Leí con sorpresa y luego estupor el artículo Los enemigos del Mercado, publicado el 6 de diciembre en esta revista y firmado por Paul Craig Roberts. De acuerdo a este autor, el juicio a Pinochet sería un juicio a la reforma capitalista iniciada durante su régimen y “un intento del actual gobierno izquierdista por eliminar las instituciones liberales”….. “Se trata de una acción política más que legal. Ello viola la amnistía declarada a favor de tanto el gobierno militar como de los terroristas marxistas, varios de los cuales son miembros del gobierno. Tal triunfo de la propaganda sobre las leyes pone en duda la vigencia del estado de derecho en Chile y también la reconciliación lograda por Pinochet.”
Sorprende la primitiva jerga anticomunista, que remeda los peores momentos de la guerra fría, llena de epítetos e imprecisiones que denotan un profundo desconocimiento de la sociedad y la historia de Chile.
Al señalar que el juez Guzmán (quién instruye la causa) ha actuado envalentonado por la elección de una coalición socialista parece desconocer que esta coalición está en el gobierno desde 1990, que la misma está conformada por la democracia cristiana y el partido radical (de centro), el partido socialista y el partido por la democracia (de centro izquierda), que el Presidente socialista Ricardo Lagos, entre otras cosas, fue ministro de Educación y de Obras públicas en las administraciones de Aylwin y de Frei, y que la izquierda propiamente, que podríamos definir como anti sistema o anti mercado (principalmente agrupada alrededor del partido comunista) está en la oposición. Parece desconocer también que esta misma coalición, con el apoyo de la derecha chilena, defendió de manera insólitamente enérgica (para muchas víctimas y familiares de víctimas de la dictadura) no sólo la autonomía y posibilidad, sino también el derecho preferente que tendría la justicia chilena para juzgar los crímenes cometidos en Chile contra chilenos y extranjeros y en el exterior de Chile contra ciudadanos chilenos. Tan cierto es esto que el día 8 de diciembre, el candidato de la derecha chilena a las recientes elecciones presidenciales, Joaquín Lavin, afirmó de manera valiente, es justo reconocer, que deberían ser respetadas todas las resoluciones judiciales en concordancia con lo afirmado en Londres con relación a la autonomía y potestad del poder judicial chileno de juzgar a cualquier chileno independientemente de su posición o cargo.
Esta gestión, sin lugar a dudas influyó en la decisión política del ministro Straw de liberar a Pinochet por razones humanitarias. Acto que fue respondido con una bofetada por el ex dictador, al casi correr al encuentro de sus partidarios a su arribo a Chile. Ahora bien, se habrá preguntado el señor Craig Roberts por qué gente como el ex ministro de relaciones exteriores y actual ministro del interior, el socialista Miguel Insulsa, batallaron por traer de vuelta a Chile a Pinochet. ¿No era más humillante y más arriesgado un juicio en España? ¿No serviría más a sus aviesas intenciones de retrotraer a Chile al colectivismo? Me inscribo entre quienes preferían dejarlo en España. Porque a pesar de que constituía una deshonra para el país que otra nación hiciera justicia, no confiaba en la independencia de la justicia chilena. Por cierto, ¿considerará el señor Craig Roberts que el juez español Garzón, el mismo que juzgó a dirigentes del PSOE por el caso GAL y a dirigentes políticos ligados a la ETA, es parte de la conspiración de la izquierda chilena? Mis razones para favorecer, en su momento, la permanencia de Pinochet en Europa fueron muy distintas a las de Craig Roberts, tenía y aun tengo dudas sobre la capacidad del poder judicial chileno para resistir las presiones de los resabios de la institucionalidad del régimen dictatorial que aun sobreviven en el país.
Pero lo que verdaderamente me produjo estupor del artículo de Craig Roberts fueron sus comentarios con relación a los desaparecidos. Según éste serían “en su mayoría, terroristas muertos en balaceras contra el ejercito.” Esto me hizo recordar las afirmaciones de los neonazis sobre el holocausto, de acuerdo a las cuales los muertos no habrían sido seis millones como afirman los judios sino sólo de 200 a 300 mil.
Creo que estos comentarios en lugar de ayudar la causa liberal la desacreditan. Varios destacados intelectuales liberales, entre los cuales cabe señalar por cierto a Milton Friedman, han sido muy claros al afirmar que una economía fundamentada en las libertades económicas sólo es posible en el contexto de libertades políticas y que no suscriben en absoluto los atropellos a los derechos humanos en nombre de la economía de mercado.
En el campo socialista son bastante conocidas las críticas de amplios sectores a conceptos profundamente erróneos, como los de dictadura del proletariado, centralismo democrático e incluso al rechazo al mercado como forma principal de organización de la actividad económica. En el caso chileno, los sectores que participaron en el gobierno de Allende y que son parte de la actual administración, han hecho una revisión crítica respecto a la responsabilidad que les cupo en la caída de la democracia. En su momento estos mismos sectores habían hecho una profunda revisión conceptual. Por mi parte, creo que lo que llamamos la izquierda debe sobrellevar la carga histórica de no haber asumido de manera absoluta los principios democráticos, como asumió otros principios fundamentales para el progreso de nuestra civilización.
Finalmente, con relación a cuestiones de menor calibre, como la supuesta idoneidad profesional de los civiles que conformaron el aparato administrativo de la dictadura es importante recordar que no eran tan civiles (por ejemplo los rectores de las principales universidades eran militares) ni tan excelentes (si se los compara con los que han conducido la economía en los últimos años. También es conveniente recordar que el desempeño de la economía durante los últimos años de la dictadura (sus mejores años), no se equipara a éste en el período democrático, que arranca en los años noventa.
Pero sobretodo lo anterior habría que preguntarse: ¿quién se acuerda cuánto creció la economía durante los gobiernos de Hitler o de Stalin? ¿Le diría el señor Craig Roberts a las victimas del nazismo que las cuentas fiscales estaban en equilibrio y que Hitler sacó a Alemania de la recesión de los años treinta?
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