Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Opinión y análisis

Foro Economía & Finanzas
El año 2002: ¿Queda tiempo para un aterrizaje suave?
Alejandro Puente

 
Miércoles, 28 de noviembre de 2001

El economista Alejandro Puente intentar anticipar lo que puede ocurrir el año próximo, pero también se referiere a algo que parece elusivo por la situación política: qué hacer para que el año 2002 no sea otro año perdido.

A estas alturas del año es usual leer opiniones y asistir a foros donde el tema es las perspectivas económicas del año que está por comenzar. En Venezuela, hace unos cuantos años que, también a estas alturas, todos damos por perdido el año que termina, y en eso llevamos algo más de dos décadas. La famosa década perdida de Latinoamérica, los ochenta, y los noventa que también se perdieron en Venezuela. Y por supuesto, last but not least, este comienzo de década. Aunque pienso intentar anticipar lo que puede ocurrir el año próximo, también me referiré a algo que parece elusivo por la situación política: qué hacer para que el año 2002 no sea otro año perdido, qué hacer para que no resulte tan malo, por lo menos al mediano plazo.

Porque todo parece indicar que será un año difícil; incluso suponiendo una situación política nacional relativamente estable, lo cual quizás es el colmo del optimismo. Abundan los elementos para no ser muy optimistas: la situación económica mundial, las perspectivas del mercado petrolero, el presupuesto fiscal del 2002, la apreciación cambiaria, etc.

Hoy somos más dependientes del petróleo

Sin lugar a dudas el tema que más preocupa y que de una u otra forma determina los restantes es el petrolero. Pese al declarado propósito de transformar la economía venezolana de petrolera en productiva, la estrategia económica escogida por el Gobierno parece llevarnos exactamente en la dirección contraria. Ciertamente hoy somos más dependientes del petróleo, a pesar de que la vulnerabilidad de corto plazo se ha mitigado por el ahorro de recursos en el FIEM.

Él supuesto de precios petroleros altos es el centro de la política económica

El elemento central de la política económica actual parte de la noción según la cual la OPEP, a través de ajustes en sus niveles de producción, puede mantener precios elevados para el crudo. Las consecuencias para los otros ámbitos de la economía de estos elevados precios e ingresos petroleros serían: holgura en las cuentas fiscales para financiar un elevado gasto público como motor del crecimiento, holgura en las cuentas externas para financiar las importaciones que demanda este crecimiento, y abundantes divisas para sostener el anclaje cambiario como estrategia antiinflacionaria.

Desgraciadamente, el pilar fundamental de esta estrategia, el elevado ingreso petrolero, comenzó a tambalearse. Básicamente, porque contrariamente a lo deseado, cada vez que la OPEP recorta producción y hace subir los precios, a alguien se le ocurre que es buen negocio aumentar la producción. El resultado ha sido un aumento en la oferta no-OPEP, una participación en el mercado menor para el cartel (que sería históricamente baja, sí sus miembros respetasen las cuotas) y precios con tendencia a la baja. Como decía Friedman: no hay como los precios altos para bajar los precios.

Las consecuencias para Venezuela son ampliamente conocidas. La reducción de la producción petrolera implica una contracción directa del producto equivalente a la participación de este sector (aproximadamente entre un cuarto y un tercio) en el producto total, y efectos indirectos que son igualmente importantes.

No habrá motor fiscal para el crecimiento

La caída prevista en la tributación fiscal petrolera, conduce a un presupuesto para el año 2002 con un financiamiento bruto equivalente a aproximadamente 10% del producto interno bruto. Lo que es peor, los supuestos de ingresos petroleros y no petroleros están claramente sobreestimados. De manera que no habrá motor fiscal para impulsar el crecimiento y dadas las dificultades para financiarse en el exterior, el financiamiento doméstico debería suponer elevadas tasas de interés y mayor contracción económica.

No podremos mantener en igual forma el ancla cambiaria

En el área externa casi basta con hacer una regla de tres: si hemos perdido reservas con un precio promedio para la cesta venezolana superior a 20 dólares por barril, qué podemos esperar con un precio que se anticipa por debajo de 18 dólares. De manera que ya no tendremos abundantes divisas para mantener el ancla, por lo que otra vez caemos en el tema de las tasas de interés y en el del crecimiento.

Altas tasas de interés para combatir la fuga de divisas serían recesivas

La política de "anclar" el tipo de cambio nominal ha supuesto una significativa perdida de competitividad de la economía venezolana y en buena parte explica el lento crecimiento. Sí a esto agregamos que para contrarrestar ataques a la paridad cambiaria debemos restringir la liquidez, presionando una subida de tasas, tenemos que la continuidad de la política cambiaria sólo es posible a costa de una importante caída en el crecimiento. Con un escenario preocupante para el sistema financiero. El problema es que los conductores de la política económica han hecho casi un punto de honor la estrategia del anclaje. ¿No les hace pensar esto en Argentina? Más adelante vuelvo sobre este punto.

