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La fiesta se acabó La necesidad de regular la globalización Ysrrael Camero Jueves, 29 de marzo de 2001 Por un nuevo Bretton Woods Foro sobre la Globalización
Desde el Consenso de Washington y la caída del Muro de Berlín se estableció una actitud general, no sólo en las elites políticas y económicas a escala mundial, sino también en una parte importante de la ciudadanía del mundo desarrollado y en vías de desarrollo. Esta actitud puede caracterizar a la última década del siglo XX: la audacia de las ilusiones optimistas. Hoy esta actitud parece haber tenido un fin tragicómico. Para nadie es un secreto que nos encontramos viviendo una nueva crisis del sistema capitalista. No se puede negar que la fiesta terminó, se acabó lo que se daba. A pesar de que muchos lo negaban, los ciclos han vuelto, más allá de la ilusión optimista el mundo sigue girando, y la economía parece encaminarse a su crisis más difícil desde el crac de 1929.
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Desde 1994 las ilusiones de crecimiento autosostenido y permanente comenzaron a quebrarse. El “efecto tequila” que, iniciándose en México, se extendió por el planeta entero, fue la primera campanada. Ya muchas han sonado: Rusia ha caído, los tigres asiáticos han perdido su carácter felino junto con su bonanza económica, en el Japón la crisis se agudiza y hace tambalear al gobierno, el euro no levanta vuelo mientras las “vacas locas” se unen a la “aftosa” para destruir a la ganadería europea, Turquía parece ir a la bancarrota, y el Mercosur se derrumba en una recesión hemisférica (de la cual Argentina es el caso más grave) y, para terminar, el supuesto aterrizaje suave de la economía estadounidense se ha convertido en forzoso, amenazando con arrastrar en su caída a toda la economía del hemisferio y del planeta.
Al terminar la conflagración se percibió la necesidad de establecer un conjunto de acuerdos alrededor de un modelo de desarrollo económico. La Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas se reunió entre el 1° y el 15 de junio de 1944 en Bretton Woods, donde se firmaron los acuerdos que dieron forma a la arquitectura económica de la posguerra y de la Guerra Fría, al sistema económico del capitalismo tardío, como en algún momento lo nombró Mandel. El Fondo Monetario Internacional, el GATT y el Banco Mundial son criaturas nacidas de ese modelo.
Con este fin de fiesta que vivimos, muchos expertos se han quedado sin palabras, o sus palabras se han vaciado de contenido. La era de las reformas neoconservadoras ha llegado a su fin. Necesitamos replantearnos las reglas de juego. ![]() Hay una necesidad imperiosa de detener, o por lo menos frenar, el maremoto que se nos viene encima, las posibilidades ciertas de un crac del sistema económico mundial. Hay que establecer una nueva arquitectura del sistema financiero global, dicha necesidad pasa por, tal como lo expresó Antonio Guterres en una ponencia durante la reunión de la Internacional Socialista en 1998, “regular la globalización y globalizar la regulación”. Hoy, más de siete décadas después del crac de 1929, y a más de cinco de los acuerdos de Bretton Woods, el mundo, más globalizado todavía, y por ende, mucho más vulnerable a una crisis económica mundial, requiere un nuevo acuerdo que articule y controle los flujos financieros del capital especulativo. Esta percepción no es fruto del radicalismo político ni de un odio visceral contra el capitalismo, sino de la convicción de que sólo una reforma sustancial de su funcionamiento e instituciones lo hará sustentable a mediano plazo. Diversas propuestas ya empiezan a manejarse con verdadera seriedad, diversos grupos civiles alrededor del mundo, liderados por ATTAC e intelectuales de la talla de Ignacio Ramonet, se movilizan para el establecimiento de una tasa impositiva sobre los movimientos especulativos: la Tasa Tobin. Dicha tasa, propuesta por el premio Nobel de Economía James Tobin, se basa en pechar las transacciones internacionales con un impuesto mínimo (0,1 a 0,5%) para desalentar la especulación en los mercados de divisas (inversiones a corto plazo que crean distorsiones), sin dañar la inversión productiva en la economía real (inversiones a largo plazo). Lo que durante algún tiempo fue percibido con sorna hoy se discute en los parlamentos.
La economía mundial está acatarrada. Los estados nacionales han sido minados en sus atribuciones por el proceso, indetenible y paradójico, de la globalización, pero siguen siendo los actores principales del sistema mundial, aún tienen mucho que hacer. La contradicción fundamental se encuentra en una economía que funciona sin fronteras, y unas acciones regulatorias que tienen un ámbito nacional, por ende, no será, de ninguna manera, el proteccionismo nacionalista la solución, sino un pacto mundial producto de una discusión sincera y seria. Si queremos evitar una neumonía global hay que tomar acciones igualmente globales. Sólo un acuerdo general alrededor de una nueva arquitectura financiera estable que garantice desarrollo y cohesión social puede sostenerse en el tiempo. Es hora de establecer una nueva estructura Bretton Woods que nos permita sobrellevar los nuevos problemas de un mundo que nos ofrece tantas posibilidades como amenazas. Ysrrael Camero en la Bitblioteca |
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Enrique Prieto Silva
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