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Opinión y análisis

Importa la estabilidad: por favor, no desorienten a la economía venezolana
Tomás G. Barbarrusa

 
Martes, 5 de diciembre de 2000

He leído en Analítica.com Analítica.com un artículo del Sr. D. Javier Rodríguez titulado Importar estabilidad: buscando un norte para la economía venezolana, publicado el viernes, 24 de noviembre de 2000. En el tiempo que he dedicado durante mi vida a la lectura de artículos de Economía jamás había visto una sucesión tan tremenda de dislates. La indignación que me provoca el uso irresponsable de la retórica economicista y la frecuencia en el uso de aseveraciones tan peregrinas, me obligan a contestar de la siguiente manera. Entre otras cosas, porque este señor en vez de buscar el norte, más bien, ha perdido la brújula.

    a. El Sr. Rodríguez dice:

    "Estoy de acuerdo con que en Venezuela, gobierne quien gobierne, no puede llegarse a la estabilidad macroeconómica, y que por tanto necesita "importar" esa estabilidad. A las economías del sur de Europa, el Euro les ha proporcionado esa disciplina monetaria que necesitaban, si bien es cierto que las diferencias de estos países con los países del norte de Europa, principalmente Alemania, eran menores que las de Venezuela con Europa. Aún así hay consecuencias negativas: Alemania puede exportar a los EEUU con un Euro bajo, automóviles Mercedes, BMW, etc.; el resto de los países exportamos vinos, aceite, pasta, naranjas, zapatos...etc, porque el mercado estadounidense es muy competitivo y está muy protegido para empresas que no sean altamente competitivas en tecnología, esto es, concretamente, que no sean alemanas o japonesas. (...) Más aún, ni siquiera cumplir en un plazo razonable de tiempo, los criterios de convergencia macroeconómica que se exigieron en la constitución del Euro y que se exigen a los Estados Candidatos: déficit hasta el 3% del PIB e inflación que no supere en más de un 1.5% la media de los países de la zona Euro (actualmente en torno al 2.5%), son los dos más importantes".

    No creo que, en rigor, actualmente alguien con un mínimo de juicio crítico dé por hecho la estabilidad europea en torno al euro. A pesar de los diferenciales en todo tipo de tasas entre los países del sur de Europa, en particular, las de España y sus vecinos del norte, las tendencias de aquéllas desde los años 70 han seguido sendas muy parecidas y las dificultades para cumplir los requisitos de convergencia durante toda la década de los 90 no excluyó a ninguna de estas economías (en 1998, un año antes de la UEM, sólo Luxemburgo cumplía todos los requisitos), si bien afectó de forma más acusada a los países "PIGS" (Portugal, Irlanda, Grecia, que no los llegó a cumplir, y España). En cualquier caso, la estabilidad sobrevenida por la convergencia no se debió al euro, porque éste es posterior y consecuencia de aquélla. Como bien se sabe, era necesario cumplir previamente los requisitos macroeconómicos de convergencia para pertenecer a la UEM. Por otro lado, tampoco se puede achacar la estabilidad al mantenimiento casi inflexible de las paridades monetarias de los Estados Miembros de la UEM, porque desde la crisis del SME de 1993 éstas podían variar hasta en ¡un 30%!, con una banda de fluctuación de _______Deduzco de las palabras del Sr. Rodríguez que la disciplina monetaria que impone el euro da estabilidad macroeconómica a los países miembros de la UEM y eso, desde tan sólo dos años vistos, todavía está por ver. Aun no apuesto por ese caballo como ganador. Mucho respeto merecen, en este contexto, las posiciones euroescépticas, el wait & see británico, la neutralidad sueca, el no al euro en el referéndum danés o el descontento de los alemanes por la pronta desaparición del marco.

    La convergencia fue posible como resultado de un largo proceso que no afecta exclusivamente a los países de la UE sino que, por lo menos, se extiende a todos los países de la OCDE, cuyas tendencias macroeconómicas han venido comportándose de forma paralela bajo los auspicios, vigilancia y recomendaciones del FMI.

