Caracas, Lunes, 21 de abril de 2014

Sección: Enfoque Económico

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Venezuela un país petrolero

Ramón Espinasa

Lunes, 26 de marzo de 2001

Síntesis

    El Dr. Espinasa plantea que a Venezuela le conviene una política petrolera de estímulo al crecimiento del sector y no una política de corte rentista, sustentada en recortes de producción para mantener un precio artificialmente alto.

    Ello estaría basado en vareas circunstancias. En primer lugar, las ventajas comparativas de poseer en términos individuales las reservas petrolíferas más altas sí se incluyen los crudos extra-pesados de la Faja del Orinoco. Venezuela sería una de las tres cuencas petrolíferas importantes que existe en el mundo. La producción de los crudos extra-pesados de la Faja es rentable a los precios del crudo en los últimos lustros y los previsibles en el futuro, más rentable que la producción de Alaska o del Mar del Norte. En segundo lugar, existirían ventajas comparativas de ubicación geográfica, que podrían transformar a Venezuela en el principal suplidor del hemisferio occidental. En tercer lugar, el cociente de explotación/reservas es bajo, y por último, la oferta venezolana actual no tendría influencia determinante en el mercado. Ella representaría sólo el 4% de la oferta mundial y el 11% de los diez de la OPEP. Además la OPEP no podría controlar el precio del crudo en el largo plazo, los fundamentos del mercado impondrán su disciplina y a Venezuela le convendría tener, tanto por el crecimiento como por sus ingresos externos de largo plazo, una participación volumétrica importante en el mercado petrolero.

    Las restricciones que han existido para que el sector privado participe en el desarrollo del sector petrolero es una de las razones por la cual el ahorro nacional no se transforme en inversión productiva. Buena parte del ahorro privado se fuga en activos financieros externos porque no existe oportunidad de invertir en el sector donde existen las ventajas comparativas claves.

    Una política petrolera de corte productivo requiere cambios culturales e institucionales importantes. Desde el ámbito cultural es necesario modificar la percepción del petróleo como maldición, donde sólo tendría utilidad en tanto que nos permite obtener ingresos rentistas. Desde el punto de vista institucional, es importante separar la función del terrateniente que controla los yacimientos a la función de producción. Para la primera función el autor sugiere la creación de una Agencia Administradora de Tierras Petroleras y con relación al segundo aspecto sugiere una apertura mucho mayor en el sector, donde puede participar el Estado y los privados nacionales e internacionales.

El Legado del Petróleo

Venezuela petróleo y futuro

El Capital

Estado Propietario y Productor

1999 - 2000

La Reforma Institucional Necesaria

El Capital Privado

El Trabajo

El Sector

El Legado del Petróleo

Históricamente los venezolanos hemos tenido una percepción ambivalente del petróleo. A la presencia de petróleo en el subsuelo y al desarrollo de la actividad productiva petrolera le hemos imputado simultáneamente la causa de amenazas y oportunidades. Durante décadas, hasta el ?último par de lustros, el petróleo fue percibido por el consciente colectivo esencialmente como una amenaza, un obstáculo en el proceso de desarrollo y modernización del país.

En los diferentes ámbitos del devenir nacional el tema petrolero tuvo una connotación negativa, de allí cómo se calificó su presencia por intelectuales y políticos. “Estiércol del Diablo” por Juan Pablo Pérez Alfonzo, el más reconocido político petrolero en la historia del país. “Casas Muertas”, la novela de Miguel Otero Silva, la cual relata cómo languidece un pueblo por la migración a los campos petroleros en el Oriente del país. “El Peligro del Petróleo” o “El petróleo y la Inestabilidad” ensayos, entre muchos sobre el tema, de Arturo Uslar Pietri, quizás el más influyente intelectual del siglo XX venezolano..

