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Sección: Economía y Petróleo
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Una mirada sobre la crisis: El árbol bueno da frutos buenos, el ahorro genuino también
Cecilia G. de Vázquez Ger
Martes, 9 de junio de 2009
Directora Ejecutiva del Instituto Acton Argentina, Jornada sobre la crisis, Mar del Plata
Hablar de las causas de la crisis actual, permite varias perspectivas, con lo cual he pensado analizar algunas cuestiones más de fondo que nos ubican en las causas mediatas que por cierto, son las menos visibles y las más difíciles de reconocer. Por ello es que voy a dedicar estos minutos a un enfoque más teórico, que nos permita acercarnos al tema de una manera sencilla, y comprensible para todos.
Comenzaremos por desmitificar algunos conceptos a la vez que clarificar su significado: comencemos por el ahorro, la tasa de interés, el capital, el crédito, y la inversión.
Otorgar un crédito dentro del sistema económico, que es un sistema social por excelencia, implica asignar fondos que un grupo de personas en la sociedad ha ahorrado, esto significa que han pospuesto su consumo para el futuro, esto es, se han abstenido de consumir hoy para consumir más mañana, y supone entonces que esas personas van a recuperar esos fondos con creces en el futuro. Y cuando con creces, me refiero sencillamente a la tasa de interés que acompaña al capital prestado, tasa que expresa ni más ni menos que el mayor valor que esas personas asignan a consumir en el futuro, o lo que es lo mismo, al valor suficiente para postergar el consumo en el presente más la tasa de riesgo que esa actividad lleva implícita.
Por lo tanto, la tasa de interés así concebida, tiene un valor extraordinario, es la resultante de un proceso de valoración de todos los que participan con sus decisiones de ahorrar o consumir. Y es un indicador fundamental en la Economía, quizá el principal, pues de su correcta lectura depende qué estructura de producción tenga una sociedad. De allí la importancia que sea un indicador genuino.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el volumen de ahorros de una sociedad no es suficiente para muchas de las necesidades que hay de él? Sencillamente, será posible satisfacer sólo aquellos fines más valorados por quienes demanden los fondos disponibles. Supongamos el caso que el gobierno tenga como objetivo político, que todas las personas accedan a una vivienda propia. ¿Qué se imaginan ustedes que se puede hacer? Muchos dirán, que los bancos presten a una tasa baja para facilitar el crédito barato para este fin. Este razonamiento es sencillamente erróneo pues supone que el crédito es un bien cuasi libre, o no económico y sencillamente se crea de la nada. La cuestión es que los gobiernos son los primeros en actuar como si los créditos fueran bienes no económicos, que pueden venderse a precios más bajos y más bajos y hasta casi a precios cercanos a cero. Esto les permite hacer cosas casi mágicamente. Pero la verdad es que crear pan de las piedras es algo imposible en la economía.
Sin embargo, los gobiernos tienen este poder vinculado al monopolio de la creación monetaria, que a través de distintas herramientas de política monetaria, le permite crear artificialmente nuevo ahorro y simular con ello el aumento del volumen de ahorro en la sociedad. No es que el mercado produjo ahorro genuino que unos prestan a otros como un intercambio inter temporal de bienes presentes y futuros, inventa ahorro ficticio y con ello también el precio al que va a colocarlo. Así es como muchos pueden obtener una vivienda aún cuando en la economía nadie ha ahorrado para que esto suceda. La tasa de interés no será ya el indicador genuino de mercado que resulta de múltiples valoraciones como ocurre con cualquier precio en un mercado libre, la tasa de interés es ahora el precio de los créditos baratos esos que permiten a la gente obtener montos de dinero pero cuyo origen no es el ahorro social.
Con esto llegamos a uno de los conceptos primigenios para entender las crisis económicas de todos los tiempos en todas las economías del mundo en donde los gobiernos ejercen el poder de manejar la moneda y las tasas de interés de modo discrecional.
Seguramente nos preguntaremos cómo sigue la historia, ya que con esos fondos la verdad es que las personas compran casas y muchas cosas más, como todo tipo de bienes para el hogar, lo cual implica mayor confort, mayor productividad, y por supuesto, esta demanda implica la demanda de una cadena de bienes en el sistema económico, entre ellos de trabajo que es salario y por tanto mayor demanda de bienes. Sí esto es cierto, y todo esto ocurre en la fase expansiva del los ciclo económico, donde todo aparece como auge y donde ni se ve que es la misma causa del auge, la que producirá la depresión futura.