    En efecto, la ideología neoliberal imperante espoleada por el monetarismo de Chicago se planteó como objetivo principal el recorte y control de la inflación. Pero este fin no fue únicamente económico puesto que, además, supuso cuestionar, si no abandonar, el paradigma keynesiano (y, con ello, su modelo social) que, desde 1945, había inspirado la política de las economías llamadas mixtas de Occidente. Frente a las políticas de demanda, desde principios de los 80, el thatcherismo o la reaganomics, como se quiera decir, combatieron a la inflación mediante instrumentos de oferta y a costa de una política restrictiva que conllevó una larga recesión y un precio elevadísimo en desempleo y destrucción de stock de capital (aunque esto último justificado a posteriori por la reconversión tecnológica) durante toda esa década. Al final, la inflación cedió y durante los 10 últimos años su evolución no ha sido preocupante. Esta historia todo el mundo la conoce, pero conviene recordar que no sólo aconteció en USA y UK sino también en el resto de los países antes mencionados con mayor o menor fortuna. Además, durante su evolución, desde una perspectiva políticamente correcta, los organismos económicos internacionales conjuntamente con el G-7 jugaron un papel fundamental en la transmisión de la correa ideológica del neoliberalismo.

    Desconozco la historia y el actual cuadro macroeconómico de Venezuela - supongo que similar al de los países de su entorno - pero no acierto a comprender, en términos estrictamente económicos, cómo importar esa estabilidad. (Quizás, por eso, el autor del artículo que comento lo entrecomilla). De todas formas, esto es lo que la macroeconomía convencional moderna sabe hacer y, probablemente, lo único que podría recetar a Venezuela para alcanzar la estabilidad si así procede, a saber: seguir las recomendaciones de la reaganomics, vía FMI, para atajar la inflación, el déficit y la deuda, sanear la economía y crear las condiciones para un crecimiento equilibrado, (si bien, como algunos economistas han señalado , la recuperación provenga siempre del lado de la demanda conforme a un modelo keynesiano clásico). Cosa distinta es suponer que ese país esté dispuesto o pueda pagar el precio social que conlleva. También pueden existir alternativas revolucionarias pero eso no lo estudia la macroeconomía convencional.

    Por otra parte, el Sr. Rodríguez dice: "porque el mercado estadounidense es muy competitivo y está muy protegido para empresas que no sean altamente competitivas en tecnología, esto es, concretamente, que no sean alemanas o japonesas". ¡Qué contradicción afirmar que algo es "competitivo" y está "protegido" a la vez! Se podría escribir, por ejemplo, que el mercado estadounidense es muy competitivo y dificulta la entrada a aquellas empresas cuyo producto no tienen un alto contenido tecnológico, puesto que el proteccionismo, como se sabe, es un término económico que denota evitar la competencia. No obstante, todo el sector industrial y, particularmente, el manufacturero es el que se encuentra más liberalizado o, si se quiere, desregulado en las economías actuales y, por ello, aquí la competencia es feroz.

    b. En el segundo punto vamos a ir por partes, el Sr. Rodríguez dice:

    "En segundo lugar, el Euro/Dólar son dos caras de la misma moneda, y nunca mejor dicho. La dependencia del euro respecto del dólar en el actual momento del ciclo es evidente, y lo seguirá siendo mientras la mayor productividad norteamericana, que se debe a una mayor informatización de su tejido productivo y a su mayor adelanto en la sociedad de la información y la Nueva Economía, les permita absorver competitivamente mayores tasas de interés y de inflación. La sabiduría y su muy afinada sintonización con los mercados del maestro Greenspan también han contribuido lo suyo.

