Algunos lectores se preguntarán no sin razón por qué el autor de esta nota, poco adicto a la “todología”, viene a incursionar en predios que, como la economía, le son ajenos.
Respuesta: no sólo incursiona, sino que invita a todos sin excepción a que lo hagan. En cuestiones de ética, estética y economía, materias axiológicas muy serias pero de uso universal y cotidiano, cualquiera tiene derecho de palabra, a lo que se suma una circunstancia nacional, que de paso es motivo de elogio para el actual régimen. Aún por la mala causa, éste nos ha convertido de evasores fiscales en contribuyentes, una conquista fundamental que ojalá le sobreviva. 53% presupuesto de 2006 será cubierto por unos 60 billones (casi 30 millardos de dólares) salidos de nuestros bolsillos, y el Seniat anuncia que en unos años el ingreso tributario no petrolero costeará la totalidad del gasto público. Una verdadera revolución. Murió el Estado vaca de ordeño, estamos adquiriendo cash nuestros derechos ciudadanos, mas conservamos la incapacidad de reivindicar tales derechos, propia de quien lleva generaciones viviendo de la dádiva pública sin derecho al pataleo, lo que justifica nuestra invitación.
Un Estado que nos regala cada día menos y redistribuye mal lo que nos quita, requiere de nuevos contratos sociales posfeudales y posasistenciales, habida cuenta sobre todo que la actual carga impositiva (¡vaya paradoja para un “socialismo” !) es “regresiva” :
el más pobre paga más. Cuando se entienda cabalmente que la hora de exigir value for money llegó, comenzarán a multiplicarse las libres Asociaciones de Defensa de Consumidores y Usuarios, las demandas al Estado por daños que nos causan sus deficientes infraestructuras y servicios, las exigencias de que se le devuelva su carácter “público” a bienes usurpados por el gobierno (como la radiotelevisión estatal), las denuncias ante tribunales por fatales desasistencias sanitarias, el rechazo de las degradantes dádivas reemplazando derechos adquiridos... ; en fin, toda una panoplia de nuevos comportamientos económicos del ciudadano que nos catapultarán del feudo a la modernidad.
Y a propósito, ¿cómo administra el presente régimen nuestras riquezas?
En resumen, como lo haría un capataz de hacienda faccioso y resentido, o sea, desastrosamente, en medio de una abundancia de recursos que esta vez sí pudo catapultarnos a ser la Escandinavia del Caribe. Sin cambios sustantivos, el chavismo confirmará una vez más que todo sistema populista, sin excepción, termina en bancarrota.
Para demostrarlo, nos asisten inter alia datos contenidos en conferencias y ensayos recientes de dos economistas de alta credibilidad, José Guerra y Héctor Malavé Mata. Contrariamente al rumbo tomado por países como China, Libia o Vietnam, el militarismo chavista es hoy el único caso en la tierra de estatización masiva de la economía con liquidación ventajista del viejo aparato productivo (Mercal vende hoy más que Polar). Bajo la muy engañosa especie de “redistribuir la riqueza”, ha creado más de 100.000 empresas (tan sólo las cooperativas son unas 80.000) con 3 características:
1.- son todas financiadas y dirigidas por el Estado; 2.- todas, con la única excepción de Pdvsa, arrojan pérdidas incalculables; 3.- en su inmensa mayoría practican el deporte nacional de robar. Más grandes son sus pérdidas, más liquidez se les inyecta para que sobrevivan; de allí la bulimia financiera del régimen, su apropiación de reservas del Banco Central (las de Noruega son hoy de 145 millardos), la conversión de Pdvsa, presidida por su chupa-dinero el ministro, en caja mayor y off control del régimen, las innecesarias devaluaciones y el inconcebible endeudamiento.
Chávez recibió una deuda externa de 29 millardos, y pese a los fabulosos ingresos petroleros, la llevó a 45 y se dice que a 50 en 2006, lo que obliga a gastar en su servicio más que en salud y educación juntas (10 millardos en 2004). Una dilapidación que no dejará casi nada en pie: asistencialismo paternalista-ideológico creando ranchos sanitarios en lugares de hospitales up-to-date, universidades fuertemente ideologizadas nivel “corte y costura” en lugar templos de la excelencia, compras de armamentos inútiles, incongruentes y aventureras políticas externas de grandeur, mientras se saca del closet (caso también único en la tierra) la doctrina años 70 de la Technical Assistance among Developing Countries, enterrada por doquier por ineficaz y universalmente malquerida.
En la única excepción, Pdvsa, las cosas parecen ir así: entre 1999 y 2005 Venezuela vendió 181 millardos en petróleo (77 ingresaron al fisco). La reforma del artículo 113 del menguado Banco Central la obliga a transferir dólares petroleros al “inverificable dominio del primer mandatario” en palabras de Malavé Mata; su aparato y autonomía financieros quedaron desmantelados, su credibilidad estragada; le fue imposible reponer con inmigrantes el invalorable capital humano despedido por retaliación; necesitaría un ciclo de inversiones de unos 16 millardos que no tiene y que suple desnacionalizando la industria; su declinación productiva es grave: menos 48,4% respecto de 1998.
Apropiación de una Pdvsa dilapidada y descapitalizada, anacrónica estatización del aparato industrial, del agroindustrial y del financiero-bancario, gigantismo pseudo-cooperativo en realidad asistencial, control de los medios de comunicación, un déficit histórico en importaciones, falsificación del presupuesto 2006 para más recursos discrecionales a la “tesorería presidencial” : así resume Guerra la economía del régimen. Todo listo para que, tras la pausa electoral de 2006, se imponga un doloroso reajuste si gana la oposición, o una brutal devaluación si se impone el continuismo. Se trata, en ambos casos, del escenario positivo.
Si el petróleo bajara no más a 30 dólares, aseguran los economistas, será la debacle, nuestro ingreso al club de los países-chatarra.
(*): Publicado en El Nacional. Reproducido con autorización del autor