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 Caracas, Viernes, 10 de febrero de 2012
 

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  Sección: Economía y Petróleo

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Hernández Grisanti y el nacionalismo petrolero

Luis Xavier Grisanti

Viernes, 16 de enero de 2009

El 20 de noviembre de 2008 falleció Arturo Hernández Grisanti. Fue uno de los protagonistas de la historia del petróleo en Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX. Una lectura ponderada de su vida y obra nos llevaría a postular que su limpia hoja de servicios a la nación debería elevarlo al rango de estadistas que hoy ocupan venezolanos de excepción, como Gumersindo Torres, Néstor Luis Pérez, Manuel R. Egaña, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Manuel Pérez Guerrero, José Antonio Mayobre, Hugo Pérez La Salvia y Valentín Hernández Acosta; todos ex ministros de Fomento o de Minas e Hidrocarburos. Cada uno ejerció posiciones de liderazgo en el proceso de reivindicación de la soberanía nacional sobre la explotación de los hidrocarburos de Venezuela.

RIO CARIBE, CULTURA Y CACAO

Arturo Hernández Grisanti nació en Rió Caribe, Estado Sucre, el 4 de agosto de 1927. Fueron sus padres don Arturo Hernández Calvo y doña Julia Grisanti de Hernández, quienes le impartieron arraigados valores cristianos, morales y éticos desde la infancia y le inculcaron una profunda vocación por las humanidades y la solidaridad social. Su padre fue un comerciante disciplinado, concejal del Distrito Arismendi, baluarte de la cultura local y uno de los prohombres mas apreciados de la hermosa población caribeña, hoy patrimonio cultural de Venezuela.

Su madre era hermana del historiador Ángel Grisanti, cuya vasta obra de investigador y escritor, con más de 50 títulos publicados sobre Historia, Educación y Sociología y Genealogía, es citada profusamente por tratadistas de Europa, Norteamérica y América Latina. Doña Julia era sobrina del Dr. Carlos F. Grisanti (1861-1938), embajador de Venezuela en Washington y el Vaticano y presidente de la Corte Federal y de Casación Civil (Tribunal Supremo), del Congreso de la República y de la Academia Nacional de Ciencias Políticas. Era también prima-hermana del Ing. Luis Francisco Calvani, inspector general de Minas y director general fundador de la Oficina Técnica de Hidrocarburos del Ministerio de Fomento durante el ejercicio del Dr. Gumersindo Torres como Ministro, y presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela; del Dr. Andrés Grisanti Franceschi, catedrático de la Universidad de Carabobo, reconocido especialista en Derecho Penal y juez mayor del Estado Carabobo; y del Dr. Vicente Grisanti, el presidente del Consejo Supremo Electoral que renunció al cargo en cívico y ejemplar gesto para no cohonestar el fraude electoral perpetrado por el dictador Marcos Pérez Jiménez en las elecciones del 30 de noviembre de 1952.

Su abuelo paterno, don Nieves Hernández, y su bisabuelo y tatarabuelo maternos, don Vicente Grisanti y don Ángel Andrés Franceschi, inmigrantes de la isla francesa de Córcega, fundaron casas de comercio y fueron agricultores del cacao y la caña de azúcar durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando Venezuela alcanzó a ocupar la segunda posición como exportador mundial de cacao.

Venezuela era en 1927 un país predominantemente agropecuario y agroexportador, pese al atropellado desarrollo petrolero que comenzaba a subyugar a la agricultura venezolana. De sus 3 millones de habitantes, 2 millones 377 mil hacían vida en zonas rurales, es decir, casi un 80% de la población. El producto interno bruto de la nación ascendía a Bs. 2.000 millones, a precios de la época. Poco sabían los laboriosos pobladores de la próspera región oriental de Venezuela que un año antes, en 1926, los ingresos de divisas por exportación petrolera habían superado –por primera vez en cuatro siglos y para siempre-aquellos provenientes de todos las demás rubros de exportación (café, cacao, ganado, madera, cueros, sarrapia, balata, tabaco, ganado, productos mineros, etc.). Un año cumplía el niño Arturo cuando Venezuela, en 1928, pasó a ejercer la primacía como exportador de petróleo del mundo.

La educación primaria, secundaria y universitaria del joven riocaribero transcurrirá durante la difícil transición de Venezuela de un país agrícola y rural a una nación petrolera y urbana; período durante el cual el país y la sociedad venezolana logran derrotar, cívicamente, los regímenes militares, caudillistas y autocráticos tradicionales, e instaurar un sistema democrático y pluralista con pleno ejercicio de las libertades ciudadanas fundamentales.

Arturo cursa la primaria en el Colegio Federal de su pueblo natal, dirigido por el recordado educador don Nicolás Flores Luigi. Estudia la secundaria en el Colegio San José de Los Teques, regentado por sacerdotes jesuitas. Durante las vacaciones, regresa a Río Caribe y comienza a exhibir claras aptitudes intelectuales. Desarrolla una inusual pasión por la lectura, la cual no abandonará jamás. Da muestras tempranas de destrezas tanto para las matemáticas como para las ciencias sociales y se destaca en la oratoria recitando los versos de los poetas sucrenses Andrés Eloy Blanco y Andrés Mata y de sus coterráneos Juan Santaella y Jesús Rojas; éste último exalta sus dotes de declamador en un poema que le dedica cuando apenas el niño frisa los 5 años.

En 1945, a los 17 años, el novel bachiller funda en su pueblo natal, junto con Ángel Francisco y Mercedes Josefina Oliveros, el periódico ATISBOS, el cual editará seis números entre agosto y setiembre de aquel año. En el libro Breve historia del periodismo en Río Caribe, el Dr. Héctor Grisanti Luciani recuerda:

…en vez de dedicarse al esparcimiento propio de ese interregno veraniego, distrajeron su tiempo en la formación, confección y publicación de un periódico juvenil…en sus páginas aparecen las firmas de los nombrados redactores, unas veces en prosa y otras en verso, y no faltó en esta materia la reproducción de poemas de Pablo Neruda, Andrés Eloy Blanco, Rubén Darío, Héctor Guillermo Villalobos…y Porfirio Barba Jacob.

LÍDER ESTUDIANTIL DE LA DEMOCRACIA 1946-1951

Del Liceo San José de los Teques se traslada a Caracas para seguir estudios de Derecho. Se gradúa de Doctor en Ciencias Políticas y Abogado de la República (magna cum laude) en la Promoción Dr. Carlos Morales de la Universidad Central de Venezuela, en 1951. Se estrena como dirigente dentro el movimiento estudiantil democrático que se opone a la dictadura perezjimenista y muestra una inequívoca vocación por los asuntos públicos.

Siendo estudiante universitario se desempeña como asistente del Gobernador de Caracas, Dr. Gonzalo Barrios, durante la presidencia del insigne escritor y luchador democrático, don Rómulo Gallegos (1948). Durante la dictadura del general Pérez Jiménez (1953-1958), ejerce la profesión de abogado, alternando sus actividades con trabajos clandestinos encomendados por el partido en el cual militó desde sus años mozos: Acción Democrática. En una ocasión tuvo que huir de su pueblo natal ante el inminente apresamiento por parte de los esbirros de la Seguridad Nacional.

Derrocada la autocracia, el 23 de enero de 1958, el joven abogado es designado consultor jurídico de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), cuyo presidente era uno de los gerentes públicos más eficientes y honestos de Venezuela, el coronel y más tarde general Rafael Alfonzo Ravard. Electo Rómulo Betancourt Presidente de la República, es nombrado, a la edad de 32 años, director de gabinete y al poco tiempo primer director general del Ministerio de Minas e Hidrocarburos (1959-1963), cuyo titular era el eminente estadista venezolano, Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo, a quien consideró siempre su Maestro y mentor.

