Caracas, Viernes, 18 de abril de 2014

Sección: Enfoque Económico

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El desempeño económico durante el gobierno de Chávez.
Una comparación con gobiernos anteriores

Humberto García Larralde

Viernes, 6 de agosto de 2004

El referéndum revocatorio del Presidente de la Republica convocado para el próximo 15 de agosto deberá servir de ocasión para evaluar el desempeño del actual gobierno. En fin, se trata de decidir si conviene continuar con la presente gestión o abrir las posibilidades de un cambio que permita otra manera de conducir al país. Una dimensión que necesariamente debe ser examinada para tal fin es la económica. Comoquiera que Chávez lleva más de cinco años en el poder, puede contrastarse el primer lustro de su gestión con períodos similares transcurridos bajo otros gobiernos. En las siguientes páginas se hace una comparación sucinta del desempeño económico de varios quinquenios, comenzando con la primera presidencia de Rafael Caldera (1969)(1) . Para reducir al máximo los sesgos políticos, me limité simplemente a describir lo que señalan las cifras oficiales del Banco Central de Venezuela, del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Gráfico Nº 1

FUENTE: BCV

Una primera variable que debe ser examinada es aquella que resume el desempeño de la actividad económica global del país en un periodo determinado, generalmente referido a un año. A esto se le llama Producto Interno Bruto (PIB). El Gráfico Nº 1 registra el desarrollo del PIB desde 1969 hasta 2003 (ambos inclusive) a precios constantes de 1984(2) , subdividido en los lapsos quinquenales correspondientes a las presidencias que se han sucedido a lo largo de todo el período. Asimismo, el gráfico distingue –además del PIB total de la economía- aquel referido al sector petrolero (incluyendo refinación), como también al resto de la economía (conjunto de actividades distintas a la petrolera).

Puede observarse un crecimiento significativo en la actividad económica (PIB) total, como en las actividades no petroleras, durante los gobiernos de Rafael Caldera (1969-73) y de Carlos Andrés Pérez (1974-78), seguido de una caída –sobre todo de la actividad no petrolera- hacia finales de la presidencia de Luis Herrera Campins (1979-83) y luego un proceso de recuperación, con altibajos, durante los gobiernos de Jaime Lusinchi (1984-88) y de CAP II (1989-93). En el transcurso de la segunda presidencia de Caldera (1994-98) se aprecia un estancamiento en el desempeño del PIB no petrolero -no así de la actividad petrolera, que crece- y un crecimiento del PIB global, atribuible precisamente a la expansión de la industria extractiva de hidrocarburos. El gobierno de Chávez registra una fuerte caída del PIB durante el primer año (1999) y luego una recuperación durante los años 2000 y 2001, para finalmente caer de manera abrupta en los dos años subsiguientes (2002-3).

Gráfico Nº 2

FUENTE: BCV

Si se examina la variación porcentual de la actividad económica en cada quinquenio (Gráfico Nº 2) , es decir, en qué proporción ha crecido o decrecido, el lapso correspondiente a la presidencia de Chávez registra el peor desempeño. En efecto, en este último quinquenio, el PIB global cayó en un 17,6%, el petrolero en un 26,1% y el no petrolero en un 12,9%. Sólo hay un gobierno distinto en el que se registra una caída de las tres variables juntas –el de Luis Herrera Campins- aunque en menor proporción. En el primer gobierno de CAP se observa una fuerte reducción de la actividad petrolera como producto de la desinversión realizada por las empresas transnacionales petroleras previo a la nacionalización de esta industria . Nótese que el crecimiento –modesto- del PIB global cuando la segunda presidencia de Caldera (8,5% en todo el quinquenio) se debe a la expansión de la actividad petrolera, la cual creció en un 34,6% durante ese periodo, como resultado del incremento en las inversiones por parte de PDVSA y de la apertura hacia las inversiones privadas en el sector.

Gráfico Nº 3

FUENTE: BCV; INE y cálculos propios

El PIB también mide el ingreso que los residentes en Venezuela obtienen de la actividad económica en un año. El Gráfico Nº 3 registra el PIB promedio real –es decir, medido a precios de 1984 para eliminar el efecto inflacionario- por cada habitante o, lo que es lo mismo, el ingreso que en promedio tocaría a cada uno de los residentes en Venezuela, dada la actividad económica realizada. También se incluye en ese gráfico el consumo (real) privado por habitante y la inversión bruta por habitante. Cabe señalar que el consumo mide el usufructo de bienes y servicios en el presente, mientras que la inversión debe aumentar la producción de bienes y servicios en el futuro y, por ende, incrementar el consumo futuro.

El gráfico muestra una fuerte caída en el ingreso promedio de cada habitante durante el gobierno de Luis Herrera Campins. A pesar de una leve recuperación durante la presidencia de Lusinchi, llega a registrar un nivel aún mas deprimido en el primer año de gobierno de CAP II (1989). A partir de ahí aumenta el ingreso medio por habitante hasta 1991, para luego permanecer estancado hasta finales del gobierno de Caldera II. En los primeros dos años de Chávez hay una muy ligera recuperación, seguida de una fuerte reducción en los últimos tres años, la cual termina por ubicar el ingreso por habitante en el menor nivel registrado desde 1956.

