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Sección: Economía y Petróleo
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Venezuela y el Informe sobre Desarrollo HumanoNorman Pino De LiónDomingo, 25 de octubre de 2009
El Informe sobre Desarrollo Humano, valiosa iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), está a punto de cumplir veinte años. Dedicado anualmente a un tema diferente del desarrollo humano, constituye una herramienta fundamental para planificadores, estudiosos e interesados en general en los temas del desarrollo mundial. Su elemento fundamental es la clasificación de 182 países del globo en cuatro categorías de desarrollo, de acuerdo a un índice de desarrollo humano (IDH) basado en varios indicadores estandarizados que cubren básicamente tres dimensiones: una vida prolongada y saludable, medida en términos de expectativa de vida al nacer; el acceso al conocimiento, medido a través de la tasa de alfabetismo adulto y la tasa bruta combinada de matriculación en escolaridad primaria, secundaria y terciaria; y un estándar de vida decente, medido en términos del producto interno bruto per capita (PIB). El informe se nutre de organismos como la UNESCO, el Banco Mundial y otras agencias de la ONU, los cuales dependen a su vez de la información estadística de los países miembros, y contiene generalmente estadísticas actualizadas a dos años antes de su publicación. La cuestión viene al caso por las insistentes noticias sobre un repunte de la posición de Venezuela en el informe del año 2009 y el hecho debe movernos a reflexión, pues han sido presentadas como evidencia de un inusitado progreso que nadie parece ver por ninguna parte. Aparte de lo curioso que resulta el súbito cambio de nuestra ubicación en la clasificación, al pasar del puesto 74 en el informe 2007-2008 al 58 en el del 2009, en éste último se presenta un interesante y soslayado cuadro con las tendencias a largo plazo del IDH, en el cual se da cuenta del avance del IDH de países como República Dominicana, Chile, Perú, Costa Rica y Uruguay, los cuales vieron incrementar sus índices entre 1980 y 2007 en 137, 130, 119, 91 y 89 puntos respectivamente, mientras que Venezuela subió sólo 79 puntos en el mismo lapso. Críticas aparte a dicho informe y a la concepción del índice, que las hay y muchas, lo que salta a la vista es que semejante desempeño no se compadece con el evidente deterioro sostenido de la calidad de vida del venezolano. Y como quiera además que no hemos sido testigos de un extraordinario crecimiento económico o de evidencias palpables de un avance significativo en desarrollo económico, educativo, de salubridad o de cualquier otro indicador de los que conforman el índice, sólo resulta explicable atribuir el “avance” a la forma como se están elaborando y presentando las estadísticas nacionales. Lo lamentable es que tratar de enmascarar una realidad con cifras de un PIB abultado en razón de altos e inesperados ingresos petroleros y maquillarla con tasas de alfabetismo y escolaridad de dudosa calidad y efectividad, no sólo no convence a nadie, sino que sólo engaña a quien las presenta. Si a eso añadimos el uso de una tasa de cambio que no guarda relación alguna con nuestra realidad económica, la confiabilidad de las estadísticas se reduce considerablemente. Ahora bien, lo que realmente resulta inexplicable y desesperanzador es que más de 800 mil millones de dólares y diez años más tarde, nuestro IDH haya crecido de manera tan tímida frente al desempeño mostrado por dichos países, incluso por debajo del promedio de los países latinoamericanos y del Caribe. Pero peor aún es que, siempre de acuerdo con el mismo Informe, ocupemos todavía el puesto número 28 en el índice de pobreza humana (IPH) del mundo en desarrollo, detrás incluso de otros nueve países latinoamericanos. No estaría mal poner atención también a otras estadísticas, que aunque no están contempladas en el Informe, sí están a la vista de todos y cubren aspectos esenciales para el desarrollo de cualquier nación, como las de una creciente criminalidad e inseguridad personal, el deterioro de la infraestructura nacional, la progresiva dependencia alimentaria, la merma de las exportaciones, el desenfrenado endeudamiento público, la inflación incontrolada, la crisis energética, y la fuga de divisas y cerebros, entre tantos otros. Por último, valdría la pena asimismo darle una ojeada a los informes regulares de una serie de organizaciones internacionales sobre aspectos del desempeño económico, social y político de los países del globo, donde se muestra un continuado y alarmante deterioro de carácter general en Venezuela. Transparency International, por ejemplo, nos sitúa como uno de los países más corruptos del mundo, ubicándonos en el puesto 158 de un total de 180, con una calificación de 1,9 (del 1 al 10), apenas por encima de Zimbabwe y Haití, mientras que Chile y Uruguay son calificados con 6,9 puntos al igual que Francia. La Heritage Foundation, por su parte, sitúa a Venezuela en su Índice de Libertad Económica para el año 2009 en el puesto 174 de un total de 179 países y nos coloca en el puesto 27 de un total de 28 países latinoamericanos y del Caribe, con una calificación de 39,9 puntos (del 0 al 100), un descenso de 4,8 respecto al informe anual anterior. Freedom House, otra organización sin fines de lucro dedicada a la promoción de la democracia y la libertad en el mundo, califica a Venezuela como parcialmente libre en su ranking para el 2009 relativo a las libertades civiles y a los derechos políticos, con una puntuación media de 4 dentro de un rango del 1 al 7 dentro de un universo de 193 países, sólo superada por Haití y Cuba y de nuevo por detrás de 29 países latinoamericanos. De igual forma, la misma organización coloca a Venezuela en su índice de libertad de prensa en el lugar 161 de 195 países y nos califica como un país no-libre. La IMD, una reputada escuela de gerencia y administración a nivel mundial basada en Suiza sitúa a Venezuela en su Anuario 2009 de Competitividad Mundial en el último lugar de 57 países, dos puntos por debajo del último informe, con una calificación de menos de 40 puntos en una escala del 0 a 100; al igual que en otros casos, Chile, por ejemplo, se encuentra en el puesto número 25. Asimismo, el World Economic Forum, que no necesita presentación, sitúa a Venezuela en su Informe de Competitividad Global 2009-2010 en el puesto 113 de un total de 134 países, ocho puestos por debajo de su última evaluación, y sólo por encima de Nicaragua, Bolivia y Paraguay en Latinoamérica. El Fraser Institute, una organización educativa y de investigación que opera en Canadá y los EEUU, y mantiene actividades de investigación con organismos similares en más de setenta países, ubica a Venezuela en su Informe 2009 sobre la Libertad Económica en el Mundo en el puesto 138 de un total de 141 países, por encima sólo de Angola, Myanmar y Zimbabwe. Finalmente, la conocida organización francesa Reporteros sin Fronteras acaba de colocar a Venezuela en su último informe sobre la libertad de prensa en el mundo en el puesto número 124 de un total de 175 países. La lista podría alargarse interminablemente; pero lo importante es notar que ninguna de ellas comparte el optimismo que vemos brotar localmente a partir del cacareado informe del PNUD. |
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