EL VICEMINISTRO DE JUAN PABLO PEREZ ALFONZO (1959-1963)

Como vice ministro y en diversas oportunidades encargado del Despacho, el joven jurista participó activamente, al lado del Dr. Pérez Alfonzo, en la formulación y ejecución de una política petrolera nacionalista y de Estado, que tuvo entre sus principales logros la fundación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo OPEP, la creación de la Corporación Venezolana del Petróleo CVP, la formación de la Comisión Coordinadora para la Conservación y el Comercio de los Hidrocarburos, la reimplantación de la política de no más concesiones, el mejoramiento de la participación fiscal en los ingresos de las empresas internacionales concesionarias, la venezolanizacion de los recursos humanos de dichas empresas, la tecnificación del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, la utilización racional y la conservación del gas natural y el impulso definitivo a la industria petroquímica nacional.

Desde fines de 1962 y hasta mediados de 1963 –durante 10 meses-, fue Encargado del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, mientras su titular, el Dr. Perez Alfonzo, tuvo que realizar numerosos y frecuentes viajes al exterior para apuntalar a la OPEP en su nacimiento y maduración y viajar a los Estados Unidos para reclamar un tratamiento justo y preferencial para las exportaciones petroleras venezolanas, sometidas a crecientes restricciones por las autoridades estadounidenses, mientras se privilegiaba a Canadá y México como suplidores fronterizos. Venezuela era a la sazón el primer exportador mundial del hidrocarburo y la fuerza decisiva dentro de la OPEP; pero también, históricamente, un abastecedor seguro y confiable del petróleo crudo y productos refinados a los Estados Unidos y a los mercados mundiales.

Decide retirarse del Ministerio en procura de una diputación por el estado Sucre en las elecciones presidenciales y legislativas de diciembre de 1963, en las que resultó elegido presidente de la República, el Dr. Raúl Leoni. Pérez Alfonzo visitó aquel año a los principales países consumidores del petróleo venezolano, tanto para ratificar su condición de abastecedor seguro y confiable como para disipar las aprehensiones de las naciones industrializadas de que la OPEP –fundada en Bagdad en setiembre de 1960--representaba un cartel de exportadores. Uno de sus discípulos, el Ing. Julio Sosa Rodríguez, pionero de la industria petroquímica venezolana, señalará mas tarde que el fundador de la OPEP desplegó su diligente acción diplomática internacional no sólo para robustecer la cohesión interna de la naciente organización y atraer e incorporar nuevos países exportadores, sino para defender los mercados y prestar la debida atención a los clientes tradicionales de nuestros crudos y productos refinados.

EL LEGISLADOR DE LA NACIONALIZACION PETROLERA (1964-1984)

Entre 1964 y 1984, Arturo fue diputado al Congreso Nacional por su estado natal. Fue presidente de la Comisión de Minas e Hidrocarburos de la Cámara de Diputados y, en 1970, estuvo al frente de una Comisión Especial de la Cámara de Diputados que propuso una reforma de la Ley de Impuesto sobre la Renta, la cual hizo posible que Venezuela fuese el primer país exportador de petróleo que fijó unilateralmente los precios de referencia del hidrocarburo; hito histórico que ha sido reconocido por tratadistas internacionales y que figura como una de las principales conquistas de los países productores de materias primas en todos los tiempos.

El entonces presidente de la República, Dr. Rafael Caldera, puso el ejecútese a la trascendental reforma. La Comisión Especial estuvo integrada por los diputados Jesús Bernardoni, Francisco Faraco, Siuberto Martínez, César Morales Carrero, Pedro Segnini La Cruz, José Luis Mattei, Radamés Larrazábal, Gonzalo Ramírez Cubillán, Ramón Echegaray y José de Jesús Cortez, quienes aprobaron por unanimidad el informe correspondiente a nombre de todas las fuerzas políticas representantes en el Congreso Nacional.

Los países de la OPEP, emulando a Venezuela, establecieron sucesivamente un régimen de igual tenor después de la decisión soberana del país. El crecimiento sostenido de la economía mundial y de la demanda petrolera, junto con las medidas adoptadas por la organización, permitieron que el precio del crudo marcador Árabe Liviano aumentara de alrededor de $1,80 por barril en 1970, a $3,00 en 1973 y $11,65 a principios de 1974.

Es reconocido por los expertos las observaciones y recomendaciones sensatas que formuló el diputado oriental en los debates parlamentarios sobre la Ley que Reserva al Estado la Industria del Gas Natural de 1971, la Ley de Bienes Afectos a Reversión en las Concesiones de Hidrocarburos del mismo año, la Ley que crea la Dirección de Bienes Afectos a Reversión en el Ministerio de Minas e Hidrocarburos de 1972 y la Ley que Reserva al Estado la Explotación del Mercado Interno de Productos Derivados de los Hidrocarburos de 1973, así como en la aprobación de los Contratos de Servicios; todos instrumentos legales promulgados por el presidente Caldera durante su primer período constitucional (1969-1974).

También en 1970, el diputado Hernández Grisanti jugó un rol primordial en la configuración de los Contratos de Servicio aprobados por el Congreso Nacional. Los Contratos de Servicio fueron diseñados con el objeto de que la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP) suscribiera convenios de exploración y producción, principalmente en áreas de alto riesgo y complejidad tecnológica, con empresas privadas nacionales e internacionales bajo condiciones favorables a la República en términos económico-financieros y fiscales. La CVP participaría plenamente en las decisiones operativas de las empresas y el país desarrollaría una capacidad de producción adicional en áreas nuevas y tradicionales en vista de la madurez de su industria y el limitado nivel que entonces habían alcanzado las reservas petroleras de Venezuela.

Los Contratos de Servicio no llegaron a materializarse finalmente porque las condiciones del mercado cambiaron a favor de los países exportadores de petróleo a partir de aquel año de 1970. Los países exportadores pudieron asumir directamente el control integral de sus respectivas industrias, antes manejadas por las empresas concesionarias. Hubo un amplio debate nacional en el cual algunos sectores sostuvieron que los Contratos de Servicio eran “concesiones disfrazadas.” En realidad, dichos convenios representaban una fase más avanzada en el proceso de reivindicación de la riqueza petrolera nacional y la experiencia adquirida en su estructuración – se preveía la formación de un Comité Supervisor de Alto Nivel y cuatro Sub-Comités (Técnico, de Mercadeo, Administrativo-Financiero y Legal)--, sirvió para preparar al país para la nacionalización petrolera.

En 1974 y 1975, Hernández Grisanti fue Miembro de la Comisión Presidencial designada por el presidente Carlos Andrés Pérez para adelantar la reversión de las concesiones petroleras, las cuales debían caducar en 1983 de conformidad con la Ley de Hidrocarburos de 1943. Participó activamente en la redacción de la Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos de 1975 (Ley de Nacionalización), la cual también dispuso la creación de Petróleos de Venezuela, S.A., como casa matriz de las antiguas empresas concesionarias, convertidas en 14 filiales operadoras que más tarde se fusionaron en tres (Lagoven, Maraven y Corpoven).

Orador fluido y elocuente, como co-redactor de la Ley de Nacionalización -y portavoz petrolero de su Partido durante toda su trayectoria parlamentaria y política-, se ocupó principalmente de proteger a los trabajadores y a la gerencia profesional de las antiguas empresas internacionales concesionarias, así como de garantizarles su estabilidad laboral y beneficios sociales dentro de la nueva empresa estatal; principios que fueron recogidos en el Artículo 23 y 24 de dicha Ley. Mas tarde escribirá:

En diferentes declaraciones públicas, recogidas por los medios de comunicación en 1974 y 1975, señalé que los cuadros obreros, profesionales, gerenciales y directivos de la industria (petrolera) permanecerían intactos (después de la nacionalización). Me toco participar activamente en la redacción de los artículos 23 y 24 de la Ley de Nacionalización, que consagraron la estabilidad laboral y el goce de todas las reivindicaciones sociales y económicas tradicionalmente disfrutadas por los trabajadores de la industria.

