones jerárquicas entre productor y consumidor, donde el espectador era partícipe, crítico y formador de la misma obra. Los ideales colectivos de un arte participativo y horizontal se materializaban en las listas de correo como Rhizome o Sindícate.

Otra experiencia de aquellos años de gran interés para la comprensión de cómo se estaba formando el fenómeno fue el proyecto Kings Cross Pone-In. El analista de sistemas ingles Heath Bunting (seudónimo se este "anartivista") se encargó de publicar en distintas listas de e-mail los números de 36 cabinas telefónicas de las inmediaciones de la estación londinense de trenes King Cross. El sentido, convocar a la comunicación buscando por detrás alterar el espacio cotidiano; desalinearlo creando una "especie de sinfonía de campanillas". Quienes fueron testigos de esta experiencia afirman que durante algunas semanas los timbres de las distintas cabinas no pararon de sonar, a toda hora un curioso de algún rincón del mundo buscó verificar la existencia del supuesto teléfono. La efectividad de esta intervención estética se consiguió gracias al uso inteligente de los mínimos recursos tecnológicos posible en un momento que, por otra parte, Internet no estaba todavía muy difundida. Esta obra, como muchas del net.art, heredaba su vocación de experiencias artísticas anteriores como la de los situacionistas del mayo francés, o los dadaístas de mediados de la década del ´10.

Con el paso del tiempo la obras se fueron elaborando más y más. Se escribieron manifiestos, como lo habían hecho los viejos movimientos vanguardistas, y se comenzaron a aglutinar en centros y publicaciones los intelectuales y críticos que se interesaban por el fenómeno. En plenos noventa cuando el escepticismos reinaba, la mediación del capital primaba sobre la vida pública y los antiguos tótems de la izquierda parecían estar derribados y sepultados, las prácticas artísticas en la red reavivaba una vieja tradición de militancia estética en la sociedad occidental.

Como muchos de sus antecesores este movimiento se fue conformando entre azar y voluntad. Por ejemplo, la anécdota que da nombre a esta expresión artística recuerda un poco a aquella que envuelve al nombre del grupo Dadaísta. La única diferencia es que es este caso no hubo involucrado un diccionario ni un abrecartas como sucedió en Zurich en 1916; esta vez el azar, aunque involuntariamente, se metió con la tecnología digital. El alumbramiento sucedió cuando el artista noruego Vuk Cosic recibió un mail anónimo, cuyo texto resultaba ilegible por una incompatibilidad de software. Entre indescifrables caracteres ASCII, el único fragmento que tenía sentido era 'net.art'. "Inmediatamente supe que la red me había encontrado un nombre para definir lo que estaba haciendo" comenta Vuk. El termino trascendió y pronto se constituyó como una categoría teórica para definir esta práctica estética.

Así se comenzaba a escribir la historia de esta nueva práctica estética que se debate entre apoyarse en las nuevas tecnologías como soporte irreductible y el rescate de una tradición artística que se remonta a los comienzos de la modernidad.

Cortesía de

 

 

 
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