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Opinión y análisis

¿Se les agotó el tiempo a los banqueros?
Enrique González Porras

 
Lunes, 18 de diciembre de 2000

Hoy día se encuentra en el tapete de la discusión nacional, la posibilidad de controlar las tasas de interés en el sistema financiero nacional. Lo anterior, se encuentra alimentado ante el fracaso de las negociaciones entre la banca y el gobierno, en la búsqueda de una reducción del SPREAD bancario, entre las que destacan la reducción de los aportes que realiza la banca a FOGADE y a la SUDEBAN, y el incremento en la porción remunerada del encaje legal.

Con este artículo se quiere plantear una hipótesis acerca de la estructura y el comportamiento del mercado bancario en Venezuela. En este sentido, se plantea que el sistema financiero venezolano posee una estructura oligopólica, que actúa, bien colusoriamente, o bien tipo “vida fácil”. Este hecho incrementa la probabilidad no sólo de reforzar las conductas anticompetitivas mencionadas ante una ola de fusiones bancarias, sino que de antemano podemos decir con una completa certidumbre que aumentará el poder de mercado de los entes resultantes de las operaciones de concentración económica. Más aún cuando el nivel de contestabilidad del mercado o competencia efectiva es casi nulo.

La acción colusoria o conducta tipo vida fácil (en lo adelante colusoria) en el sector bancario nacional no ha sido afectada por la entonces promocionada apertura a la inversión extranjera que permitió la Ley de Bancos de 1993. Por el contrario, los banqueros extranjeros se plegaron a la forma ineficiente de realizar el negocio bancario en Venezuela, por lo que los beneficios de la apertura del sector bancario, apenas se pudieron observar. Para quienes conocen al sistema financiero venezolano, ya no es sorpresa que entre los bancos más grandes e ineficientes del país se encuentre bancos de capital extranjero.

La acción colusoria en el sector bancario nacional también ha permitido el desarrollo de una cierta “competencia”, basada en términos ilegítimos. Los términos son considerados ilegítimos debido a que se saca ventaja de las asimetrías de información que se presentan en el mercado bancario venezolano. Desde hace algún tiempo, la competencia interbancaria en Venezuela se ha realizado por medio de rifas, premios y “atractivos” similares para captar ahorristas. Esto evidencia una estrategia comercial que presenta un alto sesgo hacia los nuevos clientes. Esto se explica por la visión de los banqueros de mantener sus participaciones sobre los agregados monetarios, sin realizar mayor esfuerzo por generar eficiencias que hagan de una misma participación sobre los agregados monetarios un negocio más rentable.

Esta visión de negocio generalmente incrementa el riesgo en el sistema financiero nacional, ya que “justifica” el sobredimensionamiento de las redes de agencias y por tanto de los gastos de transformación. Lo anterior explica porqué en el desempeño de los bancos se produce un trade off entre eficiencia (reducción de los gastos que permitan una caída en el spread bancario) por un incremento en la presencia comercial (al menos en lo que a la red de agencias se refiere).

Otro de los elementos que afecta al desempeño de sector bancario en Venezuela es el sentido anacrónico del negocio que han poseído los propios banqueros (y muchos de nuestros “expertos” en economía). Por una lado l,a ausencia de un concepto de capital humano en el negocio, y por el otro, la falta de la concepción de prestador de servicio como fuente de negocio e ingresos.

El mal servicio que muchos recibimos de los bancos es, en parte, producto de la inexistencia del concepto de capital humano en los banqueros. Los sueldos y salarios en el sistema financiero nacional son de los menos competitivos del mercado laboral venezolano, por tanto, los empleados del sector no pueden ser los más capacitados y productivos, aunado a que dentro de la banca persiste la idea de que sólo los departamentos operativos son los vitales para el negocio bancario. La formación y capacitación de los trabajadores bancarios pueden generarle a un banco recursos invalorables y las eficiencias necesarias para reducir los gastos de transformación, lo que permitiría una mejor remuneración para sus empleados, mayor sentido de pertenencia a la organización, caída del spread bancario y más eficiencia en el negocio de la intermediación financiera. Entonces, desarrollar un capital humano dentro del sector y afianzar el know how de la actividad bancaria, constituyen un circulo virtuoso con resultados ganar-ganar para todos sus participantes.

El no tener presente como fuente de negocio e ingresos la buena prestación de los servicios característicos del sector bancario, es producto de una clase de inercia en la manera como se ha practicado la actividad bancaria en Venezuela. No podemos permitirnos continuar con la miopía que no nos deja observar y asimilar la dinámica y realidad de la actividad bancaria a nivel mundial. Desde hace ya muchos años a nivel mundial, los ingresos de la banca provenientes de fuentes distintas a la gestión financiera, como los cobros por prestaciones de servicios especializados, han venido a representar ingresos importantes que permiten no sólo obtener márgenes de negocio positivos, sino concebir al negocio bancario de manera distinta. De hecho, en Venezuela los montos correspondientes a otros ingresos, han permitido en algunos períodos de tiempo, que el margen del negocio sea positivo. Pero para que este concepción sea bien recibida por la economía en general, todo cobro por servicios realizado, debe contar con su contraparte en la calidad del servicio prestado.

