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Sección: Economía y Petróleo
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Capitalismo en crisis y tensión políticaDomingo FontiverosSábado, 27 de septiembre de 2008
El capitalismo financiero americano se metió en una enorme crisis de liquidez y valores bursátiles no como resultado de corridas de depósitos bancarios o pérdida en la credibilidad fiscal, sino por el crecimiento exponencial de inversiones en papeles vinculados con el mercado de hipotecas. Los expertos en ingeniería financiera idearon un mecanismo de financiamiento hipotecario que habilitó a centenares de miles de personas, que previamente no hubiesen calificado, para adquirir viviendapropia. Un objetivo loable que desembocó en catástrofe. Lo curioso es que el esquema empleado no fue inventado por una autoridad planificadora que buscara cambiar la ecuación propietaria inmobiliaria de un país donde una enorme cantidad de personas carece de vivienda propia. Es como si el mercado hubiese detectado el nicho de familias con menores recursos que por efecto de un artilugio financiero pasaron a adquirir la calidad de compradores viables dentro del sistema de financiamiento hipotecario. Una buena idea que arrancó bien, fue estirada a extremos insostenibles al incorporar a compradores sin capacidad de pago bajo una ilusión de ganancia o capacidad futura. Estos se convertirían, sin quererlo, en los detonantes de la crisis que se vive hoy. Falta de objetividad personal, siempre cuestionable en cualquier endeudamiento, combinada con el "marketing", formateado para cazar incautos, según una simbiosis entre corredores y banqueros inescrupulosos que fueron expuestos a las posibilidades infinitas de la titularización de hipotecas y al volcamiento de estos papeles al gran mercado globalizado. El mundo entero fue convertido así en gran financista de compradores de viviendas y otros inmuebles, con bajas cargas iniciales; la amplitud crediticia abierta de esta forma se infló al extremo de lo irracional. El ex-jefe del Federal Reserve advirtió en diversas oportunidades durante sus años de ejercicio sobre los peligros de la burbuja inmobiliaria. No hizo nada al respecto. Algunos argumentan que no podía. Pero en la inacción de Greenspan está una responsabilidad de Estado que recae ahora en su sucesor en el Fed, estrenándose Bernanke para enfrentar la mayor crisis bancaria de la historia, quien siendo experto en la crisis de 1929, no pudo en esta ocasión detener los eventos ya en desarrollo para cuando asumió el cargo, que han conducido al actual desenlace. La verdad es que ha podido ser falta de regulación en este mercado de derivados, de reciente desarrollo, del cual Venezuela adoptó algunas modalidades como las ahora famosas notas estructuradas, lo cual no deja de insinuar las inmensas posibilidades de fraude implícitas en el mecanismo. Y fraude verdaderamente se cometió en los EE.UU., investigado ahora por el FBI; de lo cual uno intuye un fraude análogo en muchas otras partes donde la liquidez y la falta de ella se maneja con criterios delictuosos. Incluso a pesar de controles supuestamente estrictos. Se habla ahora de "activos tóxicos", refiriéndose a papeles que han perdido casi todo el valor, como los causantes del problema. Focalmente esta es una realidad que se refleja en balances financieros: quienes se quedaron con estos títulos, quedaron mal parados. Quienes los revendieron, están a salvo. Así de sencillo. Pero en un sentido más amplio, la causa profunda del problema estuvo en una expansión desmesurada del dinero y del crédito, encima de la cual han cabalgado el crecimiento y la inflación en el planeta. Grandes desequilibrios se fueron acumulando, desde la deuda del gobierno americano hasta la acumulación indetenible de reservas internacionales en el Banco de China. La subvaluación del yuan fue un factor que permitió prolongar la fiesta de consumo en EE.UU. y muchos otros, al costo de profundizar los desequilibrios reales y monetarios. Esta es la tercera crisis mayor que le toca enfrentar a la presidencia de Bush. El ataque a las Torres Gemelas dejó al descubierto una impensable vulnerabilidad militar. Katrina puso en evidencia una vergonzosa falta de preparación fundamental en materia de defensa civil. Ahora, la crisis de Wall Street deja abierta una herida en el corazón