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El porvenir de la Tasa Tobin Bruno Jetin Martes, 8 de agosto de 2000
El impuesto mundial sobre las transacciones cambiarias, más conocido como Tasa Tobin, ha encontrado eco creciente en Francia y en el resto del mundo. ATTAC, que desde su creación en 1998, lucha por la implantación de la Tasa Tobin tiene ya 25.000 adherentes y forma parte de una muy activa red internacional.
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La reunión de Millau puso de relieve que son muchos los jóvenes de una nueva generación decididos a comprometerse sobre este tema y otros muchos que le están vinculados, para luchar contra los nefastos efectos de la mundialización liberal. Esta movilización es la que de algún modo explica porqué en la Asamblea Nacional, en el Senado, en los recientes informes de la Comisión de Finanzas y del Consejo económico y social se ha comenzado finalmente a analizar la utilidad y la factibilidad de la "Tasa Tobin". Mientras el Consejo de Análisis económico se pronunciaba contra la Tasa, Lionel Jospin, consideraba sin embargo el 1º de julio que ha llegado el momento de "impulsarla en instancias internacionales" Esperemos que aproveche la Presidencia Francesa de la UE para poner en práctica su declaración. En el Parlamento europeo se produjo el 28 de junio último, en Bruselas, un primer encuentro de diputados que apoyan su establecimiento. En el nivel internacional el 11 de abril, un diputado y un senador norteamericanos, un diputado europeo y uno francés lanzaron desde Washington un Llamamiento Mundial a los Parlamentarios. El gobierno finlandés y el Parlamento canadiense ya se pronunciaron a su favor. Tanta popularidad se explica por las desilusiones provocadas por la mundialización financiera. La total libertad de desplazamientos de los capitales de un extremo al otro del planeta, impulsada por los inversores y apoyada por los gobiernos de los países del G7, hubiera debido acelerar el crecimiento mundial y la reducción de la pobreza. Sin embargo se multiplicaron las más grandes crisis y se agravaron la pobreza y los males que la acompañan. ¿Qué soluciones proponen el G7 y las instituciones internacionales que ellos controlan (el FMI y el BM)? Mejor información económica, mayor transparencia de los mercados, mayor prudencia en el comportamiento de los inversores, la pomposamente calificada "Nueva arquitectura financiera internacional". Propuestas todas ya escuchadas y en parte puestas en párctica sin éxito alguno durante la crisis de la deuda de los Países del Tercer Mundo a principios de los 80 y que no impidieron la repetición de las crisis durante los años 90, como la última ocurrida en el Sudeste asiático. En la base de estos fracasos se encuentra la quasi religiosa creencia en la eficacia de los mercados y la sacrosanta libertad de desplazamiento de los capitales. La propuesta de establecer un impuesto a los mercados de cambios parte de otra lógica. Los mercados financieros se equivocan a menudo y es conveniente restringir la libertad de desplazamiento de los capitales. La idea es muy simple: un impuesto pequeño, del 0,1% por ejemplo sobre cada cambio de una moneda por otra, permitiría frenar la especulación monetaria. ¿Porqué?, porque los especuladores, es decir los fondos especializados en especular, los bancos, las grandes empresas, obtienen grandes ganancias procediendo al va y viene incesante entre diferentes monedas, provocando fluctuaciones más o menos acentuadas en las tasas de cambio. De tal modo que pagando un impuesto se sentirían disuadidos de continuar cambiando monedas, ya que estas operaciones dejarían de ser rentables. Las operaciones comerciales y las inversiones internacionales, mucho menos frecuentes no deberían pagar, sino marginalmente tales impuestos. Los ingresos fiscales se estima que aumentarían. según algunas hipótesis, considerando una reducción del 50% sobre la cantidad de transacciones cambiarias, entre 50 y 250 billones de dólares anuales o sea entre 54 y 268 mil millones de euros. ¿A qué podrían destinarse esos ingresos? Se prevé que deberían servir primordialmente a reducir las desigualdades sociales, a financiar el desarrollo y a preservar el medio ambiente, sin por ello eximir a los gobiernos de sus propias responsabilidades. De acuerdo con el Informe del PNUD del 2000, faltan en los países en desarrollo, a escala planetaria, alrededor de 80 mil millones de dólares para poder asegurar los servicios básicos. Podría utilizarse también parte de estos recursos para financiar la producción local de medicamentos y el acceso al cuidado de su enfermedad a los enfermos de Sida, especialmente en Africa. Las necesidades no son, lamentablemente, lo que falta. Si el establecimiento de un impuesto a las operaciones de cambio gozan de tantas virtudes ¿porqué hay tanta oposición? El desafío es fundamentalmente político. Para los defensores encarnecidos del poder de los mercados, está fuera de todo cuestionamiento aceptar un impuesto sobre las ganancias, aunque