¿Quién engaña a Hugo Chávez? Santiago Ochoa Antich
Lunes, 7 de noviembre de 2005
Las cifras que voy a dar son tétricas. Anuncian un descalabro a corto y mediano plazo. La Oficina Nacional del Tesoro del Ministerio de Finanzas ha anunciado que de enero a septiembre, el ingreso fiscal petrolero fue de 29.4 billones de bolívares. Esto quiere decir que en todo el año a lo más que llegará la cifra será a 40 billones. Al cambio actual, esos 40 billones serían 18,6 millardos de dólares. Pues bien, el ingreso fiscal petrolero es, más o menos, el 67 por ciento del total de ingresos petroleros. Por lo tanto, el ingreso total petrolero debe rondar los 27,8 millardos de dólares. Si dividimos esa cantidad por los 365 días del año, resulta que el país recibe por concepto de petróleo 76 millones de dólares diarios. Ahora bien, como la cesta petrolera venezolana se ha cotizado a alrededor de 40 dólares por barril, resulta que la exportación venezolana de hidrocarburos no puede superar 1,9 millones de barriles diarios. Pero si se calcula la cesta a 26 dólares por barril, entonces el número de barriles exportado aumentaría a 2,92 barriles diarios, que es la cifra que le gusta manejar al Ministerio de Energía, pero que queda demostrada como incierta.
¿Quo vadis Irak?
En el mismo mes de septiembre, la Administración de Información Energética en su Perspectiva Energética a Corto Plazo, informó los siguientes datos en torno a las cuotas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y las cifras reales de producción de petróleo de sus distintos miembros en los meses de agosto y septiembre de 2005.
OPEC Oil Production
(Thousand Barrels Per Day) (Energy Information Administration\Short-Term Energy Outlook -- October 2005)
Se observa allí claramente que Venezuela está produciendo 2,5 millones de barriles diarios y que ésa es su capacidad máxima de producción. Como sabemos que alrededor de medio millón de barriles se queda en Venezuela, nos damos cuenta de que las cifras anteriores son ciertas: Venezuela exporta en la actualidad no más de 2 millones de barriles diarios. O sea exporta casi dos terceras partes de ese total a Estados Unidos y escasamente le alcanza para cumplir sus compromisos en el Caribe, incluyendo Cuba.
Por otra parte, nos enteramos que actualmente Irak produce alrededor de 2,0 millones de barriles diarios. Con guerra, con atentados, con quema de instalaciones. Sin embargo, eso terminará en algún momento más bien cercano, ahora que el poder real en la administración de los recursos petroleros pasará del gobierno central a las regiones kurda y chiíta de acuerdo con la recién aprobada Constitución. Lo interesante, lo verdaderamente interesante, no es eso, sino que de acuerdo con expertos, Irak tiene un potencial de producción de 5 millones de barriles de crudo ligero. Esto nos quiere decir que, en los próximos años, gradual pero seguramente, la producción iraquí aumentará.
En un artículo aparecido en la revista norteamericana USA TODAY se puede leer que: “Ingenieros iraquíes y norteamericanos se encuentran en la segunda fase de los esfuerzos de reconstrucción que esperan conduzcan al país a producir 3 millones de barriles por día para finales de año. Eso, sin embargo, sería todavía muy inferior a la cifra de 5 millones de barriles diarios que según analistas Irak podría producir cuando las instalaciones de bombeo lleguen a su entera capacidad”.
Lo que ha venido en llamarse la reconstrucción de Irak es sabido que en su mayor parte se refiere a las infraestructuras petroleras. Esa reconstrucción ha sido llevada a cabo por empresas procedentes de las dos mayores potencias ocupantes: Estados Unidos y Gran Bretaña. Por lo tanto, es de esperar que de esos 5 millones de barriles o de los 3 millones que se producirán para finales de año, una parte importante se movilice hacia esas dos naciones. Y yo me digo, en el caso norteamericano, ¿Servirán para sustituir las ahora no tan seguras fuentes de suministro? Porque de ser la respuesta afirmativa, los venezolanos quedaríamos en peores condiciones que los cubanos con su embargo.
La IV Cumbre
La Unión Europea fue el producto del convencimiento entre los pueblos de ese continente de que, de no mediar un olvido de sus diferencias, los siglos por venir verían a Europa jugando el papel de segundo violín en el concierto de las naciones. Sin embargo, la raíz del surgimiento económico norteamericano y anteriormente del británico no se debió a una unidad de criterio en lo político sino en lo económico. Fueron las políticas de libertad de mercados las que hicieron posible la hegemonía anglosajona. Si bien las guerras intestinas de la Europa continental debilitaron a ese continente, lo que imposibilitó su despegue fue el sistema económico que se puso en boga allí, el socialista, cuyos costos elevados hacían imposible la competencia con los anglosajones. Tal es así que hoy día tanto Francia como Alemania desean reformar sus economías de manera de reducir los costes de la mano de obra de manera que induzcan a un crecimiento del empleo, muy alto en comparación con los anglosajones. Por ese camino transitaron ya Irlanda, Finlandia y España, en los que el desempleo se redujo a cifras similares a la norteamericana y a la británica (5%), producto del neoliberalismo impulsado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
Pues bien, son esas dos visiones las que se enfrentaron en Mar del Plata. La antigua política socialista impulsada esta vez por quienes no desean aceptar sus errores: Venezuela, Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil; mientras por la otra parte, se dan cita todos los otros gobiernos del continente
Es interesante observar que la división ocurre entre los países con cara al Atlántico que todavía colocan sus esperanzas en una alianza estratégica con la Europa socialista y aquellos cuyas costas miran hacia el Pacífico que acogen hoy la idea neoliberal. Esas políticas de libertad de mercado permitieron a Estados Unidos emprender la revolución de las telecomunicaciones, la electrónica y la cibernética y en ese país tiene su mayor asidero en la costa oeste norteamericana, en California, en el conocido valle del Silicio, acompañados por Japón y los tigres asiáticos.
Sostengo que el continente americano debe dividirse de la misma forma que el antiguo. En éste son los Urales los que marcan esa división. En América deben ser los Andes. Siempre me he fijado en el tono de voz de las personas y me impresionaba que entre los latinoamericanos el tono de los atlánticos fuese más grave que el de los pacíficos. Cosa parecida sucede entre europeos y asiáticos. Porque es la lengua lo que divide a los pueblos. De ahí la leyenda de Babel. La lengua fue una suerte de criptografía para impedir que el enemigo se enterara de las acciones de otros en un conflicto.
Desde que Enrique el Navegante impulsó sus naos por las costas occidentales de África, el Atlántico ha jugado un papel preponderante en las relaciones comerciales. Parecería, empero, que en el siglo XXI, más riqueza se intercambiará en el Pacífico. Eso ya lo entendió China que, en lo económico, encamina sus pasos por la senda neoliberal.
(*): Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, politólogo, periodista y miembro de Debate Ciudadano. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.