Quizá sea el momento de introducir una palabra que ha influido todas las dimensiones de la cultura del siglo XX, excediendo ampliamente lo estrictamente económico, keynesianismo: un paradigma que ha confundido en sobre manera el pensamiento económico del siglo XX y cuyos efectos nocivos continúan presentes hoy. Esta teoría presenta a nuestro entender, varios conceptos equívocos uno de ellos, acaso el más dañino, sea creer que el capital es abundante, y por lo tanto, que puede crecer llevando la tasa de interés a niveles suficientemente bajos para poder colocarlo a niveles que de otro modo sería imposible. Esto es una contradicción para el pensamiento económico que sólo tiene sentido cuando se entiende que el origen del problema económico es en parte, la escasez como fenómeno esencialmente humano, tan humano como lo es el ahorro o la tasa de interés, experiencia antropológica de una persona que primero, se abstiene de consumir, y segundo, decide prestar esa suma a otra persona. Ha nacido entonces un vínculo humano subyacente en la sociedad, que es el que deberá guiar las decisiones económicas en las múltiples opciones posibles. Les pido que retengan este concepto que aunque sencillo y casi evidente por sí mismo, su incomprensión resulta en la causa de gravísimos trastornos en el orden social.
La diferencia entre las dos descripciones de ahorro, el genuino y el artificial, nos abre el camino para hablar de las consecuencias culturales de todo esto. Por un lado, el ahorro como hábito que promueve una cultura del ahorro en la que las personas aprenden experiencias personales con un alto rédito social, tales como la espera, la paciencia, el esfuerzo, la elección, la abstención, la postergación, el discernimiento y tantas otras virtudes fundamentales para vivir en una sociedad que defiende la libertad individual como valor primigenio en la vida social. Pero cuando lo que prevalece en el orden social es la versión moderna del ahorro, o ahorro artificial, aquéllos buenos hábitos comienzan a desaparecer debilitando las fortalezas que requiere un sistema de libertad y responsabilidad. El facilismo es una experiencia que se instala en aquellas sociedades en donde se apaga el fuego de la verdad produciendo efectos nefastos para la cultura toda.
Vivimos en una sociedad donde el gasto es un paradigma de la cultura del aquí y el ahora, sin esfuerzo suficiente ni conciencia de las implicancias que significa el progreso personal o cómo se llega a él. La cultura del facilismo todo lo ha inundado y es posible vivir endeudado “disfrutando” de mucho más de lo que las personas, adultos y jóvenes pueden elaborar o digerir, y así, la velocidad de crecimiento de mucho de lo que se tiene y hace es mayor a la velocidad de crecimiento de lo que implica el ser que tiene todo esto. …
Miremos el caso de la experiencia americana: nos encontramos con una situación de política económica, que llevó las tasas de interés al 1% que permitiera a muchos acceder a su casa propia, lo que también permitió es que no sólo fuera una sino muchas casas propias que pudieron adquirirse a tasas irrisorias. Esto estuvo acompañado por un aflojamiento de los requisitos para obtener tales adelantos lo que implica destruir hasta los mismos resortes prudenciales que caracterizan a un sistema bancario sano: estudiar a quiénes prestar exigiendo cláusulas de garantías y perspectivas reales para el recupero de los créditos prestados. Porque la economía como la política, exige check and balances propios de cada cultura y a través de sus instituciones para permitir el libre fluir del proceso de mercado. Porque no existe tal cosa como una mano invisible a modo de una respuesta automática del maléfico mecanismo de mercado que da y saca insensiblemente castigando a unos y beneficiando a otros si tener en cuenta ni lo justo ni lo bueno. De lo que trata la mano invisible, es de un proceso de intercambio de valoraciones subjetivas, llamado proceso de mercado, donde el actor es siempre cada ser humano que se vincula con otro ser humano, y que lejos de producir ajustes automáticos casi deshumanizantes, produce proceso de encuentro de expectativas, profundamente vinculante entre los seres humanos. Se encuentran los deseos y los sueños, los proyectos y los aciertos o los yerros. Pero por supuesto, en un marco de condiciones jurídicas, institucionales y económicas, que permitan un estado de derecho orientado a la defensa de la persona humana y del bien común.
Así es como ocurrió en los Estados Unidos, que cuando la economía mostraba signos de recesión, la autoridad monetaria ofrecía al sistema de bancos y agencias, la posibilidad de colocar créditos a menor tasa, incluso a tasa de interés negativa, que actuaban como estímulo y políticas contra cíclicas. Todo esto suponía evitar la recesión, o postergarla, generando una futura caída aún mayor. Cuando esto sucede, y se profundizan las decisiones de política económica en esa dirección, el sistema económico se envicia, esto quiere decir que el cálculo económico, herramienta mental para la correcta asignación de los recursos, funciona de modo equivocado, o mal guiando la asignación de los recursos, sencillamente porque los indicadores que utiliza para dicha asignación están falseados: es el caso especial de la tasa de interés por un lado, y la mayor parte de los precios de los bienes y factores de la producción cuyos precios relativos se ven alterados. Sumemos a esto tres factores presentes en la economía americana: la acción ineficiente de las calificadoras de riesgo y de los estudios contables, y la inyección de incertidumbre que produce el gobierno cuando no especifica cuáles serán las medidas de política económica en la que incurrirá que hace que muchas de las decisiones de inversión que deberían ir al sector privado terminan orientándose hacia la inversión más segura: los bonos del tesoro.
Entendemos lo difícil que es aceptar esto cuando tantos economistas en el mundo aconsejan para salir de la crisis, medidas del tipo que nos han llevado precisamente a esta crisis y a todas las anteriores.