Por su parte, el consumo medio real por persona retrocede en el quinquenio correspondiente al gobierno de Chávez hasta el nivel que tenía en 1973 y la inversión bruta fija real por habitante cae también a niveles no registrados desde hace más de cincuenta años, salvo por la estrepitosa caída en 1983.

Si se examina la variación porcentual de estas variables por quinquenio presidencial (Gráfico Nº 4), se observa que sólo durante los cinco años de Luis Herrera y de Chávez disminuyen los tres conceptos mencionados –el ingreso, el consumo y la inversión por habitante- siendo mayor la caída durante el gobierno de Chávez, salvo en el caso de la reducción de la inversión bruta fija (FBKF) por persona. En efecto, mientras el ingreso medio o PIB per capita se reduce en un 24,2% durante el gobierno de Chávez, el consumo privado lo hace en un 14,4% y la inversión por habitante en un espectacular 58%, reducción sólo superada por la caída del 90,6% ocurrida durante el gobierno de Luis Herrera Campins. De no revertirse esta bajísima inversión se condenará al país a una disminución del consumo privado de cada habitante hacia el futuro.

Gráfico Nº 4

FUENTE: BCV; INE y cálculos propios

Se sabe que la distribución del ingreso en Venezuela ha sido extremadamente injusta durante el siglo XX. Cabe examinar si la prédica justiciera de Chávez se ha traducido en una distribución más equitativa que –a pesar del deterioro promedio en el ingreso por habitante- haya mejorado la situación de los más pobres. Estudios sobre la distribución del ingreso señalen que ésta se encontraba, para el segundo semestre de 2002, en niveles similares a los de 1995, medido en términos del coeficiente Gini . En la medida en que no ha variado, el número de individuos pobres ha aumentado en la misma proporción que el deterioro en el ingreso promedio, es decir, en un 24%, desde 1998. Esta inferencia coincide con la contabilización realizada por Matías Riutort, del Proyecto Pobreza de la UCAB , en torno al incremento de familias pobres bajo la presidencia de Chávez. Un mayor empobrecimiento es lo que cabría esperar, además, del incremento en el desempleo, de la caída en la productividad y en el salario real, y el menor gasto social por habitante, reseñadas más adelante.

Gráfico Nº 5

FUENTE: BCV

El consumo futuro se encuentra comprometido por la reducción de la inversión bruta del sector privado a apenas un 5,5% del PIB en el año 2002 –último año para el cual el BCV presenta cifras- y por la paulatina disminución en la inversión publica desde 1992 hasta alcanzar solo un 7,1% del PIB (ver Gráfico Nº 5). Globalmente, la formación bruta de capital fijo (FBKF) total registrada en 2002 fue de sólo un 12,6% del PIB, cuando debería estar en torno al 25% para poder impulsar un proceso sostenido de crecimiento capaz de sacar a la población venezolana de la pobreza en el tiempo. En 2003 –año en el cual el BCV no discrimina entre FBKF pública y privada- la inversión bruta fija total colapsó para llegar a apenas un 8,5% del PIB. Cabe señalar el contraste de estas cifras con las experimentadas entre 1968 y 1978 (ambos inclusive), cuando la inversión bruta del sector privado promedió por encima del 31% del PIB.

Si se examina la composición de la inversión pública (ver Gráfico Nº 6), resalta la poca inversión realizada por el gobierno general (Ejecutivo nacional, gobiernos estadales y municipales). Si bien ésta ha sido baja en todo el periodo reseñado, entre 1999 y 2001 –último año para el cual el BCV publica esta discriminación- la inversión del gobierno permaneció por debajo del 2% del PIB, al igual que durante los cinco años de Caldera II. Es decir, ha habido poca inversión en infraestructura, como en su mantenimiento, con el consecuente deterioro de carreteras, edificios, puertos y demás obras publicas que, sin duda, empeora la calidad de los servicios prestados por el gobierno a la población. Por otro lado, en los tres años reseñados del gobierno de Chávez (1999-2001), la inversión realizada por las empresas básicas del Estado, fundamentalmente por PDVSA -en términos de porcentajes del PIB- se reduce a los niveles existentes antes de 1989, año en que se inició un ciclo de expansión en la inversión petrolera que culminó con los recortes de producción petrolera en defensa de los precios instrumentados a finales del gobierno de Caldera II. Chávez ha mantenido esta medida, a pesar de que los precios han alcanzado los niveles más altos en toda la historia del país.

Gráfico Nº 6

FUENTE: BCV

Cuando se miden los ingresos que obtiene el fisco (gobierno nacional) de la explotación del petróleo en Venezuela, es menester eliminar el efecto inflación a lo largo del periodo reseñado. En el Gráfico Nº 7 se registra el ingreso fiscal petrolero por habitante en términos reales, es decir, a precios constantes de 1984 y se le comparó con el consumo público por habitante, en el periodo comprendido entre 1969 y 2003. Esta última variable se refiere al pago de sueldos y salarios y a las compras en bienes y servicios hechos por el sector público para realizar sus actividades, dividido por el número de habitantes del país. En este sentido, se aproxima al valor de lo que el gobierno y las empresas públicas gastan por persona, excluyendo los gastos de inversión.

Gráfico Nº 7

FUENTE: BCV; MinFinanzas; INE.