Consciente de la importancia de que el Ministerio de Energía y Minas preservara su condición de ente rector de la política energética del país, la Ley previó disposiciones específicas al efecto, de tal manera que PDVSA se dedicara a ejecutar los lineamientos de política emanados del Ministerio y sus empresas filiales a operar en toda la cadena de valor de los hidrocarburos, desde la sísmica y la exploración hasta la refinación, la distribución y el mercadeo nacional e internacional.

No es un secreto que el entonces presidente de la Comisión de Energía y Minas de la Cámara de Diputados tuvo reservas respecto del controvertido Artículo 5to. de la Ley de Nacionalización, el cual dejaba abierta la posibilidad de que, conforme al interés nacional, previa aprobación del Congreso de la República, Petróleos de Venezuela pudiera suscribir convenios de asociación o convenios operativos con empresas petroleras privadas para realizar las actividades reservadas al Estado. Hubo un intenso debate en las cámaras legislativas, en los medios de comunicación, en las universidades y en las cámaras empresariales.

El propio Pérez Alfonzo y el ex presidente Caldera se opusieron al Artículo 5to. El ex presidente Betancourt y el Dr. Gonzalo Barrios, presidente del Congreso Nacional, respaldaron el Artículo. Hernández Grisanti fue respetuoso de la línea de apoyo fijada por su Partido Acción Democrática. En todo caso todas las fuerzas políticas representadas en el parlamento venezolano aprobaron finalmente la histórica Ley de Nacionalización. Años más tarde el legislador revisaría su posición en el marco de las nuevas realidades de la industria energética mundial y de la necesidad de que el país explotara las ingentes reservas de la Faja Petrolífera del Orinoco y acometiera nuevas inversiones en áreas de alto riesgo tecnológico, comercial o geológico.

Entre 1979 y 1984, ante la centralización de las reservas de Petróleos de Venezuela, S. A. en el Banco Central de Venezuela, el diputado Hernández Grisanti, sin objetar el principio legal de que el Instituto Emisor es el custodio de las reservas internacionales del país, inició acciones parlamentarias para garantizar la solvencia financiera de la casa matriz. Junto con el diputado Freddy Muñoz y otros parlamentarios, como Domingo Felipe Maza Zavala, Adelso González Urdaneta y Ramón Tenorio Sifontes, promovió una reforma de la Ley de Banco Central de Venezuela (1982), la cual dispuso la creación de un fondo rotatorio en divisas para que PDVSA contara con los recursos necesarios para su normal funcionamiento y para sus inversiones, ante el peligro de descapitalización que la empresa estatal sufría a la sazón por la excesiva carga fiscal.

Previamente, el parlamentario sucrense presentó un proyecto de reforma de la Ley de Impuesto sobre la Renta (1981) para colocar un tope a la facultad del Ejecutivo Nacional para fijar los valores fiscales de exportación, los cuales habían sido elevados considerablemente por el Ejecutivo Nacional en momentos en que caían los precios del petróleo. Se logró así un equilibrio entre la justa participación fiscal del Estado y las necesidades de recursos financieros de PDVSA. Dentro de esta misma filosofía, fue siempre partidario de que el Ejecutivo Nacional no debía declarar dividendos, de tal manera que nuestra primera industria utilizara tales recursos para sus operaciones, inversiones y reemplazo de activos depreciados.

EL RENTISMO Y LA INTOXIACION ECONOMICA DE LOS AÑOS 70

Fueron tres los venezolanos que con sentido histórico o rigor académico advirtieron oportunamente sobre los peligros de la excesiva dependencia petrolera, por su inmensa capacidad para atrofiar y hasta destruir el desarrollo agropecuario e industrial-manufacturero de Venezuela: Alberto Adriani, Arturo Úslar Pietri y Juan Pablo Pérez Alfonzo.

Adriani conceptualizó lo que décadas más tarde se denominó La Enfermedad Holandesa (Dutch Desease), cuando Venezuela vivió su primera gran bonanza financiera durante los años 20 del siglo pasado: un boom de recursos naturales da lugar a una sobrevaluación sistémica del tipo de cambio, con lo cual se expanden sólo las industrias de bienes no transables (gastos gubernamentales, construcción, servicios financieros, transporte y comunicaciones, servicios de importación, servicios de restaurantes y hotelería, etc.), en detrimento de las industrias de bienes transables (manufacturas pesadas, intermedias y finales, agricultura, ganadería y pesca, minería, industria química y petroquímica, etc.).

Úslar Pietri, discípulo y colaborador de Adriani en 1936, sintetizó la necesidad de proteger y desarrollar una economía sustentable no petrolera en la trascendental frase Sembrar el Petróleo. Pérez Alfonzo articuló en los años sesenta la tesis de los límites del desarrollo económico o Efecto Venezuela, también denominada por los especialistas Maldición de los Recursos (Resource Curse), conforme a la cual una economía tiene a corto plazo una limitada capacidad de absorción y la bonanza de un recurso natural –generalmente no renovable--, provoca una expansión desorbitada de la liquidez monetaria y de la demanda agregada a través del gasto público, que a la postre genera ciclos de inflación, endeudamiento, elevadas importaciones, agravamiento de la dependencia petrolera, recesión y descomposición del aparato productivo y del propio tejido institucional del Estado y la sociedad civil (Pérez Alfonzo, 1971; Kart, 1997).

Profundamente mortificado por lo que vio venir durante el boom petrolero de los años 70, el estadista caraqueño se convirtió en un severo crítico del V Plan de la Nación, por considerar que el mismo afirmaría el modelo de desarrollo resntístico de la economía venezolana (rent-seeking behaviour), sumiendo a Venezuela en la Maldición de los Recursos. En efecto, el crecimiento económico de Venezuela registró una tasa estable y sostenida de 5,9% interanual entre 1928 y 1978, con un incremento del ingreso por habitante de 2,8%, mientras que después del boom petrolero de los años 70, la economía sólo creció 1,04% interanual entre 1978 y 1998 y el ingreso por habitante se contrajo 1,57% al año, con dramáticas fluctuaciones y alta inflación (Ochoa, 2008).

Su discípulo Hernández Grisanti fue de los pocos dirigentes políticos venezolanos que estudió y alertó sobre los ruinosos efectos de los límites al desarrollo económico o Maldición de los Recursos. La historia ha dado la razón a Adriani, Úslar Pietri y Pérez Alfonzo. Venezuela no ha podido salir de las intoxicaciones económicas generadas por los ciclos de elevación y contracción de las cotizaciones internacionales de petróleo. Las instituciones del Estado y los servicios públicos se han deteriorado, el clientelismo político, empresarial y sindical no cesa, los sectores industrial-manufacturero y agropecuario permanecen estancados sin perspectivas de crecimiento sustentable y el modelo rentístico de desarrollo ha tendido a afianzarse antes que a atenuarse y desaparecer.

EL PRESIDENTE DE LA OPEP ENFRENTA LA GUERRA DE PRECIOS (1986)

En 1984 el veterano legislador fue designado ministro de Energía y Minas por el presidente Jaime Lusinchi. Para entonces el mercado petrolero mundial acusaba un notable debilitamiento como consecuencia de la excesiva elevación de los precios del combustible después del derrocamiento del Sha de Irán en diciembre de 1978 y el inicio de la guerra entre Irak e Irán en setiembre de 1980. El agudo incremento de los precios del petróleo entre 1979 y 1981, de alrededor de $12 por barril a $40 en sólo dos años, había generado una reacción correctiva del mercado.

El consumo petrolero mundial descendió 7 millones de barriles diarios entre 1979 y 1985, y los suministros de fuentes distintas a la OPEP aumentaron 6 millones de barriles diarios, causando una drástica reducción en la producción de hidrocarburos líquidos de la OPEP, la cual se desplomó de 31 a 17,2 millones de barriles diarios durante el mismo lapso. Los precios se deterioraron sucesivamente hasta colapsar en una cruenta guerra de precios en 1986. El crudo marcador Brent del Mar del Norte cayó de $ 36,83 en 1980, a $14,43 por barril en 1986. Algunos crudos extra-pesados venezolanos llegaron a cotizarse en $5 por barril y el Tía Juana Liviano a $8.

