El actual es un régimen político de gran fragilidad Martes, 17 de septiembre de 2002
AR presenta una entrevista con el economista Leonardo Vera, analista y especialista en temas macroeconómicos. En su opinión, Venezuela tiene condiciones para hacer retornar las dos cosas más importantes que se le han escapado en los últimos veinte años: capital financiero y capital humano.
Analítica Research (AR): ¿Cuál es su evaluación acerca de la situación económica y política del país?
Leonardo Vera (LV): Durante los años 2002 y 2001, años de incremento de precios del petróleo, se viene realizando una gestión fiscal que es muy preocupante. En el año 2001, donde tuvimos precios del petróleo promedio de 20 dólares por barril presentamos un déficit fiscal de 4 puntos del PIB, por lo que hubo que salir al mercado para colocar deuda de corto plazo por aproximadamente 6 billones de bolívares, 4 billones en DPN y 2 billones en letras. Se colocó deuda con un perfil de muy corto plazo y es eso lo que viene ejerciendo presión en el año 2002. Es preocupante como se ha venido cambiando el perfil de la deuda, la nueva deuda contraída posee vencimientos muy cortos, por lo que en el año 2002 nos encontramos frente a una situación de vencimientos muy intensos y además frente a una situación petrolera donde en el primer trimestre el precio no estuvo significativamente mejor que en el mismo período del 2000 al igual que el volumen de producción, lo que significa una merma en los ingresos con un incremento del gasto importante. A partir del 2001 el gasto aumentó en términos reales 11% y los ingresos en términos reales no aumentaron significativamente.
Aparte del tema del financiamiento y el déficit fiscal, está el tema de que gran parte de los ingresos ordinarios que está recibiendo el gobierno provienen en parte de las utilidades de dos empresas, el BCV y de PDVSA, -esa gran parte equivale al 30% el año pasado y 20% de los ingresos ordinarios el primer semestre del 2002-. Esos ingresos pudieran no ser recurrentes pero además son ingresos que pudieran ser muy inestables. Depender de las utilidades es depender de un ingreso aleatorio, además gran parte de esas utilidades son cambiarias y el ajuste cambiario ya se efectuó por lo cual ese es un ingreso con el cual no debería contarse, sin embargo éste se está contabilizando dentro de las cuentas públicas como un ingreso ordinario.
Hemos acumulado un problema estructural de finanzas públicas preocupante. En el primer semestre del año hay una caída del gasto nominal de alrededor de 3% ó 4% pero la caída del gasto de inversión fue de alrededor de 30%, lo que evidencia que hay un ajuste por el lado del gasto, pero la estructura de ingresos no ha cambiado, el fisco ha continuado financiándose a través de utilidades del BCV, dividendos de PDVSA y a través de lo que ha podido colocar en el mercado especialmente en el mercado de letras. De manera que el primer semestre del año donde aparece un superávit fiscal, lo que en realidad se está escondiendo es un problema estructural severo. La pregunta es el por qué de las medidas tributarias ya que parecieran que su fundamento es tratar de resolver un problema de caja de muy corto plazo donde básicamente se busca pagar los vencimientos y los intereses de la deuda contraída más los vencimientos de esta deuda de muy corto plazo que se adquirió. Esto es lamentable porque estamos elevando los impuestos cuando estamos frente a una contracción económica, lo cual es contra intuitivo, pero además se está haciendo para pagar deuda interna, ese es un mecanismo redistributivo fuerte, porque los tenedores de esa deuda interna son tenedores de alta renta lo que implica que estamos pechando a individuos de baja renta con impuestos muy regresivos como el IVA o el débito bancario para compensar a agentes que tienen alta renta, lo que agudiza el problema de pobreza que tiene el país, para resolver un problema de caja ya que estructuralmente no se está resolviendo nada.
AR: Esa es un poco la posición de J. Stiglitz, quien sostiene que los impuestos los puede poner el Estado pero tiene que haber un esquema social donde eso sea percibido como legítimo.
LV: Hay un grave problema en la transparencia en la gestión fiscal, la gente reacciona en contra de estas medidas en parte porque presume que los ingresos adicionales que percibe el fisco a través de esta tributación no repercuten en la actividad real y esto nos lleva al tema de la eficiencia del gasto o a la pregunta de para qué más impuestos.
