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Inflación: Inevitable efecto secundario del socialismo Carlos Eduardo Ruiz Sábado, 24 de octubre de 2009
La inflación es definida por los economistas, como: “un persistente y sustancial aumento del nivel general de los precios relacionado con un incremento en el volumen del dinero y resultando en la pérdida del valor de la moneda”—y es un inevitable efecto secundario del socialismo; porque uno de los principales motos de esta ideología política es: “la equitativa distribución de la riqueza” (aumentar el volumen del dinero en manos de los menos pudientes); pero como toda definición simple, ésta necesita ser refinada para acercarla más a la verdad, porque si el incremento del volumen del dinero es simultáneo al incremento de la producción de bienes y servicios y de un incremento de la competencia entre productores de los mismos bienes y servicios, es posible evitar la pérdida del valor de la moneda y mantener los precios bajos.
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Pero el socialismo hace exactamente lo contrario: reduce la producción de bienes y servicios, porque todos sus esquemas económicos quieren reemplazar a la producción industrial (a la que ellos llaman “capitalista”), por la producción artesanal (controlada por los trabajadores; ya sea mediante la administración de la empresas directamente por los trabajadores, la “co-gestión” o administración de las empresas por comités donde los trabajadores tienen igual peso que los patronos, o mediante la creación de cooperativas, donde las ganancias se distribuyen entre todos los trabajadores y nadie es “patrón” de ningún otro—todos son “trabajadores”)—todos estos esquemas económicos reducen la productividad (la cantidad de un bien o servicio que puede ser producida—en promedio—por cada trabajador por unidad de tiempo y recursos a su disposición; por lo que el volumen total de producción siempre se reduce: crea escasez de bienes y servicios—porque la población nunca deja de crecer o crece más rápido que la cantidad de bienes y servicios producidos. También; el socialismo hace exactamente lo contrario: reduce la competencia entre productores de los mismos bienes y servicios, creando un solo productor: “El Estado” (que casi indefectiblemente significa en realidad “El gobierno” de turno), mediante la “nacionalización”, intervención, expropiación y confiscación de todas las empresas dedicadas a la producción de un mismo tipo de bien o servicio, para crear monopolios del “Estado” (es decir, del gobierno de turno)—que fijan los precios arbitrariamente, sin que nadie pueda patalear porque sólo el gobierno de turno vende esos tipos de bienes y servicios. Ese esquema económico del socialismo; primero está basado en una falsedad: que la riqueza ya existe, sólo hay que “repartirla equitativamente”—esto no es cierto, porque usted puede tener una gigantesca mina de diamantes, oro, plata o cualquier otro metal precioso enterrada a mil metros debajo del piso de su casa, pero si no trabaja eficientemente (que quiere decir que los costos de producción sean mucho menores al máximo precio que puedan pagar los consumidores), para extraer esos minerales o metales del subsuelo eficientemente, la riqueza no será producida; y en consecuencia, no sólo no puede repartirse “equitativamente”, sino que no hay nada para repartir; y segundo, el esquema económico del socialismo, es en realidad una “caja de Pandora”, en cuyo interior están esperando para salir, la corrupción administrativa, el despilfarro, el nepotismo, la ineficiencia, la baja y pésima calidad, la escasez, el contrabando, la extorsión, la contaminación ambiental, la quiebra de empresas—y otra larga lista de calamidades—sin que quede en su interior; como en la leyenda griega, ninguna esperanza. Y esas son verdades innegables, porque el socialismo “pretende hacer volar a un avión que desobedece a las leyes de la física”, al negarse a aceptar que el hombre económico es movido por el egoísmo y el afán de lucro y la economía, produce riqueza obedeciendo a las leyes de la oferta y la demanda—que son las que determinan los precios de los bienes y servicios, no ningún decreto gubernamental—y si no lo creen, averigüen porqué tantos venezolanos compran dólares paralelos mucho más caros, que el muy barato dólar con un precio bajísimo fijado por un decreto gubernamental en Venezuela. Lo que quiere decir que mientras en Venezuela siga existiendo un “aguacero” de bolívares fuertes provenientes de convertir los petrodólares obtenidos de las exportaciones venezolanas y de la venta de papeles de la deuda pública, mientras simultáneamente, se continúa espantando a la inversión privada y destruyendo al sector privado de la economía para crear monopolios gubernamentales, la inflación no dejará de crecer. Todo en Analítica sobre: Inflación blog comments powered by Disqus |
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