El linchamiento moral y en ocasiones hasta físico al que son sometidos los árbitros del mundo entero cada fin de semana, junto con el alboroto que representan los mundiales cada 4 años, nos llevaría a pensar que los árbitros del fútbol son seres especiales, sino masoquistas, los cuales a pesar de jugar un papel determinante en los juegos de fútbol; son ingratamente gratificados. ¿Será porque la profesión de árbitro es ingrata y punto?
¿Quiénes son las únicas personas sobre la tierra capaces de soportar 90 minutos de insultos e injurias? ¿Quiénes pasan sus domingos escoltados por policías? ¿Son los árbitros seres mentalmente sanos? Individuos que además de estar muy mal pagados, deben guardar la calma a cualquier precio o provocación. No hay duda que se trata de una profesión admirable, ¿pero por quién?
Son personas dotadas de una vocación al mismo nivel que la de la madre Teresa de Calcuta o la del mismo José Gregorio Hernández.
Además de las indispensables aptitudes físicas, los árbitros deben ser portadores de un inquebrantable orgullo y rigidez mental, dado que les está prohibido pedir excusas, mucho menos cambiar de opinión, ni de responder a los insultos, ni a las agresiones físicas vengan éstas de parte del público o de un jugador de esos que ganan 90.000$ semanales.
En el presente mundial, participan 72 árbitros de entre los cuales sobresalen Ali Bujsaim y Pierluigi Collina; el primero es más popular en su país - los Emiratos Arabes Unidos - que los jugadores de la selección. Bujsaim participa en su tercer mundial y fue quien arbitró el encuentro de semifinales entre Brasil y Holanda del pasado mundial de Francia. Collina, elegido por la FIFA como el mejor árbitro del mundo durante los últimos 4 años, además de su calvicie - producto de una alopecia juvenil - ha logrado convertirse paradójicamente en un árbitro popular, al tiempo que considera que como dos ojos nunca podrán ver mas que 20 cámaras, el árbitro está en la obligación de aferrarse a sus propios medios para tomar las decisiones correctas, impregnándose de las diversas culturas futbolísticas, analizando los equipos y no cayendo en las trampas de simulación que algunos jugadores utilizan magistralmente.
No vale la pena discutir como selecciones mal llamadas favoritas (Italia y España) ante la evidente incapacidad de derrotar abiertamente al equipo de Corea; tanto sus dirigentes, jugadores y la prensa de cada uno de dichos países, no dudan en echarle la culpa de sus respectivas derrotas a los árbitros, apoyados - italianos y españoles - por el guabinoso y honesto presidente de la FIFA Sepp Blatter, personaje que se niega rotundamente a la profesionalización de los árbitros y a dotarlos de todas las herramientas que existen para que estos puedan aplicar justicia sobre el terreno tal y como el reglamento lo establece.