En estas condiciones el ministro venezolano asumió la presidencia de la OPEP, habiendo sido elegido en la Conferencia Ministerial de diciembre de 1985, cuando la organización adoptó la primera resolución en la cual anunció la necesidad de detener el grave deterioro de la participación de la OPEP en el mercado. Se designó un Comité Ministerial, encargado de diseñar una estrategia bien fundamentada, conformado por los ministros de los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Indonesia, Irak y Venezuela, bajo la presidencia del Dr. Hernández Grisanti.

Se desató, sin embargo, una virulenta guerra de precios en medio de la cual el presidente venezolano de la OPEP formuló en Yeddah, Arabia Saudita, en mayo de aquel año, una propuesta para parar la dramática caída en las cotizaciones del crudo, retomar la defensa de los precios como principio cardinal de las acciones de la organización y estabilizar el mercado dentro de un valor justo y remunerativo tanto para los países exportadores como consumidores.

El presidente de la OPEP argumentó ante sus colegas que la guerra debía interrumpirse, que ya había originado una baja en la producción de campos marginales en el mundo entero y que la organización debía restablecer su potestad de fijar el precio mínimo para este recurso no renovable, reconociendo, a su vez, que dicho valor no podía sostenerse al nivel oficial de referencia entonces vigente de $28 por barril para el crudo Árabe Liviano.

El Dr. Hernández Grisanti preguntó a sus colegas cual podía ser ese nuevo valor de referencia. El ministro saudita, el jeque Ahmed Zaki Yamani propuso $17/b, el ministro de Indonesia Subroto $19/b, el ministro de Nigeria, Tam David West $20/b, el ministro argelino Belcacem Nabi $22/b y el ministro iraní Mohamed Gharazzi $24/b. El ministro venezolano obtuvo así un consenso básico: la OPEP debía recuperar su facultad para determinar el valor mínimo de sus petróleos crudos con miras a estabilizar los precios en un nivel razonable.

Se designó una comisión de expertos alto nivel integrada por Fadhil Al Chalabi, sub secretario general de la OPEP, Ramzi Salman, representante nacional de Irak, y el venezolano Alirio Parra, quienes presentaron un concienzudo estudio y recomendaron que la OPEP estableciera una nueva meta de precios basada en una cesta de crudos con un valor de $18 por barril, la cual fue adoptada por la organización en su Conferencia Ministerial de diciembre de 1986. La guerra de precios se detuvo y, a partir de entonces, la demanda petrolera mundial recuperó su histórica tendencia creciente –que se mantiene hasta nuestros días- y la producción de la OPEP reinició su incesante ascenso, rescatando los mercados perdidos.

Si en pro de la defensa de los precios la OPEP debía –y debe-- regular el suministro petrolero sin perjudicar el crecimiento de países industrializados y en desarrollo, en el seno de la organización, era –y es-- necesario mantener y fortalecer la participación relativa de Venezuela en los techos de producción fijados. Es así como el ministro venezolano, frente a un mercado en contracción, pudo negociar un mejoramiento del peso relativo del país en las cuotas de extracción, el cual aumentó de 8,57% del total establecido en marzo de 1982, a 9,72% en octubre de 1984; mejora que fue ampliada por la eliminación de un cuota de condensados de 25 mil barriles diarios que ningún otro país miembro tenía desde que la OPEP fijó por primera vez cuotas de producción de petróleo crudo aquel año.

La OPEP vivió en aquellos años uno de los períodos más difíciles de su historia. Irak e Irán estaban en guerra y dos bandos se enfrentaban en posiciones contrapuestas en torno a la estrategia de recuperar el terreno perdido sin abandonar la defensa de los precios. Es casi milagroso que no haya sucumbido en medio de la guerra de precios. Al igual que en los años sesenta, cuando los ministros Manuel Pérez Guerrero y José Antonio Mayobre desplegaron sus reconocidas habilidades diplomáticas para preservar la unidad de la OPEP, Hernández Grisanti asumió un papel similar en los años 80. Escribió en la Introducción a la Memoria y Cuenta del Ministerio de Energía y Minas del año 1985:

La OPEP vive un momento crítico. El agravamiento de la situación económica y financiera de sus miembros –que los presiona y los hace incumplir sus compromisos en cuanto a volúmenes de producción y precios-- la ha colocado en una posición en la que no está en capacidad de llevar por si sola el peso de estabilizar el mercado. Sus esfuerzos por defender los precios han sido aprovechados por los productores no pertenecientes a la Organización, para desplazarla de sus mercados, con la excepción de México.

En reconocimiento del nuevo rol de los nuevos países exportadores, el presidente venezolano de la OPEP coordinó la primera reunión entre países miembros y no miembros de la organización, iniciándose así un dialogo permanente con México, Egipto, Omán, China, Brunei, Malasia, Noruega y Rusia, el cual no se ha interrumpido tampoco hasta nuestros días.

EL MINISTRO DE ENERGÍA APUNTALA EL DESARROLLO (1984-1988)

Hernandez Grisanti enfrentó, primero, el deterioro, luego el colapso y mas tarde una leve recuperación en las cotizaciones del crudo. No fue ello obstáculo para que durante su gestión como ministro de Energía y Minas se robusteciera patrimonialmente PDVSA, se eliminara el subsidio y las pérdidas –aunque temporalmente-- de la casa matriz en el suministro de hidrocarburos al mercado interno, se recuperara financiera y operativamente la industria petroquímica y se iniciara su franca expansión, se impulsara la formación de capital nacional y la industrialización de las corrientes de refinación y se iniciara verdaderamente el desarrollo del proyecto carbonífero de Guasare en el Estado Zulia.

Dejemos que sea el mismo quien defina las bases de la política energética durante su mandato ministerial. En su trabajo Petróleo e interés nacional (Introducción a la Memoria y Cuenta del Ministerio correspondiente a 1984), el Ministro establece ocho lineamientos básicos de política pública:

1. Mantener un volumen de reservas y un potencial de producción (de hidrocarburos) suficiente para garantizar un nivel de exportación acorde con las necesidades del desarrollo económico.

2. Garantizar, atendiendo una política de racionalización del consumo, el suministro de hidrocarburos al mercado interno.

3. Tomar las previsiones necesarias para que la planificación de las inversiones de la industria y el uso de sus reservas financieras se coordinen debidamente con las metas y exigencias de la planificación nacional, preservando la solvencia y autonomía financiera de la industria (PDVSA).

4. Jerarquizar los programas y proyectos que ofrecen mayor rendimiento a la industria, de tal manera que se alcance el máximo potencial (de producción) con el mínimo posible de inversiones y gastos.

5. Continuar el esfuerzo de integración de la industria petrolera venezolana con las demás actividades productivas del país. Habrá que reforzar su papel como agente impulsor de la actividad económica y en este sentido la planificación deberá tender al fomento y apoyo a las estructuras económicas internas, así como al fortalecimiento e incremento de la participación del componente nacional en la ejecución de sus programas y proyectos.

6. Maximizar el esfuerzo para sustituir el uso de hidrocarburos líquidos por gas natural y estimular el ahorro de combustible, así como planificar y ejecutar…un sistema de gasoductos que satisfaga los requerimientos de gas del país.

7. Defender la unidad y coherencia de la OPEP, como medio esencial para la estabilización del mercado y la defensa de los precios.