Se observa que el consumo público por persona permanece notablemente constante (en términos reales) desde 1975, teniendo a reducirse ligeramente en el tiempo, no sin antes experimentar ciertas oscilaciones suaves. Otra cosa evidencia el ingreso fiscal petrolero (real) por habitante, que fluctúa fuertemente. Se puede observar que durante el primer gobierno de CAP este ingreso llega a sus niveles más altos, disminuyendo sucesivamente hasta el quinquenio de Caldera II. No obstante, en los cinco años de Chávez el ingreso fiscal petrolero por habitante –en términos reales- se recupera algo, superando el de los dos gobiernos anteriores. En efecto, si se mide de acuerdo a los precios del año pasado (2003), llegó a promediar 386.253 bolívares (por persona), mientras que durante el quinquenio de Caldera II esta cifra fue de apenas Bs. 252.885 y durante el gobierno de CAP II, de 378.114 bolívares. En este sentido, no es cierto –como plantean voceros del oficialismo- que el pobre desempeño del gobierno de Chávez se relaciona con un ingreso que -corrigiendo por el efecto inflacionario- fue inferior al de los dos gobiernos anteriores. Pero además, debe tomarse en cuenta que el gobierno de Chávez aumentó drásticamente la deuda interna, la cual pasó de 2,3 billones de Bs. en 1998 a mas de Bs. 23 billones a finales de 2003. Esto equivale a que, en términos del poder adquisitivo del gobierno en 2003, la deuda haya aumentado en Bs. 750.102 por cada habitante. Igualmente, la deuda externa también aumenta en USA $ 721 millones entre 1998 y 2003, equivalente a Bs. 736.249,2 millones, o Bs. 31.896,7 por persona. De esta manera, juntando el ingreso fiscal petrolero y el endeudamiento adicional, el gobierno de Chávez, contó –por estos conceptos- con un ingreso promedio por habitante para cada año, de Bs. 707.336, cifra que supera en más del doble a la de los dos gobiernos anteriores y que sólo es excedida por la de los gobiernos de CAP I y LHC .

En total, empero, el consumo público aumentó durante el gobierno de Chávez, como lo atestigua el Gráfico Nº 8. No obstante, la expansión de este gasto se queda bastante por debajo del ocurrido durante los quinquenios de CAP (I) y de Lusinchi, y se iguala al que tuvo lugar durante los gobiernos de CAP II y de Luis Herrera Campins -en torno al 11%. En contraste, el consumo privado disminuyó durante estos últimos cinco años en una medida aún mayor que durante el quinquenio de Caldera II, único otro periodo gubernamental –entre los reseñados- en que esta variable disminuye.

Gráfico Nº 8

FUENTE: BCV

El pobre desempeño de la economía venezolana luego de 1978, en particular, la caída en la inversión, tiene efectos adversos en el nivel de empleo. En el Grafico Nº 9 se registra tanto el número de desempleados como el porcentaje de la población económicamente activa (PEA) que se encuentra desempleada, ambas correspondientes al segundo semestre de cada año. Se observa una subida brutal en el porcentaje de desempleados durante el gobierno de Luis Herrera Campins, que coincide con el colapso de la inversión mencionada antes. Luego de disminuir durante los dos quinquenios subsiguientes, el desempleo aumenta significativamente durante los gobiernos de Caldera II y de Chávez, llegando, en este último a las cifras más altas desde que se registra esta variable (16,8% de la PEA). En total, son más de dos millones de personas que se encontraron desempleadas en el segundo semestre de 2003, según cifras oficiales (INE). Adicionalmente, debe considerarse que actualmente más de la mitad de la fuerza de trabajo se encuentra empleada en el sector informal, devengando, en promedio, remuneraciones inferiores al salario mínimo. Para 2003, el numero de personas empleadas en el sector informal era de unas 6 millones. Nótese que las cifras de encuestadoras privadas y de la CTV coinciden en señalar números más elevados.

Gráfico Nº 9

FUENTE: INE (antes OCEI)

La caída en la inversión tiene también un impacto irremediable en la productividad laboral. La productividad es una medida de la eficiencia con que se utilizan los recursos económicos, siempre escasos. La productividad laboral mide la cantidad de bienes y servicios que, en promedio, produce un trabajador en un tiempo determinado y, por ende, va a incidir en el pago con que se le remunera. En el tiempo, es la productividad –es decir, la eficiencia productiva- la que determina el ingreso real y el nivel (material) de vida de la población. En un país en el que la productividad disminuye, irremediablemente se reduce también el ingreso promedio, incluso en el caso de Venezuela, frecuentemente “beneficiada” por alzas inesperadas en los precios del petróleo.

En el Gráfico Nº 10 se registra el desempeño de la productividad laboral y de la remuneración (real) promedia al trabajo durante el período reseñado, medido en números índices (la remuneración de 1997 corresponde a 1 o sea, al 100%). Se observa que la productividad laboral comienza a disminuir a partir de 1974. Ello se acentúa con la caída de la inversión reseñada arriba (a partir de 1979), para incrementarse algo durante los cuatro últimos años de CAP II. A partir de ahí prosigue su descenso, acelerándose en los cinco años del gobierno de Chávez. Esta mayor ineficiencia en el uso de los recursos económicos se refleja irremediablemente en la remuneración al trabajo, sean cuales sean los deseos oficiales y las medidas de incremento salarial decretadas. Durante el quinquenio correspondiente a la presidencia de Chávez, se evidencia un intento por mejorar el salario real en los primeros dos años (1999 y 2000) que no pudo sostenerse por el colapso de la productividad laboral. Para 2003, la productividad laboral y la remuneración al trabajo cayeron a niveles no vistos desde la década de los 50, signo inequívoco del empobrecimiento de la población venezolana.

