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Terrible y suicida endeudamiento Rafael Díaz Casanova Sábado, 17 de octubre de 2009
De acuerdo a las informaciones de prensa, Venezuela se ha endeudado en los últimos años por una cantidad que roza los quince mil millones de dólares americanos.
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Trágicamente y para endulzarle la píldora a los compradores de bonos, se emiten pagaderos en bolívares, a un precio que contiene una prima sobre el valor del dólar controlado, se les asigna un rendimiento muy atractivo en dólares y al vencimiento, sus tenedores recibirán, si Dios y las circunstancias quieren, su valor facial en dólares. No creemos que pueda ser función de ningún Estado serio, emitir papeles cuyo valor de compra es un múltiplo de la tasa de cambio y que cuando se venden en el mercado secundario, apenas se obtiene una fracción de su valor par. Lo terrible de toda esta historia es que una nación que se reputa de rica, utiliza este mecanismo para reducir la liquidez del mercado venezolano, operación adecuada porque la excesiva liquidez es motor de la indeseable inflación. Como demostración de este argumento supongamos que el gobierno emite unos bonos idénticos en características pero pagaderos al momento de compra en dólares americanos y redimibles a su vencimiento en bolívares. ¿Cuánto de ellos se colocaría? Seguramente nada. Otra vertiente suicida del actual endeudamiento lo constituyen las tasas de interés que se pagan. Venezuela, en los días que corren, acusa un índice de “riesgo-país” que sobrepasa los mil puntos. Este índice, que se nombra mucho y es entendido por pocos, significa que Venezuela, cuando interviene en el mercado internacional de dinero, debe pagar intereses diez por ciento superiores a los que paga un país del primer mundo. Hace pocos meses, antes que se difundiera la crisis económica y financiera mundial, Venezuela acusaba un valor de cuatrocientos a cuatrocientos cincuenta puntos. Dado que los países del primer mundo pagan hoy tasas que están alrededor de uno por ciento, nuestro interés pasivo, en los bonos venezolanos, es realmente oneroso. Se acerca a once veces o 1100% de lo que se aplica a esos países cuidadosos de su patrimonio y sus finanzas. Lo descrito es terrible, pero lo que viene es peor. Esos bolívares que recibe el gobierno venezolano hoy y cuya función primordial es pagar gasto corriente y drenar la liquidez, tienen que ser pagados a su vencimiento con dólares norteamericanos. ¿Quién sabe cuanto valdrán esos dólares para aquel momento? La diferencia entre el monto de bolívares que recibe hoy el gobierno venezolano y lo que valdrán los dólares que se deben pagar al vencimiento de los bonos, significa un perjuicio patrimonial tremendo que sufrirán las generaciones a quienes le tocará la oportunidad del vencimiento y pago. Será una contracción importante del patrimonio colectivo y podemos concluir que estos bonos son una tremenda hipoteca para nuestras generaciones muy próximas. Un tercer tema, que también es importante, es la calidad de dichos bonos. Ya, con la argumentación anterior, pensamos que demostramos que no son demasiado buenos. Pero la actitud que ha tomado el gobierno, especialmente en lo relacionado con el suministro de información confiable y debidamente auditada del desempeño de nuestra principal empresa, PDVSA, impide que dichos bonos puedan ser negociados en los mercados de Norteamérica pues no tienen calificación aceptada por sus autoridades. Esta realidad atenta directamente contra su precio y contra su liquidez. Por último, para poner el caldo más morao, si cabe, debemos agregar la terrible situación de la deuda interna que agobia y estrangula a los proveedores y contratistas nacionales. Esa deuda, que para el gobierno es ventajosa pues paga tarde y mal con bolívares que se deprecian todos los días, tiene magnitudes realmente horripilantes. Los inversionistas están felices y los intermediarios más. Se atenta contra toda la nación y se destruye el país. Caracas, octubre 13 de 2009.
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