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Integración energética en América Latina Diego J. Gonzalez Cruz Lunes, 26 de octubre de 2009
La utilización de recursos energéticos alternativos, en particular el gas natural y los biocombustibles en cada país y en conjunto en todo el hemisferio, independientemente de las razones técnicas, económicas y geopolíticas, estará influida por los factores que han intervenido en la formación de la estructura de las matrices del país que se desee analizar.
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La idea de integrar América Latina es un paradigma que comenzó con el Libertador Simón Bolívar el 7 de diciembre de 1824, cuando convocó desde Lima el Congreso Anfictiónico de Panamá, el cual se realizaría 18 meses después, con una agenda de diez puntos. En el punto 4º se trataría lo relacionado con…“la celebración de tratados de comercio y la navegación entre los aliados”… y en el 6º…“establecer principios fijos de derecho internacional”…. Ni más ni menos que tratados comerciales. Nos vienen a la mente integración, zonas de libre comercio, unión aduanera, libertad de mercado, mercado común y derecho internacional (marcos regulatorios transparentes). Los historiadores consideran que el evento que un fracaso porque no alcanzó sus objetivos, pero el éxito político que se le atribuye al congreso es que inspiro 84 años después, la creación de la Unión Panamericana (1910) y el Día de las Américas (1930); estos eventos, a su vez, sirvieron de base para la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948. Con el tiempo, surgieron iniciativas políticas de integración que se extendieron después a lo comercial y, más específicamente, a lo energético, primero en el sector eléctrico y luego en el petróleo y el gas natural. Así surgieron organizaciones como la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), la Asociación de Asistencia Recíproca Petrolera Estatal Latinoamericana (Arpel), la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), que a fines del siglo XX se trataron de relanzar con la Reunión Hemisférica de Ministros de Energía. Otras asociaciones de más reciente data como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Grupo de los Tres (G-3), el Mercado Común Centroamericano (MCCA), el Mercado Común del Sur (Mercosur) el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), el Grupo Informal de Países Latinoamericanos y del Caribe Exportadores de Petróleo (Giplacep), el Pacto de San José, el Plan de Integración Energética para Mesoamérica (Piem), la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), Petroamérica, Petroandina, Petrocaribe y Petrosur, se crearon como propuestas de integración económica y energética; las primeras ocho con amplia participación del sector privado y las cinco últimas propuestas por parte de estados empresarios y sin libre mercado. Demanda y oferta y de energía en América Latina La Oficina de Información en materia de Energía de Estados Unidos (EIA) ha estimado que la región demandará el 5,5% de los requerimientos energéticos mundiales para el año 2030, y ya hoy está en déficit. Con respecto a la demanda, con la excepción de Bolivia, Brasil, Perú, Trinidad y Tobago y Venezuela, todos los demás países serán altamente deficitarios en combustibles para generación eléctrica y el transporte a mediano y largo plazos, en especial los países centroamericanos –entre estos el poderoso México–, las naciones caribeñas y Uruguay. Hay una realidad en cuanto a la oferta de recursos energéticos a mediano y largo plazos en la región: los energéticos primarios y secundarios deben diferenciarse. En general, la matriz de energía primaria en los países de la región está formada por hidroelectricidad, geotermia, petróleo, leña y residuos agropecuarios. La matriz de energía secundaria la conforman la electricidad generada, el diésel, fueloil, gasolinas, kerosene-jet (combustible de aviación), gas licuado de petróleo (GLP), gas de refinería y los residuos de refinería. Estas formas de energía van a atender los sectores residencial, comercial, industrial, transporte, agrícola, público, así como los consumos propios de cada generador. Para evaluar los países oferentes y estimar que serán suministradores confiables en el tiempo, hay que analizar sus matrices energéticas primarias y secundarias, las reservas de hidrocarburos y, en general, los recursos energéticos, en este caso principalmente de Venezuela, Brasil, Bolivia, Perú y Trinidad y Tobago. La utilización de recursos energéticos alternativos, en particular el gas natural y los biocombustibles en cada país y en conjunto en todo el hemisferio, independientemente de las razones técnicas, económicas y geopolíticas, estará influida por los factores que han intervenido en la formación de la estructura de las matrices del país que se desee analizar. Al gas natural le toca ser el elemento de remplazo de la mayoría de los otros energéticos, por razones económicas (precios) y ambientales; a los primeros, les corresponde remplazar la leña y el bagazo de caña, luego el carbón y, en tercer lugar, los derivados del petróleo. La dificultad estriba en cómo hacer llegar el gas natural a los lugares donde se consumen actualmente los recursos sustituibles. Otro hecho que habrá que evaluar consistirá en establecer con exactitud cuáles organismos regulatorios, autárquicos e