    Yo en esto de la Economía tan sólo me considero un neofito autodidacta pero me parece que tales afirmaciones responden a la más alta de las heterodoxias. Que el Sr. Rodríguez diga que el euro y el dólar son las dos caras de una misma moneda (yo diría la cara y la cruz, resulta más efectivo) me parece bien, pero ese ejercicio de onanismo mental prognótico de que Europa y América serán una realidad económica y política común contrasta, ciertamente, con las declaraciones del Sr. Solana/Mr. PESC, quien sostiene que la guerra comercial entre ambas potencias económicas es un asunto de gran trascendencia que interesará a la seguridad común europea en un futuro próximo. A la prensa de los últimos días me remito.

    Pero continúo. A mí no me parece que la dependencia del euro respecto al dólar sea evidente. Sí la debilidad del primero respecto del segundo, puesto que aquél se ha devaluado casi un 25%, pero no comprendo por qué la relación ha de establecerse en términos de interdependencia si ni tan siquiera se está hablando de transacciones internacionales sino de economía productiva real. En estos términos, el dólar es más fuerte que el euro porque también lo es la economía americana, que ha conseguido hasta el último tercer trimestre ¡120 meses de crecimiento ininterrumpido no inflacionista! (Para sí los quisiera Rato o cualquier otro ministro del ramo). La autoridad económica estadounidense, incluido Greenspan, ha conseguido dirigir este proceso de forma equilibrada, aparte de que algún otro factor inesperado de tipo exógeno ha contribuido a ello, pero la forma como ha actuado es de manual. Por eso, vamos a dejar la sabiduría para Lao zi.

    El Sr. Rodríguez prosigue:

    "(...) y lo seguirá siendo mientras la mayor productividad norteamericana, que se debe a una mayor informatización de su tejido productivo y a su mayor adelanto en la sociedad de la información y la Nueva Economía, les permita absorver competitivamente mayores tasas de interés y de inflación".

    [¡¿¿*??!] Estoy completamente convencido de que el Sr. Rodríguez es incapaz de explicar que la mayor productividad norteamericana permite "absorver competitivamente" (por cierto, absorber se escribe, la segunda, también con b) mayores tasas de interés y de inflación. ¿Que quiere decir con semejante rimbombancia?

    Durante la década de los 90, esto es, durante la llamada Era Clinton la economía norteamericana se ha caracterizado por un crecimiento sostenido, no inflacionista y sin cuellos de botella de la capacidad productiva. A ello ha contribuido decisivamente el uso de las TIC propias de la Nueva Economía, elevando el nivel de producción potencial, disminuyendo costes y, en consecuencia, aumentando la productividad. Es más, la tasa de crecimiento económico ha estado creciendo por encima de la tasa de productividad, lo cual ha permitido, a su vez, teniendo en cuenta la flexibilidad de los mercados USA, no sólo disminuir la NAIRU (Non Accelerated Inflation Rate of Unemployment) sino además el incremento de los salarios y, en el momento en que esto escribo, una tasa de inflación contenida en torno al 4% (¿tasa natural?) y unos tipos de interés a largo en torno al 6.5% (anteriormente eran menores). Este modelo de equilibrio coyuntural se ha mantenido más o menos estable durante los 90 y, que esto es así, queda patente en que la burbuja especulativa de la bolsa de Wall St. no se manifiesta hasta el final de este período (porque hasta hace poco no era tan especulativa, callaba Greenspan). Corolario: el incremento de la productividad de la economía norteamericana no tiene por qué tener un componente inflacionista mientras que, contra todo pronóstico, el Sr. Rodríguez demuestre lo contrario.

    c. En tercer lugar, el Sr. Rodríguez dixit:

    "La apuesta venezolana actual está claramente vinculada a un precio del petróleo en torno a 28$/barril. La constituyente económica se basa en que a partir de unos ingresos regulares del estado procedentes de la renta petrolera a ese precio, puede lograrse, aplicando una economía mixta (llámesele 3º, 4º; ó 5º; vía, calle o avenida) desarrollo económico para el país y mejora sin costo social, incluso con mejora. Mixta en el sentido de que es neokeynesiana y proteccionista en lo micro, neoliberal en lo macro: privatizaciones, subasta de nuevas licencias telefónicas en el mercado internacional, etc".

