Dentro del habitual despelote de país en que vivimos, y donde poco o nada valen la ley, principios, ética ni moral, hay cosas que pasan y ocurren que van más allá del castaño oscuro, como decían los mayores en mi época de muchacho.
Esta bien que por controlar ese espíritu moruno y del picaresco andaluz de nosotros los nacidos por estas tierras en algunas oportunidades nuestras leyes y con ello quienes nos gobiernan procuren buscar mecanismos perversos, pues no otra finalidad tienen, fundados en el acoso obstinación, para hacer que de alguna manera realmente hagamos las cosas como deben y tienen que ser, e inclusive, como lo disponen las normas y leyes vigentes.
Claro está, que con la siempre presente mala intención de los políticos, Juan Pueblo considera que en tales casos, esa creadera de escollos e inventadera de requisitos para que se hagan las cosas, no son mas que caminos expeditos para que se implante la corrupción y se produzca el tradicional y popular "ñemeo" tan común en nuestra actividad con entes del estado y politicastros, consistente en aquello de " si quieres algo me tienes que dar y de lo contrario olvídate”.
Yo, que si presumo la buena fe, no como lo ha sostenido por allí la destemplada opinión de nuestro Supremo Tribunal, debe siempre presumirse la mala, opino mas bien que esa exigidera de requisitos y vericuetos que contienen nuestras leyes y con las que nos agobian nuestros gobernantes, es mas bien para ver si se crean buenos hábitos y se logra por vía de intimidación que ciertamente se cumplan los propósitos y fines perseguidos por aquellas.
En este caso concreto me voy a referir a la muy santa y soberana nueva institución perturbadora de la paciencia social y ciudadana de la “ solvencia laboral” cuyo trámite y obtención tiene a todo el mundo en estado de casi locura, a todos les viene costando una parte de aquello y mucho más, sin claros, específicos ni buenos resultados, ni para el gobierno, ni para los presuntos protegidos ( en este caso los trabajadores) y ni siquiera tampoco para la oposición , que como es costumbre ni se ha enterado del como ni del porque de la censurable postura del oficialismo, y está en espera que hayan unas elecciones, una designación o un zaperoco político para entonces si vociferar contra dicha institución, aun con o sin motivo.
Se supone y tiene que entenderse por la naturaleza misma de lo que con tal figura se persigue, es que el ciudadano, para poder obtener determinados o generales beneficios o acceder al goce y disfrute de instituciones y obtención de otros trámites, deba acreditar con los documentos y recaudos ad hoc, aún ya presentados y en manos del Estado, los que se fijen como indispensables para que la administración publica repute cumplidos dichos trámites.
Este perverso mecanismo, y lo es porque tergiversa todo lo que sensatamente debe y tiene que ocurrir en las relaciones con la administración del Estado, impone pues una inversión de la carga de la prueba, descalifica o minimiza los efectos probatorios de hechos y circunstancias que de común si los producen, etc.
En la forma explicada entenderemos que para dejar constancia de que uno si está solvente en el pago del Seguro Social, por ejemplo, no basta con tener en sus manos los recibos o comprobantes últimos de cancelación de dichas obligaciones, para acreditar el de períodos anteriores, sino también debe presentar los que se supone fueron expedidos con ocasión d e pagos de períodos anteriores.
Por igual, e insólitamente, si por error de la administración pública resulta que Ud. aparece como deudor de una determinada suma con fecha anterior, sin importar si está o no operada la prescripción de tales obligaciones, Ud. debe y tiene que presentar los recibos de ese período anterior, y no contento con ello, hasta demostrar como, en donde y con cual instrumento de pago lo ejecutó , para poder reputarse liberado de esas obligaciones injustificadamente imputadas a Ud. de nuevo, por capricho, irresponsabilidad o simple error de la administración.
Pero todavía no contentos con eso, de manera indignante, absurda y contraria a todo fundamento racional, resulta que si la administración detecta, opina, registra o encuentra o resuelve pensar que el Presidente, miembros de la Directiva o ejecutivos de esa empresa en tiempo presente, o en el otrora, también asumieron o tuvieron relaciones de índole comercial, y quedaron debiendo algo al seguro o a los trabajadores que le brindaban apoyo, y aparecen como insolventes en el cumplimiento de las mismas, a la empresa en la cual prestan sus servicios, o en las que ejercen poder de mando, le negarán las fulanas solvencias, reputando, digo yo, que el incumplimiento de esas obligaciones atinentes a otros sujetos y causas, se hacen solidarias con la de todo nuevo ente, sujeto de derecho o empresa con la cual tengan relaciones.
Resultado de lo dicho, por ejemplo, es que si su Gerente o uno de los Directores en una empresa, quedó a deberle algo al Seguro Social, en un negocio te tiene o que tuvo, para su exclusivo y personal beneficio, que no para el de la empresa en la que ahora trabaja, a es entidad jurídicamente diferente, independiente y ajena al quehacer de la otra le NEGARAN LA SOLVENCIA.
Realmente no he visto, no he podido pensar ni imaginar arbitrariedad tan soberana y arbitraria, ni tan perversa contra los ciudadanos y las empresas del país.
Y lo peor, estimados lectores, si por ejemplo a Ud. le están pidiendo esa solvencia para que le paguen a su empresa unos reales que les debe el ente público, y con ello poder pagar salarios o beneficios laborales a sus obreros o personal, por no tener la fulana solvencia, alguien que nada tiene que ver con esa empresa, pues no logrará cobrar, y entonces, como en los juegos de misterio, quien saldrá definitivamente perjudicado no será el malo de la partida, sino los propios sujetos a quienes se pretende proteger.
No se de quien fue la idea, ni conozco al diseñador de tan maléfica travesura, pero como siempre lo destaco, aun cuando no se lo crea, así son las cosas en esta alocada Venezuela, y esas son las buenas ideas de estos perversos sujetos que dicen vienen gobernándonos.
Lo insólito, en adición, como siempre, es el silencio con el cual los ciudadanos toleran estos abusos y barbaridades, y el celestinaje de Fedecámaras, y la callada de boca de comerciantes y empresarios afectados ante hechos aberrantes como el hoy comentado.
Esperamos que Rosales, el civismo de hoy, rojo, o el azul de enamorados del mañana corrijan tantas barrabasadas y vuelvan a tomar conciencia de hacer las cosas como se deben.