independientes de los gobiernos van a dirigir y monitorear el proceso de integración, así como con qué tecnologías de información se trabajará, y cómo se tratarán los problemas de deterioro ambiental. ¿Quién pagará esto?. Finalmente, los hacedores de políticas energéticas, económicas y de relaciones exteriores tendrán que hacerse la gran pregunta: ¿hay en realidad deseos de integración?. Actitud de los potenciales compradores Cualquier gran consumidor final de un país hoy por hoy, sea una planta petroquímica, una planta eléctrica o incluso una provincia, gobernación o municipio, no desea depender energéticamente de otro país. Esta es la principal debilidad en los proyectos de integración energética. Los grandes consumidores de países como Brasil, Argentina y Chile han planteado que no deben depender del gas, transportado por gasoducto, de países como Bolivia o Venezuela. De allí que estén avanzando en su abastecimiento de gas licuado (LNG), por vía marítima, para recibir ese combustible desde Trinidad y Tobago, países africanos, o desde Australia, Indonesia o Malasia, e incluso, como lo están materializando, desde México, Chile, Brasil y Argentina. Recomendaciones de política en materia energética Deberán considerarse las razones siguientes en la elaboración de cualquier propuesta de integración energética (observando que en ningún caso puede ser una decisión unilateral, de algún país):
• Distinguir entre países similares en historia y requerimientos energéticos, y países diferentes por completo en su matriz energética. • Considerar las políticas de los gobiernos de cada país en materia energética, pues países donde haya trabas a la libertad económica tendrán dificultades para integrarse. • Evaluar el proceso de integración en la geopolítica hemisférica de los gobiernos. • Averiguar los antecedentes comerciales y de negocios de cada país en materia energética. • Evaluar las características económicas de los respectivos países en relación con la energía. • Establecer políticas de financiamiento para el sector, así como una política en materia de precios y tarifas (¿quién paga qué?) • Saber que las estructuras sociales (educación y necesidad en el uso de los energéticos) de los diferentes países ayudarán a evaluar las posibilidades reales de hacer propuestas de integración energética. • Tener presente que el análisis de la matriz energética de cada país será clave para hacer propuestas en materia de gas natural, como energético sustitutivo de alguno de los componentes de esas matrices. Las preguntas qué recursos tiene quién y quién consume qué deben responderse muy bien. Hay que preparar tablas de importaciones y exportaciones de cada energía, así como la matriz de consumo por sector poblacional, destacando las reservas de los energéticos que tiene cada país. • Considerar la política de subsidios para productores y consumidores. Se requiere que esas políticas vayan directamente a los que en verdad necesiten el subsidio, y no a toda la población como ocurre hoy en algunos países. • Tomar en cuenta los proyectos de exportación y la seguridad del país que exportará. Siempre habrá que considerar el abastecimiento del mercado interno nacional, antes de firmar cualquier contrato de suministro a largo plazo, independientemente del energético que sea. • Determinar si la orimulsión de Venezuela es una alternativa energética. Es indudable que habrá que evaluar la factibilidad de utilizar este hidrocarburo para la exportación de generación eléctrica. En la región hay la experiencia positiva de su uso en Guatemala. Sin dudas tendrá que evaluarse el impacto ecológico del desarrollo de la Faja del Orinoco, región donde se produce este energético. Además, habrá que estudiar la factibilidad de la integración en materia de gas natural, con respecto a las otras integraciones que efectivamente existan o estén en proceso de existir. Será necesario revisar los conflictos y las coincidencias. Y preguntarse si habrá aduanas energéticas. Un hecho que también debe tomarse en cuenta es la precaria estabilidad democrática en algunos países, así como la existencia de instituciones sin legalidad en otros, incapaces de hacer compromisos a largo plazo, como los requiere la industria del gas natural y de la electricidad. Seguramente estas situaciones y las excepciones que se pretendan introducir en los procesos integradores dificultarán las integraciones. En las propuestas para avanzar hacia un marco regulatorio regional para los diferentes energéticos parece que hubiera necesidad de revisar y actualizar las decisiones que se adoptaron en 1998 en la III Reunión de Ministros de Energía, conocida como Declaración de Caracas. Finalmente, en materia de integración energética tendrá que discutirse el orden o secuencia en que podría ocurrir un proceso integrador en materia de gas natural y de energía en general con Centroamérica con el Caribe, con Suramérica, y por qué no, incluir a Estados Unidos como elemento por atender en este proceso integrador, considerando su desarrollo económico, requerimientos energéticos y su condición de mercado privilegiado para Venezuela, México, Trinidad y Tobago, Bolivia e incluso Perú. En definitiva, los hacedores de políticas energéticas, económicas y de relaciones exteriores tendrán que hacerse la gran pregunta: ¿hay realmente deseos de integración?.
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