    ¡Cuántas aberraciones en tan corto espacio! Yo no dudo que a veces resulta complejo discernir los límites que separan lo micro de lo macro, pero si hubiera que nombrar al macroeconomista por excelencia ese no sería otro que J. M. Keynes. Su Teoría General es una alternativa mediante el análisis de magnitudes agregadas (oferta, demanda, renta, empleo, etc.) a las soluciones de equilibrio de la Economía clasica. El propio Keynes lo dice en el Prefacio: "Este libro es un estudio de las fuerzas que determinan los cambios en la escala de producción y de ocupación como un todo" . Y deja muy claro en la Introducción del Libro I que: "He llamado a este libro Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, recalcando el sufijo general, con objeto de que el título sirva para contrastar mis argumentos y conclusiones con los de la teoría clásica (...)" . ¡Más macro imposible! En esta misma línea, tampoco se puede argüir que los enfoques teóricos de Harrod, Kalecki, Robinson, Kaldor o, más recientemente, Minsky, Asimakopulos, Goodwin o Shaikh, representantes muy significativos del eclecticismo postkeynesiano (que no neokeynesiano), sean de tipo microeconómico.

    Pero la cosa no acaba ahí, en cualquier manual de Economía temas como el estudio de la determinación de los precios, la estructura de costes, la competencia imperfecta, el monopolio o la empresa se encuadran en el campo de la microeconomía. Por ende, también en ese espacio es donde se deben analizar las privatizaciones y toda suerte de concesiones y licitaciones administrativas (incluidas las de UTMS).

    El Sr. Rodríguez continúa:

    "Uno de los asesores económicos del Presidente trabajó en España, en la Facultad de Económicas de la Universidad de Alicante. Me parece que su enfoque económico recoge influencia del desarrollo español de las dos últimas décadas y de la economía europea en general. ¡Por fin alguien en las élites económicas venezolanas que no viene de los EEUU! Creo que puede ser saludable.

    Pero sea como sea, una elevada renta petrolera produce las distorsiones económicas que ya conocemos, debidas a la extrema dependencia del país respecto de un único recurso, cuyo precio, además, es volátil. Dependencia que es tanto más perjudicial porque fuera del petróleo la economía del país es tercermundista o, en el mejor de los casos, propia deun país en vías de desarrollo que se relaciona con el mundo desarrollado en los términos neocoloniales de Bretton Woods: exporto un recurso (cacao, café, petróleo o sexo, que tristemente es la base del turismo de los países caribeños, con Cuba y Dominicana a la cabeza), e importo lo demás. Pago en bolívares, y ahorro en dólares. Pero la globalización ya no consiste en eso, o principalmente en eso: si se echa un vistazo a la evolución de las inversiones directas de las dos últimas décadas, se constata un crecimiento hacia países sin abundancia de recursos naturales, como Corea del Sur, en los que se produce para el mercado mundial, que es visto ya como único. La gente educada y formada en los años de la Venezuela saudita no debe tener fácil imaginar un nuevo encaje de Venezuela en el mundo, de ahí la inmediatez de la respuesta de muchos de ellos: ¿cuál es el país más desarrollado? EEUU. ¿Cuál es el sistema económico con el que funcionan? Neoliberal. Pues apliquémoslo".