Párrafo aparte merece la percepción de Rómulo Betancourt el más importante político venezolano del siglo veinte, con una extensa obra escrita sobre política, economía y petróleo. Entre la muy vasta colección de ensayos publicados en su columna diaria “Economía y Finanzas” en el diario Ahora destacamos tres títulos “Importaciones y Exportaciones de Venezuela”, “Análisis del Comercio Exterior” y “La Crítica Situación del Café en Venezuela y el Superdesarrollo de las Industrias Extractivas”. En estos ensayos de finales de los treinta Betancourt analiza cómo el petróleo ha desplazado en importancia a las exportaciones hasta entonces tradicionales, en particular el café, y lo que ello significa en términos de “deformación” del patrón de producción nacional y de la vulnerabilidad del país al depender de un bien al cual se le auguraba corta vida. En el primero de los ensayos mencionados Betancourt concluye textualmente “Es ya un lugar común, y sobre el cual no nos cansaremos insistir, el de la necesidad de vigorizar las fuentes raízales y permanentes de riqueza nacional. El petróleo es una fuente de ingresos que no durará sino algo más de la próxima década. Olvidarlo es revelar miopía e imprevisión.”, Columna Economía y Finanzas, Diario Ahora, 9 de Febrero de 1938.

Cuando mucho, el rol que se le asignó al petróleo en el debate sobre el proceso de desarrollo que debía seguir el país, fue que se utilizara el ingreso que de él se derivaba para financiar la formación de capital físico y humano en la economía no petrolera. No hay cliché que sintetice mejor esta orientación de política que el título del famoso editorial de Uslar en el mismo diario Ahora el 14 de Julio de 1936, “Sembrar el Petróleo”. Aun la literatura internacional recoge la ambivalencia del petróleo como bendición o maldición, cual es el título de la publicación del Banco Mundial editada por Alan Gelb en 1983, “Oil Windfalls: Blessing or Curse?”

¿Bendición o Maldición?

La relación del petróleo con el desarrollo nacional estuvo condicionada por el atraso del país al momento de iniciarse la producción. El país nacional no se vinculó ni como productor ni como consumidor a la actividad petrolera. La industria petrolera fue percibida, como efectivamente lo era, como ajena al país. Empresas extranjeras produciendo para mercados foráneos. Para los formadores de la consciencia nacional la industria petrolera era despreciada como enclave extranjero y efímero el cual poco aportaba al desarrollo nacional

L La vinculación posible con el petróleo fue la de cobrar una renta, por encima de los impuestos normales, para destinarla a financiar el desarrollo de la actividad no petrolera. Invertir en la agricultura y la industria nacional justificó cobrar una renta petrolera cada vez más alta. La exigencia de una renta petrolera creciente se justificaba tanto en su fin, financiar la inversión nacional, como en su origen, dada la supuesta escasez del petróleo y su carácter de “recurso natural no renovable”. El petróleo, por escaso y valioso, había, por un lado, que cobrar una renta específica por su explotación, mientras por otro, había que preservarlo para generaciones futuras bien en el subsuelo o invirtiendo como capital la renta petrolera.

Sin embargo, el creciente influjo de divisas tanto por la instalación de la industria petrolera como, sobre todo, por el pago de una renta creciente al Estado propietario del recurso, conllevó a la apreciación del tipo de cambio. Esto es que aumentaran sostenidamente los salarios y costos de producción nacionales en dólares, lo cual conllevó la pérdida secular de competitividad de las industrias y actividades agrícolas que se pretendía fomentar con la renta petrolera. De hecho, pieza central de los escritos de los economistas más destacados de la época es el análisis de la influencia de la apreciación del tipo de cambio y el obstáculo que ello generó al desarrollo de actividades productivas. “La Crisis, los Cambios y Nosotros” (1931) de Alberto Adriani; “La Paridad del Bolívar” (1944) de José Antonio Mayobre y “La Industrialización de Venezuela y el Alto Tipo de Cambio del Bolívar” (1944) de Ernesto Peltzer, son tres obras capitales sobre el tema de la apreciación cambiaria y su incidencia sobre el desarrollo nacional de los tres mejores y más influyentes economistas de la primera mitad del siglo

Así, por un lado, la necesidad de financiar el desarrollo nacional y la tesis de la escasez, justificaban la exigencia de una mayor renta. Por el otro, la abundancia de divisas al aumentar la renta provocaba la apreciación del tipo de cambio y detenía el desarrollo de actividades manufactureras que el Estado petrolero pretendía impulsar. Se entraba así en un proceso de causación circular perverso y esquizofrénico en la cual por un lado se reclamaba más renta en pos del desarrollo y, por otro, la abundancia de renta lo reprimía. Este proceso culminó en la maximización de la renta, una explosión de consumo, la saturación de las posibilidades de inversión en el país y la acumulación de buena parte de la renta por el sector privado en el exterior, a lo largo de tres lustros que comprendieron la década de los setenta y la primera mitad de los ochenta. Se hicieron realidad los peores pronósticos de quienes previeron los efectos negativos de la renta petrolera sobre la economía, pero quienes, al mismo tiempo, justificaron exigir una renta cada vez mayor para fomentar el desarrollo nacional.