Gráfico Nº 10

FUENTE: BCV; INE

Al reseñar la variación porcentual de la productividad laboral y de la remuneración real al trabajo por quinquenio (Gráfico Nº 11), se observa que, durante el periodo que corresponde al gobierno de Chávez, la productividad cae en una proporción mayor que en cualquier otro quinquenio, incluido el que corresponde a la presidencia de Luis Herrera Campins cuando -como se observó arriba- colapsó la inversión. Empero, los aumentos de sueldos y salarios decretados durante los dos primeros años del gobierno de Chávez resultaron en una caída en la remuneración –en términos porcentuales- inferior a la ocurrida durante el gobierno de Luis Herrera. Cabe señalar que durante el primer gobierno de Caldera y los dos de CAP, la remuneración real al trabajo se incrementó sustancialmente.

Sólo en materia de inflación y de estabilidad del tipo de cambio muestra el gobierno de Chávez un desempeño comparativamente favorable con respecto al de sus tres antecesores. En efecto, entre diciembre 1998 y diciembre 2003 la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del área metropolitana de Caracas y del precio del dólar, fue de 154,9% y de 183,9%, respectivamente (Gráfico Nº 12). Las cifras para los gobiernos de Lusinchi fueron de 170,6% de inflación y 247,6% de devaluación, de CAP II, 522,6% y 207,4%, respectivamente, y para Caldera II, 872,1% y 439,2%. No obstante, este mejor desempeño en el comportamiento de los precios no se tradujo en mejoras en el poder adquisitivo de la población, sino todo lo contrario, como fue comentado arriba.

Gráfico Nº 11

FUENTE: BCV

Conviene también examinar el desempeño económico del país durante los distintos gobiernos relacionándolo con las exportaciones y el comportamiento del sector externo en general. Venezuela es un país altamente dependiente de las exportaciones petroleras y, en la historia del siglo XX, éstas han incidido de manera bastante significativa en la actividad económica en general.

En el Gráfico Nº 13 se registran las exportaciones venezolanas acumuladas en cada uno de los quinquenios reseñados, pero medidos en dólares constantes de 1984 para eliminar el efecto inflacionario de las transacciones en esa moneda. Se observa que, después de los gobiernos de CAP I y de Luis Herrera Campins, es durante el quinquenio de Chávez cuando se evidencian las mayores exportaciones petroleras (reales). En efecto, éstas superaron en un 31% a las de los cinco años de Caldera II –si bien las exportaciones no petroleras resultaron ser ligeramente menores- y en un 45% a las que se acumularon durante el gobierno de CAP II. Recordando los indicadores que revelan el desempeño económico durante los distintos quinquenios reseñados, resalta que los gobiernos que peor provecho han sacado de las exportaciones petroleras registradas han sido, sin duda, el de Luis Herreras Campins y el de Chávez.

Lo anterior tiene que ver con la capacidad del país para absorber, es decir, gastar a través del consumo y de la inversión, el ingreso proveniente de las exportaciones. Un menor gasto en consumo e inversión de lo que permite el ingreso por exportaciones se refleja necesariamente en una menor cantidad de bienes y servicios importados. En este sentido, saldos favorables en la balanza comercial de un país con el resto del mundo –de mantenerse en forma reiterada- resultan ser indeseados, por cuanto son expresión de un nivel de consumo y de inversión inferiores a los que potencialmente podrían alcanzarse, dada la magnitud del ingreso obtenido por las exportaciones. Este menor gasto resulta forzosamente en un ahorro en moneda extranjera que ocasiona un nivel menor de bienestar para la población. Precisamente, uno de los graves males que ha aquejado a la economía venezolana durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX ha sido su incapacidad para aprovechar cabalmente el ingreso externo obtenido por las exportaciones de petróleo, para elevar el consumo y la inversión y, con esta última, asegurar crecientes niveles de consumo futuro.

Gráfico Nº 12

FUENTE: BCV y cálculos propios

En el Gráfico Nº 14 se reseña el saldo en bienes acumulado durante los distintos quinquenios examinados, es decir, el saldo de la balanza comercial sin contar los servicios, medido en términos reales (dólares de 1984) por habitante en el país. Se observa que, proporcionalmente, el mayor ahorro generado –la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes- ocurre en los dos gobiernos de Caldera, como en el de Chávez, periodos en los cuales el provecho interno de las exportaciones petroleras fue mínimo, con efectos adversos sobre el nivel de consumo de la población. En efecto, durante los cinco años recién transcurridos del gobierno de Chávez hubo un ahorro forzoso equivalente al 47% del valor de las exportaciones, de 41% durante el gobierno de Caldera II y de 38% cuando el primer gobierno de Caldera. Es decir, de operar una política económica acertada, el nivel de consumo y de inversión por habitante podría verse incrementado hasta en un 47% (gobierno de Chávez) sin por ello comprometer el equilibrio de la balanza comercial .

Estas cifras revelan mucho de la pertinencia de mantener políticas de producción y de exportación petrolera destinadas a maximizar los precios de venta y, con ello, elevar los ingresos que capta el país por las exportaciones de este hidrocarburo en los mercados internacionales. En fin, ¿Qué sentido tiene recortar la producción para subir los precios si, como lo evidencian las cifras, el país no es capaz de aprovechar este mayor ingreso para incrementar sus niveles de consumo y de inversión, es decir, para mejorar los niveles de bienestar económico?

