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Opinión y análisis

Crónicas Antipolíticas
Capital Social
Ricardo Bello

 
Miércoles, 22 de septiembre de 2004

“Creo que este sería el verdadero modo de llegar al paraíso:
aprender el camino del infierno para eludirlo”
Niccolo Machiavelli

Si en algo estamos de acuerdo casi todos los venezolanos, desde las incontables mujeres que mantienen a sus hijos, solas y sin ayuda de los padres, en ranchos insalubres; pasando por los invasores de tierra en La Guacamaya o los representantes de grandes corporaciones transnacionales, es el tema de la pobreza. Para unos es un problema técnico o electoral, para otros un asunto de vida o muerte, un drama cotidiano que asfixia la felicidad y degenera en sensaciones de fracaso frente al cual el concepto de democracia pasa a un segundo y risible lugar. Para el 80% de los venezolanos es una pesadilla de la cual pocos despiertan: 10 millones de nuestros compatriotas, más del 40% de nuestra población, viven en pobreza extrema. No estamos hablando de cifras estadísticas, sino de condiciones de desnutrición que afectarán a niños durante toda su existencia: retrasos en el desarrollo psicomotor, en el desarrollo del lenguaje, en su evolución visual y capacidad para aprender. El 5% más rico de nuestra población recibe el 25% de la torta del PIB, mientras que el 30% más pobre recibe el menor porcentaje de ingreso (7.6%) en relación a todos los otros continentes del planeta. Entre nosotros, debemos reconocer, sin ánimo de entrar en absurdas polémicas, esta situación no ha variado en los últimos años. Podríamos argumentar incluso que ahora un buen sector de la clase media ha descendido a la condición de pobres, pero eso no le quita urgencia al debate.

¿Qué hacer?, ¿cuáles son las políticas públicas que nuestros Alcaldes pueden ejecutar para aliviar la pobreza? El análisis del capital social que ofrece Bernardo Kliksberg ofrece una manera de entender el desarrollo económico, pues agrupa a cuatro grandes áreas interrelacionadas sobre las cuales es posible diseñar estrategias de gobierno:

1. La confianza y la credibilidad de las instituciones y grupos dirigentes.
2. La capacidad de asociatividad que tiene una sociedad para generar formas de cooperación y sumar esfuerzo. Las sociedades con mayor capacidad para desarrollar formas de colaboración (llámense cooperativas o gremios) son más eficientes que aquellas donde predomina en el plano económico la ley de la selva.
3. La conciencia cívica, ¿qué hemos hecho para participar o defender los espacios de participación? Nuestras asociaciones civiles, ONG´s y las mismas CLPP no han estado a la altura de sus responsabilidades, generalmente porque la idea misma de participación genera fuertes resistencias de parte de las cúpulas políticas. La participación da resultados, mejora la gestión de cualquier proyecto, pero implica compartir realmente el poder.
4. Los valores éticos. Continuaremos siendo impotentes ante el reto de la pobreza mientras las magnitudes de la corrupción crezcan, haciendo estragos en los limitados presupuestos municipales. Y la ética no es válida sólo para los políticos, es vital también en la empresa privada y en el núcleo familiar. Un padre irresponsable hace tanto daño, o más, que un concejal inescrupuloso.

La movilización del capital social constituye de por sí un aprendizaje, iremos aprendiendo en el camino, dando tumbos, aunando esfuerzos, luchando para no desvirtuar estas reflexiones, transformándolas en trincheras ideológicas. No hemos tenido programas educativos o culturales municipales con este norte. Al menos podemos comenzar por interrogarnos.

aracal@cantv.net

 

 

 
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