Recibir el grueso del ingreso nacional a partir de una renta es la negación del trabajo productivo y en general de las virtudes que promueven y conlleva el desarrollo capitalista moderno. La presencia de la renta petrolera nos permitió a los venezolanos obtener un nivel de ingreso y disfrutar de una calidad de vida muy superior a la de países con un nivel similar de dotación de capital productivo y de recursos humanos calificados. Conscientemente es difícil que una sociedad que quiere ser moderna reconozca que disfruta y se beneficia de una renta en forma muy significativa. El ingreso que proviene de la renta se acepta y justifica conscientemente tan solo si se destina a acumularlo como capital físico o humano para la producción. Conscientemente el disfrute de la renta es visto como un antivalor. El consumo de la renta, la renta como bendición en el sentido del bienestar que ella permite, es negado conscientemente y aplaudido inconscientemente. El petróleo fue así percibido al mismo tiempo como bendición, en el ámbito inconsciente y maldición, en el consciente, en la medida que en un principio el petróleo se vinculó esencialmente como renta a la sociedad venezolana.

Nacionalización y Cambio de Percepción

La tesis de la escasez de petróleo se tradujo en una orientación de política petrolera con dos vertientes a lo largo de un proceso que culminaría en el control estatal de la actividad petrolera. La primera vertiente fue aumentar sostenidamente la renta por barril mediante el aumento en la tasa efectiva de ISLR, hasta hacer no económica la explotación petrolera privada en el país. La segunda vertiente consistió en restringir cada vez más el acceso a los territorios petroleros a las empresas privadas, la política de “no más concesiones”. La presión por estas dos vías sobre el capital petrolero esencialmente transnacional, conllevó a la desinversión neta en el sector a lo largo de la década de los sesenta, al colapso de la producción en la primera mitad de los setenta y la estatificaciòn de la actividad petrolera en 1976.

El capital petrolero salió del país en la medida que aumentó la presión en su contra a lo largo de tres lustros hasta que eventualmente el capital remanente fue estatificado. Para ver hacia adelante es importante tener en mente que la nacionalización nunca se planteó como la privatización nacional de la industria petrolera, más aun, nadie disputó públicamente que fuera el Estado quien se hiciera cargo directamente de la producción..

Una primera consecuencia de la nacionalización en cuanto a la percepción colectiva del petróleo, fue correr el velo ideológico que impedía ver como la industria petrolera se había ido haciendo venezolana con el tiempo. A lo largo de más de seis décadas de operaciones, la industria se fue integrando al país y en la medida que éste se desarrollaba, estuvo en condiciones de proveer cantidades crecientes de fuerza de trabajo capacitada, bienes y servicios especializados. Al momento de la nacionalización, la actividad petrolera era manejada esencialmente por venezolanos y buena parte de los insumos para la producción eran manufacturados en el país.

La nacionalización permitió darnos cuenta como colectivo que el petróleo no era sólo renta sino también industria. Actividad productiva que generaba empleo nacional directa e indirectamente. La nacionalización abrió una segunda dimensión en la percepción nacional del petróleo. El petróleo no era sólo renta para financiar el desarrollo no petrolero, sino también Industria, sin duda la primera industria nacional, generadora de trabajo y riqueza en sí misma. El descubrimiento e internacionalización cultural de esta segunda dimensión del petróleo es, como todos los procesos culturales, gradual y lo hemos estado viviendo como sociedad en el último cuarto de siglo.