fueren especulativas, porque sería como reconocer que la libertad de invertir no conduce al mejor de los mundos, después de dos décadas de invertir demasiado dinero tratando de probarlo. En momentos en que se organizan con éxito las movilizaciones en oportunidad de cada una de las cumbres internacionales, la adopción de la Tasa Tobin sería visualizada como una gran victoria política sobre la fatalidad de la mundialización liberal. Se comprende así porque el Gobierno de los Estados Unidos hacen todo lo posible por prohibir toda referencia a la Tasa Tobin en las cumbres internacionales y en las instituciones internacionales, por impedir los estudios de factibilidad, así como la publicación de obras relacionadas. El desafío es también económico. Los bancos son los primeros actores en los mercados de cambios y serían las primeras víctimas de la Tasa Tobin. No es nada extraño, entonces que se opongan salvajemente a ella. ¿Cuáles son los argumentos verdaderamente serios que se oponen a la Tasa Tobin? El primero es que este impuesto es impracticable en el plano técnico. Nosotros respondemos que las innovaciones técnicas basadas en sistemas de pago electrónico nacionales, indispensables al sistema bancario y financiero, vuelven materialmente posible cobrarla. Estos sistemas permiten identificar la naturaleza de las transacciones y especialmente las transacciones cambiarias, y la identidad de vendedores y de compradores, lo que evidentemente permite cobrarles dicho impuesto. Existen acuerdos internacionales como los llamados "acuerdos de Lamfalussy" que datan de 1988, que establecen el marco jurídico apropiado para que los bancos centrales hagan respetar la legislación de su país a todo aquel que quiera utilizar su sistema nacionalde pagos electrónicos. Y por lo tanto de hacer respetar el pago del impuesto. Los paraísos fiscales y los sistemas privados de pagos llamados " offshore" no podrían eludir por mucho tiempo esta tasa. Solo existen por el hecho de que no hay voluntad política de eliminarlos. Por otra parte, los capitales no pueden permanecer eternamente confinados en los paraísos fiscales ni usar permanentemente sistemas de pago privados. Tarde o temprano deben salir para realizar inversiones y usar los sistemas oficiales de pago. Se podría entonces cobrarles el impuesto con adicionales punitivos. De modo que la Tasa Tobin es técnicamente posible. Pero ¿es útil y eficaz? Este es otro de los frecuentes argumentos. La Tasa Tobin es ineficaz en el caso de ataques especulativos de gran magnitud, como el que condujo a la explosión del Sistema Monetario Europeo en 1992-93, o como el de la fuga de capitales del Sudeste Asiático. Nuestra respuesta es que la utilidad de la Tasa es actuar de modo preventivo impidiendo que pequeños ataques especulativos se transformen en ataques de gran tamaño, al volverlos no rentables. Si a pesar de todo se desatara un gran ataque especulativo sobre una determinada moneda se podría aumentar transitoriamente el monto del impuesto como lo propone P.B. Sphan, exceptuando siempre las transacciones vinculadas al comercio y a la inversión. Anunciando públicamente y por anticipado que el impuesto aumentaría automáticamente si las tasas de cambio fluctúan fuertemente, cualquier banco central podría desalentar eficazmente la especulación. Si esto no fuera suficiente, nada impide recurrir a las clásicas medidas de control de cambios como lo hizo eficazmente Malasia en 1998, pese a la oposición de los inversores internacionales. Puede completarse igualmente con un impuesto a los ingresos excesivos de capital, puesto en práctica hasta hace muy poco tiempo por Chile. La Tasa Tobin no es la panacea universal a todos los males del planeta. Pero podría contribuir eficazmente a la reconstrucción de un sistema monetario internacional en el que las tasas de cambio serían regularmente renegociadas entre los países en función de los objetivos de crecimiento y de desarrollo. Un tal sistema administrado de tasas de cambio sería menos utópico y menos costoso en lo que hace a la soberanía nacional que la propuesta de R. Mundell (que juzga a la Tasa Tobin como "una idea idiota", ver Liberation del 03/07/00) de vincular el dólar, el yen y el euro mediante una tasa de cambio fija para los países en desarrollo. Teniendo en cuenta la enorme heterogeneidad que existe entre dichos países, esta propuesta acentuaría la competencia y tendría devastadores efectos sociales. El requerimiento expresado por el movimiento social a través de la Tasa Tobin como medida universal, tiende por el contrario a recrear la necesaria solidaridad entre el Norte y el Sur para que finalmente la mundialización beneficie a los pueblos. Para mayor información existe una sección integra en Internet dedicada a la Tasa Tobin que puede consultarse en: http://www.attac.org/esp/themes/propositions/speculation.htm Ultimo documento de análisis de Bruno Jetin publicado en el sitio Internet
http://www.attac.org/fra/list/doc/jetin.htm
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