8. Intensificar las relaciones con los países productores de petróleo no miembros de la OPEP, especialmente con México.

Estos lineamientos fueron complementados con otros que surgieron a la luz de las tendencias internacionales del negocio petrolero mundial. En el trabajo Administrando el petróleo en tiempos difíciles (Introducción a la II Memoria y Cuenta del Ministerio correspondiente al año 1985), el Dr. Hernández Grisanti analiza la dramática contracción de la demanda y de los precios del petróleo y la decisión de la OPEP de establecer cuotas de producción para defender los precios. En consecuencia, fija un lineamiento para proteger los mercados de los crudos venezolanos dentro de un ambiente de severa competencia e inclusive de guerra de precios, teniendo presente que la mayoría determinante de las reservas de petróleo de Venezuela está constituida por crudos pesados y extrapesados, entonces de muy difícil colocación en los mercados mundiales:

Se intensificarán las acciones para asegurar una salida estable de los hidrocarburos venezolanos a los mercados internacionales. Para complementar su política de comercialización, la industria desarrollará y promoverá inversiones en los mercados consumidores, asegurándose que las mismas correspondan a un proceso racional, estructurado y atractivo para los intereses de la industria y de la nación.

En Venezuela y la situación petrolera mundial (1986), el Ministro complementa los lineamientos anteriores con objetivos más focalizados, tales como:

...la optimización de los resultados económicos de PDVSA y sus (empresas) filiales,…el mantenimiento de la solvencia y solidez financiera de la industria,…la expansión planificada de la industria petroquímica,…la industrialización del gas natural y otros derivados de los hidrocarburos y…el resguardo de la autonomía operacional de la industria petrolera nacional.

Dentro de aquel cuadro internacional adverso, se extendió la política de integración vertical de PDVSA, mediante la adquisición del 50% de las empresas CITGO, Steuart y Champlin en los Estados Unidos, la ampliación de la asociación con VEBA OEL en Alemania y Europa, con sus canales de distribución en los oleoductos transalpino (TAL) y Sur Europeo (SPSE), y la compra del 50% de la empresa sueca de productos asfálticos y especialidades, Nynas Petroleum. Todas ellas refinerías sofisticadas con capacidad para procesar los crudos medianos, pesados y extra-pesados de Venezuela (mas de 1,250 millones de barriles diarios) y sistemas de distribución por oleoductos y venta al detal en millares de estaciones de servicio en Europa y Estados Unidos.

La presencia energética de Venezuela en el Caribe fue uno de los ámbitos de su atención prioritaria. En primer lugar, se negoció en condiciones favorables para la República, el cierre ordenado de la anticuada refinería de Aruba y el arrendamiento por PDVSA de la refinería de Curazao, más sofisticada que la primera. Fueron difíciles pero fructíferas las negociaciones con las empresas Exxon y Shell y con los gobiernos de Holanda y las Antillas Neerlandesas para alcanzar sendos acuerdos, pese a que no lucían económicamente viables –aunque a la postre si resultó también un buen negocio para la empresa estatal-; pero que eran de vital importancia para la política exterior de Venezuela.

En segundo lugar, se procedió a adquirir los terminales de aguas profundas no sólo de Curazao –como parte del acuerdo de arrendamiento de la refinería- sino de Bonaire (BOPEC) y las Bahamas. Con ello, todo el sistema de almacenamiento y despacho de hidrocarburos del Caribe quedó bajo el manejo de Venezuela, evitando la presencia de factores extra-continentales en esta zona de influencia determinante para la nación. Y en tercer lugar, se creó el Grupo de Países Latinoamericanos y Caribeños Exportadores de Petróleo (GIPLACEP), integrado por México, Colombia, Trinidad y Venezuela, como foro de diálogo para la cooperación energética en la región caribeña.

Paralelamente, se profundizó la política de diversificación de las exportaciones de Venezuela y de colocación de nuestros crudos en refinerías de conversión profunda en Estados Unidos, Europa y Asia; políticas que dirigió de manera eficaz el entonces director y vicepresidente de PDVSA, Ing. Mario Rodríguez. Se firmaron memorandos de entendimiento o se instauraron comisiones de alto nivel técnico con los principales países consumidores del petróleo venezolano y con nuevos países exportadores de petróleo, entre los que cabe mencionar a Estados Unidos, Colombia, Trinidad y Tobago, Canadá, México, China, Inglaterra y Noruega.

Le correspondió firmar los primeros acuerdos de cooperación petrolera con la República Popular China –todavía vigentes-, y organizar la primera visita a Venezuela de un primer ministro chino, el Sr. Zhao Ziyang –más tarde Presidente de la Republica-, en noviembre de 1985, y de la primera ministra noruega, Dra. Gro Harlem Gruntland, una de las mas respetadas estadistas escandinavas y conductora de la comisión de las Naciones Unidas que en un histórico informe alertó acerca de los peligros de la degradación ambiental y el cambio climático.

Durante la penosa guerra de precios de 1986, las acciones dirigidas a proteger los mercados de exportación de Venezuela sin violar nuestros compromisos con la OPEP, incluyeron la conformación de un grupo de expertos de alto nivel conformado por un representante de los ministerios de Relaciones Exteriores y de Energía y Minas y un ejecutivo de PDVSA, quienes monitorearon la evolución de las iniciativas legislativas que en Estados Unidos fueron presentadas por sectores proteccionistas ante el Congreso de ese país para establecer restricciones, contingentes o aranceles, a las importaciones de petróleo. Se contrató un prestigioso escritorio jurídico de Washington y se aprovechó la oportunidad para desplegar una labor de concientización en el parlamento norteamericano y demás órganos de gobierno sobre la tradicional confiabilidad de los suministros de Venezuela a su principal mercado.

El crecimiento y desarrollo de la industria química y petroquímica nacional fue una de sus principales preocupaciones. Designó como vice-ministro de Energía y Minas a uno de los principales gerentes del ramo en Venezuela, el Ing. Hernán Anzola, a la sazón vicepresidente de Petroquímica de Venezuela, S.A. (Pequiven), quien lideró las acciones para la concreción de once (11) proyectos de inversión, entre los cuales destacan las plantas petroquímicas más grandes en la historia de Venezuela: PVC, polipropileno (Propilven) y de MTBE (Supermetanol y Superoctano). En la Instroducción a la Memoria y Cuenta del Ministerio correspondiente al año 1985, el Ministro afirmó:

Los resultados operacionales y financieros obtenidos por la industria petroquímica durante 1985 reafirmaron la recuperación alcanzada por Pequiven y permitieron ahondar en la implantación de planes y programas de expansión y diversificación de su capacidad productiva…La acción señalada permitió delinear un plan de inversiones para los próximos diez años, para cuya ejecución se destinarán recursos de aproximadamente Bs. 10 mil millones.

El ministro Hernández Grisanti fue uno de los pioneros en estimular el desarrollo del sector petrolero privado de Venezuela, tanto en el ámbito de la explotación dentro de la cadena de valor de los hidrocarburos en actividades no reservadas al Estado, como en la formación de capital nacional. Fueron varias las determinaciones que se tomaron, a saber:

• El Ministerio de Energía y Minas emitió la Resolución No. 108 del 22 de abril de 1986, la cual autorizó la regeneración de aceites lubricantes servidos, estimulando así a la industria privada en las actividades de industrialización de las corrientes de refinación mientras se tomaban acciones para la conservación ambiental.

• Mediante Resolución No. 289 del Ministerio de Energía y Minas, de fecha 29 de octubre de 1985, se establecieron los términos y condiciones de venta del asfalto por parte de PDVSA a las empresas privadas, con miras a estimular el valor agregado nacional, incentivar la exportación de productos asfálticos mas elaborados y promover el desarrollo racional del sector.

• Mediante Decreto No. 1.058, de abril de 1986, el Ejecutivo Nacional estableció una exoneración por cinco años a los enriquecimientos provenientes de nuevas inversiones en la industria petroquímica y carbonífera nacional, con el objeto de incentivar la inversión privada en ambos sectores.

La racionalización del consumo de hidrocarburos líquidos y la sustitución de productos refinados por gas natural en la mezcla nacional de combustibles cobró un impulso fundamental al instaurarse, en 1984, una Estructura racional de precios de los hidrocarburos en el mercado interno, la cual permitió, por primera vez, eliminar el subsidio y las pérdidas de PDVSA en el mercado local, con un esquema diferencial que resguardaba las clases populares con precios mas accesibles para el transporte publico automotor. Los precios de la gasolina y demás combustibles fueron aumentados luego de una campaña informativa, y sin traumas de orden publico.