financiero, que debilita a la principal ventaja a largo plazo del país que es su base económica. En estas tres ocasiones, el gran país ha quedado mal parado, como si fuera un país cualquiera, no una superpotencia. El Estado americano, el aparato público, se está mostrando en demasiadas oportunidades seguidas como una estructura débil, poco apta para anticiparse a los acontecimientos problemáticos, y susceptible de retos inconcebibles hasta hace poco, como los arrojados por Irán, que continúa con el enriquecimiento de uranio a pesar de la oposición de USA y Europa, o Corea del Norte, que ahora vuelve a activar sus reactores nucleares vinculados con la fabricación de armas ofensivas. Es indudable que la recuperación vendrá, por encima del forcejeo entre congresantes republicanos y demócratas en la aprobación del plan Paulson-Bernanke de rescate financiero frente a una crisis de confianza y liquidez. Pero ya muchos líderes mundiales comentan que los EE.UU. no volverá a ser el mismo. La hegemonía necesariamente tendrá que ceder frente a Europa unida, que si no fuera por sus propios problemas demográficos, sería un competidor todavía más agresivo. China, a pesar de todo su poder, sigue estando retrasado en muchos aspectos clave. Rusia aspira a recuperar peso específico en la escena mundial, conducida por un sistema político crecientemente autoritario, aunque carece de base económica sólida. La pausa en el desarrollo americano, que necesariamente viene, puede no ser tan favorable para otros países como algunos especulan, y más bien pueda convertirse en una fuente de problemas que otros tendrán que resolver adentro de sus países. Estas situaciones se reúnen en una circunstancia electoral donde la confrontación entre Obama y McCain apunta hacia un cambio, obviamente necesario, en la organización del poder. Desafortunadamente, ambos acusan debilidades importantes en algunas de las cualidades necesarias. Ello es sintomático de una situación subyacente preocupante. Que el proceso partidista en ese país no haya podido generar en esta ocasión opciones más poderosas para emprender las reformas internas y externas que son imperiosas apunta a una requerida revisión de los mecanismos de selección política en ese país. La economía mundial está encaminada a un ambiente inflacionario más generalizado, por efecto de las masivas inyecciones de dinero inorgánico por parte de numerosos bancos centrales, con el que puede postergarse temporalmente un ajuste fuertemente recesivo, como lo ha advertido Bernanke. Posteriormente el mismo será probablemente inevitable. La inflación, que ha quedado reprimida por recortes en las tasas de ganancia comercial e industrial por varios años, saldrá del sótano cuando los costos tengan que ser necesariamente trasladados a los precios al consumidor. Paradójicamente, este desarrollo llevará a una depresión en los precios de las materias primas, y restringirá fuertemente el consumo en el mercado de bienes y servicios menos esenciales. En un escenario como este, los exportadores de materias primas, y de bienes superfluos, quedarán negativamente afectados. De hecho, para gobiernos de países como Venezuela, esta perspectiva es poca halagadora. Aparte de las incógnitas desconocidas hasta ahora sobre los daños ocasionados por la crisis de los bancos de inversión americanos a los tenedores públicos y privados de valores externos de la escena nacional, el motor principal del expansionismo del Estado venezolano, fundado en precios crecientes del petróleo mundial, quedará debilitado. No es sencillo extrapolar consecuencias a nivel nacional. Lo más probable es que en breve se acentúe el grado de represión económica y financiera, como esquema para aislar al país de los efectos mundiales, sacrificando los necesarios ajustes que deben realizarse cuanto antes mejor. El proyecto internacionalista del gobierno seguramente sufrirá también, como ya deben estar comenzando a sentir los recipendiarios externos de divisas. No mucho más puede decirse al respecto por el momento, excepto agregar que Venezuela pudiera ser en este momento un país refugio para muchos inversionistas si no fuera por la irracional manera en que se vienen manejando los asuntos políticos y económicos por parte de las autoridades de acá. Seguiremos observando y comentando. |
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