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Opinión y análisis

La necesaria quiebra de bancos malos
Ramón Parellada C.

 
Sábado, 6 de diciembre de 2003

Ciudad de Guatemala (AIPE)- Los latinoamericanos que nacimos después de la Segunda mitad del Siglo XX no hemos gozado de un sistema de Banca Libre. Por el contrario, estamos acostumbrados a que los bancos dependan de las políticas emanadas del Banco Central.

Nuestro sistema implica una intervención monetaria y bancaria casi total. El hecho que existan bancos privados no quiere decir que la banca sea libre. Nuestros bancos están sujetos a las directrices del Banco Central y en casi todas partes son supervisados por una entidad gubernamental, la Superintendencia de Bancos. Fundar un banco es tan difícil como hacerlo quebrar. Es más, el sistema mismo impide la quiebra de los bancos malos. Los banqueros lo saben y no pocos de ellos se aprovechan para extender créditos de mayor riesgo, los cuales jamás considerarían si no se sintiesen tan protegidos. El resultado es que toda la población termina pagando por las ineficiencias y costos adicionales que este sistema impone al manejo del dinero y del crédito.

Es un sistema muy costoso para la sociedad, especialmente para los países pequeños y pobres. Sería menos costoso permitir que los bancos mal administrados puedan quebrar. El mecanismo de bancarrota no debe tener excepciones, ni siquiera cuando se trata de un banco. La quiebra de los malos bancos significaría un saneamiento del sistema bancario. Bajo el sistema de Banca Libre es la acción de todas las personas a través del proceso del mercado la que determina cuáles bancos tienen éxito y perduran, qué moneda se utiliza y cuál es la cantidad de dinero en circulación en un momento dado, sin manipulación política. En un sistema de Banca Libre, los bancos que mejor sirven a los consumidores son los que tienen éxito, la mejor moneda es la que prevalece y nadie tiene que preocuparse por la cantidad de dinero.

Las intervenciones del Banco Central y el otorgamiento de fondos para devolver a los depositantes de los bancos mal administrados todo su dinero es el resultado final de un sistema bancario que depende de la arbitrariedad de las autoridades monetarias. Es imposible echar toda la culpa a alguna institución bancaria sin incluir al Banco Central y a sus mecanismos de control. Mientras sigamos bajo un sistema de Banca Central, la nación sufrirá de auges seguidos de estancamientos prolongados. Los fondos otorgados a los bancos en dificultades son eminentemente inflacionarios. Luego, el mismo Banco Central, utilizando su política monetaria de mercados abiertos, recoge ese exceso inflacionario de dinero creando un nuevo problema con el innecesario aumento en las tasas de interés. Es injusto afectar el poder adquisitivo de todos los habitantes de un país para salvar el pellejo de unos pocos que depositaron su dinero en bancos malos.

Los dueños y gerentes de los bancos bajo un sistema de Banca Libre son mucho más cuidadosos y prudentes que en el actual sistema de Banca Central. Si se les deja en libertad, entonces asumirán el riesgo de sus propias decisiones, obteniendo ganancias empresariales cuando acierten y pérdidas cuando se equivocan. ¿Qué incentivo tienen los banqueros prudentes ante una competencia inmoral e injusta provocada artificialmente por el perverso incentivo que causa la protección contra la quiebra bancaria? Obviamente, el sistema de Banca Central, por más controles e intervenciones que instrumente, seguirá provocando repetidas crisis, ineficiencias e infames manejos del riesgo bancario, todo lo cual lo termina pagando el pueblo con inflación y altas tasas de interés.

(*): Director del Centro de Estudios Económico-Sociales.

©AIPE

 

 

 
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