Fue controvertida pero indudablemente acertada la determinación del Ejecutivo Nacional de adscribir a Petróleos de Venezuela, S.A., en 1985, el desarrollo del largamente esperado y nunca ejecutado Proyecto Carbonífero del Guasare, Estado Zulia, el cual fue llevado a feliz término a partir de esta decisión. El ministro Hernández Grisanti argumentó a la sazón:

El gobierno tomó la decisión, criticada por algunos como despojo, de constituir una filial de PDVSA para que se encargara de realizar el proyecto de desarrollo y explotación de los yacimientos carboníferos del Guasare. Por supuesto que no hubo ninguna intención de despojo. El proyecto está en el Zulia, la filial se ha desarrollado y va a permanecer en el Zulia; la actividad económica que nos garantiza la eficiencia profesional y gerencial de la industria petrolera es más completa en manos de ésta que en cualesquiera otras…Hemos entonces integrado estos tres sectores: el carbón, el petróleo y el gas, en una sola estructura bajo la coordinación y supervisión de PDVSA. Allí está proyectada una inversión de seis mil millones de dólares a mediano plazo para llegar a producir hacia 1990 un millón toneladas métricas y para el 2000, seis millones de toneladas métricas de carbón.

Fue también controversial la transacción alcanzada por el Ejecutivo Nacional con las antiguas empresas concesionarias para finiquitar los reparos fiscales introducidos por el Contralor General de la República a las declaraciones de impuesto sobre la renta de dichas empresas presentadas al fisco a raíz de la fijación unilateral de precios de 1970. Con la autoridad moral y política que lo asistía y siempre respetuoso de la seguridad jurídica del país, el Dr. Henández Grisanti acudió a las cámaras legislativas para explicar ampliamente las razones de tal decisión. El propio Dr. Pérez Alfonzo había argumentado la improcedencia de tales reparos. El Ministro dejó claramente establecido que si bien la reforma del artículo 41 de la Ley de Impuesto sobre la Renta incrementaba la tasa de impuesto para el ejercicio fiscal de aquel año (la tasa marginal llegó a alcanzar 67,5%), era erróneo que se utilizaran los valores fiscales fijados en 1971 para gravar un ejercicio fiscal anterior.

Defensor de la estabilidad laboral de los trabajadores petroleros y del capital humano de PDVSA, Hernández Grisanti sentó doctrina al lograr que el Ejecutivo Nacional, en representación del accionista, designara juntas directivas integradas por ejecutivos de larga trayectoria y alta idoneidad gerencial y técnica provenientes de las filas de la propia industria. Fue así como en 1984 el Presidente de la República nombró un directorio presidido por el geólogo Brígido Natera, y más tarde por el Ing. Juan Chacín Guzmán, ambos con más de 35 años de experiencia en la industria petrolera venezolana. Sostuvo desde los días de la nacionalización, en 1975:

Para entonces consideramos también que en lugar de interrumpir o mediatizar la carrera de los profesionales de la industria, la nacionalización abría oportunidades antes cerradas o restringidas a muy pocos. A quienes intervinimos en la larga historia de luchas que libró Venezuela para afirmar su soberanía sobre su principal fuente de ingresos, nos satisface que sean venezolanos los que ejerzan hoy las presidencias y directivas de Petróleos de Venezuela y sus empresas filiales.

En su conferencia Las perspectivas del mercado y las inversiones de PDVSA (1987), también el veterano servidor público plasmó principios doctrinarios sobre el rol que debe jugar la casa matriz como empresa del Estado:

…PDVSA cumple tres funciones principales:
1.- genera ingresos (excedentes) para el fisco y la economía; 2.- Promueve el desarrollo a través de sus presupuestos de operación e inversión; y 3.- preserva su carácter comercial y empresarial. El carácter comercial y empresarial de PDVSA exige mantener: 1.- su gerencia profesional; y 2.- su autosuficiencia y solvencia financieras.

Su vocación de legislador salió a relucir cuando designó una comisión de calificados juristas encargada de redactar una nueva Ley de Hidrocarburos, que consolidara en un solo instrumento legal la dispersión existente en el ordenamiento jurídico por virtud del solapamiento entre la Ley de Hidrocarburos de 1943 y la Ley de Nacionalización de 1975, así como de las demás leyes que regían el sector. Esta comisión fue conformada por los doctores Guillermo Altuve Williams, Julio César Arreaza Arreaza, Alvaro Silva Calderón y Héctor Grisanti Luciani, siendo secretarios de la misma, sucesivamente, los doctores José Amando Mejía Betancourt y Alicia Medina Torrealba.

La Comisión de Juristas presentó un proyecto de Ley que, por lo avanzado del período constitucional y la inminencia de las elecciones de 1988, no fue posible considerar en las cámaras legislativas; pero que representó un genuino esfuerzo por modernizar y unificar la legislación nacional de hidrocarburos, actualizar las instituciones de conducción estatal, ejercer eficazmente la regulación de la industria y la supervisión de PDVSA, estimular el sector nacional de servicios petroleros y abrir espacios a la inversión privada nacional e internacional.

Arturo Hernández Grisanti siempre mantuvo la tesis de que la política petrolera de la democracia venezolana fue manejada con criterio de Estado, siendo formulada por todos los sectores políticos y civiles de la sociedad con una visión a largo plazo y con una base doctrinaria común que le brindó ingentes beneficios económicos y sociales a la nación. Esa política respondió a principios de sano nacionalismo y fue desarrollada dentro de reglas claras, ajustadas al derecho nacional e internacional. Su larga estabilidad y continuidad es demostrativa de los sólidos fundamentos técnicos y de interés nacional con que fue formulada y ejecutada. Las adaptaciones a la que las políticas públicas del sector de hidrocarburos debían responder a los factores cambiantes de la industria a nivel internacional y a las necesidades de fortalecer el desarrollo integral de Venezuela.

Durante su gestión como ministro de Energía y Minas se conmemoró el décimo aniversario la nacionalización petrolera, fecha en la que delineó los objetivos y retos futuros de la industria petrolera, petroquímica y carbonífera nacional:

• La explotación e industrialización del gas natural;
• La expansión de la industria petroquímica nacional;
• El desarrollo del proyecto carbonífero del Guasare;
• El impulso a la industrialización racional de los productos refinados del petróleo en usos no energéticos, con la participación del sector privado;
• La consolidación del proceso de internacionalización;
• Las conservación en el uso de hidrocarburos líquidos para fines energéticos en el mercado interno;
• El fortalecimiento de la investigación y de la capacidad tecnológica del sector;
• La optimización de los resultados operacionales y financieros de PDVSA y sus empresas filiales; y
• El continuo fortalecimiento de los cuadros obreros, técnicos, y gerenciales de la industria.

Estos retos, delineados por el experimentado servidor público hace más de dos décadas, mantienen plena vigencia en la actualidad.

Pese a su carácter recio y a su imagen de hombre de difícil afabilidad, todas sus ejecutorias de hombre público estuvieron signadas por un espíritu democrático de diálogo y amplitud. A sus antiguos colegas del Congreso Nacional, con quienes compartió durante más de dos décadas, expresó en una ocasión:

Mención especial merece la comunicación franca y permanente que he sostenido con todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso Nacional…He recogido sus opiniones y recomendaciones con espíritu democrático. Ha sido la intención permanente…informar con amplitud, escuchar sin sectarismo, advertir sin alarmar y actuar sin estridencias.

DESARROLLO Y NACIONALISMO PETROLERO

Arturo Hernández Grisanti fue un actor principal en la formación de la política petrolera del Estado venezolano a partir de la restauración democrática, el 23 de enero de 1958. Pero su actuación no fue aislada. Esta se inscribió dentro de un contexto histórico y bajo un ideario político y una estrategia de desarrollo que Venezuela adoptó, por lo menos durante los tres períodos constitucionales presididos por Rómulo Betancourt (1959-1964), Raúl Leoni (1964-1969) y Rafael Caldera (1969-1974).

