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Sección: Economía y Petróleo
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El Hombre Mono
Marco Rodríguez
Viernes, 19 de marzo de 2010
La mejor explicación de la crisis financiera global la encontré cuando un amigo veía su teléfono riendo con gusto, como si acabara de recibir un buen chiste, cuando en realidad era su hija, pidiéndole que le enviara por el Messenger del BB “rápidamente una explicación de las causas de la crisis económica global” para un trabajo en el colegio. ¡Vaya lio en que estaba metido! Sin embargo dio en el clavo cuando me dijo: “La causa de la crisis financiera está en el ser humano” Y es que la teoría economía, como es concebida en la actualidad, en realidad ofrece poco para entender la verdad. La economía clásica, de influencia notable, está basada en la premisa que el hombre actúa racionalmente, tomando decisiones lógicas sobre cómo y por qué gasta su dinero en función de su felicidad y beneficio. Pero eventos recientes muestran lo equivocado que puede estar tal supuesto al explicar nuestra conducta. Sin duda que “pensamos”, pero con demasiada frecuencia somos irracionales, autodestructivos y tontos. La obesidad, adicción, infidelidad, deudas excesivas, y el calentamiento global son problemas muy serios que surgen porque tenemos mucha dificultad para prever el futuro y nos es aún más difícil actuar de conformidad con lo que sabemos. El ejercicio y las costumbres saludables son más difíciles de incentivar dado que producen pocos beneficios inmediatos. El corto plazo tiende a predominar en operaciones militares, intrigas políticas e iniciativas empresariales. Si vemos a los hombres como hombres y no como juiciosos filósofos idealizados, quizás podamos entender mejor los fenómenos y hacer algo para mejorar. G. Loewenstein, estudioso de la psicología detrás de las decisiones económicas, admite que cuando queremos creer algo, somos muy buenos persuadiéndonos a nosotros mismos de que lo que creemos es verdad, y todo el mundo pensó que las viviendas subirían eternamente de precio. Por otro lado, el hombre tiene “mentalidad de manada”, donde se siente instintivamente a salvo cuando hace lo que todos hacen. En ese sentido somos como un grupo de búfalos corriendo a un desfiladero sin sentir temor alguno dado que vamos juntos. Estudios recientes en relación al crédito muestran que cuando las personas compramos artículos que consideramos costosos, se activa la parte del cerebro que siente dolor; al comprarlo a crédito, ocurre una especie de “anestesia” porque no parece que estuviéramos gastando dinero. Estos estudios explican los excesos irresponsables en el uso del crédito. La ambición, el motivador esencial de la competencia, puede llevar a los hombres a desarrollar su potencial al querer sobresalir. Pero se ha descubierto que está muy ligada al sentimiento de desesperación y que en exceso es muy peligrosa, ya que conduce a “hacer trampa” y en consecuencia a actividades dañinas como el engaño y el robo. En toda escuela de economía, las grandes bolsas suelen ser ejemplo de mercados perfectos. Keynes más bien los definía como “casinos” guiados por “instintos animales”. Cualquiera con experiencia en estos mercados sabe que se acercan más a la segunda concepción. Carl Sagan estudió al hombre desde una perspectiva más biológica. Se basó en lo que escribió Darwin en 1838 “Demostrado ya el origen del hombre… quien comprenda a los mandriles contribuirá más a la metafísica que [El filósofo] Locke” En sus investigaciones encontró que no diferimos mucho de otros simios en estructuras sociales, “formas” de gobierno, en sentimientos como el resentimiento, amor, depresión, egoísmo y generosidad. Nos es incómodo compararnos con animales más bien violentos que suelen recordarnos lo peor en nosotros, pero yo he visto en Discovery un mandril macho corriendo suicidamente a enfrentarse a una leona para socorrer a un chiquillo extraviado, sin posibilidad alguna de ganar la contienda ¡Semejante heroísmo! El pequeño ni siquiera era su hijo y la leona retrocedió ante tal determinación. Para entender mejor la economía, hay que comprender al hombre. Si tuviera que elegir entre teorías con supuestos falsos y un estudio sobre monos, prestaría más atención al segundo. ¿Acaso podemos entender la marcada inclinación de muchos venezolanos al populismo y esquemas fracasados? ¿Es razonable que se siga apoyando a gobernantes que tan claramente no conducen al progreso? El rencor, coerción, orgullo y otros atributos humanos menos elevados explican mejor estas realidades.
marcoaureliors@gmail.com
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