Gráfico Nº 13

FUENTE: BCV y cálculos propios

Esta política en defensa de los precios de venta del petróleo maximiza el componente renta de los ingresos por exportación, es decir, aquel que se deriva del poder monopólico que logra imponer Venezuela, en concierto con la OPEP, sobre los consumidores mundiales de petróleo. La renta es un excedente que se le extrae a estos consumidores –una transferencia financiera- que no se origina en la producción. Ello sobrevalúa el bolívar y hace mas difícil competir por parte de las actividades productivas no petroleras, si bien aumenta el poder adquisitivo externo de la moneda. Es decir, encarece la producción venezolana en comparación con la de sus socios comerciales, quebrando empresas (venezolanas) incapaces de vender a los precios de los productos importados y generando desempleo. Adicionalmente, los recortes en la producción de petróleo dejan ociosa buena arte de la capacidad productiva del vasto sector conexo de la industria petrolera –industrias metalmecánicas y químicas, ingeniería de petróleo, construcción y otros servicios- lo cual resulta en una depresión aun mayor de la actividad económica y, consecuentemente, en más desempleo. A todas luces, la política rentista en defensa de los precios de petróleo seguida por este gobierno, lejos de beneficiar al país, ha perjudicado a la economía nacional y, con ello, al bienestar de su población. Por otro lado, contrario a la predica de “sembrar el petróleo” que, por lo menos en términos explícitos, ha guiado la política económica desde 1940, hoy somos mucho mas dependientes de la explotación de este hidrocarburo que hace 15 años. En efecto, mientras que en 1987 la actividad petrolera pesaba un 19% en el PIB y la manufactura ligeramente más que el 18%, a comienzos del siglo XXI estas proporciones eran de 27% y 14%, respectivamente.

Gráfico Nº 14

FUENTE: BCV y cálculos propios

Como se mencionó arriba, el ingreso por exportación que no es consumido ni invertido en el país se traduce en un nivel menor de importaciones y en un ahorro que, forzosamente, se mantiene fuera de la economía domestica, en dólares. Así, la contabilidad de las transacciones externas de Venezuela necesariamente equipara el ahorro que se produce en el intercambio comercial con el mundo, con salidas de capital y/o con incrementos en las reservas internacionales. Adicionalmente, parte de este ahorro financia el pago de los intereses sobre la deuda externa. De manera que la acumulación de reservas internacionales, como la salida de capitales, constituyen otra forma en que se expresan las oportunidades no aprovechadas para utilizar el ingreso petrolero internamente en la mejora del bienestar de la población venezolana.

El Gráfico Nº 15 registra el saldo superavitario en la cuenta corriente (superávit en balanza comercial menos pago de intereses sobre deuda y transferencias unilaterales) –ahorro- y su contraparte en la salida de capitales , incluyendo el incremento en las reservas internacionales. Como se recordará, éstas últimas han llegado a los niveles más altas registradas en toda la historia del país, reflejo de la magnitud de los recursos no utilizados por la desacertada política económica instrumentada. En particular, cabe mencionar lo absurdo que es mantener un rígido control de cambio cuando el país está literalmente inundado de dólares. Ello no hace sino dificultar aún más la actividad económica interna, deprimir más el consumo, y abultar forzosamente las reservas internacionales. De ahí lo cínico de reclamarle al BCV que entregue al fisco las reservas “excedentarias”, cuando ha sido el propio gobierno a través de sus decisiones de política el responsable de que éstas sean tan elevadas. Como lo evidencia la apertura entre las dos series del gráfico durante el gobierno de Chávez, es éste el periodo en que menos se ha aprovechado el ingreso que deparan las exportaciones del país y en el que mayor ha sido la salida de capitales. En efecto, durante estos últimos cinco años la salida neta de capitales –incluyendo acumulación de reservas- ha superado los USA $ 37 millardos- cifra colosal equivalente al 43% del PIB registrado en el año 2003. Ello expresa la medida en que se ha sacrificado los niveles de consumo e inversión dentro del país.

Gráfico Nº 15

FUENTE: BCV y cálculos propios

Las dos series del Gráfico 15 son registradas en dólares corrientes. Si se elimina el efecto inflacionario, registrando ambas en dólares constantes de 1984, y se divide entre el número de habitantes del país, se obtiene la magnitud del sacrificio real por persona en cada periodo gubernamental. Es lo que reseña el Gráfico Nº 16. Vemos que el quinquenio en el que se generaron los mayores ingresos no utilizados por habitante en la cuenta corriente de la balanza de pagos –ahorro- fue el de Chávez y, consecuentemente, fue el periodo de mayor salida de capitales por persona, incluso mayor que el lapso transcurrido bajo el gobierno de Luis Herrera Campins, fuga de capitales que resultó en el famoso viernes negro de 1983.

