Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Enfoque Económico

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¿El Impuesto Tobin o un impuesto local a la compra de divisas?

Martes, 21 de noviembre de 2000

Sumario

Este sintético análisis intenta presentar un resumen de la discusión en torno al Impuesto Tobin (Tobin Tax). En Venezuela la discusión del tema ha llegado a la prensa nacional a través de artículos del economista F. Vivancos en El Universal y las declaraciones del Presidente del Banco Central de Venezuela (BCV) en la Habana, recomendando su aplicación. Las declaraciones del Presidente del Banco Central aparentemente estarían en el contexto de presiones que están ejerciendo directivos del BCV y el gobierno para bajar administrativamente las tasas de interés activas y subir las pasivas, rumores acerca de la posibilidad de nacionalizar parcialmente del sistema financiero, e igualmente rumores acerca de la posibilidad de que se instrumenten medidas de control sobre los flujos de capital. Es posible que en la discusión de las autoridades se refiera más al control o formas de reducir la salida de capitales, incluyendo un impuesto a la compra de divisas, que propiamente al Impuesto Tobin.

La razón para un impuesto a las transacciones en divisas

James Tobin, economista Norteamericano de Yale, Ph.D. y premio Nobel, hizo la propuesta de un impuesto a las transacciones en divisas en 1978. El impuesto estaría diseñado para desminuir la especulación que causa cambios bruscos en los tipos de cambios alejados de los aspectos fundamentales de las economías y que podrían causar un daño real. En los noventa, dos hechos adicionales han aumentado el interés por la propuesta de Tobin y sus distintas variantes. El primero es el enorme crecimiento del intercambio de divisas o monedas, el cual habría llegado aproximadamente a US$ 1.8 trillones (Norteamericanos) por día y el incremento de la inestabilidad de las divisas. El segundo, debido a que el impuesto podría recolectar una suma importante, la idea ha llamado la atención de aquellos preocupados con el financiamiento del desarrollo.

Algunos consideran que existe un quid pro quo entre los objetivos del impuesto. Para que el impuesto pueda ser efectivo en desminuir la especulación sin dañar las transacciones necesarias, debe estar diseñado en forma tal que genere poco ingreso.

Como funcionaría

El impuesto es básicamente una tasa pequeña de 0.1%-0.25% (algunos proponen 0,5%) a todas las transacciones de divisas. Supuestamente, según sus proponentes, ello reduce el incentivo a las transacciones de corto plazo, las cuales serían básicamente especulativas, sin dañar en forma significativa los flujos de capital de largo plazo, fundamentados en los cambios reales de las economías.

Los que apoyan este impuesto argumentan que si bien se reduciría el volumen de transacciones en divisas, ello podría ayudar a evitar las crisis de cambio y financieras que han experimentado tanto los países desarrollados como los en vías del desarrollo, con sus negativas consecuencias, básicamente para estos últimos tipos de países; y que podría estimular la inversión productiva y generar crecimiento. Suponen que el ingreso que generaría el impuesto, el cual estiman alrededor de US$ 100 - US$ 300 billones (Norteamericanos) por año, podría ir a fondos o un trust orientado a financiar el desarrollo, y según algunos de los proponentes a financiar organizaciones de la Naciones Unidas.

Los críticos sostienen con razón que el impuesto no puede evitar ataques a las divisas o monedas que estén significativamente sobre-valuadas, como en los recientes casos de Rusia y Brasil. Así mismo suponen que la instrumentación del impuesto es difícil. Piensa que es extremadamente complicado alcanzar consenso acerca de la manera de distribuir el ingreso, en buena medida debido a que los países que son centros de transacciones de divisas posiblemente no estarían de acuerdo en transferir estos fondos. Aparentemente los países industrializados no estarían de acuerdo en perder el control de los fondos para financiar a las instituciones multilaterales ni en aumentar los fondos para incrementar el financiamiento de instituciones de las Naciones Unidas .

Los economistas están divididos con relación a sí el Impuesto Tobin pudiese reducir de manera significativa la inestabilidad de los mercados de divisas. Sin embargo, como la especulación es sólo parte del problema del "dinero caliente", y el "dinero caliente" es sólo una parte del problema de las crisis de los noventa, los potenciales beneficios del impuesto no deberían sobre-estimarse. Obtener mayor estabilidad en el mercado cambiario requiere cambios en las políticas domésticas que condujeron a la sobre-valuación, posiblemente algún tipo de mecanismo de regulación de flujos de capital y cambios en las instituciones financieras internacionales.