Las profundas raíces culturales del petróleo como elemento perverso, negador del trabajo productivo, impedían percibir el petróleo como actividad industrial moderna. La consciencia nacional la había despreciado como extranjera y efímera. La realidad mostró que era nacional y duradera

La realidad desmintió todos los pronósticos en cuanto al inminente agotamiento de las reservas. La intensa campaña exploratoria después de la nacionalización, la cual ha permitido sextuplicar las reservas probadas, junto con la constatación de la viabilidad comercial de las muy vastas reservas de la Faja Petrolífera del Orinoco, permite concluir que las reservas de hidrocarburos del país son, desde un punto de vista práctico, infinitas.

La verificación de los muy abundantes recursos de hidrocarburos significó un cambio diametral respecto a la muy poderosa percepción de agotamiento prevaleciente hasta la nacionalización, según la cual el país estaba predestinado a ser un país no petrolero. La tesis de escasez justificó en su momento maximizar la renta así fuera a expensas de la actividad industrial petrolera, como en efecto lo fue.

Al descubrir la industria petrolera después de la nacionalización, el país ha valorado la actividad productiva en sí misma. Ha tomado consciencia que ejercer más presión de la que la Industria puede soportar en el tiempo significa contraer la producción de la principal industria del país, con importantes efectos contractivos sobre el conjunto del aparato productivo. Estas consideraciones eran ajenas a la política petrolera antes de la nacionalización

El hecho de ser no sólo dueño de las reservas sino también dueño de la industria forzó al Estado venezolano a incorporar una segunda dimensión en el diseño de la política petrolera. El Estado debía velar ahora no sólo por extraer la máxima renta del recurso de su propiedad sino también por asegurar la rentabilidad y viabilidad en el tiempo de su empresa petrolera. La renta que busca maximizar como propietario tiene límites en la economía del negocio como productor.

Además, el mercado petrolero internacional había enseñado en las décadas de los setenta y ochenta que la renta petrolera por barril tiene límites tanto por el lado de la demanda como por el de la oferta de hidrocarburos y de energía en general. En cuanto a la demanda la renta tiene límites en la medida que se estimula el ahorro de energía y la mayor eficiencia en su consumo. Por el lado de la oferta en cuanto se estimula la producción tanto de otras fuentes de energía como de provincias petroleras más costosas.

Los últimos veinte años le enseñaron al Estado venezolano que la renta petrolera por barril está acotada tanto por las condiciones del mercado energético y petrolero mundial como por la rentabilidad y viabilidad de la industria petrolera

En la medida que se ha ido internalizando esta realidad se ha implantado una nueva orientación en la política petrolera, en particular a lo largo de los últimos tres lustros. El cambio fundamental en la política petrolera ha consistido en disminuir la presión fiscal por la vía de reducir la tasa efectiva de ISLR. Esto le ha dado oxígeno financiero a la industria nacionalizada lo cual ha permitido ampliar y modernizar el plantel refinador así como duplicar el potencial de producción a lo largo de la década de los noventa. De una política que tuvo como único norte la maximización de la renta se ha pasado a una política que tiene como objetivo no tan sólo obtener la máxima renta sino asegurar el desarrollo de la industria petrolera en el largo plazo. El objetivo es la maximización de la renta sujeto a la viabilidad y crecimiento de la industria petrolera. En el pasado la maximización de la renta terminó por diezmar la industria petrolera. Ahora la renta está acotada por consideraciones de carácter comercial y financiero de la empresa productora estatal.

Al momento de la nacionalización el país se percibía sin futuro en el petróleo. La tesis del agotamiento de las reservas había resultado una profecía autocumplida. La discusión en boga a mediados de los setenta era cómo se iba a hacer el tránsito a la Venezuela post-petrolera, lo cual se consideraba no tan sólo inevitable sino inminente. Hoy, un cuarto de siglo después, consecuencia de los procesos que desencadenó la nacionalización en los ámbitos político, económico y, sobre todo, cultural, Venezuela es y, más importante, se percibe a sí mismo como un país petrolero.

Venezuela un país petrolero

Los cimientos de la política petrolera implantada a lo largo de la década de los noventa han sido, por un lado, el reconocimiento de nuestra muy vasta base de reservas de hidrocarburos y, por otro, el potencial de generación de riqueza de la industria petrolera y el grado de especialización del país. Esto no es otra cosa que el reconocimiento de las ventajas comparativas y competitivas internacionales del país en la producción de petróleo.

