(AIPE)- Los embajadores comerciales ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) discuten el texto de una declaración que puede debilitar gravemente las patentes de las medicinas, con el supuesto objetivo de que no se perjudiquen los programas de salud pública. Tras el furor causado por la patente del Cipro, la medicina contra el ántrax de Bayer, la declaración final tendrá inmensas consecuencias alrededor del mundo.
Esa declaración se dará a conocer durante la reunión ministerial de la OMC, a realizarse del 9 al 13 de noviembre en Qatar, tras las exigencias de bien intencionados grupos de activistas, como Oxfam. Aunque de apariencia inocua, detrás de esa exigencia está la presunción que al respaldar las patentes de los medicamentos, los derechos de propiedad intelectual relacionados al comercio internacional aumentan los precios y socavan la salud pública. Los activistas quieren que los gobiernos obliguen a los laboratorios farmacéuticos, a través de las licencias, a rebajar los precios de ciertas medicinas, pero las consecuencias no previstas de tales acciones serían funestas.
Quienes se oponen a las patentes insisten que estas crean monopolios y, por lo tanto, dañan al consumidor. Sin embargo, el reconocimiento de la propiedad intelectual no crea de por sí un monopolio. Por el contrario, éste se crea en el momento en que se inventa algo. Esa invención puede ser explotada comercialmente sin divulgar al público ningún detalle. Esa era la vieja costumbre latinoamericana de guardar celosamente los secretos comerciales dentro de la familia, pasándolos sólo a la próxima generación. Tales secretos comerciales están protegidos por el derecho consuetudinario tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos.
La protección legal de las invenciones, a través de marcas de fábrica, derechos de propiedad intelectual, diseños industriales o patentes fomentan la divulgación de la información, permitiendo que los avances técnicos y científicos sean conocidos y accesibles a terceros para que se difunda y crezca el conocimiento humano. En contrapartida de dar a conocer la nueva información, el inventor obtiene derechos exclusivos por corto tiempo. Tal concepto nada tiene de inmoral. El hecho que la invención pueda ser copiada a muy bajo costo por terceros no es una razón válida contra de la propiedad intelectual. Frecuentemente se requieren inmensas inversiones para lograr esos inventos. Sin el incentivo de la protección legal del derecho de propiedad intelectual, la invención nunca se hubiera logrado, por lo que no es justo que las reglas se cambien después de haberse hecho la inversión.
El robo de la propiedad intelectual no debe ser diferente al robo de cualquier otra propiedad y es irónico que aquellos que escriben libros en contra de las patentes siempre se aseguran que los derechos de autor queden registrados a su nombre.
El argumento del monopolio tampoco es válido. En el mundo real existen muy pocos casos de monopolios privados o de competencia perfecta. En la industria farmacéutica, por cada medicina patentada hay varios sustitutos cuyas patentes se vencieron y son productos más baratos, mostrando pocas diferencias terapéuticas y en efectos secundarios. Por consiguiente, si un laboratorio asigna un precio exagerado a su producto, los pacientes pueden cambiarse a otros productos más baratos.
Las patentes incrementan la inversión y eso conduce a nuevas curas. Las inversiones en investigación y desarrollo de nuevos productos aumentan cuando los países que sólo patentan los procesos de producción pasan a proteger por medio de patentes a los productos.
Las mayores barreras en los países en desarrollo suelen ser las licencias gubernamentales y los controles de precios, impidiendo que funcione eficientemente el mercado. Las licencias producen una cascada de problemas: producen escasez y esta hace que aumenten los precios, lo cual lleva al gobierno a imponer controles de precios, pero entonces la caída de las ganancias hace que se reduzcan las inversiones en investigación y desarrollo de nuevos productos, lo cual a su vez produce escasez y da un nuevo impulso al círculo vicioso. Si a los activistas realmente les importa el acceso de los pobres a medicinas, deben luchar por romper ese terrible círculo vicioso.
En varios países, las autoridades sanitarias se han dado cuenta de la realidad, pero la mayoría de las organizaciones sin fines de lucro siguen protestando por el precio de las medicinas y oponiéndose a las patentes. Al considerar el texto de una declaración que debilitaría la protección de las patentes, los embajadores comerciales deben oír a los inventores, no a los activistas. ©
* El Dr. Debroy es director de investigaciones del Instituto Rajiv Ghandi en Delhi y el Dr. Bate es director del International Policy Network en Londres.