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Opinión y análisis

Se repite en la economía venezolana crecimiento no sustentable
Simón Saba

 
Viernes, 15 de diciembre de 2000

La economía venezolana está estructuralmente enferma, y todavía ninguna de las propuestas que se han planteado, ni durante este gobierno ni los anteriores ni en la oposición política, empresarial e intelectual, apuntan a resolver el problema de una manera clara y seria. La posible solución no significa que entonces todos mejoraremos automáticamente, sino que aquel que trabaje podrá mejorar su situación personal, y que las herramientas de política económica serían más predecible, y por lo tanto, de más fácil aplicación.

Ya las últimas cifras económicas apuntan no a una desaceleración, sino a un nuevo retroceso en la economía, o sea, a un decrecimiento. Por razones lógicas podemos prever que en el último trimestre del año la economía puede acelerarse más que en el resto del año, e incluso, tendría su mayor crecimiento en lo que va de gestión gubernamental, pero no habrá llegado todavía el momento de decretar la fiesta. La razón fundamental por la cual en el período octubre - diciembre del 2000 la economía mejoro´ es que en 1999, en esas fechas, hubo abundantes lluvias que llevaron la tragedia a casi toda Venezuela, especialmente en el estado Vargas. La economía se paralizó, y en diciembre el país colapsó, a tal punto que el comercio prenavideño fue muy bajo, y muchas vías de comunicación dejaron de funcionar por inclemencias de la naturaleza.

Afortunadamente, en el año 2000, si bien las lluvias se prolongaron hasta enero, el resto del año fue mucho más suave, y podemos decir que la temporada de sequía (verano) ya comenzó en sus fechas normales, así que el país está restableciéndose, y si comparamos la actividad económica del bimestre diciembre 2000 - enero 2001 con el mismo período de doce meses atrás, la diferencia será notable. Por eso no nos extrañaremos si cuando salgan las cifras de crecimiento que correspondan a este período haya números altos, como que las ventas al detal se incrementaron en 10, 20 ó 40 por ciento respecto al año anterior.

No hay que cantar victoria. Pero el crecimiento económico que sin lugar a dudas se registrará en el último trimestre del 2000, si bien debe ser alto, tiene una explicación puntual (por supuesto que algunos magos de la comunicación podrán alegar que ahora sí el país se enrumba por los buenos senderos, pero en guerra avisada no muere soldado, y cuidado si ese sendero no resulta ser como el Sendero Luminoso del Perú).

Hay otras cifras que comienzan a preocupar, y si el temor se cumple, puede representar una tragedia para Venezuela debido a las estructuras tanto de la economía como del gasto público. Me refiero al precio del petróleo.

El tipo de crecimiento que se proyecta se basa en el gasto público, particularmente al improductivo, pero en volúmenes muy altos. Ese gasto será financiado de dos maneras: 1) ingresos petroleros, y 2) endeudamiento. No podemos contar mucho con otras fuentes como el aumento de la recaudación tributaria interna, porque en una economía recesiva bajan los pagos de impuestos, especialmente el IVA (que podría aumentar entre diciembre y enero por las razones ya citadas). Y para el año 2001 el sustento en petróleo y deuda es particularmente fuerte. Tan fuerte es que al tambalear uno solo de ellos, la economía y el gobierno se pueden ir a pique. Por ejemplo, si el precio del petróleo baja a US$ 20 el barril, ya habrá problemas, si baja a 15 tendrán que recurrir al Fondo de Estabilización Macroeconómica, y si se colocara por debajo de ese nivel, como a 10, entonces estaríamos hablando de una "bomba atómica" económica. La única tabla de salvación que tienen las finanzas públicas es actuar concertadamente con los otros países exportadores de petróleo, especialmente la OPEP. Los gastos gubernamentales fueron calculados en los días en que el barril se cotizaba cerca de US$ 30, y aún así ya incorporaban un altísimo endeudamiento público, tanto interno como externo. Si se cumplieran los deseos de contraer nueva deuda externa, podría ser el mayor salto interanual desde hace casi 20 años. Pero una cosa es querer y otra poder. Me explico. Yo deseo endeudarme, pero quienes me darán el dinero quieren conocer mi situación, y si no confían mucho en mi entonces no me prestarán en absoluto, o lo harían con tasas de interés muy altas para compensar el riesgo. Y debo ver si las personas a quienes les debo rendir cuentas me aceptarán que haya contraído una deuda en condiciones tan desventajosas, así que mejor no lo intento para evitar cuestionamientos o problemas mayores. Sin embargo, el estado tiene todavía la opción adicional que es recurrir al endeudamiento interno (en el caso de una empresa, es algo así como endeudarse con accionistas o personas de confianza), que últimamente ha crecido mucho y ya está por superar al externo, así que no podemos no preocuparnos. Y como se sabe de la teoría económica, el estado, cuando se endeuda internamente, pasa a competir con los entes privados y las personas, así que presiona al alza de las tasas de interés. Por eso, podemos prever que la producción no aumentará substancialmente, si es que lo hace, por la existencia de altas tasas de interés, el cual es un problema que no se resolverá ni siquiera estatizando la banca.