    Pasando por alto las referencias al asesor alicantino, la globalización no abole automáticamente las relaciones desiguales entre el Norte y el Sur, al contrario, se sirve de ellas y, es más, la caída del muro ha ampliado el espacio de ese Sur intensa y extensamente explotado. ¿Qué propone el Sr. Rodríguez? ¿Que los Estados políticamente correctos renuncien a explotar económicamente, aun de forma desigual, los recursos de los que disponen? ¿Qué hacemos entonces con la teoría de las ventajas comparativas? Tristemente, en los sistemas mercantiles, y el capitalismo es uno de ellos, los actores económicos sobreviven a costa de vender lo que tienen o pueden hacer (legal o ilegalmente): cacao, café, petróleo, vainilla, cocaína, armamento, mano de obra barata o sexo mientras haya demanda efectiva y solvente (y eso, el Sr. Rodríguez lo sabe muy bien). En Corea del Sur no ha habido milagro alguno, no se les ha aparecido a tres pastorcillos la virgen de Seul para que se hagan grandes gurús de la economía. Ese país y el resto de los llamados tigres asiáticos explotan la abundancia relativa de un factor del que disponen: mano de obra barata - el trabajo, como la tierra, también es un recurso primario - y, con ello, han conseguido atraer inversiones extranjeras favorecidas por la deslocalización que fomenta la globalización. La globalización consiste, en buena medida, en eso. Los anglófonos lo llaman dumping, en español competencia desleal. Además, el pagar en bolívares y ahorrar en dólares (lo cual, no estaría nada mal) es lo de menos, lo importante es que basta con abrir cualquier diario económico de la mañana para percatarse de que los precios de las materias primas no los fija el productor sino los mercados de Nueva York y Londres (no sólo los del Brendt, sino ¡Hasta los del zumo de naranja!) y se consignan en dólares y en libras esterlinas. El neoliberalismo no se aplica, amigo mío, se impone.

    d. Según el Sr. Rodríguez:

    "La puesta en marcha de la economía venezolana sólo puede empezar recurriendo al petróleo: o lo privatizas o lo diriges tú mismo. Esta segunda vía es la que se ha tomado, y firmemente. La cuestión es, pues, solucionar la inestabilidad que los elevados ingresos petroleros provocan. A mi juicio, esta solución no pasa por importar estabilidad vía disciplina monetaria asumiendo el Dólar o el Euro: Argentina, actualmente, está realmente mal porque no puede resistir la dolarización. Tiene un déficit comercial enorme, ya que sus productos no son competitivos: no tienen suficiente tecnología para entrar en los mercados de los países desarrollados, y son demasiado caros para los países de su entorno (...).

    Si la solución para conseguir esa estabilidad no empieza por la moneda, ¿por dónde empezar? Creo que la solución para Venezuela es que redimensione su industria petrolera, lo cual puede hacerse de dos formas: la primera, reducir la producción, destruir pozos, etc, es insensata; la segunda es aumentar el espacio económico en el que la economía petrolera se inserte, de suerte que la economía no petrolera pueda desarrollarse sin acusar el pressing agobiante del oro negro: esto es, yendo a una integración económica y social más amplia y profunda con los países del entorno; construyendo una comunidad política, económica y social sudamericana, liderada por Brasil, con capacidad de actuar como actor político y económico con voz y decisión propias en el contexto de la globalización que a todos, también a los más poderosos, nos obliga y restringe. El petróleo de esta nueva Comunidad Sudamericana tendría un porcentaje menor sobre el PIB total del que ahora tiene el de Venezuela sobre su PIB, lo que permitiría desarrollar la otra economía. Este redimensionamiento permitiría que la economía petrolera y la no petrolera puedan desenvolverse juntas con fricciones, pero sin salirse de lo que es normal en cualquier mercado capitalista, en el que conviven empresas de distinto tamaño y distinta posición en el mercado. Sin duda que esto implicaría una competencia entre países hermanos, en la que todos ganaría y todos perderían; sería un reajuste económico por sectores a escala sudamericana, y en cada sector habría una o dos empresas líderes de uno o dos países. Esto produciría conflictividad social, procesos de difícil reajuste económico y una convergencia económica en la que los Estados sólo intervendrían para poner las reglas comunes del juego (...)".

