Miami (AIPE)- La clave de la riqueza y pobreza de las naciones está en la buena o mala utilización de escasos recursos económicos y existen solamente dos maneras de hacerlo. Una es permitiendo que precios libres transmitan la información, aporten los estímulos para reducir el costo de bienes y servicios (premiando a los competentes y desplazando a los incompetentes que hacen mal uso de los recursos), como también determinando quiénes son los ganadores y perdedores, es decir, cómo se distribuye la renta. La otra manera es a través de la planificación, intervención y regulación gubernamental.
Hoy quedan sólo dos países donde el gobierno toma absolutamente todas las decisiones económicas: Cuba y Corea del Norte. No es casualidad que son los más miserables y atrasados del mundo. Y si vemos los países más ricos y exitosos, como también aquellos que están aumentando más rápidamente sus ingresos per cápita, encontramos que son (o fueron cuando crecieron) las naciones con menos regulaciones y controles; es decir, con mayor libertad individual. Y la razón es sencilla: ni usted ni yo somos brutos y ambos sabemos mejor que los políticos y burócratas lo que a nosotros y a nuestras familias nos conviene. Las trabas e inconvenientes que los gobernantes ponen en nuestro camino nos empobrecen y nos desaniman. Si esto se lleva al extremo, como sucede bajo el socialismo, dejamos de esforzarnos y nos dedicamos a demostrar nuestra miseria para obtener limosnas del Estado.
A raíz del colapso de la Unión Soviética parecía que América Latina, gozando de recién logradas libertades políticas, se encaminaría hacia la libertad económica. Pero no sucedió así. Nuestros políticos y sus partidos socialdemócratas y socialcristianos prefirieron instrumentar políticas parecidas a las que mantuvieron al PRI mexicano durante 72 años en el poder. Su objetivo no es el bienestar y desarrollo de los pueblos, sino concentrar en sus manos suficiente poder económico para comprar el apoyo de determinados grupos, todo ello arropado bajo el flexible y nebuloso concepto de la “justicia social”.
Entonces, las instituciones multilaterales, como el FMI, el Banco Mundial y el BID, lograron creciente influencia sobre los nuevos gobiernos democráticos y lejos de promover las inversiones privadas y la libertad económica para aumentar el nivel de vida de la gente, financiaron costosas inversiones estatales, a la vez que insistían en impuestos más altos para que les pagaran los préstamos y no se oponían a devaluaciones y demás violaciones de la propiedad privada. Así contribuyeron tanto al empobrecimiento general como al enriquecimiento de gobernantes, burócratas y seudocapitalistas con nexos políticos. Es decir, las multilaterales, donde se reciclan los políticos del hemisferio, han contribuido al empobrecimiento de la clase media y al aumento de la miseria.
Así América Latina pasó de ser una región que atraía inmigrantes a una de emigrantes. Pero hay esperanzas porque no hay manera de tapar el éxito de los tigres de Asia y de las ex colonias soviéticas que promoviendo inversiones y la libertad económica, con una tasa única y baja de impuestos, saltaron de tener poblaciones más pobres que los países más atrasados de Latinoamérica a crecer mucho más rápidamente que nuestras pocas estrellas. Al mismo tiempo, la Internet y los inmigrantes latinoamericanos aportan creciente información sobre esas sociedades libres y exitosas.
Tarde o temprano cambiaremos a la pesada y sucia pata del gobierno por la mano invisible.
(*): Director de la agencia AIPE y académico asociado de Cato Institute.