Gráfico Nº 16

FUENTE: BCV; INE y cálculos propios

No obstante, el gobierno de Chávez reivindica como logro una mayor atención a los pobres. Ello debería traducirse –presumiblemente- en un mayor gasto social por habitante. Con base en las cifras de la Oficina Central de Presupuesto (OCEPRE), hoy Oficina Nacional de Presupuesto (ONAPRE), se pudo construir una serie referida al gasto acordado de los ministerios de Educación, Sanidad y Asistencia Social, y de la Familia, durante el período comprendido entre 1975 y 1999, y del Ministerio de Educación Cultura y Deportes y de Salud y Desarrollo Social –que engloba las funciones del antiguo MSAS y del Ministerio de la Familia- entre 2000 y 2002. Cabe señalar que este gasto incluye las transferencias a las regiones por concepto de transferencia de poderes a las gobernaciones.

El Gráfico Nº 17 recoge el comportamiento del gasto social real por habitante de los conceptos mencionados. El valor con que se mide este gasto parte del convencionalismo según el cual los bienes públicos –que, por definición, no tienen mercado- valen lo que se gasta en su producción. Al eliminar el efecto inflacionario se usó, por ende, el deflactor implícito del BCV para el PIB del gobierno, fundamentado en esa acepción. Se observa un crecimiento por ambos conceptos de gasto a partir de 1989. De acuerdo con esa serie, el gasto real en salud y desarrollo social por habitante fue, en términos de bolívares constantes de 1984, de 631,2 como promedio anual durante el gobierno de CAP II, de 729,4 durante la presidencia de Caldera II, y de 563,5 como promedio de los cuatro años para los que se disponen de cifras durante la presidencia de Chávez. En materia de gastos (reales) por habitante en educación, cultura y deportes, las cifras son de 1.280,1 (CAP II), 1691,2 (Caldera II) y de 1662,7 como promedio durante los primeros cuatro años de la presidencia de Chávez. Es decir, el gasto (real) promedio por habitante del gobierno de Chávez en materia de salud y desarrollo social fue inferior que el de los gobiernos de CAP II y Caldera II, mientras el de educación, cultura y deportes fue superior al de CAP II, pero ligeramente inferior al de Cadera II:

Gráfico Nº 17

FUENTE: OCEPRE / ONAPRE; BCV y cálculos propios

No obstante, hay una dificultad con esta manera de medir el gasto social real, ya que es valorado según el monto de lo gastado en insumos por estos ministerios. Cabe preguntarse, empero, si la utilización de estos insumos es eficiente. Es decir, el incremento en el gasto no necesariamente implica mejoras en la calidad del servicio, ya que pudo haber sido ejecutado de manera ineficiente. Si se evalúa lo gastado realmente por el gobierno en educación, cultura y deportes, y en salud y desarrollo social, utilizando el deflactor implícito del gasto de los hogares en salud y educación, se estaría midiendo el valor que la población (hogares) le otorga a estos servicios. Ello es una expresión de la calidad del gasto. El gasto promedio respectivo, utilizando este deflactor, se registra en el Gráfico Nº 18. Se observa que –según la valoración que el BCV le otorga a estos servicios desde la óptica del público consumidor- lo ejecutado en promedio por habitante durante cada uno de los cuatro años del gobierno de Chávez para los cuales se conocen cifras fue menor que el promedio gastado durante todos los otros gobiernos, salvo el de Luis Herrera Campins .

La diferencia entre ambas formas de medir este gasto puede explicarse por la menor eficiencia con que vienen discurriendo las actividades de gobierno en el tiempo. Es consistente pensar que, en la medida en que se ha agravado la crisis del sector público, la productividad del gasto disminuya y, con ello, el resultado en términos de la calidad (o el valor) del servicio ofrecido, sea menor, a pesar de que los recursos utilizados no se reduzcan.

Gráfico Nº 18

FUENTE: OCEPRE / ONAPRE; BCV y cálculos propios

Recapitulación:

Durante los cinco años comprendidos entre 1999 y 2003 –ambos inclusive- la actividad económica decayó en mayor proporción que durante cualquiera de los otros quinquenios considerados. Esto hizo que el ingreso promedio de cada residente en el país se redujese en una cuarta parte, ubicándose en niveles que no se habían visto desde los años ’50. En esta misma proporción aumentó la pobreza, por cuanto la distribución del ingreso permaneció inalterada durante ese lapso. La inversión y el consumo por habitante registrados durante el gobierno de Chávez también fue inferior a la de todos los demás gobiernos comprendidos en el período reseñado. Por demás, la caída del consumo se concentró exclusivamente en el consumo privado, por cuanto el consumo público se incrementó. Por su parte, la inversión pública fue menor, en proporción al producto, que en todos los demás gobiernos reseñados, salvo en el primero de Rafael Caldera. Si se considera sólo la inversión del gobierno general, el gobierno de Chávez fue, junto al segundo gobierno de Caldera, el que menos invirtió. Durante estos últimos cinco años continuó cayendo la productividad laboral, llegando la remuneración real al nivel mas bajo en todo el periodo considerado. El desempleo ha sido, asimismo, el mayor desde que se llevan registros oficiales confiables de esta variable (1957). Sólo en materia de inflación y devaluación logra el quinquenio de Chávez mostrar resultados comparativamente mejores que los últimos tres gobiernos.

