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Sección: Economía y Petróleo
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Crisis eléctrica y blindaje mental
Norman Pino De Lión
Jueves, 12 de noviembre de 2009
Cuando más de la mitad de los lectores en Internet de un diario de amplía circulación nacional responde en una encuesta que la necesidad de racionar la electricidad obedece, aunque usted no lo crea, a la crisis energética mundial, pueden suceder dos cosas. O bien la propaganda oficial ha sido muy efectiva y convenció a la gente de semejante disparate o buena parte de nosotros ha perdido definitivamente la razón. El racionamiento del suministro eléctrico con el cual se pretende paliar el riesgoso estado del servicio eléctrico no responde a una supuesta crisis energética mundial, de la que nadie habla, ni a las aviesas intenciones del imperio, el cual no parece tener nada que ver con esto. Tampoco pareciera tener algo que ver el Fenómeno del Niño, aunque se trate de una corriente.
La cuestión es mucho más sencilla y obedece a otras razones. Desde hace más de una década no se ha construido una represa hidroeléctrica ni se ha puesto en marcha una sola planta térmica de importancia en el país, de manera que la reserva de generación eléctrica con la que normalmente se debe contar para hacer frente a los paros programados de mantenimiento de plantas, a períodos extraordinarios de sequía o a una situación de emergencia, simplemente se agotó. Ese colchón de seguridad, que generalmente se debe mantener en un porcentaje considerable de la capacidad de producción, desapareció en razón del crecimiento natural de la demanda y la no incorporación de nueva capacidad de generación. Durante más de una década se hizo caso omiso de las reiteradas advertencias sobre el estancamiento de la capacidad de generación frente al crecimiento de la demanda. Tampoco se prestó atención a los planes de inversión en la construcción de presas y plantas de generación, así como en el mantenimiento de los sistemas de transmisión e interconexión. El resultado es que nos encontramos ahora en una delicada situación de precario equilibrio en materia de suministro eléctrico, de la cual sólo podremos salir con soluciones inteligentes, sin el acostumbrado blindaje mental, y no con medidas improvisadas, arbitrarias y coercitivas ni con pañitos calientes, como se pretende enfrentar el problema.
Sin ser experto en la materia, se me ocurre que unas primeras acciones podrían incluir: volver a cambiar nuestra hora oficial, para aprovechar al máximo la luz solar y evitar el solapamiento del atardecer con las horas de mayor consumo eléctrico, estimado entre las seis y las ocho de la tarde; emprender una campaña de racionalización del consumo, el cual tiene como incentivo perverso la persistencia de unas tarifas eléctricas totalmente divorciadas de los costos de producción y de la realidad económica del país; e identificar y corregir las pérdidas e ineficiencias de los sistemas de transmisión, en donde se malgasta una cantidad considerable de energía. El uso de bombillas ahorradoras fue una buena idea; pero no sirve de mucho si no hay disponibilidades suficientes y oportunas para su reemplazo. Asimismo, la creación de un ministerio para la electricidad debería traer consigo la racionalización de las actividades gerenciales del sector, que constituyen poco menos que un disparate. Finalmente, algún día se debería poner orden al caos del suministro eléctrico a las zonas marginales de nuestras ciudades, que implica costos irrecuperables y situaciones de peligro, además de una pésima calidad de servicio para sus habitantes.
normanpino@yahoo.com
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