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Opinión y análisis

La avalancha presupuestaria
Fernando Luis Egaña

 
Domingo, 24 de diciembre de 2006

La verdadera avalancha que sacudió al país en el 2006, no fue la electoral de Manuel Rosales sino la presupuestaria de Hugo Chávez.

Los números son elocuentes: en el 2004 el "Gobierno bolivariano" aumentó su gasto anual en 45%; en el 2005 lo aumentó de nuevo en un 43%; y en el 2006 lo volvió a aumentar en un 46%, hasta llevarlo a la cifra colosal de 125,5 billones de bolívares, o el equivalente al 38% del Producto Interno Bruto. Para que se tenga una idea comparativa, el presupuesto de la República de Venezuela en 1998 fue de 9 billones. Es decir que el actual es casi 14 veces mayor en términos nominales.

Y esos 125,5 billones del 2006 corresponden a lo establecido en la Ley de Presupuesto y en los sucesivos créditos adicionales. Por lo tanto no incluye a buena parte del gasto de Pdvsa, ni de los "fondos especiales en dólares" que maneja de manera personal el mandatario reelecto. Cuya sumatoria supone un monto gigantesco que no debe estar muy alejado del referido presupuesto formal. Razones no le faltaron a Domingo Alberto Rangel al señalar que el 3-D no triunfó la democracia sino triunfó el presupuesto.

¿Y semejante caudal de recursos es producto de una economía boyante por criterios de confianza e innovación, o de grandes inversiones que le dejan muchos ingresos al país? Nada que ver. Esa botija presupuestaria está buchona por el motivo exclusivo de los altos precios del petróleo en el mercado internacional; cortesía, por cierto, de la demanda generada por el boom económico de China, India y el resto del capitalismo emergente, más el sostenido crecimiento del capitalismo tradicional: Estados Unidos, Europa y Japón. En pocas palabras: el capitalismo del siglo XXI es lo que sostiene a nuestro supuesto socialismo de siglo XXI. Qué ironía, ¿no?

De nuevo, para que se tenga idea comparativa, el valor de las exportaciones petroleras de Venezuela pasó de 12.295 millones de dólares en 1998, a más de 55 mil millones en el 2006. Y no por causa de mayor producción o productividad, sino por la mera elevación de los precios. Recordemos que en la década de los años 90 el precio promedio de la cesta petrolera nacional se ubicó entre 14 y 15 dólares por barril, y en el presente supera los 50 dólares.

Así mismo, ¿ese gigantesco presupuesto oficial se dedica a crear fuentes de empleo digno y productivo, o más bien se concentra en la distribución socio-política? ¿Es para construir viviendas o para financiar el activismo proselitista? ¿Es para aumentar la producción venezolana o para subsidiar las importaciones gringas a niveles siderales? ¿Es para crear redes de crédito popular de verdad, o para enriquecer aún más a la boliburguesía bancaria? En suma, ¿es para construir las bases de un nuevo bienestar, o para crear la "sensación" de un bienestar? Las respuestas no son difíciles de encontrar, aunque para muchos no sea fácil asimilarlas.

El caso del estado Vargas es dramáticamente elocuente. Allí la avalancha presupuestaria, luego de la devastación de 1999, no ha sido para la recuperación del desarrollo económico y social, o la creación de nuevas fuentes de empleo, o más movimiento turístico, o más comercio, o más actividad laboral, o nuevos hospitales, o mejores centros educativos, o la ampliación del puerto, o la reapertura de los hoteles… No, la prioridad ha sido y es otra: la conexión directa con el presupuesto para estimular el consumo a corto plazo y vincularlo de manera férrea a la adhesión política.

El esquema produce resultados en el ámbito comicial en la medida que el chorro millardario aumenta gracias a la bonanza internacional del petróleo. ¿Realidad absoluta? Claro que no, pero sí de gran valor para entender variables de comportamiento social y político en densos sectores de la población. Ignorar esta perspectiva sería como emular a la avestruz que esconde la cabeza debajo de la tierra con el fin que desaparezca el entorno negativo.

Un objetivo del llamado "socialismo de siglo XXI" es la dependencia cada vez mayor del conjunto de la nación al abultado presupuesto del Estado rojo-rojito. La avalancha presupuestaria con color político se seguirá precipitando en esa dirección durante el 2007, pero más temprano que tarde un "modelo" tan artificial como delirante se quebrará para darle paso a una nueva etapa.

flegana@telcel.net.ve

 

 

 
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