La viabilidad política

Aunque las crisis recientes han abierto el debate acerca de las reformas del sector financiero internacional y se están buscando ideas para su reforma, aparentemente un impuesto a las transacciones en divisas no estaría en la agenda. Es más, el temor de nuevas crisis ha disminuido. Sin embargo, existe preocupación con relación a la turbulencia financiera en muchos gobiernos y negocios de Europa y Japón, y sí la economía de los EEUU entra en aguas tormentosas, el escenario político para las reformas podría cambiar de manera significativa.

Cualquier propuesta relativa a la distribución el ingreso que produciría el impuesto encontrará fuerte oposición. La propuesta que pudiese tener mayor viabilidad política sería aquella que permitiese a los gobiernos a quedarse con la mayor parte del ingreso, con una contribución menor a las organizaciones multilaterales y otras causas justas que los grandes países industrializados aprueben. En otras palabras, sí se desea aprobar el impuesto por sus supuestos efectos estabilizadores, sería necesario buscar compromisos en el aspecto de financiar el desarrollo. Dejando de lado el problema del funcionamiento y financiamiento de organizaciones internacionales, existe muy poca voluntada política por parte de los grandes países industrializados para incrementar el gasto en ayuda de cualquier tipo, lo cual se podría hacer con o sin el Impuesto Tobin.

Las fuerzas que podrían respaldar el Impuesto Tobin incluye las organizaciones de las Naciones Unidas, parte por el aspecto del ingreso para financiar el desarrollo. Algunos países desarrollados como los Escandinavos, que han tenido problema con sus monedas, pudiesen apoyar la idea. En 1998 varias organizaciones No Gubernamentales han tomado la propuesta y ha surgido una red de apoyo al Impuesto Tobin. El parlamento Canadiense, en parte por la presión pública, recientemente votó a favor del impuesto. El concepto de un impuesto a las transacciones de divisas es fácilmente comprensible para el público, y su nombre, el "Impuesto Tobin" es un activo en la campaña.

La defensa del impuesto ciertamente debería tomar en cuenta que este debería estar incluido en el marco de un conjunto de recomendaciones para reformas políticas e institucionales. En sí mismo, posiblemente no justifique el adjetivo de "estabilizador" pero tiene la virtud de que llama la atención a este tipo de problemas y a la necesidad de fondos para el desarrollo.

Aún si el Impuesto Tobin no prospera en un futuro previsible, su discusión podría tener los beneficios de interesar al público y aumentar la conciencia de la necesidad de mejorar las políticas y organizaciones con ingerencia en los flujos financieros internacionales.

Contexto venezolano

La discusión del tema del Impuesto Tobin estaría enmarcada en el contexto de una inconformidad creciente del gobierno y la autoridad monetaria con el comportamiento de la banca y la salida de capitales. A pesar del alto nivel de reservas del BCV y de los activos del FIEM, este año se podría producir una salida de capitales de significación. Algunos analistas estiman que el superávit de cuenta corriente podría llegar a 12% del PIB o más y que la acumulación de reservas internacionales del BCV y en el FIEM sólo alcanzaría los US$ 5.000 millones. Así mismo, estiman que la demanda de dinero a lo largo, en términos reales, no ha crecido, y que el crecimiento de la economía a lo largo del año sólo alcanzaría el 3%, a pesar de un incremento de más de 70% de las exportaciones petroleras y de más de 50% del gasto fiscal. Se estima, que en las esferas gubernamentales existe la idea de que buena parte de este comportamiento mediocre se debe a las fallas del sistema financiero, y que sería necesario alguna acción de política para corregir el comportamiento de éste. Si se intenta actuar administrativamente sobre las tasas de interés, para bajar las tasas activas y subir las pasivas, es posible que en este contexto puedan surgir ideas como la de aplicar un tasa impositiva a la compra de divisas.

Otros artículos sobre el Impuesto Tobin

Chile: Ponencia sobre un Impuesto Tobin a las transacciones financieras. por Jorge Lavandero

El porvenir de la Tasa Tobin por Bruno Jetin

The Tobin Tax: Democratising Globalisation

Coalition for Global Solidarity and Social Development

cepr

Capital Controls (Tobin Tax)

Feasibility of the Tobin Tax

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