Sección: Economía y Petróleo
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La cumbre de Moscú
Luis Xavier Grisanti
Domingo, 11 de octubre de 2009
Cooperación y no confrontación fue la tónica preeminente en la reciente cumbre de los jefes de Estado de Estados Unidos y Rusia. Los presidentes Obama y Medvedev firmaron acuerdos que abarcaron temas tan diversos como el desarme nuclear, el uso del espacio aéreo ruso por la aviación americana, la evaluación conjunta de las posibles amenazas de los programas nucleares de Corea del Norte e Irán y la asociación de la empresa Boing con una firma rusa en la manufactura de partes para la industria aeronáutica.
La cumbre de Moscú demostró el nuevo enfoque integral de las relaciones bilaterales, sin dejar de abordar mediante el diálogo diplomático las diferencias que separan a ambas naciones en temas como el programa estadounidense de escudo anti-misiles –recién desechado por Obama-, la libertad de prensa, el sistema electoral y la oposición de Rusia al ingreso de Georgia y Ucrania a la OTAN.
El presidente Obama propuso una nueva era en las relaciones ruso-americanas, antes signadas por la aprehensión y la desconfianza. La política exterior de ambos países no puede ser rehén de la fenecida Guerra Fría, en tanto que el respeto por la soberanía nacional debe ser común a las dos naciones.
La noción del siglo XIX de que las grandes potencias deben formar bloques de influencia para balancearse entre si, o la visión del siglo XX de que Rusia y Estados Unidos están destinados a ser antagonistas para contenerse el uno al otro, son criterios superados en el siglo XXI. La paz y la estabilidad global demandan la cooperación de ambos países en la defensa de sus intereses vitales, en la búsqueda de consensos y en la resolución pacífica de conflictos de cara a los grandes retos comunes del nuevo milenio.
lxgrisanti@cantv.net
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