Por el lado de las ventajas comparativas está, en primer lugar el potencial energético del país constituido por las reservas de petróleo junto con una presencia significativa de otras fuentes de energía primaria. En segundo lugar está la ventaja comparativa que se deriva de la ubicación geográfica del país en un continente deficitario en energía. Venezuela está entre las tres primeras provincias petroleras del mundo, pero se diferencia desde un punto de vista geográfico, petrolero y cultural de las otras dos. Una ubicada en la cuenca del Golfo Pérsico y la otra en la cuenca del Mar Caspio. Dadas las ventajas que se derivan de sus bajos costos de producción de energía y de su ubicación geográfica Venezuela está llamado a ser el país suplidor de energía del Hemisferio Occidental, si así lo desea.

En cuanto al desarrollo de ventajas competitivas, después de más de ochenta años produciendo petróleo, el país, su industria petrolera, ha desarrollado ventajas en esta actividad productiva. Los venezolanos sabemos cómo producir petróleo. Hemos desarrollado tecnologías reconocidas internacionalmente tanto en la producción como en la transformación y utilización comercial de los hidrocarburos.

Desde la nacionalización, la industria petrolera nacional ha cambiado tanto en su tamaño y presencia internacional como en su morfología. PDVSA ha pasado de ser una corporación diezmada al momento de la nacionalización, exportadora de crudos y productos de baja calidad, a ser una corporación energética transnacional verticalmente integrada con presencia desde la producción hasta la venta al detal en sus principales mercados. PDVSA está hoy en el podio de las empresas petroleras mundiales. Este esfuerzo reconocido por instancias internacionales imparciales ha sido llevado adelante por personal venezolano en los diferentes ámbitos corporativos y ha contado con el reconocimiento y el respaldo del país y constituye una fuente de orgullo y autoestima nacional.

Por otro lado, en parte consecuencia tanto de una actitud ex-profeso del Estado venezolano de estímulo a la industria nacional, como del grado de desarrollo del país y del cambio en la percepción del petróleo, se está desarrollando un sector petrolero nacional privado. Hasta hace poco, este sector estaba circunscrito a empresas suplidoras de bienes y servicios tanto industriales como de ingeniería. Sólo en años muy recientes, a través de las rendijas que permite el marco legal que reserva al Estado la industria y el comercio de los hidrocarburos, ha pasado a participar el sector privado nacional en las actividades de producción, transformación y comercio de los hidrocarburos. El reto hacia adelante es profundizar la integración del país no-estatal a la actividad petrolera nacional. Sólo entonces se podrá hablar efectivamente de nacionalización de la industria petrolera.

Relacionado con lo anterior, quizás el cambio más importante en los cinco lustros desde la nacionalización se esté dando en el ámbito de lo cultural. El petróleo ha influido de diferentes maneras la vida de más de tres generaciones de venezolanos. La percepción del petróleo ha cambiado significativamente junto con el desarrollo del país a lo largo del siglo veinte.

En sus orígenes se le percibió con temor, como actividad externa y poderosa sobre la cual el país no tenía control. Efectivamente, como lo temían quienes primero diagnosticaron los efectos de su presencia, el petróleo arrasó con la Venezuela rural de principios de siglo. Sin embargo, con la objetividad que da el tiempo, el balance del legado del petróleo en el siglo veinte es ampliamente favorable para el país.

El petróleo, industria y renta, ha cambiado para bien la faz del país. Transformó la Venezuela atrasada y rural de principios de siglo, en el país urbano y moderno de hoy día con un muy bajo costo social. El ingreso petrolero externo permitió acumular sin sacrificar el consumo de la población. Todo lo contrario, la renta y la inversión petrolera externa permitieron aumentar en forma simultanea y significativa, durante décadas, el consumo y la inversión en el país.

El petróleo actuó como lubricante para facilitar el tránsito sin traumas del campo a la ciudad a lo largo del siglo pasado. Igualmente estimuló importantes flujos migratorios hacia el país. En particular de europeos en la posguerra. Mano de obra calificada, importante para la construcción del país moderno financiado por el petróleo. La actividad industrial petrolera actuó como polo de atracción hacia las áreas de producción, mientras la renta petrolera gastada por el Estado, atrajo la población hacia las ciudades. Por otro lado la renta petrolera permitió gastar sin cobrar impuestos. El gasto de renta petrolera por el Estado, particularmente en educación y salud gratuitas, mejoró la calidad de la fuerza de trabajo nacional y la calidad de vida de la población en general.