La dilemática relación Petróleo – Estado y Petróleo – Sociedad se ha desenvuelto, desde los años 30 del siglo XX hasta nuestros días, entre dos corrientes de pensamiento, fundamentalmente. Una de corte liberal, conforme a la cual la explotación de los hidrocarburos podía perfectamente realizarse por empresas petroleras internacionales con la capacidad de garantizar mercados, capital, tecnologías y destrezas gerenciales, donde el Estado maximiza la renta minera por medio de la regalía y el impuesto sobre la renta. Esta corriente sostenía la necesidad de aumentar sostenidamente la producción petrolera.

La otra corriente, que denominaremos nacionalista, postulaba que Venezuela debía progresivamente asumir el control pleno de la industria petrolera para afirmar su soberanía y autonomía económica y supeditar la explotación de los hidrocarburos a los planes de desarrollo económico y social de la nación y no a la insaciable sed de consumo de las naciones capitalistas industrializadas. Esta tesis preconiza la necesidad de maximizar la renta petrolera por la vía de precios y no de volúmenes bajo una estrategia de conservación de los hidrocarburos para evitar su agotamiento intensivo a corto plazo.

La tesis nacionalista se inscribía a su vez dentro de las dos vertientes del pensamiento económico mundial dominantes desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX hasta la década de los años 80: el paradigma keynesiano de intervención del Estado en la regulación de la economía y el modelo de sustitución de importaciones adoptado por América Latina a partir de los años 50, formulado por el economista argentino Raúl Prebish durante su ejercicio como secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL).

Hernández Grisanti se inscribió en las filas del nacionalismo prudente. Venezuela no propició una estrategia de ruptura mediante una nacionalización abrupta, como la efectuada por México en 1938 o Irán en 1954. El país alcanzó la nacionalización, más bien estatización, por medio de un proceso cuidadosamente diseñado dentro de aquel contexto histórico. El éxito de este proceso fue evidente, al constatarse que Venezuela probablemente realizó una nacionalización sin traumas, respetando los legítimos derechos de las anteriores empresas concesionarias multinacionales.

No debe confundirse, sin embargo, el maravilloso éxito del Paradigma Perezalfoncista (El Pentágono Petrolero), con la insuficiencias institucionales de las élites de Venezuela para administrar con eficiencia y eficacia la ingente riqueza petrolera o con la incapacidad del país en su conjunto para Sembrar el Petróleo, es decir, para crear actividades tanto no petroleras como de industrialización de los hidrocarburos, que dieran sustento permanente a una economía no rentística sino productiva, con una institucionalidad política y económica de primer orden, un sector empresarial dispuesto a asumir riesgos sin esperar dádivas y prebendas, un movimiento sindical consciente y participativo, un capital humano altamente calificado y un sistema judicial garante de la seguridad jurídica de personas e instituciones. Los venezolanos creamos un Petro-Estado que no sólo sepultó la agricultura y la industria, sino que pulverizó las fuerzas creativas y morales de la sociedad civil.

El Paradigma Perezalfoncista, al cual estuvo doctrinariamente ligado el Dr. Hernández Grisanti, es generalmente evaluado en función de sus ejecutorias petroleras; pero muchas veces se soslaya que este modelo de país suponía también la conversión de la riqueza petrolera en capacidad productiva sustentable para la generación de empleos permanentes y para la erradicación de la pobreza en democracia. Al caer el país en las redes de la Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa a raíz de la bonanza petrolera de los años 70, el rumbo de Venezuela se desvió y su progreso y prosperidad se detuvo. El estudioso hijo de Río Caribe se llevó a la tumba esta profunda preocupación sobre el presente y el futuro de su país.

PROFESOR UNIVERSITARIO Y EMBAJADOR DE VENEZUELA

En 1988, el curtido legislador regresa a sus afanes parlamentarios. Fue electo Senador por el Estado Sucre y presidente de la Comisión de Energía y Minas del Senado. Concluyó su dilatada y fructífera labor de servidor del Estado como Embajador de Venezuela en España, México y Portugal, entre 1989 y 1997. Fue un socialdemócrata desde sus días universitarios y dentro de su partido Acción Democrática fue secretario político ejecutivo del Comité Ejecutivo Nacional, sub secretario general y jefe de la fracción parlamentaria. Compitió en 1981 con el Dr. Jaime Lusinchi por la secretaria general de su partido, como preámbulo a la nominación presidencial, en la cual resultó vencedor el senador anzoatiguense.

Como internacionalista, fue vicepresidente y presidente del Parlamento Latinoamericano. Como educador, fue profesor de Política Petrolera de la Universidad Simón Bolívar, cátedra que regentó durante muchos años y cuyos jóvenes discípulos, hoy en posiciones de liderazgo en sus respectivas actividades profesionales y empresariales, le recuerdan con aprecio y respeto.

Escribió diversos ensayos sobre temas económicos y petroleros y dejó un gran número de densos discursos en el Congreso Nacional que dan cuenta de su arraigado nacionalismo y de su consecuente adhesión al ideario político, petrolero, socio-económico y conservacionista del Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo, a quien profesaba una profunda admiración.

Fue un lector incansable. Leía principalmente libros de Historia y biografías de los grandes personajes de la humanidad; pero también de literatura, ciencias políticas, relaciones internacionales, economía, energía o vinos. Era menos aficionado a las artes plásticas; pero en una ocasión sorprendió a sus contertulios discurriendo sobre la vida del gran pintor renacentista flamenco Brughel el Viejo en el Museo de Bellas Artes de Viena.

Poseía una curiosidad intelectual insaciable y una capacidad de raciocinio lógico que se apartaba de lo común. Recitaba de memoria poemas Neruda, Miguel Hernández o Andrés Eloy Blanco, y pensamientos de Simón Bolívar o Abraham Licoln, cuya vida le cautivó. Llamaba a Antonio José de Sucre, el Paisano Mayor.

Sentía gran admiración por Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt y conocía a fondo la historia de las revoluciones y el papel de revolucionarios como Dantón, Vladimir Lenin, León Trosky o Chou En Lai. Podía describir en detalle la vida y las principales batallas de los grandes generales de la Historia, como Alejandro, César, Napoleón, Foch, Patton o McArthur; pero también la de Da Vinci, Ghandi, Nehru, Lázaro Cárdenas, Víctor Raúl Haya de la Torre o Abdula Tariki.

Fue un honesto y culto hombre de Estado, un líder democrático de recto proceder, capaz de sacrificarlo todo por un ideal; un ciudadano austero en su vida pública y privada, un padre de familia ejemplar y uno de los especialistas petroleros más respetados del país.

EL RETORNO A SU RIO CARIBE NATAL

Arturo Hernández Grisanti dejó de existir a los 81 años, en pleno ejercicio de sus facultades físicas e intelectuales; pero abatido por una leucemia leve, repentinamente agravada. Estuvo casado con la Sra. Maria Antonieta Sierra Cifuentes, de quien enviudó en 1985, y con quien tuvo tres hijos: Maria Carolina, Arturo José y Álvaro Francisco, quienes le dieron ocho nietos. Contrajo matrimonio en segundas nupcias en 1986 con la Sra. Graciela Riquezes Díaz, quien lo acompañó hasta su último respiro.

Nunca se desprendió de su terruño, no sólo porque sus padres siempre vivieron en el acogedor pueblo de la península de Paria; otrora próspero puerto de exportación anclado en una época agrícola ya desaparecida, sino porque buscó el refugio familiar y el recinto tranquilo para la lectura, la tertulia cultural y cotidiana con sus coterráneos y parientes y el reencuentro existencial con sus raíces. Reconfortaba su espíritu en los cacaotales parianos, en la Sabana Venturini, en el Morro de Chacopata, en Playa Medina o en la casa del cable francés en Carúpano. Pasaba sus vacaciones con sus padres, esposa e hijos en la espaciosa casa familiar de su lar riocaribero, la cual mantuvo y visitó hasta el final de sus días.