Lo que estamos hablando tiene mucho que ver con el sentido común porque la libertad de los mercados lo que tiene de particular, es que expresa la vida cotidiana de las personas. Hablar de mercados libres, de sociedad abierta, de respeto por la moneda como un bien más que la evolución espontánea de los pueblos elige para realizar intercambios, no es más que hablar de personas libres que actúan en marcos institucionales cuya función es cuidar y proteger sus vidas, instituciones que velan por el respeto de los derechos primigenios de la persona humana y con ello por su dignidad.
Los invito a imaginar la vida de cada uno de ustedes desde que se levantan hasta que se acuestan, cada día de la semana, cada semana del mes, cada mes del año, siempre tu y yo inmersos en un orden de relaciones sociales, de vínculos psíquicos, físicos, espirituales e intelectuales desde los que creamos nuestra vida cotidiana, en los que descubrimos nuestras necesidades y las de los otros, en donde tomamos decisiones libremente, donde actuamos todo el tiempo buscando superar situaciones que nos desagradan y con ellos orientamos nuestra voluntad en búsqueda de otras que nos satisfagan más, produciendo aciertos y errores y con ellos obteniendo beneficios o pérdidas, incurriendo siempre en sacrificios llamados costos. Todas estas acciones transcurren en el tiempo, uno que nos ubica en el presente con miras al futuro y que nos obliga a tomar decisiones inter temporales nuevamente. De esto tratan los mercados. La propuesta es animarse a mirar la economía como algo mucho más sencillo, sin ecuaciones o modelizaciones matemáticas. Porque la Economía es una ciencia social expresión suprema de los fenómenos complejos. La tentación de creer que es posible planificar la vida económica ha existido desde siempre entre los humanos sencillamente porque desde la filosofía social se nos presentan casi naturalmente dos principios básicos: que los procesos sociales son el resultado de la acción humana o que son el resultado del designio humano.
Finalmente, les pido quedarnos con algunos conceptos ya expresados y ver cómo a lo largo de esta jornada podemos hacerlos entrar en el análisis que la situación actual nos presenta:
1. Que los ciclos económicos y las crisis, son el resultado del manejo de una política monetaria y crediticia que afecta la tasa de interés y con ello la asignación de recursos en la economía, y que esto está destinado a generar los booms o auges y las depresiones o crisis a las que estamos tan mal acostumbrados las sociedades modernas.
2. Que los auges se caracterizan por parecer que todo está mejor, porque todos consumen más. Todos demandan más bienes, el ciclo es ascendente, la burbuja crece, el nivel de bienestar aumenta, hay crédito para todo y para todos. La sociedad entra en una burbuja que no reconoce y que atrapa a sus miembros.
3. Pero cuando esto ocurre, hay una pregunta que hacerse: ¿quién ahorró para que esto sucediera? ¿hubo realmente ahorro genuino, esto es, hubo una parte de la sociedad que generó el ahorro para que otros consuman hoy?
4. Como sucede en casa del mismo modo en el orden social: ¿hasta dónde podemos gastar? ¿Quién pagará este endeudamiento?
5. Es necesario entender que la Economía tiene reglas que son expresión de la acción humana y que por ello están llenas de sentido común.
6. Los grandes sistemas económicos mundiales no deberían ser más que una infinidad de negocios y actividades de millones y millones de personas en el mundo, pero no nos quedemos con los millones, sino con las personas que conocemos en nuestro entorno. La complejidad del sistema no es por su tamaño sino por la incomprensión de lo que son los fenómenos complejos. Necesitamos un cambio de paradigma en la academia y por supuesto en la cultura, necesitamos liberar al hombre de los prejuicios que sobre el tema rige la vida de los pueblos hoy, y devolverle la paz que permite la cooperación social.
Por ello y para concluir, la propuesta es aprender a mirar en la vida social, como hacemos en la vida personal: lo que está debajo, lo que no se ve pero que genera lo que sí se ve, ir a lo micro lo más micro en donde ocurre, pasa, transcurre, vive, se gesta, se desarrolla, se construye, se destruye… la vida económica.
Cuando la macro y la micro se separan, es porque hay hacedores de política económica que gestan los booms económicos que llevan el germen de las crisis siguientes, y estos son los desastres que hemos venido viendo por décadas en todo el planeta.
Para entender más sobre esto, necesitamos revisar las fuentes de teoría económica, ir a los grandes maestros de la economía que nos enseñaron de manera clara y sencilla, verdades universales, tan vigentes hoy como siempre, y poder así devolverle su humanismo, al comprender que el origen de los procesos económicos está en la mente humana de donde nace la acción humana: así veremos qué es lo que hay abajo, muy abajo que genera lo que se ve arriba muy arriba. Sucede como con la vida humana cuando el Señor dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” o que “el árbol bueno da frutos buenos”, porque de las raíces sanas allí abajo, tapada por la tierra, nace la fuerza que hará al árbol florido, a las ramas frondosas, que le permitirán ser aquello para lo que fue creado por Dios.
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