Se acerca la reunión de la OMC en Hong Kong. Se aspira a que en esta oportunidad, se cierre allí el ciclo o ronda de Doha, lo cual no pareciera muy seguro, habida cuenta de los escollos no superados puestos por Europa sobre el tema agrícola.
Entre otros temas, este asunto es el que más tiempo de negociación ha consumido. Es una materia sensible, no sólo para los países desarrollados sino también para los emergentes. El acceso a los mercados y los subsidios que se otorgan a estos productos dándoles ventajas competitivas constituyen el meollo del debate. Es el mismo tema que hizo naufragar las reuniones de Seattle y Cancún.
Las negociaciones fundamentalmente han enfrentado a EEUU y Europa, y este choque es el que impidió los acuerdos en anteriores ocasiones. Ambos son las más grandes potencias agrícolas y el grueso de los negocios mundiales de este sector está manejado por ellos.
Sin embargo, otros países que han desarrollado su agricultura y hoy tienen una presencia ascendente en el mercado mundial en virtud de sus exportaciones, como BRASIL, AUSTRALIA, INDIA, MEXICO, CHILE y CANADÁ, entre otros, tienen intereses que defender en este campo. De hecho, han constituido grupos reivindicativos y de defensa de mejores condiciones para la venta de sus productos (G. Cairns, G-20).
A niveles arancelarios y subsidios se resume entonces la discusión. EEUU estuvo alrededor de un 1 año para arribar a una propuesta de reducción de subsidios, y al fin ha sido puesta sobre la mesa. En líneas generales es satisfactoria, vista en términos de las aspiraciones de los países en desarrollo. Allí hay un ofrecimiento de reducción significativa de los subsidios que debemos saludar positivamente.
No obstante, la Unión Europea no tiene una posición conjunta al respecto. Su negociador, Peter Mandelson, tuvo mucha dificultad para arribar a una propuesta que apoyara Europa (rebaja arancelaria entre 35 y 60% de los productos agrícolas), la cual es vista aún como insuficiente. Por otro lado, está siendo atacado por Francia, país que pretende seguir manteniendo los subsidios y la protección a sus agricultores, a pesar de su retórica pro-países pobres. La actitud francesa, además de ambivalente, está resultando la piedra de tranca para que los países pobres puedan introducir sus productos a esa región, y el contraste de esto con los EEUU es llamativo.
Por lo general, se acusa a los norteamericanos de ser indolentes imperialistas que no comprenden la necesidad de los países en desarrollo de un mayor acceso a su mercado. Se condena que EEUU sea protector de su agricultura con altos subsidios, como si fueran los únicos en hacerlo. Se olvida que la batería de subsidios agrícolas europeos en términos cuantitativos, es mayor que la de EEUU. Europa, sin duda, es más proteccionista que este último, pero al final, los malos de la película siempre resultan ser los yanquis. EEUU ha suscrito acuerdos comerciales en el hemisferio americano que permitirán a países emergentes acceder a su mercado en condiciones ventajosas. En cambio algunos países europeos como Francia, desean mantener los obstáculos que representan las altas ayudas comunitarias a sus agricultores.
En la reciente reunión en Corea del Norte del Foro de la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico), países que representan el 50% del comercio y 60% del PIB mundiales, se pidió a Europa demostrar flexibilidad, para que de la próxima reunión de la OMC pueda salir un acuerdo beneficioso para todas las partes respecto del tema agrícola.
Por otra parte, los antiglobalizadores europeos que se rasgan las vestiduras en sus aquelarres periódicos, a la hora en que los países pobres más los necesitan, no se les ve haciendo causa común con ellos, sino que más bien hacen mutis. Aplican la ley del embudo a su favor, como lo hace el líder francés José Bové, que demanda reducciones de los aranceles a las exportaciones francesas, pero aumentos a las importaciones que ingresan a Francia.
Igualmente, gobiernos que en la retórica de su diplomacia condenan las asimetrías comerciales y el unilateralismo, y se lamentan de la pobreza, cuando se trata de realizar acciones concretas que parecieran beneficiar a las naciones más débiles, como el asunto que nos ocupa, dan la espalda en lugar de responder positivamente a ese clamor.
En este diciembre, en Hong Kong, veremos si al fin hay humo blanco en las negociaciones. Ojalá los subsidios que afectan fuertemente el comercio agrícola de ciertos países en desarrollo sean sustancialmente reducidos. Pero develar las inconsistencias una diplomacia de doble discurso es también tarea de quienes vemos al libre comercio como una herramienta indispensable para el desarrollo y el crecimiento.