El desempeño de las variables macroeconómicas y la política monetaria nacional ha facilitado conductas en el sistema financiero que incrementan su riesgo y mal desempeño.

En primera instancia, el que los instrumentos de astringencia monetaria que ha emitido recurrentemente el Banco Central de Venezuela (BCV) constituyan instrumentos fijadores de las tasas de interés; y que el nivel de las tasas de estos instrumentos sean fijados como herramienta de resguardo de los niveles de reservas internacionales, crea las condiciones para que en ciertos periodos de la actividad bancaria nacional, se haya producido una caída de los niveles de intermediación financiera.

Un ejemplo de ello fue el periodo transcurrido entre 1998 y 1999. En los meses previos a las elecciones presidenciales de 1998, la incertidumbre política, las expectativas devaluacionistas (alimentadas por la caída de los precios del petróleo) y otros factores determinantes para los agentes económicos en la formación de sus expectativas, motivaron un fuerte ataque especulativo en el mercado cambiario. Este hecho “obligó” al BCV a incrementar las tasas de interés de los Títulos de Estabilización Monetaria ofrecidos, de manera tal de hacer atractivo a nuestro signo monetario, y compensar las expectativas devaluacionistas que presionaban al mercado cambiario y al tipo de cambio.

Esta circunstancia es aprovechada por el sector bancario nacional en dos sentidos. El primero, representa los ingresos extraordinarios que puede obtener la banca al incrementar las tasas de interés de los créditos ya existentes. Y el segundo, constituido por la recomposición de los activos productivos de la banca. Al incrementarse las tasas de interés, es de esperarse que la colocación de los fondos prestables en nuevos créditos se dificulte, mientras por otro lado, la banca nacional cuenta con títulos valores emitidos por el BCV, que al ofrecer mayores tasas de interés, representar cero riesgo y no requerir de gestiones de cobro o gestión (al menos al nivel de una cartera de créditos) incrementarán su demanda y uso. La primera consecuencia que puede extraerse de esta dinámica en el mercado bancario nacional es la caída del nivel de intermediación financiera.

Por lo expuesto anteriormente, no es de extrañarnos que a veces cuando en la economía venezolana se entra en períodos inflacionarios, de incertidumbre y ataque especulativo en el mercado cambiario, incremento de las tasas de interés, reducción del crédito y recesión de la actividad económica en general, el sistema financiero en términos relativos obtenga resultados positivos o beneficiosos. Afortunadamente para el país en general, el BCV pudo quebrar las expectativas devaluacionistas hacia finales de 1998, ayudado por el nivel de iliquidez de la economía en general que obligó a los agentes económicos (empresas, corporaciones, etc) a cambiar sus stocks en dólares a moneda nacional para honrar sus distintas acreencias (entre las que se encontraban bonos, aguinaldos, utilidades, vacaciones, etc). Para las empresas fue bastante oneroso en términos de costos de oportunidad el episodio descrito, ya que dejaron de ganar mucho dinero al nivel que se encontraban las tasas de interés, por esperar una macrodevaluación que nunca se concretó.

En segunda instancia, la estructura de la economía venezolana, la importancia del sector petrolero para el país y la forma de inyección de liquidez vía gasto público, crean las condiciones para que (aunado a la concepción del negocio bancario por parte de los banqueros) se produzca un proceso de sobredimensionamiento del sistema.

Esto fue lo ocurrido durante los años de 1996 al 1998. Durante estos años los precios promedios de la cesta petrolera venezolana se encontraron en excelente niveles, lo que generó expectativas de sostenimiento de los mismos para el año de 1999. Ante estas expectativas y producto de sus políticas y planificación, los bancos buscaron mantener su participación sobre los agregados monetarios y su presencia en el mercado. En este sentido, al esperarse un incremento de la liquidez monetaria vía gasto público con precios del petróleo “generosos”, la banca expandió su red de agencias bancarias, encontrándose para finales de 1998 (cuando cae abruptamente el precio de la cesta petrolera venezolana) sobredimensionada. Esta sobredimensión de la red de agencias del sistema financiero venezolano tiene repercusiones negativas directa sobre los gastos de transformación del sistema financiero nacional y refuerza los patrones de utilización de sistemas de pagos y de la banca altamente costosos e ineficientes.

Querer tapar el sol con un dedo no resolverá el problema de la ineficiencia del sector financiero nacional, la discusión abierta y democrática tiene que ser característica de un nivel de altura técnica e intelectual (independientemente de estar de acuerdo o no con las premisas que sustentan las ideas, o con la metodología utilizada en su desarrollo). Es interesante observar, como con la apertura de ideas en la discusión del tema bancario, ha quedado evidenciado a la luz pública, ciertas instituciones que han sido consideradas innovadoras y de alto nivel técnico, pero que muestran tiranía intelectual. ¿Será que instituciones academicas como estas “gozan” de una especia de efecto burbuja? ¿Será que revisar con rigurosidad a dichas instituciones evidenciaran un gran bluff dentro de la “burbuja”?. Sin mencionar el sesgo descarado que, sin la menor preocupación, estas “instituciones académicas” muestran.

Economista. Profesor e Investigador de la UCV, profesor de la UCAB. Especialista en Competencia de Pro-Competencia.

enriquergp@usa.net

 

 

 
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