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Sección: Economía y Petróleo
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La Cumbre de Londres: Receta de aspirinasLuis Xavier GrisantiMartes, 14 de abril de 2009
![]() La reunión de los países industrializados y emergentes sindicados en el Grupo de los 20 no fue un nuevo Bretton Woods, la apacible localidad veraniega de New Hampshire, Estados Unidos, donde 730 delegados de 44 países aliados se dieron cita en el Mount Washington Hotel, en julio de 1944, para diseñar un nuevo orden económico, financiero y comercial global, y fundar para ello el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Tratado General de Aranceles y Comercio (GATT), antecesor de la actual Organización Mundial de Comercio (OMC). La insuficiencia de los acuerdos alcanzados en la cumbre dirigida por el primer ministro británico, el laborista Gordon Brown, puede tener, en el ámbito económico, las calamitosas consecuencias políticas del tristemente celebre Tratado de Versalles de 1919, que con lucidez casi profética previó John Meynard Keynes en su clásico libro Las consecuencias económicas de la paz. El G-20 sigue tratando los síntomas y no las causas de la dolencia financiera mundial, ahora agravada por su incidencia en la economía real. Sólo en Estados Unidos el tsunami ha barrido con seis millones de empleos (hasta ahora), y en América Latina se calcula que 15 millones de ciudadanos re-ingresen al contingente de 200 millones de pobres. Es loable inyectar $1,1 billones de estímulos fiscales a la vapuleada economía mundial, regular los opacos paraísos fiscales, restringir los descomunales salarios de los banqueros y crear una superintendencia financiera global. Pero ¿dónde está la hoja de ruta para reestructurar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los demás organismos multilaterales, implacablemente cuestionados por el Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz y plagados de una sola receta y carcomidos por un burocratismo inclemente? ¿Qué pasó con el compromiso de alcanzar en diciembre pasado un acuerdo multilateral de comercio en el seno de la OMC, que elimine las barreras arancelarias y para-arancelarias de los países industrializados a las exportaciones de los países emergentes, antes llamados en desarrollo? La Ronda Doha del Desarrollo lleva ocho interminables años de negociaciones fallidas e infructuosas. La OMC predijo que el terremoto financiero reduciría en $25 millardos el comercio mundial de mercancías en 2009. Un nuevo pronóstico sitúa la contracción del comercio en hasta $300 millardos, 9% menos que en 2008, la caída mas elevada desde la II Guerra Mundial. Las exportaciones de China, el nuevo motor de la economía mundial, se desplomaron en un 28% durante los meses de enero y febrero del presente año. ¿Se ira el cartesiano señor Pascal Lamy de la dirección general de la OMC sin el necesario acuerdo multilateral, o en su fuero interno él desea que no lo haya por otros intereses…? La cumbre de Londres recomendó destinar hasta $50 millardos para diferentes modalidades de financiamiento comercial a través del Banco Mundial. Se estima que unos $200 millardos serian canalizados por medio de diferentes agencias especializadas, como el Import-Export Bank de Estados Unidos. Pero este financiamiento se dirigirá principalmente a los exportadores e importadores de los países desarrollados y ninguna asistencia financiera puntual podrá sustituir el efecto multiplicador en términos de ampliación del empleo y el ingreso de un ambicioso, equitativo y socialmente responsable acuerdo multilateral de comercio, que genere verdadera riqueza para la economía mundial y brinde nuevas fuentes de empleo sostenible para las naciones pobres y emergentes. El G-20 no es un organismo multilateral con personalidad jurídica propia. Es cierto que sus integrantes representan el 80% del producto interno bruto mundial. Pero cabe preguntarse: ¿Qué es de la vida de la Organización de las Naciones Unidas? Los críticos señalan que debe haber un G-192, y no les falta razón. Por más importantes que sean las naciones desarrolladas y emergentes que conforman el G-20, alguna forma de inclusión del otro 20% de las naciones del mundo es necesaria y diríamos que imprescindible, máxime cuando representan un población proporcionalmente mayor del planeta. El paciente es los 192 países que integran la ONU, a los cuales la Cumbre de Londres recetó aspirinas para tratar una bronconeumonía con espasmos cariacos. Se trata de una crisis profunda del modelo de globalización y desarrollo que tomó cuerpo en las ultimas cuatro decadas y que promueve la desigualdad social internacional en medio de la abundancia y de las extraordinarias transformaciones tecnológicas y científicas del planeta. La catástrofe financiera debe servir para diseñar un modelo de economía social de mercado más inclusivo, más ético y más humanitario. De lo contrario, las crisis serán recurrentes y los platos rotos por los excesos de los poderosos los pagarán los países y pueblos más pobres, mono-productores y dependientes. |
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