El cambio cultural que se está produciendo paulatinamente desde la nacionalización es el de perderle el miedo al petróleo. Los venezolanos estamos haciendo nuestra la industria petrolera. Se ha llegado a contar hasta cuatro generaciones de venezolanos, vinculados familiarmente, trabajando en la industria petrolera. La actividad extranjera y extraña al país es hoy nacional y está aquí para quedarse. El cambio fundamental es el de reconocernos como un país petrolero de largo plazo, cosa que en el pasado nunca quisimos aceptar. Este proceso cultural, el cual está aun permeando en el consciente de la población, es piedra angular en la implantación de una estrategia de desarrollo la cual asuma explícitamente la actividad petrolera como uno de sus pilares. El reto es consolidar a Venezuela como un polo petrolero mundial y sobre todo continental, de acuerdo con su potencial.

Sin embargo, en términos culturales y políticos el país aún se debate entre una política petrolera de vocación rentista y una de orientación productiva, como lo muestra los acontecimientos de años recientes y lo discutiremos más adelante.

Venezuela petróleo y futuro

El recurso natural

A la hora de ver al futuro lo primero que hay que hacer desde la perspectiva del petróleo es ver a Venezuela en el contexto mundial y, en particular, el continental. Las reservas probadas de petróleo convencional del país son 76 mil millones de barriles (MMMB). A esta cifra añadimos las reservas recuperables de la Faja, aplicando un factor de recobro de 25 % sobre una base de recursos “in situ” del orden de 1.2 billones de barriles, tenemos alrededor de 300 MMMB. Esto es las reservas del país se ubican en el orden de 376 MMMB. ¿Es esta cantidad mucho? ¿Cómo compara internacionalmente?.

rimero veamos qué significa esta cantidad en términos absolutos. A la tasa de producción de años recientes de alrededor de 3 millones de barriles diarios (MMBD), Venezuela produce alrededor de 1 mil millones de barriles al año (MMMBA). Esto es, en términos estáticos Venezuela, dadas sus reservas probadas y recuperables, podría producir a la tasa actual durante 376 años. Lo más probable es que para entonces el petróleo haya perdido importancia relativa o quizás absoluta en el consumo energético mundial.

El calificativo “en términos estáticos” no es en vano. Las reservas igual que se consumen se incorporan nuevas constantemente. Valga como mejor ejemplo los Estados Unidos, país que produce alrededor de 3 MMMBA y tiene reservas probadas en el orden de 30 MMMB esencialmente constantes desde hace más de 25 años. Si el concepto fuese estático Estados Unidos consumiría sus reservas en diez años, pero ese no es el caso ya que incorpora reservas en el mismo monto que las consume y el acervo de reservas se mantiene esencialmente constante. Venezuela también sirve como poderoso ejemplo. Las reservas probadas en 1973 se ubicaban en 14 MMMB, con un horizonte de producción de 11 años. De allí la convicción de agotamiento y tránsito inminente a la Venezuela post- petrolera. Hoy en día, como acabamos de decir, las reservas probadas están en el orden de 76 MMMB y en el ínterin se han producido unos 70 MMMB. Esto es, se han incorporado reservas por el orden de 132 MMMB en el último cuarto de siglo. El argumento desarrollado en los dos últimos párrafos es el que permite afirmar que desde un punto de vista práctico las reservas de petróleo de Venezuela son infinitas.

La Comparación Internacional

Veamos ahora las reservas de Venezuela en términos relativos. Como acabamos de ver las reservas probadas de Venezuela son dos veces y media las de Estados Unidos y produce un tercio de lo que produce ese país anualmente. Si incorporamos las reservas de la Faja, las reservas de nuestro país son 13 veces las de los Estados Unidos. Comparados con México, país que produce algo más de petróleo que Venezuela, unos 1.3 MMMBA, sus reservas probadas están en el orden de 48 MMMB. Las reservas probadas de Venezuela son 60 % más altas que las de México, si se incorpora la Faja las reservas de nuestro país son 8 veces las de México. El resto del continente americano acumula reservas por 24 MMMB. Es decir, Venezuela sola posee reservas probadas por más del triple que el resto del continente excluidos Estados Unidos y México. Ahora si comparamos el resto del continente como un todo con Venezuela, el resto del continente acumula 102 MMMB, esto es, un tercio más que las reservas probadas de Venezuela, pero menos de la tercera parte si se incorpora la Faja. En síntesis, Venezuela es el gran reservorio de hidrocarburos líquidos del hemisferio occidental.