Es importante un nuevo contrato fiscal
Lo que se plantea en Venezuela, entendiendo el problema fiscal estructural, es una revisión de la fiscalidad del régimen fiscal y de la labor que está haciendo el Estado como proveedor de bienes públicos y eso pasa por algo un tanto complicado y es la necesidad de ir hacia un pacto fiscal, es decir a una nueva relación, un nuevo contrato entre el Estado y la sociedad, donde el Estado aclare cuál va a ser su papel, qué necesitamos hacer para convertir al Estado en un proveedor más eficiente del que tenemos, cuál es la estructura de ingresos fiscales y eso obviamente necesita una negociación, una explicación clara la país, una agenda que sea bien discutida, donde cada quien sepa qué va a perder y qué va a ganar a partir de ese nuevo contrato y esa es una agenda que el país necesita más que nunca pero está condicionada a un ambiente político donde eso pueda efectivamente desarrollarse y esa el la gran restricción que tenemos actualmente.
AR: También implicaría tomar en cuenta el tema de activos y pasivos públicos y no sólo lo concerniente al tema de los ingresos
LV: El tema no es solamente resolver el problema del déficit fiscal. El problema del déficit anual es sólo una parte del problema real que es mucho más global y pasa por temas como para qué sirve el Estado en Venezuela, cuál es su papel, qué es lo que ha acumulado ese Estado a lo largo de estos años, cuál es su deuda, cómo hacer sostenible su gestión, etc. Es por eso que se habla de problema de régimen fiscal, Venezuela no sólo tiene problemas de gestiones deficitarias, que son crónicas, sino que tiene un problema de fiscalidad.
Venezuela tiene una caída en el ingreso fiscal desde hace tiempo y por eso es que se ha recurrido a estos mecanismos un tanto artificiales de sacarle utilidades a las empresas públicas a través de mecanismos de poder. La fiscalidad se convierte en un ejercicio de poder y esa no es la fórmula correcta para corregir el problema de ingresos.
AR: Cuáles serían sus expectativas a nivel macroeconómico del año
LV: La caída del producto va a ser severa. Creo que la recesión se va a prolongar un poco más de lo que creíamos. En términos de inflación si vamos a estar en el orden del 30%, es un mal escenario porque nos encontramos con mayor inflación a la del año pasado con una dura contracción, pero no están dadas las condiciones para una inflación del 40% o el 60% como sostienen algunos analistas. En cuanto a las cuentas externas, creo que vamos a tener un superávit en cuenta corriente leve con un déficit en cuenta capital más o menos importante porque va a pesar mucho los movimientos que hubo los primeros trimestres del año, de manera que vamos a tener una balanza de pagos sustancialmente distinta a la que se tuvo el pasado año, lo que arroja un panorama de mayor fragilidad externa.
No observo un propósito claro en el 2003 de tener algún plan de reactivación de la economía, hay algún esfuerzo por tratar de reanimar la inversión pública a nivel descentralizado. En el sector privado hay un clima nada propicio para la inversión que es el otro gran talón de Aquiles que tiene la economía venezolana: cómo, a la par que tenemos una agenda con el tema de la fiscalidad y el régimen fiscal, tenemos toda una agenda para restablecer la confianza en el sector privado venezolano. Estas dos agendas no están separadas, están íntimamente conectadas, no hay una reforma fiscal que pueda ser posible o una transición fiscal que pueda ser posible en un marco donde la economía privada se está contrayendo.
Hay que rescatar el capital financiero y el capital humano
Necesitamos una economía privada que comience a demostrar signos de expansión y Venezuela tiene cómo hacerlo porque este es un país que tiene un stock de ahorros de sus residentes colocados en el resto del mundo de gran magnitud, que con un buen diseño de política económica de mediano y largo plazo pudiera convertirse en una reversión de flujo de capitales importante. Este país tiene condiciones para hacer retornar las dos cosas más importantes que se le han escapado en los últimos veinte años: capital financiero y capital humano. Venezuela tiene que instrumentar una estrategia de desarrollo de mediano y largo plazo que le sea atractiva al capital financiero y al capital humano que ha perdido. Nuestro sector privado ha quedado en una condición tan raquítica, tan frágil que no puede endógenamente generar crecimiento sin ese tipo de transferencias. Es más creíble un programa apoyado en ese tipo de transferencias que un programa que se apoye en transferencias de los organismos multilaterales o bajo un esquema de mayor deuda para el país. Ciertamente es un programa más complicado porque supone la acción voluntaria de los agentes, pero esa acción voluntaria puede estar motivada por la credibilidad y la sostenibilidad de un buen programa de desarrollo a mediano y corto plazo.
