Es común suponer que la situación económica del año que viene será difícil y que el comportamiento de nuestra economía tendrá un desempeño pobre, inferior al del 2001. Es la reacción obvia ante la baja del ingreso petrolero. Sin embargo, el problema podría ser más profundo. No parece ser una situación coyuntural, que pasará apenas se recupere la economía mundial. Se trata de que la política económica actual del Gobierno puede ser, en términos dinámicos, inviable. Si esta opinión fuese correcta, llegaría el momento, en que la política económica debería cambiar.
Desde el punto de vista de la política económica el problema lo conforman tres aspectos interrelacionados: Supuestos endebles, malas políticas y deterioro institucional.
El supuesto central de la actual política económica es ingresos petroleros (combinación de precios y volúmenes exportados) relativamente altos o crecientes. Es decir, que existe una formula para evitar que Venezuela sufra shocks petroleros negativos y que es posible perpetuar ingresos análogos a los del pasado miniboom. Se piensa que el poder de mercado de la OPEP permitirá obtener precios del petróleo relativamente altos, y al mismo tiempo que ello es compatible con un desarrollo del sector petrolero importante, como se manifiesta en el Plan de Negocios de PDVSA.
Se llegó a este supuesto de ingresos petroleros altos y estables por dos vías, ambas erradas. La primera, que el comportamiento del mercado petrolero de largo plazo es controlable por la OPEP, y la segunda, que la mejor predicción de los precios del petróleo que podía hacerse (cuando estaban relativamente altos) es que ellos continuarían altos. Este tipo de análisis, como mostró Pindyck (The Long Run Evolution of Energy Prices), simplemente es incorrecto. El precio del petróleo parece revertir a su media tendencial, aunque esta tendencia no tiene que ser determinística.
La experiencia histórica es un buen argumento contra el supuesto de ingresos petroleros altos y estables. Venezuela, como por lo general los países petroleros, tiene términos de intercambio muy volátiles. La actual caída de los ingresos petroleros por la recesión de los Estados Unidos es una muestra de que esta circunstancia sigue prevaleciendo. Desde el punto de vista de la estabilidad, un problema central de la política económica venezolana es amortiguar la volatilidad externa, que es diferente a suponer que se pueden eliminar los shocks.
A partir del supuesto básico petrolero se diseño la política de anclaje cambiario a objeto de combatir la inflación. En combinación con el anclaje cambiario se propició una política fiscal como motor del crecimiento y la base de una política redistributiva de carácter populista, con un fuerte componente estatista. Como era de esperar, se apreció fuertemente el tipo de cambio real (se desalineo más respecto a su equilibrio de largo plazo) y el resultado real fue, aún durante el boom petrolero, mediocre. En América Latina (1) ha sido común intentar darle estabilidad a la economía anclando el tipo de cambio. Aunque está política puede contribuir a reducir la inflación, el anclaje cambiario es el elemento que más contribuye a dar volatilidad al producto. El trade-off del anclaje (básicamente sí el tipo de cambio está fuertemente apreciado respecto al de equilibrio) es desestabilizar el producto, reducir la competitividad de los transables y, por tanto, no propiciar la diversificación de las exportaciones, que sería uno de los elementos claves para combatir la vulnerabilidad a los shocks petroleros.
Por el lado fiscal, pasado un primer año restrictivo (con caída de más de 6% en el producto), se optó por un aumento del gasto importante. De hecho, se desmejoró el balance no petrolero. Si bien se ahorraron recursos en el FIEM (aunque no se respetaron las reformas a las normas que introdujo el propio Gobierno), ello tuvo como contrapartida un crecimiento acelerado de la deuda interna, la cual se ha más que triplicado en tres años. Esto tiene poco sentido como mecanismo estabilizador. La idea conceptual del FIEM es ahorrar recursos cuando existe abundancia petrolera, manteniendo el gasto dentro de los límites apropiados, sin endeudamiento significativo, previendo justamente las asimetrías que pueden presentarse sí ocurre un shock externo negativo.
Hoy, a la vista del comportamiento hacia la baja del mercado petrolero y del proyecto de presupuesto para el 2002, se devela la tendencia a la inviabilidad de la política económica. Con ingresos petroleros posiblemente sobre-estimados para el 2002 (precio del petróleo a 18.5 dólares el barril y exportaciones por encima de la cuota OPEP), supuestos de ingresos fiscales no-petroleros también posiblemente sobre-estimados (basados en un estimado de crecimiento de la economía de 4,1%), el gasto público en términos reales que se programa es contractivo y aún así las necesidades de financiamiento bruto alcanzarían más 11.000 millones de dólares (la mitad de la deuda externa). El endeudamiento mantendrá muy altas las tasas de interés, contribuyendo a un escenario recesivo. En el proyecto de presupuesto se prevé un gasto por servicio de la deuda de 6,5 billones de bolívares, más de 8 mil millones de dólares al tipo de cambio promedio estimado en el proyecto. Los ingresos fiscales petroleros son 7,6 billones de bolívares, aproximadamente 9.870 millones de dólares. Es decir, el 85% del ingreso fiscal petrolero (el cual posiblemente implique una combinación de endeudamiento y reducción de la inversión de PDVSA) es para pagar el servicio de la deuda. La inversión, pública y privada sería muy baja, deteriorándose el producto potencial y, según la teoría económica estándar, sesgando la distribución del ingreso hacia el capital. En el sector externo, es posible que para el próximo año se elimine el superávit en cuenta corriente.
¿Qué puede esperarse? Es difícil prever como sería el potencial cambio de rumbo, aunque la primera reacción (la modificación del FIEM) ha tenido muy baja calidad, técnica y política. El futuro es incierto, y no sólo por el posible comportamiento del mercado petrolero.
Notas:
(1) Ver por ejemplo, Hausmann, R. y Gavin, M. (1996), "Securing Stability and Growth in a Shock-Prone Región: the Policy Challenge for Latin America", en Securing Stability and Growth in Latin America, 1996, IDB, OECD, Paris.