Ahora cabe preguntarse si hay mercado en el continente para la inmensa acumulación de hidrocarburos en el subsuelo del territorio venezolano. La respuesta es sí, todo depende de a qué precio. La respuesta es sí porque el continente es deficitario en petróleo. Consume 28 MMBD y produce 21 MMBD, esto es, el continente importa 7 MMBD, el 25% del petróleo que consume. El grueso del déficit está concentrado en los Estados Unidos, nuestro mercado natural, mientras el resto del continente está, en su conjunto, en balance. Este déficit tiende a crecer en el tiempo. Se pronostica crecerá en alrededor de un 50% en los próximos diez años. Esto quiere decir que Venezuela podría cuadruplicar su producción actual y tener espacio para esa producción en sus mercados naturales.

El problema es que la importación continental desplazada pondría una presión muy fuerte sobre los precios. El contra argumento es que, en una visión de mediano y largo plazo, el problema que enfrenta el mundo es más bien de suministro. Lo cual da pie a pensar en una posible especialización de mercados en la cual las provincias petroleras del Golfo Pérsico y el Mar Caspio dirigen el grueso de su producción incremental hacia el Hemisferio Oriental mientras Venezuela cubre el creciente déficit del Hemisferio Occidental. Si asumimos una tendencia de precios de largo plazo de alrededor de 20 $/B para el WTI, Venezuela podría multiplicar su producción actual por dos veces y media en los próximos diez años, en forma muy rentable, produciendo para sus mercados naturales, y aún el déficit continental no estaría cubierto.

La última pregunta que cabría hacerse es si es muy grande la presión sobre las reservas de incrementos de producción de esta magnitud. Venezuela produce en la actualidad por año alrededor del 1.3 % de sus reservas probadas y el 0.3 % si se incluyen las reservas de la Faja. Estos porcentajes parecen muy bajos y, efectivamente, lo son. En particular si se comparan con los de países en los cuales se produce una explotación intensiva de las reservas. En Estados Unidos la tasa de explotación es del 10 % y en Gran Bretaña del 19 %. Una tasa óptima según criterios geológicos es de alrededor del 7 %. Según la experiencia internacional, a esta tasa se asegura una reposición permanente de las reservas. Si aceptamos la tasa del 7 % como referencia, Venezuela podría quintuplicar su producción de reservas probadas y multiplicarla por más de veinte si se incluyen las de la Faja. Es decir desde un punto de vista geológico Venezuela no tiene problemas para aumentar varias veces su producción actual de petróleo. Vinculando el potencial de crecimiento con la oportunidad de mercado, Venezuela podría cubrir, sin problemas y en forma económica, el déficit de crudo del Hemisferio Occidental.

La Comparación en la OPEP

Venezuela produce actualmente 3 MMBD, alrededor del 4 % de la oferta mundial y 11.5 % de la oferta de la OPEP. Estos porcentajes son relativamente bajos, pero esto no siempre fue así. Para el momento de fundarse la OPEP en 1960, Venezuela producía 2.85 MMBD, apenas un 5 % menos que hoy en día, lo cual representaba el 13 % y el 33 % de la oferta mundial y de la OPEP respectivamente. Después, alimentado por la percepción de escasez, Venezuela puso presión sobre la industria petrolera que operaba en el país lo cual provocó la contracción de la actividad productiva, mientras crecía la oferta del resto del mundo y, en particular, el resto de los países de la OPEP estimulaban la producción en sus territorios. Venezuela siguió siendo el primer exportador mundial hasta 1970, año en que fue sobrepasada por Arabia Saudita e Irán, después colapsó la producción en nuestro país. Para el momento de la nacionalización en 1976, Venezuela producía 2.3 MMBD, esto es el 4 % de la oferta mundial y 7.5 % de la producción de la OPEP.

Apenas si el paí

Ramón Espinasa

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