Todo lo anterior dibuja una situación de empobrecimiento como jamás se había presenciado en otros quinquenios. Empero, el ingreso fiscal petrolero por cada habitante resultó ser mayor –en términos reales- que el de los dos gobiernos anteriores (CAP II y Caldera II) y, si se incluye el endeudamiento contratado, los recursos con que ha contado el gobierno de Chávez para atender a cada residente, han resultado ser superiores –por estos conceptos- a todos los demás gobiernos, salvo el de LHC y CAP I. Dados los altos precios del petróleo, las exportaciones por habitante –en términos reales- también han sido las mas elevadas registradas desde el gobierno de LHC. No obstante, las importaciones por habitante fueron las menores de todo el periodo reseñado, revelando la incapacidad de la economía por traducir los altos ingresos petroleros en incrementos de bienestar para la población. Por el contrario, la salida de capitales, por la ausencia de oportunidades de inversión en el país y por la contracción del consumo provocado por la errónea política económica proseguida y la incertidumbre en las reglas de juego, resultó ser mayor que la ocurrida durante cualquiera de los otros quinquenios, incluyendo el de Luis Herrera Campins.

Por último, el gasto social real del gobierno por habitante en las áreas de salud y educación ha sido menor que el de todos los demás gobiernos reseñados, menos el de Luis Herrera Campins.

Comentarios finales:

Las cifras muestran con claridad que el gobierno de Chávez ha presidido sobre una economía que exhibe resultados muy adversos en términos de bienestar. No hay manera de evitar la conclusión –notoria- de que la población venezolana se ha empobrecido drásticamente en estos últimos cinco años. No obstante, el gobierno suele evadir su responsabilidad en este resultado argumentando que la oposición ha impedido que fructifiquen los resultados de su gestión. En particular, se hace referencia al efecto adverso del golpe de estado intentado en abril del 2002 y del paro general de finales de ese año y principios de 2003, sobre la actividad económica.

Creo que ningún economista negaría que, efectivamente, la confrontación política y los dos eventos mencionados ocasionaron serios perjuicios a la economía y al bienestar de los venezolanos. Sin embargo, evitar que esto ocurra es precisamente la responsabilidad central del gobierno y ataña a aquello que tan insistentemente se trae a la discusión: la gobernabilidad. Esto puede ilustrarse con un sencillo ejemplo.

Supongamos una empresa dirigida por un gerente que, de manera sistemática, ofende y discrimina a una parte importante de sus trabajadores que discrepan de su forma de actuar, desconociendo derechos consagrados en la contratación colectiva, mientras favorece de manera abierta a los que piensan como él. Los intentos por establecer un diálogo entre las partes, llegar a acuerdos sobre la base de un trato no excluyente y de respeto mutuo, que reconozca los derechos de todos los empleados y corrija las injusticias cometidas, son rechazados por la gerencia y por sus colaboradores más cercanos. Al cerrarse la puerta al pliego conciliatorio, los obreros se deciden por una acción conflictiva, la huelga, exigiendo un cambio de gerente. Lejos de lograr forzar negociaciones para dirimir el conflicto, la gerencia se atrinchera en sus posiciones. Comprendiendo la futilidad de continuar en estas condiciones, la dirección de los trabajadores eventualmente decide levantar la huelga y muchos son botados. La empresa sufre enormes pérdidas, que son trasladadas a sus empleados a través de la suspensión de salarios. ¿A quién (o a quiénes) le(s) achacamos la culpa de estas pérdidas? ¿Pudieron haberse evitado?

Dudo que los accionistas de esa empresa –en el mundo real de los negocios- no hayan procedido a cambiar el gerente antes de que se provocara el extenso daño sufrido. Si se examina desde la óptica de los obreros, no cabe duda de que el trato injusto del gerente fue el culpable del conflicto, del cual salieron perjudicados todos. Es lo que, en estricto sentido, argumentaría cualquier “revolucionario” educado en el marxismo.

Desde luego, el ejemplo es una alegoría del manejo del país durante buena parte de los últimos cinco años. No hace falta rememorar cada desplante, burla, insulto y mentira abierta proferido por el presidente o por José Vicente Rangel y otras “joyas” del alto gobierno para entender que, en un país en el que sistemáticamente se excluye y se le niegan los derechos a una parte importante de la población, se está incubando irremediablemente un conflicto. La democracia dispone –precisamente- de mecanismos de diálogo, de negociación, para evitar que a situación llegue “a mayores”. Apelar sabiamente a estos mecanismos para neutralizar a los opositores más radicales, ganarse a los indecisos y crear los consensos necesarios para que el programa de gobierno pueda tener viabilidad es –o debe ser- preocupación central de cualquier presidente. En ello estriba lo que se llama “gobernar”. A estas alturas creo que muy pocos puedan argumentar seriamente que Chávez haya “gobernado”. Los cinco años y medio transcurridos los ha empleado más bien para conspirar contra la institucionalidad existente, destruyendo las bases sobre las cuales podría construirse un mundo mejor para los venezolanos. Para algunos, de eso es lo que precisamente trata una revolución. En mi opinión, es un deplorable salto hacia atrás, hacia la negación del estado de derecho, hacia la barbarie que predominaba en Venezuela cuando las montoneras del siglo XIX. De ahí que, en otro artículo, haya mantenido que la “Revolución Bolivariana” es, en realidad, una Involución Bovesiana, en referencia a la carga de odios y de destrucción que caracterizó la gesta de José Tomás Bóves.

