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Sección: Economía y Petróleo
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Estocada banquicidaDomingo FontiverosSábado, 14 de noviembre de 2009
Infectado hace tiempo por el virus de la demagogia monetaria, fue empeorando hasta ver transformar su ADN, dejando de ser un Banco Central afinado constitucionalmente en su autonomía con la misión de preservar el valor interno y externo de la moneda, para convertirse ahora por obra y gracia del poderoso delirio que agobia al país en una editorial franquiciada de billetes encargada de imprimir papel moneda según los dictados del ejecutivo para cubrir los déficit del gobierno y de las empresas públicas, ¡incluyendo a la poderosa PDVSA!. La reforma de la Ley del Banco Central que con prisa se acaba de aprobar tiene el efecto de convertir a esta Institución, definitivamente, en un apéndice ordinario del régimen con la obligación de financiar los déficit del Estado. La urgencia evidentemente revela los apremios económicos del gobierno más dilapidador de la historia venezolana. Y deja al descubierto una vez más el alucinado extravío de quienes deciden sobre estas materias. Con la reforma se termina de abrir de par en par las puertas al derrumbe monetario y financiero. La institución ya había quedado muy debilitada por la voracidad fiscal, que comenzó con la liquidación truqueada de los ahorros del FEM en el 2000 y luego continuó con la repetida exacción de reservas en divisas y utilidades del propio BCV, saltándose prohibiciones constitucionales y legales. El gobierno, PDVSA, la CVG, Corpoelec, Sidor, el sector del aluminio, y otras muchas entidades que navegan en pozos deficitarios, ahora tienen en el BCV a un banquero regalón. También los sindicatos del sector público, los empresarios pendientes de préstamos blanditos, la estructura militar, gobernadores, alcaldes y concejos comunales enchufados en las líneas del régimen. Los gobernantes extranjeros que vienen disfrutando las dádivas del Tesoro venezolano, verán ahora prolongarse el vaso comunicante que por cortesía se les instaló en línea directa con las reservas internacionales del país. Ahora volverá a haber dinero para todos, con tal que mantengan el enchufe instalado en su justo lugar. Felicidad para los privilegiados del poder, obsequio de la imprenta monetaria ilimitada. Dictadores y radicales de izquierdas y derechas se encargaron en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Perú, entre otros, de inscribir en la historia de la infamia económica de este subcontinente terríficas épocas de hiperinflación y enmiseriamiento en décadas pasadas. Estas experiencias se creyó eran irrepetibles por aquello del aprendizaje humano. Pero ahora en Venezuela, con un gobierno que ni sabe ni aprende, se pisa el acelerador para recorrer una ruta que fue llamada hace algunos años la autopista al Cono Sur, en referencia al destino superinflacionario de aquellos países. Con esta reforma se liman las últimas resistencias institucionales al desmadre monetario, para prolongar un tiempo más la fantasía revolucionaria, que apagada por culpa de calentadores, neveras y aires, y seca por culpa del Niño y de la higiene personal, según la falsificación oficial, está necesitada de ilusionar de nuevo en las elecciones que vienen. Al BCV ya de banco central apenas le queda el nombre. Mis condolencias a sus funcionarios profesionales. Y mi enérgico reclamo a la Mesa Unitaria que “no dice ni pío”. |
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