El actual es un régimen político de gran fragilidad, que para bien o para mal tiene sus días contados, yo creo que esa agenda política va a emerger en una forma natural en cuanto el régimen colapse. Hay muchos factores en el país que se han ido aglutinando alrededor de la idea de hacer un proyecto de desarrollo, los actores políticos han ido aprendiendo que hay una agenda política unitaria que transciende a la Venezuela chavista. El presidente perdió el tren que debió tomar después del 11 de abril, ha debido llamar a un gobierno de unidad nacional. Cualquier régimen que comienza a dar signos de debilidad y de pérdida de gobernabilidad como lo demuestra el régimen de Chávez debe entender inmediatamente que debe ir hacia la elaboración de una agenda de unidad nacional, a buscar la negociación con los factores de poder con quien está confrontado. Lo que se planteó después del 11 de abril fue una agenda ficticia de diálogo que no le va a dar ninguna solución al país.
AR: Esa idea de unidad nacional e inversión de capital externo la percibe el gobierno como si fuese una pérdida de autonomía del país y de la importancia del Estado. Hay toda una mezcla de ideología de igualar la fuerza del Estado y la omnipresencia de éste con que eso es socialmente distributivo hacia lo positivo. La distintas concepciones del gobierno imposibilitaron esa idea de gobierno de unidad nacional.
LV: La toma de decisiones pasa por entender cuál es la concepción que sobre la política pública tienen los que están ejerciendo el poder. Creo que hay una mezcla de ideología pero no creo que sea una ideología marxista, creo que es un proyecto hegemónico por parte de un grupo muy radicalizado que se ha ido quedando en el poder. Hay un proyecto hegemónico de corte más fascista que marxista, porque es un proyecto que se apoya sobre la idea que el Estado en sí mismo es bueno, entonces todo lo que haga está bien hecho. Esa idea está mucho más atada a los movimientos totalitarios del siglo XX de corte fascista que al marxismo, sin llegar a decir que este es un gobierno fascista, sólo tiene rasgos.
Es claro que se está en presencia de un proyecto hegemónico y que el gobierno lo tiene o lo tuvo, porque trató de copar todas las instituciones, trató de disminuir hasta donde pudo a las instituciones que hacen contrapeso al poder ejecutivo. Actualmente eso ya tiene un nombre en América Latina, se le llama democracia delegativa, término acuñado por Guillermo O’Donell, y se evidencia cuando el ejecutivo va copando todas las esferas del poder. En Venezuela lo que se dio o se ha estado dando es un proceso hegemónico del poder, se ha dado gradualmente porque en la actualidad en ninguna democracia latinoamericana se puede dar un proceso de cambio de régimen democrático a uno autoritario de la noche a la mañana, las dictaduras no se imponen hoy día con la misma facilidad de hace 40 años, tienes unas restricciones externas, vivimos en un mundo globalizado donde esas señales pueden perjudicar en forma importante la gestión.
Estoy de acuerdo en cuanto a que hay una concepción que dificultó en su momento, específicamente el 11 de abril que el gobierno despertara y que se diera cuenta que su gestión estaba colapsando y se hacia necesario ir hacia un gobierno de unidad nacional, cuando me refiero a un gobierno de unidad nacional hablo de compartir el poder, no es sólo dialogar con los grupos que son adversos, es compartir el ejercicio del poder con esos mismos factores. Lamentablemente esa no ha sido la práctica que ha buscado el chavismo. Creo que esa Venezuela que está al margen del chavismo poco a poco ha ido entendiendo que en el país se impone la necesidad de ir hacia un gobierno de unidad nacional y sus acciones políticas van llevando a los distintos actores a entender que es necesario actuar en forma unitaria, generar un proyecto, actuar de manera no sectaria, es decir se va imponiendo una democracia distinta a la que se vino ejerciendo en Venezuela en los ultimos años. Creo que esto abre una ventana de optimismo y en esas condiciones es mucho más factible un tipo de gestión de política pública contractual como la que es deseable para Venezuela, donde se establezcan nuevos contratos con los sectores público y privado. En un ambiente como ese creo que es mucho más factible que en uno de democracia más sectaria como el que hemos tenido en el país en los últimos años, porque no es solamente Chávez, creo que este sesgo sectario de ejercer la democracia, de acaparar las instituciones haciéndola poco transparente es algo que hemos venido viviendo como sociedad hace mucho tiempo.