    El Sr. Rodríguez delira ¡¿Cómo que los elevados ingresos petroleros provocan inestabilidad? ¿Qué es eso de reducir producción, destruir pozos... El pressing agobiante del oro negro?! Es de sentido común que nadie destruye activos rentables de la misma forma que nadie, por regla general, sufre un profundo trauma depresivo porque le toque la lotería o le suban el sueldo. Si Venezuela (caeteris paribus) incrementa sus ingresos gracias al aumento del precio del petróleo en los mercados internacionales ¡Bingo! Bienvenidos sean para ese país, así tendrán mayores posibilidades de gasto, consumo e inversión y, por tanto, de crecimiento, de generación de empleo y, en definitiva, de Bienestar Económico Neto.

    Es más, el redimensionamiento necesario de la economía del que habla se vería grandemente favorecido por este aumento del precio del crudo, aunque, evidentemente, dependiendo del uso que se haga de esas ganancias de renta. Es un problema de distribución, mas, desde una consideración políticamente correcta, en una economía mixta y democrática (sin corrupción ni despilfarro caprichoso) una política de gasto bien planificada y un funcionamiento racional de los mercados son instrumentos fundamentales para la adecuación de la estructura económica de Venezuela a la fase actual de desarrollo capitalista, teniendo en cuenta su posición periférica. España también es un país secundario aunque el Sr. Aznar patalee por querer pertenecer al G-8.

    Por otra parte, aun no existe evidencia empírica de que la dolarización o la euroización de economías no pertenecientes a estos sistemas monetarios les favorezca o perjudique a largo plazo. En algún medio he leído que los intentos de dolarización realizados en Argentina y en algún que otro país latinoamericano son experimentos gestados en los departamentos de la Universidad de Chicago sin resultados convincentes. No obstante, acuñar moneda, recaudar impuestos y declarar la guerra son las tres funciones soberanas clásicas de los Estado-naciones y una cesión de este tipo mermaría la capacidad de los mismos, tanto en el ámbito económico como en el político. Este debate resulta estéril a no ser que la ineptitud y/o deshonestidad de la clase política así aconsejaran su aplicación. De todas formas, estoy convencido de que el ministerio de economía venezolano cuenta con eficientes técnicos que saben lo que hay que hacer.

    El buen Sr. Rodríguez concluye su cuarto punto de análisis como sigue:

    "(...) Aún así, cualquier gobierno podría encontrar la legitimación de este proceso recurriendo a los beneficios futuros de la construcción de un espacio sociopolítico mejor, y en todo caso ineludible para poder actuar soberanemente en la globalización. Se cambiaría la demagogia por ilusión de futuro: ilusión bolivariana, sí, aunque aquel buen señor no supiera nada de economía.

    Sin comentarios.

    e. Para no seguir aburriendo concluyo con algunas joyas contenidas en los siguientes puntos del artículo de marras que hablan por sí solas:

    "Son los procesos de concentración económica los que unen a los pueblos (...)" (punto 5).

    "La "economía social de mercado", concepto que popularizó el economista Ludwig Erhardt en los años del milagro económico alemán, sería un punto de orientación más practicable que la escuela de Chicago y la vuelta encubierta al patrón oro bajo el objetivo económico del déficit cero" (punto 6).

    Como decía el torero, en dos palabras, "in-comprensible". No es a través del intelecto como se alcanza el Ser; el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene que ver con la Sabiduría. Es la moraleja de un viejo cuento hindú titulado El barquero inculto. Igualmente, en muchas ocasiones, el propio sentido común es suficiente para desenmascarar la ignorancia oculta tras petulancias intelectuales y alardes de pretendida erudición. En fin, espero que el Sr. Rodríguez, actuando cual Landru, no alcance ni tan siquiera a desorientar el futuro económico y social de la joven República bolivariana. ¡Que Dios nos coja confesados!

email:tgbarbarrusa@inicia.es

 

 

 
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