Las opciones del Gobierno conducen a una caída del crecimiento

De manera que el previsto deterioro de los términos de intercambio deja al descubierto la vulnerabilidad de la economía venezolana a los shocks externos y sobre esta base se puede adelantar un "pronóstico" para el año que viene. Las opciones del Gobierno son: devaluación, severo ajuste fiscal y de tasas, controles, o algún híbrido. Prefiero no anticipar cuál será el camino que seguirá el Gobierno, pero todos conducen a una caída en el crecimiento económico. Por cierto, la tercera vía, si bien a corto plazo puede ser la menos dolorosa, a largo plazo es la peor. Tampoco quiero hacer predicciones numéricas sobre el crecimiento, ya que para hacerlo con un mínimo de seriedad habría que "correr" un modelo, definir la mezcla de políticas, y alimentar el modelo con las variables exógenas extraídas de dicha mezcla. Lo que sí me atrevo a anticipar es menos crecimiento. Pero dado el escenario antes descrito, esta predicción no tiene gracia.

Lo que queda en el corto plazo es buscar el escenario menos malo

Ahora bien, el problema es qué se podría hacer para minimizar las "perdidas", porque a estas alturas debe estar claro que lo que nos queda es buscar lo "menos malo". Bueno, aquí vuelvo al caso argentino y lo que podemos aprender de las experiencias ajenas. Hace un par de meses asistí a una conferencia de un destacado economista venezolano profesor del MIT, Roberto Rigobón, en la cual señalaba que el problema principal de la fijación del tipo de cambio es cómo y cuándo "salir" de esa política. Afirmación que implica asignarle a esta estrategia un carácter únicamente estabilizador. Ciertamente, para la mayoría aparentemente ya está claro que una política de cambio fijo (con las instituciones que se cuenta hoy) sólo puede ser conveniente en el corto plazo. El paralelismo con el caso venezolano también es bastante claro. Al igual que en Argentina, cuando algunos pensaban que la economía estaba estabilizada y venía el crecimiento, las malas noticias llegaron del exterior; al igual que en Argentina la discusión se plantea en torno a sí podremos restablecer el equilibrio (roto por el shock de términos de intercambio) con un ajuste fiscal, con una devaluación o con ambas políticas.

Tenemos un problema cambiario y fiscal

Particularmente pienso que el problema de Venezuela es cambiario y fiscal. Esto quiere decir que volver a crecer (a mediano y largo plazo) implica un ajuste cambiario real, pero para que ese ajuste cambiario sea eficaz es indispensable una reforma fiscal. Un ajuste fiscal sin devaluación supondría una situación como la de Argentina, donde la deflación a que obliga la regla cambiaria conduce a que el "restablecimiento del equilibrio" tiene que ser acompañado de mayor recesión, y la recesión supone a su vez ingresos fiscales menores, un desagradable "circulo vicioso". El resto es historia conocida. Por otro lado, una devaluación sin ajuste fiscal también es historia conocida para nosotros y en carne propia. Básicamente nos conduce a un espiral inflacionario.

¿Queda tiempo para un aterrizaje suave?

Así que tenemos que hacer las dos cosas y simultáneamente. Alguien podría decir: más de lo mismo, ya que ciertamente devaluación con ajuste fiscal es una receta poco original y con bastantes detractores. Hace algunas semanas Paul Krugman, refiriendose al caso argentino, se preguntaba: cuándo fue la última vez que alguien propuso un ajuste fiscal en Estados Unidos en medio de una recesión. Y la verdad es que los países desarrollados cuando están en dificultades simplemente se financian; en la región en cambio el financiamiento abunda cuando no lo necesitamos y las políticas resultan pro cíclicas y no contra cíclicas. También es cierto que es muy poco probable que consigamos financiamiento para mejorar el perfil de nuestra deuda sin un conjunto de políticas creíbles. No deja de ser sorprendente que con la proporción de deuda a PIB más baja de Latinoamérica y bastante más baja que la mayoría de los países desarrollados, en el presupuesto del 2002 el servicio de esta deuda sea casi equivalente a nuestros ingresos petroleros.

La buena noticia del caso venezolano es que hay mucho espacio para mejorar la percepción del país en el exterior, dado lo poco que se ha hecho en el ámbito estructural, y además su mala calidad. Ergo, hay muchas tareas pendientes y esto curiosamente quiere decir que hipotéticamente tenemos muchos grados de libertad en este ámbito. En el plano fiscal, por ejemplo, una reforma de la seguridad social de calidad podría mejorar los indicadores de sostenibilidad, al igual que una mejora en la recaudación doméstica que fuera el fruto de una reforma fiscal eficaz. Un avance en estos planos permitiría una reprogramación de la deuda, particularmente la doméstica, que es de muy corta maduración y extremadamente onerosa. Otra tarea pendiente es dotarnos de un instrumento para aislar la economía de los shocks externos que sea coherente con la normativa fiscal. En este sentido, el artículo de Vera y Zambrano, en este suplemento hace dos semanas, es bastante ilustrativo. Con un fortalecimiento del área fiscal podríamos evitar un ajuste severo y corregir gradualmente el desequilibrio cambiario. Claro, mi gran duda es si nos queda tiempo (o sí existe la capacidad) para un aterrizaje suave.

Economista E-mail:apuente@cantv.net

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.