Para aquellos que rechazan la interpretación anterior sobre el conflicto, veamos lo que ha dicho el propio Chávez al respecto. Refiriéndose a las acciones tomadas contra los empleados de PDVSA, manifestó lo siguiente:

“Por primera vez esa empresa es de Venezuela. Yo provoqué la crisis allí, porque a veces las crisis son necesarias. Cuando agarré el pito y despedí a aquellos gerentes, cuando designé a Gastón Parra Luzardo presidente de PDVSA, estaba provocando la crisis. Ellos respondieron y se presentó el conflicto...” (El Nacional, 16/01/04, pag. A-5)

“A confesión de la parte, relevo de pruebas”. A pesar del enorme costo que significó el paro petrolero y sus secuelas -tanto económicas como en los traumas de muchas de trabajadores petroleros despedidos y de sus familiares- esta pretensión de justificar su abismal irresponsabilidad en la provocación del conflicto pone en evidencia la verdadera inspiración que ha orientado las acciones desde Miraflores en estos últimos cinco años. Desde que ganó las elecciones ha utilizado los recursos del Ejecutivo, no para procurar mejores condiciones de vida al pueblo a través de la instrumentación juiciosa de políticas destinadas a promover la inversión, generar empleo, incrementar la cobertura y la eficacia de los servicios públicos, reforzar la seguridad personal y darle acceso a cada venezolano a la justicia, sino con el único fin de concentrar y acumular poder en sus propias manos.

Evidenciamos, durante todo este año 2004, una actividad febril por legitimar la permanencia de Chávez en el poder, ante la posibilidad –ahora prácticamente la certeza- de que se convocara un referéndum revocatorio de su cargo. Aparece misión tras misión, algunas evocando nombres o eventos patrios –“Ribas”, “Sucre”, “Vuelvan Caras”- otras con nombres inexplicables (Misión “Marte”) y todavía algunas con denominaciones que, en absoluto se corresponden con lo que se supone debería ser la inspiración “revolucionaria”, “nacionalista”, de la acción de gobierno que nos quieren hacer creer (Misión “Robinson”, Misión “Maisanta”) . A través de estas misiones el ejecutivo trata apresuradamente de repartir cuantiosas sumas entre sus partidarios, saltándose la normativa, el presupuesto acordado y la institucionalidad existente. Se trata de erigir canales paralelos, accidentales, a los mecanismos institucionales existentes, y sujetarlos al arbitrio directo, discrecional, de Chávez. Así, en vez de fortalecer el sistema de salud pública, desde los ambulatorios a los hospitales centrales, se “bypassea” todo esfuerzo en esta dirección con “Barrio Adentro”. La Misión Robinson, por su parte, sustituye a la labor que viene desempeñando desde hace mucho tiempo –y que debe ser mejorada- la dirección de educación de adultos del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. La Misión Sucre pretende construir un atajo para ofrecerles cupo en las universidades a bachilleres provenientes de los liceos públicos, en vez de dedicar esfuerzos por mejorar la educación primaria y secundaria del estado hasta equipararla, en calidad, con los mejores colegios privados . La última expresión de este tinglado paralelo con que se pretende engañar al país mientras el estado se derrumba, es ese presupuesto paralelo, no aprobado por nadie, construido a partir de “aportes” de PDVSA a un fondo manejado por BANDES, sin pasar por el BCV.

Todos conocemos las violaciones descaradas a las leyes y a la Constitución de este desmán, pero ello pretende ser justificado porque es una “acción de gobierno para los pobres” (¡!). Lo que me interesa destacar aquí, es cómo ello conforma una acción arbitraria, de abuso de poder, que no tiene freno alguno mientras no se supere la presente subordinación de los distintos poderes (¿?) al capricho de un ex teniente coronel resentido. Este afán de repartir a diestra y siniestra dinero, en el más burdo ejercicio de populismo clientelar que haya conocido el país, mientras se va socavando la capacidad productiva, ha podido sostenerse por la feliz circunstancia –para el gobierno- de contar con una bonanza de ingresos petroleros. Empero, negarle recursos a la inversión hipoteca la capacidad productiva de PDVSA y, junto al excesivo endeudamiento del gobierno, sólo logrará agravar el desenlace que irremediablemente habremos de enfrentar, una vez pase la coyuntura política y el país despierte enfrentándose a la dura realidad de que se han dilapidado valiosos recursos y se ha incrementado la carga de la deuda que cada uno de los venezolanos debemos sobrellevar.

Porque lo que verdaderamente está en juego con el referéndum revocatorio es una manera de entender la política que, lejos de ampliar la democracia, fortalecer los derechos y mejorar las condiciones de vida de los venezolanos, está diseñada para secuestrarlas y ponerlas al servicio de una desmedida ambición de poder. Pero eso lo sabemos todos. Por esta razón, por la necesidad de sepultar la autocracia militarista y el desconocimiento de los derechos políticos y personales que tanto daño ha causado a los pueblos latinoamericanos, es que triunfará el SÍ en la consulta del 15 de agosto.

>Notas>

(1) No se tomaron en cuenta los gobiernos de Betancourt (1959-63) o de Raúl Leoni (1964-68) porque las cifras respectivas del BCV tienen como año base 1957, lo que obligaría a una doble conversión para ponerla en términos del año base 1984 (convertir año base 1957 a 1968 y luego 1968 a 1984). Ello tiende a deformar las cifras.

(2) De esta manera se elimina el efecto inflacionario que abulta las cifras a través del tiempo. Se usó el deflactor implícito del PIB y del PIB petrolero del BCV.

Economista, Profesor de la UCV

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