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Bájenle el volumen a los gestos
El neoliberalismo salvaje de Chávez
Ysrrael Camero

Jueves, 3 de febrero de 2000

Les presento una adivinanza: un gobierno aplica una importante restricción de la masa monetaria como ataque directo a la inflación, aunque esto acentúe una brutal recesión económica, acomete un ataque directo contra los sindicatos, intenta estimular a través de las exenciones fiscales a las inversiones, además propulsa una reducción brutal del gasto público. ¿Estamos hablando de Margaret Thatcher o de Ronald Reagan? ¡No! Nos estamos refiriendo, de manera sorprendente, a una serie de medidas económicas del gobierno de un líder retóricamente populista, nos estamos refiriendo al gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías en Venezuela.

Mi propuesta principal es que la política económica de Hugo Chávez, o la ausencia de ella, es en gran parte una terapia de choque, pero sin privatizaciones y sin devaluaciones. Chávez, pretendiendo venderse a la población como un héroe populista y de la Tercera Vía, oculta detrás de su discurso una política distinta.

Chávez es un neoliberal, de los “salvajes”. Esta afirmación puede sorprender, y de hecho sorprenderá, a una gran cantidad de personas, pero el populismo chavista no parece pasar esa frágil frontera entre una gran dimensión retórica y los hechos prácticos. Es importante recordar que hasta ayer aquellos que actualmente acompañan al comandante y que vociferaban ante la palabra ‘macroeconomía’, hoy se callan y asienten ante un mínimo aumento del salario del 10% a la administración pública.

Chávez ha mostrado una paradójica capacidad para el éxito político y para el fracaso económico, una retórica ultra populista e intolerante, un desprecio absoluto por las instituciones, las viejas y las nuevas. Se promocionó como un nuevo adalid de la Tercera Vía, pero visitó a su amigo Fidel en Cuba y a la China comunista elogiando a Mao. ¡Puros gestos! Tenemos un presidente supremamente gestual, pero vamos a bajarle el volumen al discurso, pues más allá de la retórica sus medidas económicas reflejan algo distinto.

Se le puede atribuir la caída del gasto público a su absoluta incapacidad o impericia económica, pero el punto a destacar es que, por una causa o por la otra, éste ha disminuido. La recesión económica y el alto desempleo se ha visto acentuado por la política de restricción monetaria del gobierno. ¿Qué se significa esto?

El desprecio e intolerancia del presidente para con la oposición se ha reflejado en idéntica actitud hacia los sindicatos “puntofijistas”, y hacia su máximo exponente: la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). ¿Qué ha pasado con los contratos colectivos? Importante es advertirlo.

Y se preguntarán: ¿por qué si es neoliberal no privatiza? Aquí entramos en su juego: en la percepción del común, el neoliberalismo está exclusivamente ligado a las políticas de privatización. Para mantener la credibilidad popular en su retórica Chávez no va a privatizar, o si lo hace no lo hará con bombos y platillos durante algún tiempo. De igual manera, tampoco devaluará la moneda, su discurso no se lo permitiría.

Chávez —y es mi percepción— ha espantado a los capitales y ha conquistado a las grandes masas populares con su retórica populista y con su intensa labor de destrucción de las instituciones. Pero su “política económica” o la falta de ella, me recuerda al más duro y salvaje neoliberalismo.

Nota posfechada (Enero del 2001): esta percepción se ha vista reforzada durante los últimos meses. La apertura de las telecomunicaciones, el hecho de cancelarle la entrega de cualquier tipo de subsidio para los sindicatos, la política antiinflacionaria y la fiscal no hace sino fortalecer mi percepción. Además, la política social de la Quinta República se basa en el asistencialismo, más ligado a un sentido caritativo cristiano que a una verdadera concepción sistémica, así es la política social del neoliberalismo: puros pañitos calientes. Entonces ¿a quién atacas?

ycamero@analitica.com

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