Ya que conocemos la causa de las altas tasas, no es mucho lo que podemos hacer para bajarlas. Si se jugara con los controles directos, podríamos conducir a la requiebra del aún no consolidado sector bancario, y tenemos muy fresca la crisis bancaria de 1994 y 1995. Otra alternativa serían las tasas diferenciales, pero todo el planeta sabe a lo que conducen, es decir, corruptelas, prestamistas preferenciales de segundo y tercer grado, bochinche, etc.

Consolidación de la "enfermedad venezolana"

No podemos hablar de enfermedad holandesa en el caso de la economía venezolana, porque la producción petrolera casi no emplea mano de obra, es decir, es muy intensiva en el factor capital, y eso es una gran diferencia con una de las versiones más extendidas sobre la definición de la "enfermedad holandesa" (la de las flores, especialmente tulipanes, y que se ubica hace varios siglos, porque hay otra versión, que es la del gas natural, pero sin fecha; si alguien tiene mayores detalles, le agradezco que me los envíe, porque confieso mi confusión).

Tenemos que el modelo económico que sigue vigente y se consolida en Venezuela es que el crecimiento se basa en el sector público y las actividades intensivas en capital (petróleo, hierro, minería, etc. Y telecomunicaciones en su fase inicial), así que las grandes mayorías poblacionales y económicas están al margen, no obtendrán los posibles beneficios que se generen. Y estamos viendo en el entorno actual que las mayorías referidas están renuentes a invertir por la falta de condiciones adecuadas (más económicas que políticas e institucionales, a pesar de lo que muchos dicen), como la sobrevaluación, que seguirá acentuándose, inclusive con un precio petrolero de US$ 15 ó 12. Y dado que las finanzas públicas y privadas están muy comprometidas, y atadas a un solo hilo, que es el precio del petróleo (y para el segundo semestre del 2001 y en el 2002 debe rebasar los US$ 35 el barril para posponer el colapso), la fiestecita económica puede que solamente dure para escuchar una o dos canciones, pero no amanecerá ni llegará a medianoche. Y si el PIB (Producto Interno Bruto) global crece básicamente por 3 sectores (sector público, sector petrolero y telecomunicaciones) mientras los demás decrecen o lo hacen cerca del 0%, entonces ¿de dónde vendrá el empuje para que aumente ese indicador estadístico que es el PIB? Y recuerden que crecimiento no es igual a desarrollo, aunque no puede darse el segundo sin el primero.

El espacio se acaba y no podemos hablar de alternativas, además de que incumplí la promesa de la entrega anterior. Pero esperemos que la fiesta dure lo suficiente como para que al menos en diciembre del 2000 pasemos una Feliz Navidad, y que Dios nos ilumine para que la economía del 2001 arranque con nuevos y mejores rumbos. Que el trabajo, el esfuerzo y el talento individual contrarresten el ambiente macroeconómico desfavorable, porque no le podemos dejar todo ni a Dios ni al gobierno, sino que debemos poner de nuestra parte. ¡Felicidades! Y nos veremos el próximo milenio.

* Economista

 

 

 
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