En la ocasión de ser declarado Hijo Ilustre por el Ayuntamiento del Distrito Arismendi, expresó en la sesión solemne del 19 de abril de 1977:

No hay para quien haya dedicado sus esfuerzos al servicio público, honor mayor que el que pueda hacerle el terruño natal…Es por esa razón que las distinciones y los honores que discierne la Patria Chica, son los que más conmueven y los que más profundamente satisfacen…

En el atardecer de su vida pidió que su cuerpo fuera cremado y sus cenizas esparcidas en su Río Caribe natal. BIBLIOGRAFIA:

Adriani, Alberto, Labor Venezolanista, Sexta Edición, Academia de Ciencias Económicas, Fundación Editorial Universitaria, Caracas, 1989.

Baptista, Asdrúbal, Bases cuantitativas de la economía venezolana 1830-2002, Fundación Empresas Polar, ExLibris, Caracas, 2006.

Betancourt, Rómulo, Venezuela, política y petróleo, Obras Selectas, Seix Barral, Barcelona – Caracas – México, 1978.

Cámara de Diputados de la República de Venezuela, Diario de debates (1964-1984), intervenciones y discursos del diputado Arturo Hernández Grisanti.

Canache Mata, Carlos, El hombre que trabajó para hacer valer el petróleo, palabras en el acto del sepelio del Dr. Arturo Hernández Grisanti, Revista Zeta, No. 1687, Caracas, del 5 al 11 de diciembre de 2008.

Calvani, Luis Francisco, Reminiscencias, Editorial Grafolit, Caracas, 1947.

Consalvi, Simón Alberto, El petróleo de Venezuela, Fundación Bigott, Caracas, 2004.

Comisión Presidencial de la Reversión Petrolera de la República de Venezuela, Informe, 6 de diciembre de 1974, Manuel Pérez Guerrero, Ministro Encargado – Presidente de la Comisión Presidencial de la Reversión Petrolera, Caracas, 1974.

Diario EL MUNDO, Hernández Grisanti fue a conversar con Pérez Alfonzo – murió uno de los constructores de la industria petrolera, Caracas, 29 de noviembre de 2008.

Grisanti, Ángel, Río Caribe y Chacaracuar, Bosquejo histórico, tipografía Principios, Caracas, 1978.

Grisanti Luciani, Héctor, Breve historia del periodismo en Río Caribe, segunda edición, Gráficas Reus, C.A., Caracas, 2005.

Karl, Terry Lynn, The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States, University of California Press, Berkeley, 1997.

Petróleos de Venezuela, S.A., 1976-1985: diez años de nacionalización petrolera, Brígido Natera Ricci, José Antonio Giacopini Zárraga, Pedro Palma Carrillo, Guillermo Rodríguez Eraso, Julio Cesar Arreaza Arreaza y Arturo Hernández Grisanti, Caracas, 1986.

Hernández Grisanti, Arturo, Acción Democrática y los Contratos de Servicios, Ediciones de Acción Democrática, No. 2, Servimpresos Ideassa, Caracas, 1970.

Hernández Grisanti, Arturo, discurso de orden en el Ayuntamiento del Distrito Arismendi del Estado Sucre, con ocasión de su designación como Hijo Ilustre, Río Caribe, 19 de abril de 1977.

Hernández Grisanti, Arturo, Ministerio de Energía y Minas, Caracas:

• Petróleo e interés nacional, Introducción a la Memoria y Cuenta, 1984.

• Administrando el petróleo en tiempos difíciles, Introducción a la Memoria y Cuenta, 1985.

• Venezuela y la situación petrolera mundial, conferencia del ministro de energía y Minas en la Asociación Venezolana de Ejecutivos, 26 de abril de 1986.

• La política petrolera y su ejecución, discurso del ministro de Energía y Minas en la XLII Asamblea Anual de Fedecamaras, Valencia, 25 de julio de 1986.

• Significación histórica de la nacionalización petrolera, en Diez anos de nacionalización petrolera, libro aniversario de PDVSA, 7 de octubre de 1986.

• Inauguración de la Biblioteca Manuel R. Egaña de la Consultaría Jurídica del Ministerio de Energía y Minas, 17 de julio de 1986.

• Los reparos petroleros, intervención del ministro de Energía y Minas en la reunión bicameral de las Comisiones de Energía y Minas del Senado y de la Cámara de Diputados del Congreso de la Republica, 25 de agosto de 1986.

• Venezuela y el posible impuesto petrolero de EE.UU., intervención en la Comisión Delegada del Congreso Nacional, Caracas, 11 de febrero de 1987.

• Las perspectivas del mercado y las inversiones de Petróleos de Venezuela, discurso del ministro de Energía y Minas en la Cámara Petrolera de Venezuela, 29 de octubre de 1987.

• El hemisferio occidental en la energía mundial, discurso del ministro de Energía y Minas en la XXII Asamblea de la Organización de Asistencia Reciproca Petrolera Estatal Latinoamericana ARPEL, Caracas, 6 de mayo de 1987.

• Petróleo, Energía y Minas (Introducción a las Memorias del Ministerio de Energía y Minas correspondientes a los años 1984, 1985, 1986 y 1987), Ministerio de Energía y Minas, Caracas, 1988.

Hernández Grisanti, Arturo, Embajador de Venezuela en España:

• La OPEP en el contexto internacional, separata de la conferencia dictada en la Sociedad de Estudios Internacionales (SEI), el 27 de febrero de 1991, en el XXXVII Curso de Altos Estudios Internacionales, y que figura en el libro Estudios Internacionales 1991, SEI, Madrid, 1991.

• Participación de Venezuela en el Quinto Centenario, separata de la conferencia dictada en la SEI, 25 de febrero de 1992, XXXVIII Curso de Altos Estudios Internacionales y que figura en el libro Estudios Internacionales 1992, SEI, Madrid, 1992.

• Una mirada venezolana en torno al V Centenario, artículo especial para Huelva Información, 12 de octubre de 1992.

• Palabras en la Velada de poesía dedicada a Venezuela, Centro Cultural de la Villa y el Madroño, Ayuntamiento de Madrid, Madrid.

• El petróleo y la guerra del golfo, conferencia en el Club Español del Petróleo, Madrid, 1991.

• Introducción a la conferencia del Dr. Arturo Uslar Pietri en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1991.

• La formación de Venezuela, el proceso de independencia, las relaciones entre España y América Latina y el proceso histórico-político de Venezuela, conferencia en el Centro Asturiano, Madrid, 1991.

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Lugo, Luis, La singular historia de la OPEP, Ediciones CEPET, Caracas, 1994.

Martínez, Aníbal, Cronología del petróleo venezolano, 9na. Edición, Colegio de Ingenieros de Venezuela, Caracas, 2005.

Mayobre, Eduardo, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Biblioteca Biográfica Venezolana No. 16, diario El Nacional y Bancaribe, Caracas, 2005.

Mudarra, Miguel Angel, Carlos F. Grisanti, lección magistral para el Liceo que lleva su nombre en la ciudad de Río Caribe, Caracas, 1977.

Maza Zavala, Domingo F., La huella de John Maynard Keynes, en Veinticinco años del pensamiento económico venezolano, varios autores, Editor Asdrúbal Baptista, Academia Nacional de Ciencias Económicas 1983-2008, Caracas, 2008.

Ochoa, Orlando, Petróleo, instituciones y rentismo en el desempeño económico de Venezuela, Revista Nueva Economía, No. 28, Academia Nacional de Ciencias Económicas, Caracas, noviembre 2008.

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• Introducción a la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento, Caracas, 1947.

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Terzien, Pierre, L’etonnante histoire de l’Opep, Les editions jeune afrique, Paris, 1983.

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