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Sección: Economía y Petróleo
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Relato de la eufemismomanía
¿Corrección, depreciación o devaluación del tipo de cambio?
Daniel Anido
Viernes, 5 de febrero de 2010
Profesor de la FACES-Universidad de Los Andes
Algunos meses antes de que se adoptara la reconversión monetaria en Venezuela, el entonces ministro y ex–diputado Rodrigo Cabezas esgrimió una serie de argumentos que, a juicio de él, del Gobierno, del BCV y del Ejecutivo Nacional justificaban la medida que pronto habría de adoptarse. De todos ellos, sólo uno parecía tener alguna racionalidad económica: el que debido a la pérdida de poder adquisitivo del valor en el tiempo exigiera ingentes cantidades de monedas y billetes para realizar simples transacciones económicas. No obstante, de entre los restantes, negaba la posibilidad de que esa reconversión se tradujera en una mayor inflación (a la inicialmente prevista para el 2008). La intransigente realidad, tozuda ella como siempre, se empeñó –tal y como preveían muchos expertos y como pensábamos otros académicos– en demostrar que sí habría de tenerlo. Ejemplos de lo sucedido en similares (aunque no exactas) situaciones en otros países sobraban para pensarlo, además de la particular conducta que tienen los agentes económicos en Venezuela.
Hoy nuevamente volvemos a oír algunas “lecciones de economía” del “profesor” Rodríguez. Tras el anuncio de la más reciente medida cambiaria (en vigor desde el viernes 7/1/2010), manifestó que la medida no se trataba de una “devaluación”, sino de una “corrección del tipo de cambio”. Y dado que en la ocasión antes relatada sus aseveraciones no pudieron ser discutidas en el escenario académico debido a compromisos del ponente, esta vez no puedo dejar de plantearle algunas pequeñas observaciones a sus declaraciones a propósito de esta última medida de política económica.
En la literatura económica sólo hay dos términos para definir los ajustes hacia arriba al tipo de cambio: Depreciación, cuando deben entregarse mayores cantidades de moneda doméstica por cada unidad de la divisa de referencia (US$, en el caso venezolano), cuando se trata de sistemas de libre flotación (como el que existía hasta el 13/02/2003); y devaluación, para referirse la misma política, pero bajo un sistema de tipo de cambio controlado (como el que existe actualmente en Venezuela). “Corrección” en lengua castellana se refiere más a la idea de revertir “algo” que implícitamente se admite como errado (se corrige algo bajo la premisa que no es correcto o apropiado). Por lo tanto, si ésta fuera a acepción a la que quiso referirse, el “público” (en el sentido financiero) podría entender por transitividad que el tipo de cambio en vigor hasta el 7/1/2010 estaba “equivocado”. Honestamente, dudo mucho que esa fuera la idea en mente del destacado profesor universitario, no al menso a la luz de los reiterados argumentos gubernamentales en contrario. En todo caso, en lo que sí imagino que coincide él (y el resto de los funcionarios del gobierno) con los demás economistas y agentes económicos, es que dado prolongado el lapso transcurrido entre el último “ajuste” de la tasa de cambio y el 7/1/2010, habida cuenta del diferencial inflacionario entre Venezuela y sus principales socios comerciales, el bolívar (ahora denominado bolívar fuerte) estaba sobrevaluado. Y lo relevante no es el hábito del eufemismo, sino la consecuencia de dejar la sensación en el público, estudiantes de la economía muchos de ellos, una errada impresión y cierta ligereza conceptual. Como es sabido, si los médicos entierran sus errores, los docentes los multiplican. Es lo que quisiera evita en este caso.
La otra observación tiene que ver con la motivación de la medida y sus consecuencias fiscales. Existen sobradas razones para dudar que en efecto la medida no obedezca a razones fiscales (el Gobierno dixit), está claro que el mismo presupuesto anterior (referencia para todo el sector público, universidades incluidas), ahora el fisco obtendrá más bolívares fuertes” para cada divisa de la renta petrolera. De cumplirse las expectativas de producción y de precios sobre la actividad petrolera venezolana, Venezuela entonces ingresaría más bolívares fuertes. Claro que, como se han empeñado en convencernos de que no hay apuros fiscales, es propicia la ocasión para solicitarles -nuevamente- que entreguen un presupuesto justo a las universidades. El por vez tercera reconducido presupuesto de 2010 limita no sólo los gastos de funcionamiento de estas instituciones, sino que inmuta el flujo de recursos para cubrir las erogaciones correspondientes al “crecimiento natural” de éstas (sustitución de personal, ascensos, aumento del número de ingresos), por lo que en última instancia son los estudiantes los más afectados (además, obviamente, de los que trabajamos dentro de ellas).
Si usted tiene razón en lo segundo, profesor Rodríguez y ya que no tienen apuros presupuestarios, entonces nosotros la tenemos para exigir que se revise y aumente en términos reales el presupuesto aprobado para 2010. Además, tal vez así podríamos por fin recibir la deuda enero-septiembre 2008 y el “aumento” de salario que por ley nos corresponde (que nosotros llamamos ajuste, por no cubrir siquiera la inflación oficial), cuyos pagos se empeñan tanto en dilatar. Porque cuando se trata de beneficios gremiales y sociales, y vaya “inclusión social”, parece no somos sector público.
anidoriv@ula.ve
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